La ciudad más poblada de China acoge desde el próximo 1 de mayo la mayor exposición universal jamás conocida.
Esta muestra sigue la estela aperturista que hace dos años inició China con los Juegos Olímpicos de Beijing, un ejemplo más que explica cómo la segunda potencial mundial se está abriendo al exterior de manera paulatina y continuada, facilitando a las empresas extranjeras, entre ellas las españolas, a establecerse en el país gracias a medidas reguladoras más suaves.
Tras concurso público, organizado por la Sociedad Estatal para Exposiciones Internacionales (SEEI) el estudio barcelonés Miralles-Tagliabue ha sido el encargado de diseñar el pabellón español que se conoce como ‘el cesto’, según los medios de comunicación. Un plazo de 12 meses ha sido suficiente para levantar lo que ha supuesto la mayor inversión de la historia de España en un evento en un país extranjero. Con un presupuesto de más de 23 millones de euros, 18 de ellos serán destinados a la obra civil. El pabellón contará
El esqueleto del pabellón consta de
La Asociación de Marcas Renombradas Españolas, junto con
Para mostrarle al mundo el potencial de nuestra gastronomía, ‘el cesto’ organizará durante los seis meses que dura este evento un menú, semana a semana, elaborado por un chef español y por un chef internacional de forma alternativa. En total, 38 cocineros de 15 nacionalidades trabajarán orquestados por Larumbe. Una cocina de
Un muestrario para explicarle al mundo que la marca España se afianza en los mercados más complicados y para clavar, más fondo aún, la pica en el mercado asiático. Para que las empresas españolas puedan inmiscuirse en el complicado entramado chino, se ha creado la Expo Shanghai Agenda, que tiene como objetivo facilitarle la entrada a las empresas del sector gastronómico.
Invertir en China, una apuesta segura
En un contexto internacional en el que la crisis financiera ha afectado a todos los mercados, parece que China se ha visto exenta de estas dificultades: sólo ha disminuido en un 1 por ciento en el Producto Interior Bruto (PIB) real y se estiman unas previsiones de un 10,2 por ciento de este índice para 2010. El País del Sol Naciente ha conseguido sostener su crecimiento gracias a una rápida y potente combinación de actuaciones de política macroeconómica unida a ajustes en el mercado de trabajo. Para los próximos años, según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), China afianzará y ampliará su posición como potencia económica. En la actualidad se posiciona como segunda economía en términos de paridad de poder adquisitivo, como el segundo mayor fabricante de manufacturas del mundo, y el mayor exportador mundial de bienes.
La economía china es esencialmente industrial, donde el sector secundario supone cerca del 49 por ciento del PIB, el sector servicios un 40 por ciento y la agricultura y la ganadería un 11 por ciento. Y este es el nicho de mercado que han encontrado las empresas españolas para expandirse en el mercado asiático.
El conjunto de las exportaciones agroalimentarias de España a China han experimentado un crecimiento en valor, a cierre de 2009, del 30,08 por ciento (últimos datos confirmados) en relación con el año anterior, facturando 104 millones de euros. Cifra reseñable debido a que las importaciones de este sector en el país han disminuido un 3,42 por ciento.
Si bien las ventas al país asiático han disminuido un 7,6 por ciento durante 2009 en general, durante los últimos meses del pasado ejercicio se amortiguó esa caída estableciendo, además, ciertos parámetros que preveían incrementos para 2010. Por otro lado, el número de importaciones ha disminuido lo cual ha reducido el déficit bilateral hasta un 32 por ciento.
En general, las últimas cifras señalan un ligero aumento del 0,3 por ciento, durante 2009, respecto al número de empresas españolas que han decidido exportar a China, cantidad considerable si se tiene en cuenta que también ha aumentado el número de empresas que venden al país asiático de forma regular. Esto confirma, por un lado, que el mercado chino se establece como ámbito de ventas estratégico para las firmas españolas; y, por otro, la consideración de China como un mercado estratégico con voluntad de permanencia. Y es que el entramado empresarial español sabe dónde tiene que invertir.
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