Resumen de la estructura de la oferta

La economía brasileña, con un PIB de 2,42 billones de dólares en 2012 representa cerca del 40% del PIB de Latinoamérica y un 2% del mundial. Ha experimentado profundos cambios estructurales a lo largo del siglo XX. Ha pasado de ser un país fundamentalmente agrícola a ser un país en el que, aunque el sector primario continúa teniendo peso en la economía (5,2% del PIB en 2012), especialmente en las cuentas externas, se ha desarrollado una fuerte y diversificada base industrial, si bien la industria de transformación ha perdido peso en la economía en los últimos años debido a la fuerte apreciación del real y la intensificación de la competencia internacional, pasando de representar el 19,2% del PIB en 2004 al 26,3% en 2012.

A la política de industrialización iniciada en los años 30 le siguió un rápido crecimiento conocido como el “milagro económico” que provocó una concentración desigual de recursos y población, que ha llevado a que entre Sao Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais se genere el 54% del PIB brasileño. Tras esta etapa, Brasil sufrió en 1973 y en 1981-83 dos graves crisis con tasas de crecimiento negativas, inflación de tres dígitos y aumento de los déficits interno y externo. Para solventar las graves crisis se pusieron en marcha cinco planes de estabilización, que no tuvieron éxito alguno, ya que en 1990-92 se volvieron a registrar cifras negativas de crecimiento y la inflación continuaba sin control. Finalmente, en julio de 1994, a iniciativa del entonces Ministro de Hacienda, Fernando Henrique Cardoso, se puso en marcha el Plan Real, que incluía una política económica contractiva, importantes rebajas arancelarias, desindiciación de los salarios y la creación de una nueva moneda, el real, que inicialmente cotizó a la par con el dólar. Esta estrategia tuvo un efecto espectacular sobre la inflación que del 2.500% de 1993 pasó al 2,49% en 1998.

En Brasil, han primado las políticas monetaria y fiscal restrictivas basadas en unos elevadísimos tipos de interés, que han llegado a rozar el 50% en 1994 y el 40% en 1997, así como en una elevada carga tributaria, que entre 1987 y 2003 pasó del 23,8% al 35,7% del PIB, acompañada de un importante grado de austeridad en cuanto a gasto público.

Tras la llegada del Presidente Lula al poder en 2002, se intentó compatibilizar esa política económica ortodoxa con medidas asistenciales de carácter redistributivo (como el programa Bolsa Familia). En este sentido, se pueden diferenciar dos fases, que se corresponderían, “grosso modo”, con los dos gobiernos Lula.

La primera, durante el primer mandato (2002-2006), tuvo como objetivo prioritario lograr la estabilidad macroeconómica mediante la corrección de los desequilibrios de algunos indicadores, como la inflación o el déficit corriente, a través de la combinación de una política monetaria restrictiva y fiscal contractiva. La corrección de los desequilibrios se habría logrado a costa de un crecimiento modesto.

Alcanzada dicha estabilidad macroeconómica, el segundo gobierno Lula se fijó como objetivo acelerar el crecimiento mediante un ambicioso programa de inversiones públicas: El Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), que contemplaba inversiones en infraestructuras, medio ambiente y energía, fundamentalmente. Y ello sin dejar de mantener bajo control los principales indicadores de la economía, lo que explica que el tipo de interés básico de Brasil fuera el más alto del mundo en términos reales durante gran parte de ese periodo. De la misma manera, la carga tributaria – superior al 36% del PIB - también se situaba entre las más altas del mundo, comparable a la de países que ofrecen una elevada cobertura en cuanto a servicios públicos de calidad, lo que no ocurre en Brasil, debido a la diferente composición del gasto público brasileño y a las ineficiencias del sistema.

En los últimos años, la situación global y el recrudecimiento de la crisis económica internacional provocó que, a partir de septiembre de 2008, la economía brasileña se enfriase bruscamente  poniendo fin a cinco años de crecimiento notable (4,8% anual entre 2004 y 2008).

En efecto, a partir de ese momento quedó cerrado el acceso a los mercados financieros internacionales, lo que se reflejó en una menor liquidez del sistema doméstico, que a su vez llevó a una reducción en el ritmo de crecimiento de los créditos concedidos, al tiempo que se encarecían los costes y se acortaban los plazos de amortización. Todo ello trajo consigo una contracción del consumo y la inversión – que hasta ese momento habían constituido el motor del crecimiento económico brasileño – y una explosión inesperada de despidos.

Para hacer frente a la crisis, el gobierno flexibilizó su política monetaria – a través de sucesivos recortes del encaje bancario y de los tipos de interés, que se situaron por primera vez en un solo dígito (8,75%), al tiempo que se garantizaba el acceso al crédito a través de la potente banca pública. Se instrumentó una política fiscal anticíclica, prestando especial atención a los sectores de la construcción y bienes de consumo duradero, los más vulnerables a la restricción del crédito y determinantes para asegurar el dinamismo de la demanda interna, dado su efecto arrastre y el importante volumen de mano de obra que emplean.

Tras dos trimestres seguidos de crecimiento negativo, la economía volvió a crecer en el segundo trimestre de 2009, impulsado por una demanda interna que en el segundo semestre registró una tasa anual de crecimiento del 10,5%. A pesar de que el PIB en 2009 se situó en el -0,3%, la recuperación económica era un hecho a finales de ese año, como confirmó el robusto crecimiento registrado en 2010, del 7,5%, la mayor tasa desde 1985 (sólo superada entre las grandes economías por la registrada en China e India), situando a Brasil como la séptima mayor economía del mundo.

A finales de 2010, la coyuntura económica se caracterizaba por una demanda sobrecalentada, crecimiento de las importaciones, presiones inflacionistas y apreciación del real. Ante este escenario, el nuevo gobierno decidió instrumentar una política económica más consistente que la aplicada en el último año del gobierno Lula (cuando el gasto público registró un incremento significativo), de forma que el control de la inflación no fuera responsabilidad exclusiva del Banco Central.

Así, las medidas adoptadas por el Banco Central de Brasil en los últimos meses de 2010 - medidas macroprudenciales que tenían por objetivo restringir y encarecer el crédito -, fueron acompañadas de nuevas subidas del tipo de interés de referencia o Tasa SELIC - en enero, marzo, abril, junio y julio (hasta situar el tipo básico en 12,50%) -. Simultáneamente, en el ámbito fiscal, se anunció un recorte de 53.000 millones en el presupuesto y se aprobó un ajuste del salario mínimo muy inferior al exigido por sindicatos, oposición e incluso algunos partidos de la base aliada. El objetivo era enfriar la demanda agregada, de modo que se redujera la presión sobre los precios, lo que debería permitir, a medio plazo, un recorte sustancial de los tipos de interés.

En 2011, el enfriamiento ya se había iniciado, como muestran los datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). En efecto, en 2011 la economía brasileña creció un 2,7% en comparación con el año anterior (cuando lo hizo un 7,5%), lo que refleja una pérdida de ritmo concentrada principalmente en la industria, que tan solo creció un 1,6% respecto a 2010. El consumo siguió siendo el motor de la economía brasileña; creció un 4,1%, en 2011, el menor incremento desde 2003, impulsado por la expansión de la masa salarial y el crecimiento del crédito, que aunque mostró signos de desaceleración, siguió creciendo - en 2011 se expandió un 19%.

Ya en 2012, el enfriamiento se intensifico, con un crecimiento del 0,9% con respecto a 2011. Esto demuestra un desempeño poco favorable para Brasil, que a mediados de 2012 se esperaba que creciese a una tasa de entre el 3% y el 4%. Según informes de diferentes organismos multilaterales, la tasa media de crecimiento del PIB para América Latina en 2012 debería ser del 4%, lo que incide más en el pequeño crecimiento del gigante latinoamericano. En valores corrientes, el PIB de Brasil alcanzó, en 2012, los 4.402,5 mil millones de reales brasileños, de los cuales, 661,8 mil millones forman parte de los impuestos, y 3.740,8 mil millones del valor agregado. La participación de cada sector, dentro del valor aportado al PIB, queda, en 2012 como sigue: agropecuaria, 5,2%; industria, 26,3%; servicios, 68,5%.

El temor a una nueva recesión mundial, junto a la desaceleración mostrada por la economía brasileña ya comentada, forzó al Banco Central a emprender un agresivo ciclo de recortes de la tasa SELIC, que pasó del 12,5% en septiembre de 2011 al 7,25% del cierre de 2012. Sin embargo, la presión inflacionista que se generó a principios del 2013 hizo que el Banco Central volviera a elevar, levemente, el tipo de interés de referencia o tasa SELIC, no dando continuidad a la política actual. Se prevé que cierre el 2013 en 9,25%. Por otro lado, el gobierno confia en la inversión en infraestructuras como "palanca" para el crecimiento de la economía en los proximos años. En este sentido, el plan "PAC Concesiones", en ejecución desde agosto de 2012 y que prevé la inversión de 133.000 milones de reales en proyectos de infraestuctura de transporte en régimen de concesión durante los proximos 25 años, se espera que eleve la tasa de inversión en el país, que en 2011 suponia el 19,3% del PIB y que el gobierno confia se situe en el 24% en 2014.

En relación con las cuentas externas, en 2012 las exportaciones brasileñas alcanzaron los 242.580M$ y las importaciones los 223.164 M$, lo que arrojó un superávit de 19.415 millones de dólares, el menor desde 2002. En 2011 la balanza comercial cerró en 29.793M$. El déficit por cuenta corriente alcanzó los 54.230 M$, que fue financiado íntegramente por la Inversión Extranjera Directa (IED), que alcanzó los 65.272M$, un valor próximo al record histórico de 66.660M$ registrado en 2011.

Distribución sectorial del PIB

Precios (minoristas y mayoristas)

Garantizar una inflación controlada ha sido desde los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso la principal preocupación de las autoridades económicas brasileñas. La combinación de una política monetaria contractiva y una austera política fiscal logró mantener los precios – tradicional fuente de desequilibrios de la economía brasileña – bajo control. En efecto, la inflación, medida por el Índice de Precios al Consumidor Amplio (IPCA), se ha ido reduciendo desde entonces de forma más o menos continuada a lo largo de los últimos años.

No obstante, tras el éxito obtenido en años anteriores y especialmente en 2009, en 2010 y como consecuencia de la fuerte expansión de la demanda doméstica y el incremento de los precios internacionales de las commodities, la tasa de inflación se situó en el 5,91%, muy lejos de la meta del 4,5% fijada por el gobierno, aunque dentro de su margen de fluctuación de +/- 2%. En 2011, el índice de inflación continuó elevándose, aunque la desaceleración de la economía en el segundo semestre, provocada por la crisis financiera internacional, moderó las presiones inflacionistas registradas en la primera mitad del año y situó el dato de inflación a final de ese año en el 6,5%, aún dentro del umbral fijado por el gobierno a comienzos de año. 

La tendencia bajista del segundo semestre de 2011 se mantuvo en la primera mitad de 2012 y, aunque hacia finales de año se pudo percibir un alza de los precios, el índice de inflación terminó el año en el 5,84%, por debajo del registrado el año anterior. Por lo que respecta a 2013, la inflación interanual llegó a alcanzar un 6,59% en marzo y un 6,7% en junio, sobrapasando la meta del gobierno en ambas ocasiones, lo que ha forzado el inicio de una tendencia alcista en la tasa básica de interés (SELIC) que ha pasado del 7,25% en enero a situarse en el 9,5% en octubre. Con ello, la inflación se ha ido reduciendo paulatinamente, alcanzando en octubre un alza del 5,84% interanual, otra vez por debajo del límite del techo de inflación establecido por el Gobierno. Se prevé que la inflación termine el año 2013 con una tasa del 5,80%.

Infraestructuras económicas (transporte, telecomunicaciones y energía)

El sector de las infraestructuras de transporte es una prioridad en la política de inversión federal. Se trata de un sector clave para la competitividad del país, que actualmente presenta importantes carencias, las cuales significan un freno al desarrollo del país. Se estima que los costes logísticos en Brasil suponen entre el 15% y el 18% del PIB, el doble que la media en la OCDE, lo cual causa un fuerte impacto en la competitividad de las empresas del país.

Un estudio publicado en mayo de 2013 por la Federación de Industrias del Estado de São Paulo (FIESP) afirma que el desempeño de las infraestructuras logísticas brasileñas alcanza sólo un 33% del patrón internacional. Para llegar a este dato han comparado diversos valores, tales como el coste del flete de servicios de transporte por carretera y ferrocarril o el número de despegues y aterrizajes por hora.

Estás ineficiencias se deben, según fuentes del sector, a un déficit de 500.000 millones de reales en las infraestructuras logísticas.

Este déficit produce una necesidad de inversión mucho más alta que en los países desarrollados. Así, los planes de inversión del Gobierno ascienden a unos 253.000 millones de reales en los próximos 30 años en el sector, según la EPL (Empresa de Planificación y Logística), empresa pública que está contribuyendo a la planificación del sector.

Por otro lado, la  Asociación Brasileña de Infraestructura e Industrias de Base (ABDIB) afirma que la inversión en infraestructuras  deberá crecer del 2,53% del PIB en 2012 al 6% del PIB en 2016 para asegurar el crecimiento económico. En concreto, las infraestructuras del transporte deberán alcanzar en torno al 1,6%, partiendo del 0,74 % en 2012.

Estas necesidades de inversión en principio podrían ser llevadas cabo, ya sea por aportes públicos o por Asociaciones Público Privadas (PPP) en un país donde sí que existen posibilidades de financiación brindadas por los bancos públicos de desarrollo, entre los que destaca el BNDES.

Entre los planes de desarrollo públicos destacan el Programa de Aceleración del Crecimiento (PACII), ahora en su segunda versión, y el Programa de Inversión en Logística (PIL).

Las empresas de infraestructuras brasileñas se caracterizan por configurar un sector concentrado, donde pocos competidores de gran tamaño han abastecido la demanda de servicios de ingeniería y construcción. Así, estas empresas no son tan competitivas en precios y plazos como las empresas extranjeras, además de no tener recursos para absorber toda la demanda necesaria.

Esta situación, gran demanda, posibilidades de financiación y mayor competitividad que las empresas locales, debería de representar un marco de oportunidades incomparable para nuestras empresas, pero la situación no es exactamente esa.

Por un lado, los diferentes gobiernos no consiguen llevar efectivamente a cabo los proyectos programados. Esta situación se va a hacer patente a lo largo de todo el presente documento en el análisis de los diferentes modales de transporte, pero ya se pueden avanzar ciertos datos:

  • En el primer semestre de 2013 sólo se invirtió el 22,9% de lo previsto en carreteras.
  • La estatal Valec, encargada del desarrollo de varias líneas ferroviarias de transporte de carga, ejecutó efectivamente sólo el 36% de lo programado para 2013.
  • Las Companhias Docas, que controlan los puertos públicos, sólo invirtieron un 5,6% de lo previsto para el año.
  • El año 2012 fue similar.

Por el otro, a pesar de la necesidad manifiesta de más actores que ayuden a cumplir los objetivos, las administraciones, presionadas por las diferentes asociaciones y colegios profesionales, se resisten a introducir novedades legislativas que abran un mercado proteccionista, dificultando la entrada de profesionales y empresas extranjeras.

Por todo ello, Brasil, un país de oportunidades en el sector de infraestructuras de transporte, es un país difícil a la par que atrayente y que requiere de un profundo análisis antes de embarcarse en un proyecto de internacionalización.

Población activa y mercado de trabajo. Desempleo

En los últimos años la tasa de paro urbano, único dato del que se tienen cifras fiables, ha venido reduciéndose. En efecto, gracias al crecimiento económico experimentado por el país, el desempleo, que en 2003 se situaba por encima del 13%, se ha ido reduciendo de forma continuada hasta alcanzar a finales de 2012 el 4,6% de la población activa, situándose en mínimos históricos.

Según la Encuesta Mensual de Empleo (PME, por sus siglas en portugués) que divulga el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística - IBGE - , la tasa de desempleo en septiembre de 2013 se situó en el 5,4%, 0,1 puntos porcentuales menos que en agosto. Esto supone mantenerse estable con respecto a septiembre de 2012. Por tanto, siguiendo la tendencia de los últimos meses, la tasa de empleo parece estabilizarse en torno al 5-6%, con variaciones mínimas mensuales.

En septiembre de 2013 había 23,2 millones de personas ocupadas, según la encuesta del IBGE que se ciñe a las seis principales regiones brasileñas. En comparación con agosto del año pasado, este número se ha mantenido prácticamente estable.

El ingreso medio real por trabajador para septiembre fue estimado en 1.908 reales brasileños, lo que significa un ligero aumento (+1%) con respecto a agosto, y un +2,2% por encima del registrado en septiembre de 2012.

Además de ello, cabe reseñar el elevado peso de la economía informal. Aunque en los últimos años el número de empleados formales ha crecido significativamente, se estima que la informalidad representa aún el 30% del mercado de trabajo, sin considerar los trabajadores por cuenta propia (19,3%), que en su mayoría suelen tener actividades extremadamente precarias (prestadores de pequeños servicios o vendedores ambulantes por ejemplo), sin acceso a los beneficios de la seguridad social.

Según un estudio de 2010 de la Fundación Getúlio Vargas, la economía informal brasileña factura alrededor de 578.400 millones de reales al año, equivalente al 18,4% del PIB; cifra muy importante aunque inferior a la estimada para 2003, cuando alcanzaba el 21% del PIB. La alta carga tributaria, una excesiva regulación e índices significativos de corrupción son algunos de los factores que explican el gran peso de la economía informal en Brasil. 

Con todo, persisten todavía  fuertes diferencias regionales, sectoriales y por segmentos de población. Por poner un ejemplo, mientras en Recife el rendimiento medio por trabajador durante el primer semestre de 2013 fue de 1.374,9 reales/mes; en Sao Paulo fue de 1.999,4 reales/mes. Asismismo, el paro registrado llega a niveles próximos al 20% en las favelas situadas en la periferia de las grandes ciudades.

Cuadro de Distribución de la población activa

PIB per capita y distribución de la renta

En 2012, el PIB per cápita de Brasil se mantuvo prácticamente estable en relación con el año anterior, con un aumento del 0,1%, situándose en valores corrientes en los 22.402 reales brasileños, unos 8.700 euros.  

Aun con la mejora de su economía, Brasil sigue siendo uno de los países del mundo con mayor desigualdad en la distribución de la renta. Es cierto, no obstante, que en los ultimos años se ha producido un notable avance para reducir esa desigualdad gracias a las políticas redistributivas desarrolladas por los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff, a través de diferentes iniciativas, como la Ley orgánica de asistencia social, el aumento constante del salario mínimo en términos reales, el programa Bolsa Familia o el llamado PAC de las favelas, lanzado a principios de 2008.

Si en 2003 el 23% de la población brasileña (39,3 millones) sobrevivía con una renta inferior a ¼ del salario mínimo (678 reales en 2013), desde entonces, 27,9 millones de personas salieron de la pobreza, la desnutrición infantil disminuyó un 62%, pasando del 12,3% en 2003 al 4,8% en 2008 y prácticamente a cero en 2010. Por su parte, la tasa de trabajo infantil también se redujo casi un 15% entre 2006 y 2009, si bien, según el censo de 2010, todavía hoy existen 3,4 millones de niños y adolescentes que trabajan en Brasil.

De acuerdo con el Informe de Desarrollo Humano 2010, divulgado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano (PNUD), que mide la calidad de vida y clasifica el desarrollo humano de 187 países, Brasil alcanzó en 2012 un IDH (Índice de Desarrollo Humano) de 0,741 – en una escala del 0 al 1 – frente al 0,718 alcanzado en el último informe, aunque todavía por debajo de la media de la región (0,7741). Esto lo sitúa en el puesto número 85 de un total de 187 países. Dicho índice es la síntesis de cuatro indicadores: esperanza de vida, tasa de alfabetización de personas con más de 15 años de edad, escolarización y renta.

DISTRIBUCIÓN DE LA RENTA
Redimiento mensual PERSONAS (miles) %
Sin rendimientos* 50.850 31,2%
Menos de 330 USD 39.447 24,2%
Entre 330 y 660 USD 37.471 23,0%
Entre 660 y 1660 USD 25.032 15,4%
Más de 1660 USD 9.929 6,1%
Total 162.729 100%
Fuente: IBGE, PNAD 2011. Población mayor de 10 años.
Elaboración propia. Junio 2013. Salário mínimo 1/1/13: R$678.
Cambio aplicado a dólar: 2,05 BRL/USD
Ultima actualización: Junio 2013
*Se incluyen personas que reciben beneficios sociales

Otros indicadores también señalan avances en la reducción de la pobreza en los últimos años.

También la desigualdad medida por el coeficiente de Gini se ha ido reduciendo, pasando de un 0,59 en 1997 al 0,544 en 2009. De hecho, según datos del Banco Mundial, entre una muestra de 59 países en desarrollo, Brasil fue el octavo país que más redujo la desigualdad en los últimos años.

Con el objetivo de profundizar en los programas sociales iniciados bajo la gestión de Lula, el gobierno de Dilma Rousseff lanzó a mediados de 2011 el programa “Brasil sin Miseria”, cuyo objetivo es sacar de la miseria a 16,2 millones de personas que viven con menos de 70 reales al mes (menos de un euro al día).

Con todo, tal como se ha dicho anteriormente, Brasil sigue siendo uno de los países más desiguales en términos de distribución de renta. Desigualdad que también se produce a nivel geográfico. Según los últimos datos disponibles, la suma de la participación de los siete mayores estados en la economía brasileña - São Paulo, Río de Janeiro, Minas Gerais, Río Grande do Sul, Paraná, Bahía y Santa Catarina – representa el 75% del total. Los habitantes de la región sudeste cuentan con cuatro veces más renta que los del nordeste. Entre los estados, el más rico del país es São Paulo, cuyo PIB representa el 33,9% del total, mientras que el estado más pobre, Roraima, situado en la región norte, apenas llega al 0,15% del PIB brasileño. 

Sector primario

Actualmente Brasil, que posee el 22% de las tierras cultivables del planeta, destina a la agricultura 64 millones de hectáreas. Es el tercer exportador mundial de productos agrícolas. Es el mayor productor mundial de café, zumo de naranja y azúcar, y el 2º mayor productor de soja y el primero en la exportación de esa oleaginosa. Otros cultivos brasileños de relevancia son el maíz, el tabaco, las frutas tropicales, el trigo, el cacao y el arroz. En 2012 las exportaciones brasileñas del sector primario se situaron en 113.456 millones de dólares, lo que supone un 7,4% menos que en 2011.

Brasil es el segundo mayor productor mundial de carne de vacuno y el tercero de carne de pollo, y el primer exportador mundial de estos productos. Brasil cuenta con 220 millones de hectáreas de pastos - área que tiende a expandirse, en muchas ocasiones mediante la deforestación ilegal - y posee la segunda mayor cabaña de ganado vacuno del mundo, con más de 200 millones de cabezas. A raíz de las crisis provocadas por enfermedades en los rebaños de los mercados de exportación e importación, el sector ganadero se ha revelado como un sector con enorme potencial, dada su ventaja comparativa. Con todo, adolece de varios problemas, como la baja productividad - derivada del carácter extensivo de las explotaciones -, la deforestación ilegal con el fin de ampliar el área de pastos y su imperfecto sistema de trazabilidad (SISBOV), que constituye un serio obstáculo para la exportación a zonas como la Unión Europea (quinto destino de la exportación de carne bovina brasileña). El sector pesquero en Brasil está poco desarrollado, a pesar de contar con 7.408 Km. de litoral y el 12% del agua dulce del planeta. De acuerdo con la FAO, Brasil tiene un potencial para producir 20 millones de toneladas de pescado al año. Actualmente, sólo produce 1,28 millones de toneladas, de las cuales dos tercios provienen de pesca extractiva y el resto de acuicultura. La modesta producción brasileña puede explicarse por varios factores, como una flota pesquera pequeña y envejecida (35-40 años), o el todavía bajo consumo de pescado de la población, que en 2010 se situaba en 9 kg/habitante/año, muy por debajo de los 12 recomendados por la OMS.

De cara al futuro, el principal reto al que se enfrenta el sector agrícola brasileño es el de mantener el ritmo de modernización iniciado, al mismo tiempo que se incrementa la producción y su capacidad exportadora. Por otra parte, Brasil está afrontando también el reto de desarrollar la agricultura de pequeña explotación, que sufre problemas de escasa capitalización y mecanización y de difícil acceso a los mercados nacionales e internacionales. Se intenta, igualmente, mejorar el reparto de la tierra, para garantizar el sustento de las comunidades rurales en el marco de la reforma agraria. Desde 1995 se cuenta con varios programas de desarrollo del mundo rural como el plan agrícola y ganadero 2013/2014, divulgado por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento (Mapa), que incorpora una disponibilidad de recursos de 136.000 millones de reales, lo que supone un 17% superior al plan anterior.

De cualquier modo, la agricultura y la ganadería son consideradas cada vez más como un sector estratégico para la economía brasileña, tanto por su alta propensión exportadora (el 36,9% del total exportado en 2011) como por su importancia como empleador en áreas rurales (ocupa entorno a 19 millones de personas, lo que representa el 21% de la población ocupada).

En 2012 la participación del sector agropecuario en el PIB brasileño fue del 5,2%. Desde 2003 el sector tiende a perder peso en el conjunto de la economía, con independencia de las variaciones cíclicas que le son propias. Y ello sin perjuicio de que en algunos periodos registre importantes crecimientos – como en 2011, año en el que creció un 3,9% gracias a las buenas cosechas.

Sector secundario

La época de oro de la industria brasileña comenzó tras la Segunda Guerra Mundial, prolongándose hasta las crisis petroleras de 1973 y 1979, que marcaron el inicio del deterioro económico del país. Durante esta época de crecimiento, Brasil se transformó en un país industrial, con tasas de crecimiento de la industria por encima del PIB, gracias a la Política de Sustitución de Importaciones. A partir del Plan Collor, plan de estabilización de la economía de 1990, Brasil empieza a abrirse al exterior y ello genera la desaparición de muchas empresas ineficientes que no supieron adaptarse a las exigencias de competitividad de un mercado más abierto. Fue una época de profunda transformación a la que siguió el Plan Nacional de Desestatalización, por el que se privatizaron la mayoría de empresas estatales siderúrgicas, petroquímicas, y de telecomunicaciones, entre otras. Actualmente, el sector industrial, que en 2012 cayó un 0,8%, tiene un peso importante en la economía (26,3% del PIB en 2012). De entre los subsectores de la industria, el que experimentó un mayor crecimiento fue la electricidad y gas, agua, alcantarillado y limpieza urbana (3,6%). Por otro lado, cayeron tanto la industria extractiva de mineral (-1,1%%) como la industria de transformación (-2,5%).

La industria de transformación brasileña se ha visto afectada negativamente en los últimos años por una serie de factores, como la evolución del tipo de cambio, la competencia internacional y el “coste Brasil” - costes relacionados con la burocracia o la deficiencia en las infraestructuras -, entre otros; y aunque ha continuado creciendo y exportando en la última década, se perciben problemas en algunos subsectores, principalmente los intensivos en mano de obra (textil, confección, cuero y calzado). Por su parte, los que mejor desempeño han mostrado son aquellos intensivos en recursos naturales – como alimentos y bebidas o papel y celulosa -.

Precisamente para hacer frente a los problemas derivados de un tipo de cambio desfavorable para la industria nacional, en agosto de 2011 el gobierno lanzó el Plan “Brasil Maior” (Brasil Más Grande, http://brasilmaior.mdic.gov.br). El Plan constituye una política industrial, tecnológica, de servicios y de comercio exterior hasta 2014. Se centra en el estímulo a la innovación y a la competitividad de la industria nacional; y establece directrices para la elaboración de programas y proyectos en colaboración con la iniciativa privada. Entre los objetivos estratégicos del Plan estan ampliar la inversión, producir de forma más limpia disminuyendo el consumo de energía por unidad del PIB industrial, diversificar las exportaciones brasileñas o elevar la participación nacional en los mercados de tecnologías, bienes y servicios para energías.

Con todo, las perspectivas de crecimiento de la industria brasileña en su conjunto son buenas, teniendo en cuenta el revulsivo que suponen los eventos deportivos de 2014 y 2016, la explotación de los yacimientos petrolíferos submarinos (Pre-Sal) o la propia expansión del mercado interno.

Industria Siderúrgica

Brasil cuenta con 28 plantas siderúrgicas con una capacidad instalada de 42,1 millones de toneladas/año y un consumo aparente de 18,6 millones de toneladas. Es el decimoquinto exportador mundial y el quinto exportador neto. Actualmente produce 26,5 millones de toneladas de acero bruto y 25,7 millones de toneladas de productos siderúrgicos. Brasil es hoy el noveno productor mundial de acero y el primero de América Latina, con un 88% de la producción total del continente, según datos del ILAFA (Instituto Latinoamericano del Fierro y el Acero).

Las perspectivas del sector son muy positivas. El pre-sal, proyectos de infraestructuras, el programa de vivienda social del gobierno “Minha Casa Minha Vida” o la expansión del mercado de automóviles posiblemente llevarán a que el consumo per cápita nacional crezca en los próximos cinco años, pasando de los actuales 130 kilos por habitante a los 200 kilos.

Industria automovilística

Aunque GM y Ford contaban con plantas de ensamblaje en Brasil desde los años 20, puede afirmarse que la industria automovilística brasileña nació en 1956, bajo el gobierno de Juscelino Kubichek y su política industrial de “sustitución de importaciones”. Fue entonces cuando grupos como VW, Mercedes Benz, Ford, GM, Scania, Willys o SIMCA comenzaron a establecerse entorno a Sao Paulo (el denominado "ABC paulista", que incluye los municipios de  Santo André, São Bernardo do Campo y São Caetano do Sul), aunque posteriormente se extendieron a otros Estados (FIAT en Minas Gerais o Volvo en Paraná). En 1960 comenzó a exportarse a países vecinos, instalándose en Brasil nuevos fabricantes, como Chrysler, Farmann Ghia, Toyota, Ford tractors, Massey Ferguson, Valmet, etc. A finales de esa década, la industria de automoción se había convertido en una de las más importantes del país.

En 2012, la producción superó los 3,38 millones de unidades (-0,6% en comparación con 2011), lo que hace de Brasil uno de los mayores fabricantes del mundo. Actualmente, están presentes en Brasil 26 fabricantes de vehículos con más de 50 factorías. Las ventas del sector, superiores a los 120.000 millones de dólares (incluyendo piezas), representan el 21% del PIB industrial brasileño y el 5% de PIB total. En 2011, la producción había aumentado un 0,77%, por debajo de las espectativas del sector. En cualquier caso, el sector tiene una demanda interna en expansión, que se ha visto beneficiada por el mayor acceso al crédito y medidas coyunturales de estimulo al consumo, como la exención del Impuesto sobre Productos Industrializados (IPI) para la compra de vehículos nuevos lanzada en mayo de 2011 y el Programa Inovar-Auto, que desde enero de 2013 crea inventivos fiscales para la industria local que invierta en innovación y tecnología.

FIAT cuenta con la mayor cuota de mercado (20,76%), seguida de cerca por Volkswagen (con 19,37%); en tercer lugar se sitúa General Motors (17,4% del total), Ford (9,47%) y Renault (con un 5,35%).

Industrias agroalimentaria y textil

La industria agroalimentaria y la textil son las más antiguas del tejido industrial brasileño, representando aproximadamente un 9,5% y un 3% del PIB respectivamente. Su evolución en los últimos años ha sido dispar. La industria agroalimentaria, intensiva en recursos naturales muy abundantes en el país, ha registrado un aumento continuado de la producción y las exportaciones. Así entre 2003 y 2010, su facturación creció un 34%. En 2012, las empresas de alimentación y bebidas de Brasil facturaron 431,9 mil millones de reales; unos 150 mil millones de euros. Se trata de un sector que ha sabido internacionalizarse a partir de un mercado local muy pujante. Cabe destacar, en el ámbito de bebidas a AmBev, fabricante de bebidas (principalmente cerveza) presente en gran parte de Latinoamérica y Canadá. En 2004 se asoció con la belga Interbrew para formar InBev, el mayor conglomerado cervecero del mundo al que unió, en 2008, la norteamericana Anheuser-Busch. En alimentación, cabe destacar JBS, el mayor procesador de carne bovina del mundo, BRF, Marfrig o Minerva, todas ellas presentes en numerosos países.

Por su parte, el sector textil ha ido perdiendo peso en la industria nacional. Entre 2003 y 2010, su facturación se contrajo un 0,5%. En 2012, la industria textil y de confección obtuvo unas ventas de 46,5 mil millones de reales y empleó a cerca de 1.730.000 personas. Cuenta con importantes empresas internacionalizadas, como SANTISTA, que en 2006 se hizo con el control de la española TAVEX, o CONTEMINAS, presente en los principales mercados americanos, y que en 2006 se asoció con la norteamericana SPRINGS para formar la mayor industria de artículos de cama, mesa y baño del mundo.

Industria minera

Brasil ocupa una posición privilegiada en cuanto a reservas minerales, siendo el primer exportador mundial de mineral de hierro y de niobio (utilizado en la industria electrónica), y uno de los mayores productores de estaño, bauxita, magnesio, manganeso, talco, y oro, entre otros. Desde 1995 el sector ha sufrido una importante transformación como fruto de una reforma constitucional que permitió la participación de empresas extranjeras en el mismo, hasta entonces reservado a empresas brasileñas. Como complemento a esta política más abierta para el sector minero, en mayo de 1997 se privatizó la empresa de minería pública Companhia Vale do Rio Doce (CVRD), actualmente denominada VALE. Como consecuencia de este proceso, se ha producido un importante crecimiento de la inversión en el sector al tiempo que un número creciente de empresas extranjeras han puesto de manifiesto su interés en iniciar operaciones en Brasil, por su cuenta o en acuerdos con VALE. De cara al futuro, el sector tiene un potencial de desarrollo importante, basándose en su potencial de exportación. Sin embargo, para que el sector desarrolle toda su capacidad, sería necesario que el entorno regulador del mismo estuviese más desarrollado y fuese más transparente. Para ello se está contemplando la posibilidad de la creación de una Agencia Reguladora, a imagen y semejanza de las existentes para el sector eléctrico, el de hidrocarburos o las telecomunicaciones.

El gran potencial del sector minero brasileño ha atraído importantes inversiones extranjeras, principalmente grupos canadienses y, más recientemente, chinos. De hecho, la creciente presencia de inversiones chinas en el sector ha llevado a que el gobierno esté preparando un proyecto de ley que limitará la presencia de capital extranjero en el sector minero. Así, se establecerán metas de abastecimiento al mercado interno y restricciones al perfil societario del inversor. Actualmente no existen restricciones a la explotación de yacimientos mineros nacionales por parte de compañías extranjeras.

Además, en 2011, ante el monopolio que ejerce China sobre la producción de tierras raras (posee el 97% de las reservas mundiales), el presidente de VALE anunció que la compañía va a explorar posibles yacimientos en Brasil para dar respuesta a la creciente demanda mundial de estos minerales que se utilizan en industrias de tecnología punta, como la de telecomunicaciones, armamentística o de automoción.

Industria energética

En  2012, el 42,4%  de la matriz energética brasileña era limpia y renovable, frente al 13,2% de media a nivel mundial. Si se considera sólo la matriz eléctrica, Brasil obtiene casi el 85% de energías renovables, incluyendo energía hidroeléctrica, biomasa y eólica.

Brasil es el país con el cuarto mayor potencial de generación hidráulica de energía, y el segundo en el uso de Pequeñas Centrales Hidroeléctricas (PCH). Actualmente, hay tres grandes proyectos hidroeléctricos en construcción, que deberían entrar en funcionamiento en 2015: las centrales de Jirau y Santo Antonio, en el río Madeira, y la de Belo Monte, en el río Xingu, todas en el Estado de Pará. Sumadas, las tres centrales deben contribuir con 18.000 MW.

La apertura del mercado petrolífero brasileño propiciada por la Ley 9478/97, supuso un importante revulsivo para el sector, que registró desde ese año crecimientos continuados en el volumen de reservas probadas y en la producción, hasta alcanzar en 2006 la autosuficiencia (12.600 millones de barriles). Fue al año siguiente cuando se produjo el descubrimiento de una importante bolsa de crudo en Tupi, en la cuenca de Santos, que llevó a suspender el proceso licitatorio entonces en marcha (la octava ronda), para reformular el sector. En efecto, el descubrimiento a unos 200 kilómetros  de la costa y hasta 6.000 metros de profundidad – bajo una espesa capa de sal – de unas reservas de crudo de entorno a 29.000 millones de barriles, volumen mayor a todas las reservas petrolíferas de Qatar, eliminaba, en opinión del gobierno, el riesgo de exploración, más allá de las dificultades técnicas de explotación. En consecuencia, fue promulgada la Ley 12.351/2010, que establecía un sistema de producción compartida en el área de pre-sal, de forma que los bloques que fueran licitados contarían con una participación mínima por parte de PETROBRAS del 30%. Se estima que la explotación del pre-sal exigirá una inversión superior a 600.000 millones de dólares. En este sentido, PETROBRAS lanzó su ambicioso Plan Nacional de Inversiones para el periodo 2010 – 2014, que totaliza 224.000 millones de dólares, centrado fundamentalmente en el área de extracción y producción (E&P) y de abastecimiento. La explotación de las reservas del pre sal situarán a Brasil en el grupo de los 10 principales productores de petróleo (actualmente ocupa el puesto 15 en el ranking de productores de crudo). Sin embargo,  la producción de petróleo brasileña ha descendido un 6% en los primeros seis meses de 2013, en parte debido a paradas programadas en plataformas de Petrobras. La situación no tendría mayores consecuencias de no ser por el gran aumento del consumo de petróleo que se ha dado paralelamente. Este aumento tiene diversas causas: por una parte, el crecimiento de la flota de vehículos, debido a sus bajos precios, ha aumentado el consumo de gasolinas y diesel. También se ha destinado un porcentaje mayor de petróleo a la fabricación de derivados con el objetivo de reducir la dependencia exterior para este tipo de productos. Por último, el aumento del uso de termoeléctricas para la generación de electricidad, substituyendo a hidroeléctricas que han presentado problemas de niveles de reserva por las escasas lluvias, ha presionado todavía más la demanda de petróleo y gas. El saldo anual de la balanza de petróleos y derivados para el primer semestre de 2013 presenta un déficit de 15.000 millones de reales.

Cinco años después de su descubrimiento, el Gobierno de Brasil ha licitado el Campo de Libra, en la cuenca de Campos, en la región brasileña del presal. La primera ronda de licitaciones del presal fue celebrada el 21 de octubre. Considerado como el mayor descubrimiento de petróleo en Brasil (se estima su pico de producción en 1,4 millones de barriles/día) la licitación se acogió al novedoso “regime de partilha de produção”. Bajo este régimen, los consorcios (participados todos por Petrobras) deben abonar una prima por contrato de explotación e indicar el porcentaje mínimo de petróleo extraído que desean en propiedad, siendo el restante para la Unión (los pliegos obligan a un mínimo de 41,65% del petróleo para la Unión). En esta ocasión, la prima por contrato ascendía a 15.000 millones de reales y solo un consorcio (formado por Petrobras, las chinas CNOOC y CNPC, la francesa Total y la anglo-holandesa Shell) alcanzó la fase final de subasta, logrando adjudicarse la explotación del campo.  

Durante muchos años, Brasil no tuvo un mercado desarrollado para el gas natural. La situación comenzó a cambiar con la construcción del gaseoducto Brasil-Bolivia, y con la adopción de incentivos públicos para el uso de este combustible como, por ejemplo, el programa Gas Natural Vehicular (GNV). El sector se ha caracterizado por una serie de desequilibrios entre la oferta y la demanda. En efecto, la oferta de gas producido en Brasil ha ido creciendo sin que la demanda haya hecho lo propio (entre 1999 y 2008 la producción nacional creció un 50%). A esto hay que añadir el contrato que obliga a Brasil a importar 21 millones de metros cúbicos de gas boliviano al día. En consecuencia, sobra gas, aunque la participación del gas natural en la matriz energética no ha sufrido grandes cambios en los últimos años.

Las metas de reducción de emisiones de carbono, el hecho de que Brasil cuente con la séptima mayor reserva de uranio del mundo y que esté cerca de dominar el proceso de enriquecimiento del combustible son factores que contribuyen a que la energía nuclear se incluya en los planes energéticos brasileños. El primer paso se dio en 2010, con la reanudación de la construcción de la central de Angra 3. Se espera que la unidad entre en funcionamiento en 2015, ampliando la participación de esta fuente de energía en la matriz brasileña de 2,1% a 3%. El Plan Nacional de Energía (PNE) prevé la construcción de cuatro nuevas centrales hasta 2030, con una potencia de 1.000 MW cada una.

Brasil ha aumentado en 15 veces su capacidad eólica entre 2000 y 2010. En 2009, fueron licitados 1.800 MW, que se elevaron a 2.050 en 2010. Las buenas perspectivas del sector han atraído a numerosos inversores extranjeros. A los fabricantes de aerogeneradores instalados hace tiempo – Wobben Windpower e Impsa – se han unido recientemente GE Wind, Vestas, Suzlon, Alston, Siemens y Gamesa. Sin embargo, el crecimiento de la fuente parece que será constante a corto plazo. En 2011, la fuente consiguió colocar en las subastas 3.070 MW de potencia. Ya en 2012, tan solo se subastaron 281 MW de potencia eólica de nueva construcción, lo que se encendió todas las alarmas en el sector. En 2013, la eólica no ha podido participar en la primera subasta de energía A-5 del año, aunque su participación ha sido autorizada para la segunda subasta A-5 del año, en diciembre, además de la subasta A-3.

Aunque la energía fotovoltaica todavía no ha despegado en Brasil, fundamentalmente porque ha de competir en precios con eólica e hidráulica, por primera vez ha sido autorizada a participar en una subasta pública de energía, la subasta A-3, que se celebrará el 18 de noviembre y en la A-5, a celebrar el 13 de diciembre.

Durante los últimos años fue ampliada la red eléctrica, mejoraron las líneas de transmisión y aumentó el número de centros generadores de energía, consolidándose la política del gobierno para el desarrollo energético del país. Solo en la última subasta de transmisión de 2012, salieron a concurso 4.445 km de líneas eléctricas. En el primer semestre de 2013, ya se han realizado dos subastas de transmisión que han sumado más de 5.000 km de líneas. Con la privatización de importantes compañías de generación y distribución de energía, los equipos e instalaciones están siendo modernizados y la eficiencia del suministro energético está mejorando.

Por último, destaca la continuación del programa “Luz para todos”, que pretende suministrar energía eléctrica a más de 4 millones de brasileños que todavía hoy no tienen acceso a la misma. Este programa, que comenzó en 2004, ha vuelto a ser prorrogado para el periodo 2010-2014 y prevé invertir más de 5.500 millones de reales. Hasta 2010, este programa había beneficiado a más de 13 millones de personas, se habían instalados más de 6,5 millones de postes y 962.000 transformadores, desplegando 1.262 millones de km de cable. Debido al aislamiento en el que vive una parte de la población brasileña, este programa ha destacado por instalar gran cantidad de placas solares fotovoltaicas para autoabastecer a esas poblaciones.

Otras industrias

Otras industrias a destacar en el panorama industrial brasileño son las de construcción, industria papelera, química, naval y aeronáutica. Todas ellas se encuentran en un proceso de modernización y adaptación al entorno cada vez más competitivo. Cabe destacar que Brasil es el 4º mayor productor de aeronaves comerciales del mundo gracias a la tecnología desarrollada por la empresa Embraer, tanto en el campo civil como en el militar, y que la industria química brasileña es la séptima más importante a escala mundial. Por su parte, la industria naval (astilleros), tras la difícil década de los 90, en la que estuvo a punto de desaparecer, tiene ante sí un futuro prometedor, gracias a las necesidades de PETROBRAS para explotar el pre-sal – plataformas, sondas, FPSOs, buques de apoyo, etc., - y a la exigencia legal de un elevado índice de contenido nacional de los equipos. Las perspectivas del sector de la construcción también son excelentes, gracias a los programas de grandes obras públicas en marcha, tanto en relación con el Mundial y los JJOO, como el de “Minha Casa Minha Vida”, que en su segunda fase pretende construir 2 millones de viviendas hasta 2014.

Sector terciario

A partir de la década de los setenta, el sector terciario brasileño experimentó una fuerte expansión, debido en gran parte al proceso de urbanización e industrialización del país. La tendencia de crecimiento observada en los últimos años continua, si bien su expansión se ha desacelerado. En 2012 el crecimiento del sector fue de 1,7%; lo que suavizó el enfriamiento del PIB. Por contra, en 2011 el crecimiento fue del 2,7%; y del 5,4% en 2010. Con ello, el sector servicios ya representa el 68,5% del PIB, aunque la existencia de un importante volumen de economía sumergida hace difícil el cálculo exacto de la verdadera dimensión del sector terciario brasileño. Asimismo, un rasgo que ha caracterizado el sector terciario en los últimos años ha sido su carácter fuertemente inflacionista, propiciado por su menor exposición a la competencia internacional.

En cuanto al turismo, representa todavía un volumen de negocio muy por debajo de lo que cabría esperar de un país con los atractivos que ofrece Brasil. La inseguridad ciudadana, la escasez de mano de obra especializada, la falta de know-how turístico y la carencia de infraestructuras son factores que impiden el despegue de este sector en Brasil, que en 2011 recibió 5,43 millones de turistas, muy por debajo del objetivo del Ministerio de Turismo de colocar a Brasil entre las tres mayores potencias turísticas en 2022. En número de desembarques internacionales, Brasil registró 9.236.947 desembarques, superior a los 9.018.507 recibidos en 2011 y los 5.809.505 de 2010.

Por su parte, el sector de telecomunicaciones representa el 7% del PIB de Brasil, con un 29% de participación en la Bolsa de Sao Paulo (BOVESPA).

Brasil cuenta con más de 58 millones de conexiones a Internet, más de 1,5 millones de dominios, cerca de 15 millones de alojamientos Web (9º a nivel mundial), 30 millones de usuarios de banca por Internet y 140 millones de móviles. Se espera que en 2018 el número de accesos a Internet aumente hasta los 160 millones (120 millones a través de móviles) y el número de móviles supere los 270 millones. Este país cuenta, además, con la mano de obra especializada en tecnologías de la información (TI) más numerosa de Latinoamérica. Brasil tiene, no obstante, un importante déficit en la industria de fabricación de componentes electrónicos, lo que se traduce en una elevada cuota de importación, que repercute en los precios de los fabricantes y montadores de equipos electrónicos y de telecomunicaciones. La principal operadora de móvil en Brasil es VIVO (con un 29,5% de cuota de mercado), del grupo Telefónica, seguida de TIM y CLARO, con algo más del 25% cada una, y OÍ, con un 19,4% del mercado.

Merece la pena mencionar el Plan de Banda Ancha del Ministerio de Telecomunicaciones, que tiene como objetivo llegar a 30 millones de accesos de banda ancha fija en 2014 y al 100% de los órganos de gobierno, incluyendo unidades de la Administración Federal, Estadual y Municipal, escuelas públicas, unidades de salud, bibliotecas públicas y órganos de seguridad pública. Además se pretenden implantar 100.000 nuevos Telecentros Federales - locales específicos con conexión rápida a internet - en ese mismo periodo, lo que supondría 60 millones de accesos a través de banda ancha móvil. Se estima que serán necesarias unas inversiones próximas a los 49.000 millones de reales para alcanzar el objetivo de 90 millones de puntos de acceso a Internet.

También es importante mencionar la aprobación, en agosto de 2011, de la nueva Ley Audiovisual, que supone una apertura total del mercado de TV por cable a las operadoras de telefonía y pone fin a las restricciones de capital extranjero en el sector. Los cambios introducidos en las reglas de TV por cable permitirán avanzar, tanto a Telefónica como a Embratel (controlada por el magnate mexicano Carlos Slim), en el proceso de consolidación de las telecomunicaciones en Brasil.

 

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