Demanda y Coyuntura

Estructura del PIB por sectores y por componentes del gasto

 

La composición del PIB argentino se ha mantenido estable durante los últimos años. Destaca la importancia del sector servicios, base principal de la economía del país y la relevancia del sector agropecuario en comparación con la economía de otros países. Asimismo, se aprecia una pérdida de importancia relativa del sector secundario, si bien se estima que se recupere en 2018.

Los últimos datos recogidos por INDEC acerca del cuarto trimestre de 2018 y el primero de 2019 muestran una contracción del PIB del 1,2% y del 2% respectivamente. Estos porcentajes representan en todos los casos variaciones del PIB respecto del trimestre inmediatamente anterior. Por otro lado, la estimación provisional del PIB del primer trimestre de 2019, en relación al mismo periodo del año anterior, muestra una caída del 5,8%.

En la siguiente tabla se muestra la aportación de cada uno de los sectores al PIB argentino:

 

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Cuadro de PIB por sectores de actividad y por componentes del gasto

PIB POR SECTORES DE ACTIVIDAD Y POR COMPONENTES DEL GASTO (%) 2015 2016 2017* 2018*
AGROPECUARIO 6,13 7,426,50 7,21
AGRICULTURA, GANADERÍA Y SILVICULTURA 5,85 7,10 6,19 6,77
PESCA 0,28 0,32 0,31 0,44
INDUSTRIAL 27,52 26,11 25,93 27,17
MINERÍA 3,79 3,81 3,50 4,52
MANUFACTURAS 16,68 15,97 15,24 15,01
CONSTRUCCIÓN 5,44 4,54 5,14 4,80
ELECTRICIDAD Y AGUA 1,43 1,79 2,05 2,84
SERVICIOS 66,35 66,47 67,57 65,63
COMERCIO 16,13 15,90 15,74 15,31
TRANSPORTE Y COMUNICACIONES 6,38 6,34 6,68 6,88
FINANZAS 3,95 4,63 4,67 4,92
INMOBILIARIO 11,17 11,02 11,73 11,87
ADMINISTRACIÓN PÚBLICA Y DEFENSA 9,32 9,32 9,15 8,28
OTROS SERVICIOS 19,40 19,26 19,60 18,37
TOTAL 100 100 100 100

Fuente: INDEC 2019

* Los resultados para 2017 y 2018 son provisionales    

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Evolución de las principales variables económicas: crecimiento, inflación…

  • Coyuntura y evolución reciente

Argentina es un país rico en recursos naturales y en capital humano. Cuenta con un potente sector agrario exportador y una base industrial amplia, aunque no competitiva, amparada por el proteccionismo. Ha experimentado recurrentes crisis económicas en el siglo XX de la mano de gestiones macroeconómicas deficientes e inestabilidad política.

Argentina está en recesión desde mayo 2018, tras una crisis de balanza de pagos, con huida de capitales, desplome del peso, aceleración de la inflación y contracción de la actividad económica superior al -2% en 2018, prolongada en 2019 y principios de 2020. Las últimas cifras reflejan una contracción interanual del -2.5% en los 9 meses de 2019.  Para el conjunto de 2019 se espera una recesión cercana al -3%.

  

PREVISIONES DE CRECIMIENTO
Organismo 2019 2020
Mercado* -2,9% -1,6%
FMI -3,1% -1,3%
PREVISIONES DE INFLACIÓN
Organismo 2019 2020
Mercado* 54,9% 42.2%
FMI 57,3% 39,2%
Fuente: Fondo Monetario Internacional, BCRA (*relevamiento de expectativas de mercado del BCRA)
Última actualización:169/01/2020 * previsiones a enero de 2020

 Hasta mayo de 2018, Argentina ofrecía un crecimiento del 3%, generalizado en todos los sectores. No obstante, la peor sequía en 50 años redujo la producción agrícola en un 30%, contrayendo la actividad y limitando la principal fuente de divisas. El empeoramiento de las condiciones financieras internacionales, fruto de la subida de tipos en EEUU, junto con la subida de precios del petróleo, castigó a las economías con peores fundamentos macroeconómicos. Argentina, pese a la consolidación fiscal gradual iniciada, presentaba en ese momento déficits gemelos, fiscal y corriente, lo que desató la pérdida de confianza en el peso, pérdidas de reservas y, finalmente el acuerdo con el FMI.  La historia reciente argentina (corralito, pesificaciones, controles de capital) explican la desconfianza en su moneda y en el rumbo de la economía, provocando comportamientos que precipitan los acontecimientos. A pesar de cierta estabilización en la economía en el segundo trimestre de 2019, con expansión del PIB en el segundo trimestre de 2019 de 0,6% interanual, las elecciones primarias de agosto favorables a Fernández y Kirchner, volvieron a desatar la incertidumbre, la huida de capitales, paralizando la actividad (Actividad económica de -3,8% en agosto), elevando la prima de riesgo a máximos de 10 años (2000 pb) y depreciándose el peso un 30% el día posterior a las elecciones primarias.

El cambio brusco de perspectivas económicas también ha llevado a cambios inesperados de política económica: desde septiembre, el anterior gobierno aplicó, de manera provisional, controles a los movimientos de capital y cambios endurecidos progresivamente, junto con medidas sociales de urgencia.

En la primera década de los 2000, Argentina vivió una etapa de crecimiento ininterrumpido  muy elevado (8,6% anual de media entre 2003 y 2007), basado en los altos precios internacionales de sus exportaciones (soja, trigo, maíz). La desaceleración desde 2011 llevó a los gobiernos Kirchner a políticas distorsionadoras e intervencionistas, restrictivas del comercio y flujos financieros, especialmente en 2012 y 2013. En ese periodo la economía argentina acumuló importantes desequilibrios. La monetización del déficit público con la consecuente inflación (superior al 20% en 2014-2015), la pérdida de competitividad internacional, la fuga de capitales, la imposición de controles cambiarios y la aparición de un mercado paralelo desencadenaron una pérdida de reservas (apuntaladas con acuerdos bilaterales con China). El conflicto con los acreedores bonistas de deuda argentina desde 2001, dejó a la economía excluida de los mercados financieros internacionales.

  •  Principales Variables

En la actualidad, la inflación es el mayor y más persistente desequilibrio de la economía argentina y se ha situado en 53,8% en 2019, fruto de la brutal caída del peso y su traslado a precios internos y salarios, de la mano del efecto “pass through” e indexaciones.  Tras bajar la inflación hasta un 23% en 2017, las dudas respecto al peso desde abril de 2018 llevaron a la crisis cambiaria de Mayo, una depreciación acumulada de casi el 100% del peso en 2018, y una inflación del 47% en 2018. El segundo episodio de crisis cambiaria de agosto de 2019, tras las primarias, ha supuesto un fuerte impacto en la inflación donde la dolarización, las indexaciones, y las revisiones salariales, conllevan inercias difíciles de combatir.

 

El dólar en Argentina cotizaba oficialmente a 9,4 peso/dólar en octubre de 2015. Tras la liberalización en diciembre de 2015, el peso fue perdiendo progresivamente valor. Los episodios de "pánico" vividos en 2018 supusieron una devaluación acumulada del 100%. Tras cierta estabilidad a principios de 2019, el colapso financiero del "lunes negro" (11 de agosto, tras las elecciones primarias), supuso una brutal depreciación del peso en 30% en una solo sesión, dejándolo en 58 pesos por dólar (28/08/2019). Esta situación se ha ido prolongando hasta la actualidad. La vuelta de controles de capital y cambio han despertado el mercado paralelo y una brecha cambiaria cercana al 20%, cotizando el dólar paralelo en torno a los 76 pesos frente al oficial de 65 (enero 2020).

 

El déficit público acumulado durante años explica en gran medida las presiones inflacionistas debido a la monetización del mismo. En este sentido, asegurar la sostenibilidad fiscal en Argentina es clave. El gasto público creció de forma sostenida, 14 puntos del PIB de 2006 a 2017, particularmente en subvenciones (energía y transporte), explicando los elevados déficits primarios registrados (4,7% y 3,8% en 2016 y 2017). El déficit total fue de 6,5% en 2017. El gobierno Macri inició una reducción gradual del déficit público primario en 4 años hasta el equilibrio en 2021, pero la falta de celeridad fue castigado por los mercados.  El acuerdo con el FMI, llevó a acelerarlo alcanzando el equilibrio primario en 2019 lo que hasta la fecha, se estaba cumpliendo en base a metas trimestrales (-0,4% de deficit primario, y -3,8% déficit total para 2019, según las últimas cifras). 

A más largo plazo, el sistema fiscal arrastra importantes deficiencias, hay gasto excesivo en salarios, subsidios (en términos comparativos regionales, y respecto a la calidad y cantidad de servicios públicos) en detrimento de gastos productivos como infraestructuras. Desde el lado de los ingresos, existen demasiadas figuras impositivas (con escasa recaudación), multiplicación de regímenes especiales y exenciones; altos tipos marginales distorsionadores, y escalas impositivas regresivas por la falta de actualización con la inflación. 

Respecto al sector exterior, Hasta 2016, la imposibilidad de financiarse en el exterior (Conflicto de los holdouts), junto a la pérdida de competitividad, el deterioro de los mercados de exportación argentinos, las limitadas inversiones extranjeras, redujeron los ingresos externos del país y las reservas internacionales desde el máximo de 2011 (52.700M$) hasta los 21.300M$ en 2013. El FMI estima que las reservas netas Argentinas, a finales de 2015, eran negativas. El Gobierno de Kirchner articuló controles de cambio, medidas proteccionistas, y acuerdos bilaterales de financiación con China y Rusia. El nuevo gobierno levantó las restricciones al cambio de divisas y realizó las primeras emisiones internacionales de deuda tras años que llevaron las reservas a máximos de 62.110 M$. (23/02/2018). La crisis cambiaria iniciada en 2018 y la defensa del peso por parte del Banco Central, supuso una pérdida importante de reservas. La huida de capitales, en el contexto electoral de 2019, han llevado a una pérdida de reservas que ascienden ahora a 45.000 M$ (14/01/2019). 

 Argentina presenta un déficit por cuenta corriente crónico, que en 2017 batió un récord de -31.324M$. Tradicionalmente, el superávit comercial (por las exportaciones de productos agrarios que representan el 46% del total, de los que 32% es soja) es superado por los déficits de servicios, rentas y transferencias. El saldo comercial argentino venía siendo cada vez menor, llegando a convertirse en déficit desde 2015 (-8.471 M$ en 2017), en gran medida por el déficit bilateral con Brasil cuya economía no acaba de repuntar. No obstante, en 2017 se registró déficit en las tres subpartidas (bienes, servicios y rentas). A pesar de la intensa depreciación de 2018, la caída de exportaciones agrícolas, por sequía, supusieron un déficit para el conjunto del año. Con la recuperación de las exportaciones y, sobre todo, la fuerte caída de importaciones se registró un superávit comercial en los primeros meses de 2019 (13000 M$ en noviembre), mientras persistirá el déficit por cuenta corriente en los próximos años (-6417 M$ a noviembre de 2019).

 Por el lado de la financiación internacional, las inversiones directas en Argentina han sido muy escasas en los últimos años 2008-2014: 8.900 M$ de media anual muy por debajo de países como Brasil, Méjico, Chile, Colombia y Perú. El acceso a la financiación internacional estuvo limitada hasta 2016 por el problema de la renegociación con los acreedores dificultando la inversión cuya resolución  reinsertó el país en los mercados internacionales, habiéndose colocado deuda por valor de 16.500 M$ en abril de 2017. A largo plazo, los niveles de inversión directa deben aumentar para mejorar el perfil de financiación del país. Lamentablemente, los niveles observados fueron bajos (11.857 M$) y el actual nivel de incertidumbre no incentivan las inversiones directas. Consecuentemente, la deuda externa aumenta de forma sostenida y alcanza 276.686 M$ a octubre de 2019 (cerca de 60% del PIB, y un 80% denominada en dólares, en valor nominal). El acuerdo Stand By del FMI renegociado supone un préstamo de 57.100 M$, de los que 28.400 se desembolsaron en 2018 y 22.800 en 2019. El nuevo gobierno ha renunciado a disponer del remanente del préstamo por 11.000 M$. El BM, el BID y la CAF confirmaron un apoyo extraordinario de 5.650 M$ para complementar el crédito Stand-By del FMI.

 

Los últimos datos de la posición inversora internacional sitúan a Argentina con una posición acreedora neta respecto del resto del mundo por 115.996 M$ a septiembre de 2019, dando cuenta de la cantidad de fondos en el exterior que tienen los argentinos, incluyendo la fuga de capitales experimentada este año.

 

Dentro de las negociaciones para el pago de la deuda de Argentina con los países del Club de París, se han alcanzado acuerdos con Suiza, Austria, Israel, Finlandia, Alemania, Países Bajos, Italia, Dinamarca, Reino Unido, Bélgica, EEUU, Canadá, España y Suecia. La mayor parte ya están firmados. En 2014 Argentina realizó su primer pago al club de París desde la crisis de 2001. Ver infra.

En cuanto al mercado de trabajo, los últimos datos para 2019 (III trim.) muestran una tasa de desempleo del 9,7%, tasas de empleo baja (42.6% es decir 11M de personas) de y actividad (47,7%, 13 Millones de personas) bajas. No existen datos recientes pero el peso de empleados del sector público es elevado (4 Millones de personas aproximadamente).

  •  Política Económica

 

 La actualidad de la política económica viene dominada por la renegociación de la deuda y el grado de “consenso con los acreedores” y las medidas de urgencia, sin que se tenga todavía perfilado un programa a más medio plazo, que en todo caso no seguirá el programa pactado anteriormente con el FMI. El martes 21 de Enero el ejecutivo presentó una proyecto de ley de renegociación de la deuda


ACUERDO CON EL FMI STAND-BY ARRANGEMENT (SBA) DE 3 AÑOS POR DE 56.300 M$ (Octubre 2018)

 

Concedido en junio de 2018, ampliado en octubre en 7.100M$ adicionales, sumando 56.300 M$ disponibles libremente para apoyo presupuestario.

Se adelantan desembolsos para 2018-19: 18.400 M$ en 2018 (15.000 desembolsados en Junio y 13.400 M$ hasta finales de año), 22.800 M$ en 2019,  5.900 M$ para 2020-21.

Escenario Económico: recesión de -2,8% en 2018  y -1,7% en 2019.

Compromiso Presupuestario: saldo primario equilibrado para 2019, con ajuste inicial del déficit primario de 2,5% del PIB en 2018, alcanzando superávit primario en 2020. Se logrará con nuevos ingresos por aranceles a la exportación,  reducción de subsidios en energía y transporte, reducción de empleados públicos, congelación de contratación y sueldos nominales en el sector público, recorte de transferencias a empresas reducción de transferencias a las provincias, reducción de los gastos de capital.

Reforzamiento de la red de protección social para proteger a los más vulnerables: “Asignación Universal por Hijo”; “Asignación por Embarazo”, medidas encaminadas a incrementar la participación de la mujer en la fuerza laboral.

Afianzar la credibilidad del banco central: regla monetaria simple y estricta que congela la base monetaria (M2), en promedio, hasta junio 2019. Nuevas metas creíbles de inflación (de 43% en diciembre de 2018, a 20,2% en diciembre de 2019, 13% en diciembre de 2020 y 9% en diciembre de 2021); fin de la financiación por parte del Banco Central; saneamiento del balance del banco central (l reducción del stock de letras del tesoro al entorno del 3,5% del PIB);

Régimen cambiario flexible: zona de intervención en caso de que salga del techo (44 pesos por dólar) y suelo (34 pesos) con subastas de hasta 150 M$ diarias (modificado posteriormente ver infra).

Aumentar las reservas internacionales y mitigar la vulnerabilidad de Argentina a presiones sobre la cuenta de capital.

 

Política Monetaria

 

La rehabilitación de la política monetaria como instrumento de política económica en Argentina es un trabajo en curso. Esta ha estado condicionada por la monetización de déficits públicos y objetivos de tipo de cambio apoyados en controles de capital. Los bajos niveles de depósitos bancarios, la escasa presencia de inversores institucionales, y un sector financiero poco profundo, con empresas financiadas esencialmente mediante ingresos retenidos, junto con tipos reales negativos, impedían una política monetaria operativa.  El gobierno de Macri trató de rehabilitar la política monetaria convencional, liberalizando los tipos de cambio (Levantando el "cepo cambiario"), y recuperando progresivamente la independencia de la política monetaria respecto a la política fiscal. En 2017 se articuló una política monetaria restrictiva que venía así aguantando, casi en solitario, el peso de la lucha contra la inflación configurando un policy mix inconsistente, lo que estuvo al origen de los ataques especulativos con el peso.

 

En abril de 2019, en acuerdo del FMI, el BCRA anunció que ampliaba su capacidad de intervención en el mercado de cambios, hasta el punto de consumir 20.000M de reservas desde las primarias hasta las elecciones presidenciales. El acuerdo con el FMI supuso nuevas metas más creíbles de inflación (23% en 2019, 13% en 2020 y 9% en 2021, que ya han quedado desfasados); menor financiación del BCRA al fisco; mejora del balance del BCRA reduciendo letras contra el gobierno (Lebacs) por activos a más largo plazo. Se endurecieron posteriormente las reglas hasta un crecimiento nulo de la base monetaria. Esto lleva a operar al BCRA en el mercado con subastas de letras de liquidez (Leliqs) para controlar esa cantidad siendo el tipo de interés endógeno y actualmente superior al 70% a raíz de las fuerte inestabilidad en los mercados.

El nuevo gobierno ha iniciado su gestión con rebajas marcadas de tipos (52%) y el inicio de financiación directa del BCRA al tesoro, lo que podría iniciar presiones de inflación a pesar del congelamiento de precios decretado hasta marzo de 2020.


Política fiscal


En la última década, se vivió un periodo continuado de expansión fiscal que el gobierno Macri trató de revertir con recortes en subsidios y subidas de las tarifas eléctricas y gas. No obstante, se optó por un "gradualismo" en la consolidación fiscal, con objetivos de déficit primario central cercanos al 4% en 2017, que se cumplieron -e incluso sobrecumplieron en 2017- con un 3.8%, favorecido por el éxito del blanqueo de Capitales que permitó aflorar 110.000 M$-. Con todo, el lento ajuste del déficit primario suponía déficits totales elevados (6,5% en 2017; 5,1% en 2018), cuya financiación, es esencialmente externa por la estrechez del mercado financiero local. La estrategia de gradualismo ha supuesto exponer al país a una vulnerabilidad que los inversores han castigado duramente, y  la petición de la línea al FMI. El acuerdo con el FMI, requiere una aceleración de la consolidación fiscal, con un compromiso de equilibrio primario en 2019. Para ello se ejecutaron medidas de ajuste fiscal (recortes de transferencias a provincias, impuestos a la exportación) y el aumento de algunos impuestos. Se ha cumplido el objetivo de superávit primario en el primer semestre de 2019, según lo acordado con el FMI, si bien la evolución de la recaudación con la recesión y el anuncio de medidas de apoyo social (rebajas y devolución de impuestos, congelamiento de las tarifas de combustibles por 90 días y subida de las ayudas sociales)  tienen un impacto fiscal todavía incierto.

 

El nuevo gobierno de Alberto Fernández, todavía no ha presentado un plan económico de medio plazo pero ha articulado medidas de urgencia (Ley de emergencia del 20 de diciembre) cuyo sentido es el equilibrio fiscal (y, presumiblemente el pago de la deuda externa), si bien está centrado sobre todo en el aumento de figuras recaudatorias (derechos de exportación; aumento del IVA; impuesto a gastos en el exterior, bienes personales, contribuciones patronales, etc etc..) mientras todavía no ha presentado medidas de control de gasto estructurales. Ha procedido a congelar provisionalmente la actualización de las pensiones, pero ha aumentado las pensiones mínimas y hará un pago único adicional a todos los jubilados en marzo, en una medida cuyo efecto neto no queda claro ni tampoco se tiene certeza de que logra beneficiar a las capas más pobres. 

 

La presión tributaria alcanza así el 33,4% del PIB.  En el lado de los ingresos, el gobierno articuló una reforma tributaria a finales de 2017 y desde el lado del gasto logró aprobar la ley de responsabilidad fiscal que limita el gasto provincial.

 Desde un punto de vista estructural, la economía presenta problemas importantes, en particular en el suministro de servicios básicos (transportes, energía) objeto, hasta la fecha, de regulación administrativa y congelación de precios – para atajar la inflación- y subvenciones (5% del PIB en 2013) que limitan los incentivos a la inversión. Esto es particularmente cierto en el caso de la electricidad. Argentina, a pesar de sus enormes recursos energéticos -Vaca Muerta es la segunda mayor cuenca de gas esquisto del mundo- es actualmente importador de energía y ha visto su producción de gas y petróleo reducirse en los últimos años. Las recientes subidas de las tarifas de electricidad vienen a eliminar parte de estas distorsiones.

Las deficiencias institucionales explican también el pobre desempeño en los rankings internacionales. Argentina ocupa el puesto 119 de 190 en el doing business del Banco Mundial (2019)  y el 81 de 140 en el índice de competitividad global del Foro Económico Mundial (2018).

La actual situación política impide la articulación de medidas estructurales que requieren de un consenso político amplio, hoy en día imposible en Argentina dado la fragmentación política y el alto peso de los sindicatos y su oposición a reformas de calado y fuertes reivindicaciones salariales (El gobierno Macri se enfrentó a 5 huelgas generales).

Resulta de particular importancia acelerar el ritmo de consolidación fiscal para aliviar la presión sobre la inflación cuya resolución caía casi exclusivamente sobre la política monetaria con tipos del 70% limitando así la capacidad de crecimiento basada en inversión.

 La inestabilidad geopolítica mundial y regional complica el panorama al que se enfrenta el país.            

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Cuadro de principales indicadores macroeconómicos

PRINCIPALES INDICADORES ECONÓMICOS 2014  2015 2016 2017 2018  2019 (últ. dato)
PIB*
PIB (millones de USD a precios corrientes) 563.614 631.621 554.107 637.557 446.731 432.241**
Tasa de variación real (%) n.d 2,6% -1,8% 2,9% -2,5% n.d.
INFLACIÓN*
IPC A fin del período (%) 23,9 26,9 40,3 24,8 47,6 57,3**
TIPOS DE INTERÉS (TASA CALL)
Fin de período (%) 21,6 32,2 23,9 28,75 59,25 62,69 (jun.)**
EMPLEO Y TASA DE PARO
Población (x 1.000 habitantes) 42.669 43.131 43.590 44.044 44.494 44.938**
Tasa de actividad (%) 45,2 44,8 45,3 46,3 46,4 47,0**
% Desempleo sobre población activa 6,95,9 7,6 8,3 9,6 10,1**
SALDO FISCAL PRIMARIO*
% de PIB -0,9 -3,8 -4,2 -3,8 -2,4 0,1**
DEUDA PÚBLICA*
En millones de dólares 239.326 240.665 275.446 320.935 332.192 324.898**
En % de PIB 43,5 52,6 53,1 56,6 86,0 88,5**
EXPORTACIONES DE BIENES
En millones de dólares 68.404 56.783 57.879 58.428 61.621 19.421 (abr.)**
Tasa variación respecto al período anterior (%) -9,95 -16,99 1,93 0,95 5,46 n.d.
IMPORTACIONES DE BIENES
En millones de dólares 65.736 60.203 55.911 66.899 65.441 16.344 (abr)**
Tasa variación respecto al período anterior (%) -11,69 -8,42 -7,13 19,65 -2,18 n.d.
SALDO B. COMERCIAL
en millones de dólares 2.668 -3.420 1.968 -8,471 -3.820 3.077**
en % de PIB 0,47 -0,54 0,36 -1,33 -0,86 0,71**
SALDO B. CUENTA CORRIENTE
En millones de dólares -9.179 -17.622 -15.105 -31.598 -27.479 -3.849**
en % de PIB* -1,63 -2,79 -2,73 -4,96 -6,15 -0,89**
DEUDA EXTERNA
en millones de dólares 158.742 167.412 181.170 232.952 277.932 275.828**
en % de PIB 28,17 26,51 32,70 36,54 62,21 63,81**
SERVICIO DE LA DEUDA EXTERNA
en miles de millones de dólares n.d. n.d. n.d. n.d. n.d. n.d.
en % de exportaciones de bienes y servicios n.d. n.d. n.d. n.d. n.d. n.d.
RESERVAS INTERNACIONALES
en millones de dólares 31.337 25.563 39.308 55.055 65.806 64.148 (jul.)
INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA
en millones de dólares 6.61211.655 3.260 11.517 12.162 n.d.
TIPO DE CAMBIO FRENTE AL DÓLAR
fin de período 8,55 13,00 15,85 18,77 37,8142,09 (jun.)

 Fuentes: International Monetary Fund, World Economic Outlook Database, Julio 2019
 ** Estimación

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Principales objetivos de política económica

La política económica actual viene dominada por el objetivo de estabilización económica tras las turbulencias financieras vividas desde mayo y que han llevado a solicitar un programa del FMI. Ello ha llevado a profundas modificaciones de las políticas fiscal, monetaria y cambiaria -ver supra-.

El proyecto de presupuesto plantea los principales objetivos de política y se pueden ver en:

https://www.minhacienda.gob.ar/onp/documentos/presutexto/proy2019/mensaje/mensaje2019.pdf.

Destacan, dadas las circunstancias económicas y sociales, el hincapié en la política de desarrollo humano, destacando la implantación de la asignación universal por hijo (AUH). En segundo lugar, sigue siendo esencial la política energética con el impulso de las energías renovables y la explotación de Vaca Muerta. La política de transporte sería el tercer eje a destacar, con el lanzamiento de la construcción de seis corredores viales bajo el esquema de PPP.

 

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Previsiones macroeconómicas

El proyecto Presupuesto 2019 prevé una recesión del -2,4%, centrado en una  caída de 1,6% en el consumo privado y de 9,7% en la inversión, así como una mayor caída del consumo público (-3,4%), consistente con el objetivo de equilibrio primario  para el año y una leve recuperación de las importaciones (+2,8%).

Las previsiones de otros organismos son las siguientes: 

 

PREVISIONES DE CRECIMIENTO
Organismo20192020
Mercado*-3,00%-1,70%
FMI-3,10%-1,30%
PREVISIONES DE INFLACIÓN
Organismo20192020
Mercado*55,60%42,90%
FMI57,30%39,20%
Fuente: Fondo Monetario Internacional,BCRA (*relevamiento de expectativas de mercado del BCRA)
Última actualización:20/11/2019 * previsiones a octubre 2019

 

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Política fiscal y presupuestaria

Política Fiscal

Tras años de fuerte crecimiento hasta 2008, impulsado por el curso de las materias primas, y el sostenimiento de superávits comercial y fiscal primario, los últimos años del anteriro gobierno se caracterizaron por el deterioro del superávit fiscal y comercial hasta convertirlos en déficit a los dos.

En cuanto al saldo fiscal, se ha vivido un periodo de expansión fiscal en los últimos años que se refleja en un deterioro de las cuentas públicas. Así, en 2015 y debido a las elecciones presidenciales, se estimó un déficit superior al 5,2% frente al 2,4% de 2014.

Aunque el gobierno de Mauricio Macri asumió el poder en diciembre de 2015, el primer presupuesto que verdaderamente ha podido confeccionar es el de 2017. En 2016 heredó el aprobado por el gobierno anterior, si bien usó la potestad de hacer cambios entre partidas atendiendo a la “ley de superpoderes”. En este marco el debate se centró en si hacer una reducción gradual, con menor coste electoral de cara a las elecciones legislativas de 2017, o hacerlo en modo de “shock”, asumiendo costo político a corto plazo.

El “gradualismo” se impuso en primera instancia, bajo la gestión del Ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, rebajando la proyección de presupuesto del 3,3% al 4,2 %, para luego seguir su reducción (3,2 % en 2018 y del 2,2 % en 2019). No obstante, en diciembre, se reasignó la cartera a Nicolás Dujovne al frente del ministerio de Hacienda y con una intención de rebajar el déficit fiscal por debajo de esa cifra. Con todo, el enfoque gradual ha mostrado sus límites durante la crisis cambiaria al proyectar serias dudas sobre la capacidad financiera del país llevando a un importante ataque especulativo. El resultado es que, en el marco del acuerdo con el FMI, se ha debido acelerar y reforzar las medidas de consolidación fiscal. Ello se ha concretado en el proyecto de  de presupuesto para 2019, aprobado en el congreso y que debería aprobarse en el Senado a finales de noviembre y cuyos detalles son :

Principales supuestos:

• Contracción del PIB de -0.5% para el conjunto del 2019 aunque con crecimiento desde el segundo trimestre. (Frente a -2.4% en 2018)
• Inflación del 34,8% para 2019, pero un interanual del 23% en diciembre
• Equilibrio primario en 2019 (frente a 2.6% en 2018)
• Tipo de cambio medio para 2019 de 40,1 Pesos por dólar
• Reducción del 50% del déficit corriente hasta 9.900 M$ (2.2% PIB)
• El escenario contemplado es el de: aumento adicional de tipos de interés en EEUU; Volatilidad financiera en emergentes; un estancamiento en Brasil; ausencia de sequía; incertidumbre por ser un año electoral.

Gasto Primario

El gasto primario se reducirá un 7,7% en términos reales (aumento del 24% nominal). No aumenta ninguna partida en términos reales, el que más aumenta, gastos sociales lo hace menos del 40% -inferior a la inflación-. El recorte se centra en subsidios y obre pública:
• Reducción de las subsidios en un 6,9%, lo que supone 0,7% del PIB. El esfuerzo recae en energía (0,4% del PIB) y Transporte (0.3% del PIB) que será desembolsados por las provincias a partir de ahora.
• Reducción del gastos en Capital en un 7,2% (0,5% del PIB). El peso de la inversión pública estatal se reduce desde el 1,6% al 1% del PIB en 2019; aumenta el de las provincias (de 1,6% del PIB a 1,8% en 2019). Se le suma la financiación privada, dentro de esquemas de PPPs hasta el 0,6% del PIB.
• Reducción de las transferencias estatales a las provincias en un 17,5% (0,3% del PIB).
• El gasto social es el único que aumenta (0.2% del PIB).

Ingresos

Por el lado de los ingresos se prevé un aumento de 39% nominal en la recaudación:
• Se explica esencialmente por el aumento de los impuestos a la exportación (retenciones).
• El aumento del 32.4% de ingresos tributarios en términos nominales, supone una caída real.
• La ley tributaria tendrá leves modicficaciones: posposición de exceniones y regímenes especiales en el impuesto sobre sociedades (Ganancias); no se prevé gravar las propiedades en el extranjero.
El déficit financiero

• El déficit financiero, por su parte ascendería a 3.2% del PIB (una reducción del 2,3%):
• Se basa en una renovación total del stock de 11.100 M$ de las letras del tesoro (LETES) y de deuda con privados y organismos internacionales.
 

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Política monetaria

Política Monetaria

El gobierno ha emprendido una serie de reformas para la rehabilitación de una política monetaria convencional. Así, con el levantamiento del cepo cambiario en 2016  y la progresiva recuperación de independencia de la política monetaria respecto a la política fiscal abandonando la monetización del déficit público, la inflación es el objetivo central de la política monetaria. En mayo 2016 el Banco central anunció la transición hacia una política de "objetivo directo" de inflación. En los primeros meses de gobierno, se elevaron las tasas de interés y absorbió liquidez llevando a cabo una política monetaria restrictiva, a través de las licitaciones de Letras del Banco Central (LEBAC) a 35 días que han dado paso como tasa de referencia desde 2017, a la tasa del centro del corredor de pases a 7 días, para proveer y retirar liquidez sin límite preestablecido. Aunque en un principio y tras  sucesivos aumentos de tasas en 2016 y 2017 se logró mandar una clara señal antiinflacionaria, en diciembre de 2017 el gobierno decidió relajar la política monetaria dañando la independencia del Banco Central.

La crisis cambiaria de Abril y agosto de 2018, y la renuncia de dos gobernadores del banco central han llevado, en el marco del acuerdo con el FMI, a redefinir la política monetaria. Así, para afianzar la credibilidad del banco central se ha optado por una regla monetaria simple y estricta que congela la base monetaria (M2), en promedio, hasta junio 2019. Se abandona así el objetivo directo de inflación, por seguimiento de Agregados monetarios.  Asimismo se refuerza el compromiso por un régimen cambiario flexible, definiendo una zona de intervención, en caso de sobrereacciones importantes de los mercados,  en caso de que salga del techo (44 pesos por dólar) y suelo (34 pesos) con subastas de hasta 150 M us $ diarias).

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Políticas estructurales (programas, reformas, etc.)

El gobierno de Mauricio Macri ha llevado a cabo una intensa agenda de reformas que liberan los intercambios comerciales (reforma del sistema de licencias de importación ) y financieros (levantamiento de los controles de cambio) en un espacio de tiempo muy reducido. Otro eje esencial de su programa de gobierno es la reducción progresiva de los subsidios que venían distorsionando la demanda (exceso de demanda por precios subsidiados) y la oferta (falta de inversiones por falta de rentabilidad), con sendas subidas de tarifas de electricidad (en enero de 2016) y gas (abril de 2016). Asimismo, el gobierno está lanzando un importante programa de inversiones, tanto en transporte (prevé 12.500 M$ de inversiones, en particular 2.800 km de nuevas autopistas) como en energía (20.000MW de potencia adicional, de los cuales 10.000 MW en renovables), contando en su practica totalidad con inversiones privadas bajo la modalidad de concesiones. Para ello será esencial dar la seguridad jurídica necesaria para animar a estos inversores desde el exterior.

El arreglo de la disputa con los tenedores de bonos litigantes tras la suspensión de pagos de 2002, y la posterior emisión de bonos para su reembolso en abril de 2016, con una mayor demanda y menores tipos de interés de lo esperado, sellaron en ese momento  la reinserción de Argentina en los mercados financieros internacionales que le estaban cerrados. Se logró colocar 16.500 M$ a una tasa promedio del 7,2% anual en la primera emisión de 2016 a la que han ido siguiendo otras y de las provincias, liberando a la economía argentina de uno de las principales restricciones a su crecimiento y será esencial para financiar las importantes necesidades de inversión que tiene el país.

La crisis cambiaria de 2018 ha supuesto una pérdida de velocidad respecto a medidas estructurales (laborales, pensiones, entre otras) y han interrumpido el flujo de capitales hacia el país. Con todo, la polítcia economica tal como queda en el marco del acuerdo con el FMI es más consistente y creíble. Un nuevo impulso reformista solo podrá venir después de las elecciones presidenciales de 2019. 

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