Demanda y Coyuntura

Estructura del PIB por sectores y por componentes del gasto

El PIB a precios corrientes alcanzó los 2,02 billones de dólares en 2017. En términos reales, la tasa de variación del PIB registró un aumento del 1% respecto a 2016 y, como consecuencia del ascenso, el PIB per cápita subió hasta los 9.689 dólares, un 10% por encima del dato en 2016.


Según los datos recogidos por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), Brasil registró incrementos reales del PIB en los cuatro trimestres de 2017 (1,3%; 0,7%, 0,2% y 0,1%, respectivamente), saliendo oficialmente de la crisis que atravesaba. En 2018, el avance del PIB se ha mantenido, con un crecimiento del 0,4% en el primer trimestre y del 0,2% en el segundo, según los datos del primer semestre del Banco Central de Brasil. Por el lado de la oferta, el sector agropecuario creció un 13% en 2017 (siendo el principal componente de crecimiento del PIB), el sector servicios avanzó un 0,3%, mientras que el sector industrial se mantuvo estable. En el sector primario, los mayores crecimientos en la producción se registraron en el maíz (55%) y la soja (19%). En referencia a los sectores que forman la industria, avanzaron las industrias extractivas (4,3%), las de transformación (1,7%) y la producción y distribución de electricidad, gas y agua (0,9%), mientras que la construcción cayó un 5%. Dentro del sector servicios, el comercio al por menor (1,8%), las actividades inmobiliarias (1,1%) y el transporte, almacenaje y el correo (0,9%) fueron los apartados que más crecieron.


En el análisis de la demanda, tras la fuerte contracción del 10,2% observada en 2016 en la formación bruta de capital fijo, en 2017 se redujo hasta un retroceso del 1,8%, siendo el consumo público el único de los demás componentes del PIB por el lado de la demanda que recularon. Así, junto al PIB (1%), tanto el consumo de las familias (1%), como la exportación de bienes y servicios (5,2%) o la importación (5%) avanzaron durante el pasado ejercicio. En el sector externo destacaron las exportaciones del sector primario, petróleo y gas naturas y la industria de la automoción. Entre las importaciones destacaron los refinados del petróleo, los equipos electrónicos y de comunicación y los textiles o bebidas.
 

 

 

 

 

 

 

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Cuadro de PIB por sectores de actividad y por componentes del gasto

 

PIB POR SECTORES DE ACTIVIDAD Y POR COMPONENTES DEL GASTO (%) 2014 2015 2016 2017
POR SECTORES DE ORIGEN
AGROPECUARIO 5 5 5,7 5,3
INDUSTRIAL 23,8 22,3 21,2 21,5
Minería 3,8 2 1 1,8
Manufacturas 12 11,8 11,9 11,8
Construcción 6,2 5.9 5,4 5,2
Producción y distribución de electricidad, agua y saneamiento 1,9 2,7 2,7 2,7
SERVICIOS 71,2 72,7 73,2 73,2
Transporte, almacenamiento y correos 4,6 4,5 4,3 4,4
Comercio 13,6 12,8 12,9 12,7
Intermediación financiera y seguros 6,4 7,3 8,2 7,9
Actividades inmobiliarias 9,5 9,7 9,7 9,7
Administración, salud, sanidad pública y seguridad social 17,4 17,7 17,5 17,6
Servicios de información       3,2
Otros servicios 17 17,1 17,6 17,7
PIB a precios de mercado 100  100 100 116,1
IMPUESTOS SOBRE PRODUCTOS 16,2 16,4 15,7 16,1
POR COMPONENTES DEL GASTO        
Consumo Privado 63 63,8 64 63,4
Consumo Público 19,2 19,7 20,2 20
Formación bruta de capital fijo 20,5 17,6 15,4 15,5
Exportaciones de bienes y servicios 11 12,9 12,5 12,6
Importaciones de bienes y servicios -13,7 -14,1 -12,1 -11,6
DISCREPANCIA ESTADÍSTICA - - - -
TOTAL 100  100 100 100
Fuente: Contas Nacionais Trimestrais IBGE (01-03-18)        

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Evolución de las principales variables económicas: crecimiento, inflación…

Brasil es la octava economía del mundo por volumen de PIB (2,02 billones de dólares a precios corrientes en 2017, tipo de cambio 3,2 reales por dólar), aglutinando el 40% del PIB de Iberoamérica. Presenta también un PIB per cápita de dólares 8.650 en 2016 y de 9.689 en 2017, según los últimos datos del Banco Mundial.


Con un enorme potencial de desarrollo, Brasil acaba de confirmar el punto de inflexión en su senda de avance del PIB en el ejercicio 2017. Tras dos caídas consecutivas del 3,5% en 2015 y 2016, el ejercicio 2017 ha cerrado con un avance del 1% anual (con cuatro trimestres consecutivos de crecimiento intertrimestral: 1,3%; 0,7%, 0,2% y 0,1%).


En 2018, esa recuperación se ha confirmado con dos trimestres más en positivo durante el ejercicio 2018, aunque las optimistas previsiones de principios de año se han visto revisadas a la baja en varias ocasiones, a tenor de un escenario internacional más inestable y problemas internos (huelga de camioneros durante el mes de mayo que paralizó el país e incertidumbre derivada de la situación política interna). Así, los principales organismos de previsión, nacionales e internacionales, estiman un crecimiento del PIB para 2018 en entorno al 1,8%, aunque el propio Banco Centra de Brasil espera un crecimiento del 1,6% en el conjunto del año.

 

Perspectivas avance PIB
  2018 2019
BCB 1,4% 2,4%
FMI 1,4% 2,4%
OCDE 1,2% 2,5%
BM 1,2% 2,2%
CEPAL 1,6%
BBVA 1,6% 2,4%
Fuente: elaboración propia

 

El Índice de Precios al Consumo Amplio (IPCA), indicador utilizado para definir el objetivo de inflación de la Política Monetaria, tenía establecido en 2017 la meta de una variación del 4,5%, con un margen del +/- 1,5%. Sin embargo, cerró el año 2017 en el 2,95%, por debajo del objetivo y, por primera vez, por debajo del umbral inferior marcado como límite Para 2018, la meta de inflación es de un crecimiento del IPCA del 4,5%, con un intervalo de tolerancia de más menos 1,5%, según la Resolución Nº 4.499, de 30 de junio de 2016.
Hay que destacar que un rasgo característico de Brasil en los últimos años (hasta 2017) ha sido, precisamente, la elevada inflación del país. Existe un gran número de indicadores que miden la evolución de los precios en Brasil. Uno de los más seguidos es el Índice General de Precios-Mercado (IGP-M), de la Fundación Getulio Vargas (FGV) que se utiliza para actualizar los aumentos de la energía eléctrica y los contratos de alquiler. En 2014, el crecimiento de los precios según este índice alcanzó el 3,7% interanual; en 2015 ascendió al 10,5% y el ejercicio 2016 cerró con un avance del 7,2%. En 2017, sin embargo, ha cerrado el ejercicio con un descenso del 0,5% (por primera vez desde 2009).


La menor demanda interna ha tenido un claro efecto sobre la evolución de los precios, así como el descenso inesperado de los precios de los alimentos. Esta menor presión sobre los precios y las expectativas de recuperación del crecimiento del PIB han permitido una continua rebaja de los tipos de interés por parte del Banco Central de Brasil que, en su última reunión de 2017, aprobó una nueva rebaja (de un punto porcentual) del tipo oficial (tasa SELIC) hasta dejarlo en el 7% (mínimo histórico) con previsiones de nuevas rebajas durante 2018 que se han hecho efectivas, situándose actualmente la SELIC en el 6,5%.


Según el IPCA del IBGE de los últimos 12 meses hasta agosto, el indicador de precios ha subido un 4,5%. En 2018, también hasta agosto, el indicador acumula un alza del 2,8, acercándose al mínimo estipulado. Sin embargo, este incremento ha estado muy influido por la huelga de camioneros de mayo y las subidas del precio del petróleo, que se están trasladando a los precios internos. Según las previsiones del boletín Focus del BCB, el IPCA cerrará el año en el 4,4% (por debajo del 4,5% estipulado como objetivo).


En cuanto al sector exterior, la balanza por cuenta corriente presentó un déficit del 3,3% del PIB en 2015 y la Inversión Directa Extranjera (IDE) ascendió al 4,2% del PIB. En lo que se refiere a 2016, las transacciones corrientes del país presentaron un déficit del 1,3% del PIB y la IDE ascendió al 4,4% del PIB. En el ejercicio 2017, la cuenta corriente cerró con un déficit del 0,5% del PIB y la IDE ascendía al 4% del PIB (70.332 millones de dólares). Hasta agosto de 2018, la balanza por cuenta corriente acumula un déficit de 717 millones de dólares, un 0,8% del PIB, mientras que la IDE asciende a 10.607 millones de dólares, el 3,6% del PIB.


Destacar, en lo que se refiere a la balanza comercial, que hasta agosto las exportaciones brasileñas ascendieron a 158.903 millones de dólares, un 8,9% más que en el mismo periodo de 2017, mientras que las importaciones se han situado en 121.226 millones de dólares, un 23,9% más que el año anterior hasta la misma fecha, de manera que existe superávit comercial de 37.677 millones de dólares.


En cuanto a las reservas internacionales (liquidez), cerraron 2015 con 26 meses de importaciones y 2016, con 32. En 2017, ascendieron a 381.972 millones de dólares. En lo que va de ejercicio 2018, ascienden a 379.400 millones de dólares (hasta agosto).


Finalmente, en lo que se refiere a la deuda externa bruta, en el conjunto del año 2016 se situó en 326.297 millones de dólares, un 18,2% del PIB, y en 2015 fue de 334.745 millones de dólares (18,6% del PIB). En 2017, ascendía a 313.610 millones de dólares. En los primeros 8 meses de 2018, la deuda externa bruta asciende a 5.220 millones de reales (unos 1.200 millones de euros), el equivalente al 77,3% del PIB.


Respecto al mercado de trabajo, la tasa de desempleo (6,8% de media en 2014) ha ascendido vertiginosamente con la crisis (9% de media en 2015 y 11% en 2016). Para el ejercicio 2017, se situó en el 11,8%, lo que supone algo menos de 13 millones de parados. En lo que va de ejercicio, la tasa de paro se sitúa en 12,1% al cierre de agosto de 2018, lo que supone 12,7 millones de personas desempleadas.


En el ámbito fiscal, el año 2015 cerró con un déficit primario del 1,9% del PIB y un déficit público total del 10,2% del PIB. Por su parte, el nivel de deuda neta del sector público se situó en el 36% del PIB. En 2016, el déficit primario fue del 3,5% del PIB y el nominal del 9% (la deuda neta del Sector Público ascendió al 46% del PIB). En 2017, el déficit nominal ha sido del 7,8% del PIB y la deuda neta se situó en el 51,6% del PIB. En lo que va de ejercicio, el déficit nominal asciende al 7,5% del PIB (hasta agosto) y la deuda al 51,2% del PIB.


Los desilusionantes datos fiscales y las malas perspectivas económicas provocaron que, en octubre de 2015, Brasil perdiera el grado de inversión por parte de S&P y sufriera una nueva rebaja en febrero de 2016 por parte de esta misma agencia, que en diciembre de 2015 la rebaja la realizase Fitch y que en febrero de 2016 la rebaja la realizara Moody's. En enero de 2018, S&P rebajó un grado más el grado de inversión, hasta BB-, con perspectiva estable, debido al retraso en la aprobación de las reformas necesarias para alcanzar el equilibrio fiscal. Las otras dos agencias mantienen al país en perspectiva negativa (Ba2 Moody’s y BB Fitch).
 

 

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Cuadro de principales indicadores macroeconómicos

 

PRINCIPALES INDICADORES ECONÓMICOS 2014 2015 2016 2017 2018*
PIB
PIB (en billones de USD, a precios corrientes) 2,417  1,775 1,799  2,02 (6,6 de reales) 1,02 (3,33 de reales hasta junio)
Tasa de variación real (%) 0,1 -3,8 -3,6 1 1,1 (Junio)**
PIB per cápita (dólares) 11728,8 8 791,5 8730,8 9.689,00 n.d.
Tasa de variación real (%) -0,8 -4,7 -4,4 0,2% n.d.
INFLACIÓN
Media anual (%)  6,3 9,0 8,8 2,95 n.d.
Fin de período (%) 6,4 10,7 6,3 2,95 4,48 (ultimos 12 meses)
TIPOS DE INTERÉS (TASA SELIC)
Media anual (%) 11,05 13,25 13,88 9,84 n.d.
Fin de período (%) 11,75 14,25 13,75 7,00 6,25 (agosto)
EMPLEO Y TASA DE PARO
Población T4 (x 1.000 habitantes)*  202.827 204.490 206.099 208.000 208.800 (est)
Población Activa ultimo trimestre año (x 1.000 habitantes) 99326 101.318 102.604 104.258 n.d.
Tasa de paro último trimestre del año 6,5 9 12 11,8 12,3 (agosto)
Tasa de paro media anual 6,8 9 11 12,7 n.d.
DÉFICIT PÚBLICO
saldo nominal % de PIB -6,7 -10,2 -9 -7,5 -7,45 (12 meses hasta agosto)
saldo primario % de PIB -0,3 -1,9 -2,5 -1,9 -1,3 (hasta agosto)
DEUDA NETA DEL SECTOR PÚBLICO
en millones de USD  799.740 552.011 838.526 1.037.000 836.000 (agosto)
en % de PIB  33,1 36 46 51,6 51,2 (agosto)
EXPORTACIONES DE BIENES (BP)
millones USD  225.101 191.134 185.235 217.739 158.903 (agosto)
% variación anual  -7,0 -15,1 -3,1 17,5 8,9%
IMPORTACIONES DE BIENES (BP)
millones USD  229.145 171.461 137.557 150.749 121.227 (agosto)
% variación anual  -4,4 -25,2 -19,8 9,6 23,9
SALDO B. COMERCIAL
millones USD -4.044 19.673 47.683 66.989 37.676
en % de PIB -0,2 1,1 2,6 3,3 n.d.
SALDO B. CUENTA CORRIENTE
millones USD -104.181  -58.942 -23.546 -9.762 -15.500
en % de PIB  -4,3 -3,3 -1,3 -0,4 -0,8 (12 meses hasta agosto)
DEUDA EXTERNA BRUTA
millones USD 352.821 334.745 326.297 313.610 308.892 (julio)
en % de PIB  14,6 18,6 18,2 15,3 15,6 (est.)
SERVICIO DE LA DEUDA EXTERNA
millones USD 66.692 124.676 120.696 111.327 105.338 (julio)
 % exportaciones b. y s.  25,3 65,6 65,4 51,2 40,3
RESERVAS INTERNACIONALES
millones USD 374.051 368.739 372.221 381.972 379.400 (agosto)
meses de importación b. y s.  19  26 32 26 n.d.
INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA
millones USD  97.175 74.718 78.183 70.332 44.400 (hasta agosto)
en % de PIB 4,0 4,2 4,4 3,4 n.d.
TIPO DE CAMBIO FRENTE AL DÓLAR
media anual  2,35  3,39 3,48 3,19 n.d.
fin de período  2,65 3,9 3,26 3,3 4,18 (agosto)
*Datoss provisionales del IBGE (2018). **Crecimiento acumulado hasta junio frente al mismo periodo del año anterior.
Fuente: Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), Banco Central do Brasil (BC), Ministerio de Industria, Comercio Exterior y Servicios (MDIC), Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (IPEA), Ministerio de Trabajo y Empleo (MTE).  Actualizado el 17/09/2018.

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Principales objetivos de política económica

La política económica brasileña se articula entorno a dos objetivos fundamentales:

.- Un objetivo de política monetaria: el control de la inflación. Este objetivo se trata de alcanzar a través de la variación de la tasa básica de interés (tasa SELIC). Desde la adopción del Decreto 3088, de 21 de junio de 1999, sobre la sistemática de metas de la inflación como directriz de la política monetaria, el Consejo Monetario Nacional (CMN) define una meta objetivo para la tasa de crecimiento del indicador de precios, con un margen o banda de tolerancia. Así, las decisiones del Comité de Política Monetaria del Banco Central (COPOM) pasan a tener como objetivo cumplir las metas definidas por el CMN. El objetivo de inflación para 2016 ha sido del 4,5%, con un margen de tolerancia de más o de menos dos puntos porcentuales. Las expectativas apuntan a que el ejercicio terminará con una tasa de variación del IPCA por debajo del 6,5%. Para 2017, el objetivo de inflación perseguido es del 4,5%, con un margen de tolerancia de más/menos 1,5 puntos porcentuales.

.- Un objetivo de política fiscal de superávit primario que garantice el pago de los intereses de la deuda. En Brasil, la política fiscal es conducida con alto grado de responsabilidad fiscal. El uso equilibrado de los recursos públicos visa la reducción gradual de la deuda neta como porcentaje del PIB. Los tres instrumentos de planificación previstos en el texto constitucional y, de forma complementaria, en la Ley de Responsabilidad Fiscal (LRF) son: (i) el Plano Plurianual (PPA); (ii) la Ley de Directrices Presupuestarias (LDO); y (iii) la Ley Presupuestaria Anual (LOA). La meta de superávit primario está prevista en la LDO. Para 2016, el objetivo del sector público consolidado es un superávit del 0,4% del PIB. Tras las revisiones, previstas en las leyes, realizadas por el gobierno, en mayo de 2016, fue aprobada la Ley 13.291/2016 que alteró la meta constante de la LDO de 2016 hasta un déficit primario del sector público consolidado del 2,6% del PIB.

A la luz de los datos registrados a lo largo de la presente legislatura del gobierno de Michel Temer, parece que al policy-mix  de política económica iniciado en el segundo mandato de Fernando Henrique Cardoso y continuado por Lula da Silva y Dilma Rousseff, basado en metas de inflación, cambio fluctuante y altos superávit primarios (el llamado trípode) se le ha añadido recientemente el objetivo de retomar el crecimiento económico, a tenor de la reciente bajada de tipos de la SELIC desde octubre, el viraje del gobienro hacia la atracción de inversiones y de capital extranjero y el compromiso con el  ajuste fiscal que ha escenificado la aprobación de un techo al crecimiento del gasto público. 

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Previsiones macroeconómicas

Desde que se registró el primer trimestre de avance del PIB entre enero y marzo de 2017 tras dos años consecutivos de caídas, se señala de manera generalizada el inicio de la fase de recuperación de la economía brasileña. Sin embargo, las optimistas expectativas de aceleración del crecimiento para 2018 consideradas a principios del actual ejercicio se han ido revisando paulatinamente a la baja, a medida que avanzaban la incertidumbre en torno a la situación política interna y el enrarecimiento de las circunstancias internacionales (sobre todo en torno a los emergentes).

Así, el cuadro siguiente resume las actuales previsiones de crecimiento de la actividad brasileña:
 

Perspectivas crec. PIB 2018 2019
BCB 1,4% 2,4%
FMI 1,4% 2,4%
OCDE 1,2% 2,5%
BM 1,2% 2,2%
CEPAL 1,6%  
BBVA 1,6% 2,4%
Santander Brasil 2% 3,2%
Banco Itaú 2% 2,8%
Fuente: Elaboración propia. Actualizado a 10/10/18.

 

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Política fiscal y presupuestaria

La política fiscal brasileña se articula sobre la base de un objetivo de superávit primario (saldo presupuestario en el que no se tiene en cuenta el servicio de la deuda), aunque el pilar fundamental es, sin duda, la Ley de Responsabilidad Fiscal (Lei Complementar N.º 101), adoptada en mayo 2000, tras la quiebra técnica de algunos Estados y municipios, y la consiguiente asunción, por parte del Gobierno Federal, de las deudas de esas administraciones. Esta ley supuso la consagración del principio de que los gobiernos no pueden gastar indefinidamente más de lo que recaudan. Así, mediante la ley, se exige que los gobiernos equiparen cada decisión relativa a un gasto permanente con un aumento correspondiente de las recaudaciones permanentes (o una reducción de otras partidas de gastos permanentes). Esto es, cada gasto precisa provenir de una fuente de financiación correlativa y los gestores no pueden exceder el límite permitido por ley.


La LRF debilitó el poder de los gobernadores para influir en la política nacional, ya que los Estados deben asumir una responsabilidad mayor por sus propios problemas fiscales, lo que reduce su capacidad para usar al Gobierno Federal como rehén por motivos fiscales. Asimismo, la ley también obliga a fijar objetivos de superávit primarios durante tres años en las Directrices Presupuestarias. Es más, la política fiscal se basa en instrumentos fiscales plurianuales, tales como los Planes Plurianuales (PPA), que establecen las prioridades a largo plazo del Gobierno, así como la Ley de Directrices Presupuestarias trianual.


Gracias a las reformas mencionadas, Brasil consiguió mantener un superávit primario de en torno al 2-3% del PIB a lo largo de la mayor parte de la década de los años 2000. A esta posición contribuyó también el fuerte crecimiento económico registrado desde 2005 y el consiguiente aumento de la recaudación impositiva. Todo ello llevó a una reducción continuada de la deuda pública neta, que pasaba de representar el 60% del PIB en 2002 a suponer un 36% en 2013.


En 2013, el saldo primario del gobierno finalizó el año situado en el 1,4% del PIB, por debajo de la meta del 2,3% del PIB fijada por la Ley de Directrices Presupuestarias, indicando de esta forma que los gastos del gobierno avanzaron a un ritmo mayor que sus ingresos. En 2014, el saldo presupuestario primario registró el primer déficit primario (-0,3% del PIB) desde el año 2001. Este dato empujó al gobierno a desarrollar un ajuste fiscal con el objetivo de recuperar la confianza en la economía para el año 2015. El recorte presupuestario anunciado ascendió a 70 mil millones de reales, con el objetivo de cumplir la meta de superávit primario, de los que aproximadamente el 80% del esfuerzo recayó sobre el Gobierno Federal y el resto, sobre los municipios y estados que conforman la federación. A pesar de todo, el año 2015 cerró con un déficit primario del 1,9% del PIB, dato situado muy por encima de la meta prevista, establecida en el 1,1% del PIB.


Desde entonces, las cosas no han mejorado. La situación fiscal es muy delicada, sobre todo en varios estados y municipios, que están en situación de quiebra, como por ejemplo los Estados de Rio de Janeiro, Rio Grande do Sul o Minas Gerais, que en 2017 se declararon en situación de calamidad financiera. La LRF prevé que en caso de calamidad, un Estado pueda ser dispensado de los objetivos fiscales (como el límite de gastos de personal o de deudas). Así, el estado que se declara en situación de calamidad financiera recibe un margen de maniobra para poder parcelar o atrasar el pago de deudas, para suspender gastos no necesarios o para hacer compras sin licitación en caso de emergencia. Asimismo, queda autorizado a recibir ayuda del gobierno federal.


El actual gobierno del Presidente Temer trató de cumplir con la meta fiscal fijada para el ejercicio 2016 y, de hecho, fue formalmente cumplida (se fijó en mayo un déficit de 164,9 miles de millones de reales frente al superavit fijado en la meta hasta ese momento en 30,5 miles de millones de reales). Los datos publicados por el Banco Central de Brasil para el conjunto de 2016 mostraron que el sector público consolidado registró un déficit primario de 155.000 millones de reales, un 2,5% del PIB. Los intereses nominales del sector público consolidado alcanzaron los 407.000 de millones de reales (6,5% del PIB) de forma que el saldo nominal de las cuentas públicas de 2016 fue del 8,9% del PIB, frente al 10,2% de 2015. En agosto de 2017, sin embargo, tuvo que ampliarse el objetivo fijado, de 139.000 millones a 159.000 millones de reales, tanto para el ejercicio 2017 como para 2018. No obstante, al finalizar el ejercicio 2017, el déficit primario fue de 111.000 millones de reales (1,9% del PIB) mientras que el deficit nominal ascendió al 7,5% del PIB, frente al 9% de 2016.


Además de la modificación de la meta fiscal, el nuevo ejecutivo anunció una batería de medidas de ajuste. Entre ellas, destaca la aprobación de una ley de repatriación de capitales, cuyos ingresos por multas se acordó repartirlos entre el gobierno federal y los estaduales, buscando así darles un balón de oxígeno. Sin embargo, esta transferencia no es más que una pequeña parte de las necesidades de los gobiernos estaduales para cerrar sus cuentas en negro. Uno de los principales problemas (tanto en el gobierno federal como en los estaduales) se encuentra en los gastos sociales, entre los cuales el mayor es el gasto en seguridad social, o previdencia social. En 2015, los gastos sociales supusieron en torno al 60% de los gastos primarios en 13 de los 27 estados. Por esta razón, otra de las medidas fundamentales anunciadas por el actual gobierno ha sido la reforma de la previdencia social, entre cuyas principales medidas propuestas destacan, entre otras:


• fijar una edad mínima de 65 años para poder jubilarse, tanto hombres como mujeres y trabajadores públicos y privados (con excepción de los cuerpos militares);
• para recibir el 100% del sueldo, el trabajador deberá haber contribuido 49 años y el tiempo mínimo de contribución para tener derecho, se fija en 15 años;
• no podrá haber una pensión de jubilación por debajo del salario mínimo;
• los gobiernos estaduales deberán crear un fondo complementario para la previdencia, o adherirse al ya creado (el Funpresp, o Fondo de Previdencia Complementaria de los Funcionarios Públicos Federales, creado en 2012) Fundação de Previdência Complementar do Servidor Público Federal.


Con esta reforma, el gobierno federal estimaba que ahorraría en torno a 740.000 millones de reales entre 2018 y 2027 (más de 211 mil millones de euros).No obstante, la debilidad del gobierno, especialmente en los últimos meses desde la huelga de camioneros de mayo, ha impedido llevar adelante la reforma previdenciaria, siendo por tanto una de las principales tareas para el gobierno saliente de las elecciones de octubre.


Otra de las medidas tomadas por el gobierno ha sido la aprobación definitiva (el 13 de diciembre de 2016) del techo de crecimiento para el gasto público durante 20 años. Afecta tanto al gasto del poder ejecutivo como del Senado, la Cámara, el Tribunal de Cuentas de la Unión, del Ministerio Público de la Unión (MPU), del Consejo del MPU, del Supremo Tribunal Federal, del Tribunal Superior de Justicia, del Consejo Nacional de Justicia del Trabajo, Federal, Militar, Electoral y del Distrito Federal y Territorios. Con este techo, sólo se corregirá el presupuesto del año anterior por la inflación (para 2018, se corregirá en un 3,5%).
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Política monetaria

En 1999, Brasil adoptó una política de metas de inflación como directriz de la política monetaria, con el Decreto 3088, de 21 de junio de 1999. Estas metas establecidas son objetivos de inflación que se persiguen, fundamentalmente, mediante la modificación de la tasa básica de interés (tasa SELIC). Desde entonces, las decisiones del Comité de Política Monetaria del Banco Central (COPOM) tienen como objetivo cumplir las metas definidas para la inflación por el máximo órgano deliberativo del sistema financiero (el Consejo Monetario Nacional (CMN), formado por el Ministro de Hacienda, el de Planificación y el Presidente del Banco Central), con un margen de tolerancia de más menos dos puntos. El objetivo actual es del 4,5%.


El COPOM se reúne cada ocho semanas para decidir sobre el mantenimiento, elevación o disminución de la tasa básica de interés (tasa SELIC). El Banco Central de Brasil tiene autonomía administrativa, pero no es un órgano independiente.


Ante el peligro de que la crisis económica internacional afectase al crecimiento de la economía brasileña, el Banco Central inició un proceso de flexibilización de la política monetaria (tradicionalmente restrictiva) en 2011, mediante recortes sucesivos de la tasa SELIC, lo que fue interpretado por algunos analistas económicos como un cambio sustancial en la política monetaria del país, que ya no tendría como objetivo exclusivo el control de la inflación sino también, garantizar el crecimiento económico.


Tras alcanzar la tasa SELIC el 9% en abril de 2012, los expertos consideraban que la etapa de reducción de los tipos de interés llegaba a su fin, puesto que continuar con los recortes por debajo del 9% requería la modificación de la normativa que garantizaba la rentabilidad de las cartillas de ahorro (asunto delicado políticamente). Sin embargo, el Gobierno demostró su determinación por bajar el tipo de interés, retirando el mayor obstáculo legal para cumplir dicho objetivo al establecer la remuneración de las cartillas de los nuevos depositantes en un porcentaje fijo de la tasa SELIC (70%), cuando dicha tasa fuese igual o inferior al 8,5%. Tras esta modificación normativa, el Banco Central continuó reduciendo la tasa SELIC hasta alcanzar su nivel más bajo a mediados de octubre de 2012, cuando se situó en el 7,25% y se mantuvo en ese nivel hasta abril de 2013 (cuando se incrementó al 7,5%).


A partir de entonces, las presiones inflacionistas forzaron un cambio de tendencia y se produjeron 16 alzas de la tasa SELIC, situándola en el 14,25% hasta el 20 de octubre de 2016. En ese momento, por primera vez en más de dos años se produjo una rebaja en la tasa, hasta situarla en el 14%. Desde entonces, se han continuado las rebajas de manera que en la 213ª reunión del Comité de Política Monetaria (COPOM) del Banco Central de Brasil de marzo de 2018, se redujo al 6,5%. Desde entonces, se ha mantenido estable en dicho porcentaje.
 

 

 

 

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Políticas estructurales (programas, reformas, etc.)

Uno de los principales acontecimientos económicos vividos en Brasil en los últimos años es la incorporación de millones de brasileños a la economía de mercado. La clase media brasileña, denominada clase C, y que engloba a familias con ingresos que oscilan entre los 1.064 reales y los 4.561 relaes al mes (unos 270 euros y 1.150 euros al mes, al tipo de cambio actual) ha pasado de representar el 38,8% de la población en 2002 a ser el 54% en 2014. Se trata de millones de nuevos consumidores, que acceden por primera vez al sistema financiero, que adquieren viviendas, bienes de consumo duradero, que viajan y que son protagonistas del ciclo virtuoso en el que se ha movido la economía brasileña antes de la crisis.


Otro dato de interés económico que merece destacar en los últimos años es cierto movimiento de «brasileñización» de algunos sectores que en su día fueron abiertos a la inversión extranjera, como el sector eléctrico, las infraestructuras, las telecomunicaciones, o el sector del petróleo al tiempo que se desarrollaba cierto proteccionismo. Este proceso de «brasileñización» se ha producido bien favoreciendo la aparición de «campeones» nacionales brasileños o mediante la creación de nuevas empresas públicas. En este sentido, destaca la creación de una supereléctrica mediante el aumento de competencias de ELETROBRAS; la creación de un campeón nacional en el sector de telecomunicaciones, gracias a la modificación normativa que permitió la fusión de OI y BRASIL TELECOM; la creación de una superestatal en el ámbito de ferrocarriles, con la atribución de nuevas competencias a la empresa pública VALEC, o la compra de NOSSA CAIXA por BANCO DO BRASIL. Por su parte, el Ministerio de Minas y Energía creó la Agencia Nacional de Petróleo (ANP) para administrar las reservas petrolíferas y la Empresa Brasileña de Administración de Petróleo y Gas Pre-sal (dentro de Petrobrás, también estudiándose ahora su privatización), creada en 2013 para gestionar los contratos de producción para la exploración y producción de petróleo, gas natural y otros hidrocarburos.


Sin embargo, los mensajes emitidos por el actual Gobierno desde septiembre de 2016 parecen apuntar precisamente en dirección contraria. Los problemas derivados de la corrupción, que ha dejado fuera de juego por el momento a algunos de estos campeones nacionales han llevado al gobierno a manifestar públicamente la necesidad del capital extranjero en su proceso de recuperación económica. Este viraje de posición hacia el exterior se refleja no sólo en el proceso de promoción que el gobierno ha llevado a cabo con su Programa de Parcerias de Investimentos (ahora Programa Avançar Parcerias) sino también, por ejemplo, en las conversaciones comerciales de Brasil con diferentes países y bloques, siendo destacable el impulso que Brasil ha estado dando a la revitalización de las negociaciones UE-MERCOSUR o la apertura de negociaciones con Canadá el 8 de marzo de 2018 para la firma de un acuerdo de libre comercio en el seno del MERCOSUR. Esta nueva posición parece que tiene como objetivo dejar atrás un sesgo proteccionista que se ha plasmado hasta ahora en un uso creciente de medidas de defensa comercial, en el incremento de algunos aranceles (que pasan del efectivamente aplicado al consolidado), como en juguetes, y en modificaciones normativas adoptadas, como la relativa a compras públicas (que ha establecido una preferencia nacional hasta el 25%) y que ha supuesto un paso atrás en el proceso liberalizador iniciado en 2007 y una pérdida de competitividad muy elevada, tal y como destacaba el Secretario General de la OCDE, Angel Gurría, en la presentación del Informe Económico elaborado por la OCDE sobre Brasil a finales de febrero de 2018 en Brasilia.


El principal desafío al que continúa enfrentándose el país es la necesidad de cumplir con el programa de reformas estructurales que avanzaba el actual gobierno, ya saliente, y que deberá retomar el nuevo gobierno salido de als elecciones de octubre. La incertidumbre precisamente respecto a si esta reactivación de als reformas se realizará a partir de enero es el gran desafío de Brasil a corto plazo.
 

 

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