Demanda y Coyuntura

Estructura del PIB por sectores y por componentes del gasto

 El proceso de tercerización de la economía suiza se ralentizó a partir de 1990. En la actualidad, la situación es la siguiente:

1. El peso del sector primario en la estructura económica de Suiza ha disminuido y supuso en 2020 tan sólo el 0,7% de su PIB, frente al 1,5% en 1995. Ello se explica principalmente por el crecimiento del resto de la economía, en el que el sector primario no ha sido partícipe. Además, la liberalización del comercio internacional ha perjudicado a los agricultores suizos. Sus competidores del resto de Europa tienen costes laborales más bajos y mayores economías de escala, dado que en suiza ha prevalecido el modelo de la granja familiar frente a la agricultura industrial.

Con la crisis del coronavirus muchos han visto justificada la política de promoción de la producción interna, con lo cual es probable que en el futuro se mantengan o incluso incrementen los subsidios a la agricultura de la Confederación.

2. El sector secundario representó el 25,4% del PIB Suizo en 2019. Si bien ha caído desde los niveles del 30% de 1995, este descenso se ha dado principalmente en el suministro de gas, agua y electricidad. Las empresas manufactureras solo han perdido el 1,2% de su aportación al PIB en este periodo pasando del 20% en 1995 al 18,8% en 2018. La industria farmacéutica ha mantenido el peso del sector, creciendo un 300% en el periodo 1995-2018, y convirtiéndose en la industria más importante del país. El resto de las industrias mantienen su producción nominal de 1995, sin crecer al mismo ritmo que la economía suiza, que ha crecido un 70% entre 1995 y 2018.

Es probable que la crisis del coronavirus beneficie en el corto y medio plazo a la industria suiza. Las disrupciones de las cadenas de suministros provenientes de China, y las prohibiciones de exportación de material sanitario de países como Alemania han evidenciado las deficiencias de la globalización. Es de esperar que se den tendencias proteccionistas en la política suiza, que favorezcan al tejido industrial suizo. Por otro lado, ha aumentado la demanda de productos químicos y farmacéuticos derivada de la respuesta sanitaria al coronavirus.

3. El sector de servicios pesó el 70,9% del PIB en 2020 frente al de 2019, que supuso un 73,6%. Sin embargo, estas cifras se incrementaron un 5% desde 1995. El crecimiento del sector se ha visto en múltiples actividades, particularmente en comercio al por mayor (2,2% de su peso en el PIB) y en salud (1,7%). Los servicios financieros, claves para la economía suiza, muestran una evolución positiva hasta 2007-2008, cuando el estallido de la crisis financiera y la nueva regulación del sector les hicieron perder importancia. Aun así, en 2019 el sector financiero representó al 9,4% del PIB suizo.

En lo relativo al gasto gubernamental, Suiza cuenta con un ejecutivo fiscalmente responsable, que ha mantenido el gasto en administración pública en torno al 10,7% del PIB durante los últimos 20 años. Desde 1998 hasta 2019, ha reducido la ratio de deuda pública/PIB del 54,6% al 26,9%, gracias a políticas como el “freno de la deuda”, aplicada desde 2003. No obstante, a causa de la pandemia, la deuda pública respecto al PIB ha ascendido en Suiza a 39,4% durante el 2020, para llegar más allá del 40% en los primeros meses del 2021. Por otra parte, el gasto público en Suiza en 2019 supuso el 32,7% del PIB, situándolo por debajo del resto de sus vecinos a excepción de Irlanda.

Los bajos niveles de deuda han permitido que Suiza implemente medidas fiscales de gran volumen para hacer frente a la crisis del coronavirus. A mediados de mayo, se estimó que es el tercer país con mayor gasto por habitante en medidas para contrarrestar las consecuencias económicas del coronavirus, con 7.500 francos per cápita. Los gastos se centran en préstamos para pymes (62%) y financiar a la seguridad social (12%).

Las inversiones en Suiza evolucionan positivamente desde 2010, aumentando gradualmente.

Por último, el sector exterior ha mantenido un crecimiento constante desde 2010, obteniendo un superávit equivalente al 12% del PIB durante años sucesivos. En noviembre 2020, las exportaciones alcanzaron una cifra de 207.739 millones de francos suizos, mientras que las importaciones fueron de 167.630 millones de francos. Las importaciones disminuyeron de 2019 a 2020 un -11,7%, mientras que las exportaciones lo hicieron en un -7,7%.

                   

 

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Cuadro de PIB por sectores de actividad y por componentes del gasto

Cuadro 2: PIB (por sectores de actividad y componentes del gasto) 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019

 

 2020

  
 
POR SECTORES DE ORIGEN % % % % % % % %  
Agropecuario 0,7 0,7 0,7 0,7 0,7 0,7 0,6 0,7  
Minería, industria y distribución de agua y energías 20,5 20,0 19,8 19,7 19,5 19,9 20,3 20,3  
Construcción 5,1 5,1 5,3 5,3 5,3 5,1 5,1 5,1  
Comercio, hostelería, transporte y comunicaciones 23,7 24,0 23,8 23,6 24,0 23,6 23,3 23,3  
Instituciones de crédito y seguros, sector inmobiliario e informático, i + d 26,4 26,2 26,5 26,4 26,3 26,5 26,7 26,7  
Admin. pública y S.S., cultura, sanidad, asuntos sociales, otros servicios, alquiler vivienda privada 20,4 20,7 20,8 21,3 21,2 21,3 21,0 21,0  
Impuestos sobre productos 5,5 5,5 5,4 5,3 5,4 5,2 5,2 5,2  
Subvenciones a productos -2,2 -2,2 -2,2 -2,3 -2,3 -2,3 -2,3 -2,3  
TOTAL 100 100 100 100 100 100 100 100  
POR COMPONENTES DEL GASTO % % % % % % % %  
Consumo 65 65 65 66 66 65 65 65  
    Consumo privado 53 53 53 54 54 53 53 53  
    Consumo público 12 12 12 12 12 12 12 12  
Formación bruta de capital fijo 24 24 24 24 24 24 24 24  
Exportaciones de bienes y servicios 72 64 62 66 65 66 65 65  
Importaciones de bienes y servicios 60 53 51 55 54 54 52 52  
Provisionales de marzo 2021 (a la espera de cifras actualizadas)  
Fuente: Banco Nacional Suizo y Administración Federal de Finanzas Suiza. Elaboración propia.  
Última actualización: Marzo 2021  

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Evolución de las principales variables económicas: crecimiento, inflación…

Con el paréntesis de la recesión de 2009 (-2,1%), la economía suiza había venido registrando tasas de crecimiento anuales del PIB superiores en media al 2% desde comienzos de este siglo. No obstante, la pandemia ha generado en 2019 la mayor caída del PIB suizo (-3% previsto por el Gobierno suizo en sus últimos datos publicado el 11 de marzo) desde la crisis del petróleo en 1975. En concreto, la mayor caída se ha registrado en el segundo trimestre de 2020 (-7,2%, tras -1,9% en el primer trimestre), con la aplicación de restricciones ante la primera ola, y se ha apreciado un nuevo debilitamiento del crecimiento en el cuarto trimestre de 2020 (+0,3%), ante el nuevo endurecimiento de las restricciones ante la segunda ola, tras la notable recuperación observada en el tercer trimestre (+7,6%). En sus últimas previsiones publicadas el 11 de marzo, el gobierno suizo pronostica un crecimiento del PIB del 3% en 2021 y del 3,3% en 2022, con recuperación del nivel de PIB previo a la pandemia a finales de 2021, bajo el impulso del levantamiento adicional de restricciones vinculadas a la pandemia a partir del 22 de marzo y el supuesto de que no se aplican de forma generalizada medidas adicionales de contención en Suiza o sus principales socios comerciales. Respecto al primer trimestre de 2021, el Gobierno prevé de nuevo una caída del PIB. En sus últimas previsiones publicadas el 6 de abril el FMI prevé un crecimiento del PIB suizo del 3,5% en 2021 y del 2,8% en 2022.
En cualquier caso, las autoridades suizas recalcan que toda previsión está sujeta a una gran incertidumbre como consecuencia de la pandemia, barajando en este sentido tres escenarios: 1) Retraso en la vacunación que genere un retraso en el levantamiento de las restricciones por la pandemia hasta el tercer trimestre de 2021 (+1,8% en 2021 y +4,3% en 2022); 2) Efectos de segunda ronda por las nuevas mutaciones del virus que retrasen la recuperación hasta 2022 (+1,1% en 2021 y +2,1% en 2022); 3) Compensación por una recuperación más fuerte de la demanda (+5,4% en 2021 y +2,2% en 2022).

Los principales descensos del PIB como consecuencia de las medidas para contener la extensión de la pandemia se han concentrado en restaurantes (-56,7% en 2020) y hoteles (-38,4%), seguidos a cierta distancia de la industria manufacturera (-10,6%). El sector exterior también se ha resentido, pero con mayor impacto sobre las importaciones (-9,1% para el conjunto del año 2020), ante la caída del consumo privado (-4,4%), que sobre las exportaciones (-6,1%), que se han visto probablemente sostenidas por el aumento de las exportaciones de productos farmacéuticos (principal partida de la balanza comercial suiza) como consecuencia de la pandemia.

En cuanto al desempleo, las últimas previsiones publicadas en diciembre por el Gobierno suizo apuntan a un repunte desde un 2,3% en 2019 hasta un 2,9% en 2020 y un 3,2% en 2021, ajustándose a la baja a partir de 2022 (3%).

Respecto a la variación de precios, la recesión derivada de la pandemia se traduce en deflación, con una caída prevista en el IPC del 0,7% en 2020 frente a las tasas positivas, aunque reducidas, de los años anteriores (+0,4% en 2019 y +0,9% en 2018). En cuanto al 2021, esta tendencia deflacionista se sigue manteniendo (-0,5%).

Una variable fundamental en la evolución de la economía suiza es el tipo de cambio, dado lo enormemente abierta que es su economía (ratio de apertura de 127,4 en 2020 frente a 54,3 en el caso de España). Aunque entre su introducción en 2000 y 2007 el euro registró una tendencia apreciatoria frente al franco suizo, desde este último año y tras el estallido de la crisis financiera mundial en 2008 ha habido una presión apreciatoria constante sobre la divisa helvética, dada su consideración como activo refugio. Así, el cruce euro-franco ha pasado de un máximo de casi 1,7 en 2007 a en torno a 1,1 en la actualidad. En la medida en que dicho tipo de cambio afecta a la inflación y a la competitividad de las exportaciones suizas clave.

Comparado con el resto de las economías avanzadas, la economía suiza se está viendo menos afectada por el impacto de la pandemia, habiendo además mejorado sus perspectivas entre abril y diciembre. Como factores clave detrás de esta evolución comparativamente menos negativa, cabe señalar el elevado peso de su industria farmacéutica y de los servicios financieros, como consecuencia del crecimiento de la actividad de la primera durante la pandemia y la escasa afectación de la segunda durante la misma.

De cara al futuro inmediato, la fuerte desaceleración del crecimiento internacional constituye la principal amenaza para la economía suiza a medio y largo plazo, dados el fuerte peso que en la misma tiene el sector exterior y la prolongación de la crisis a escala internacional, que está teniendo impacto en su balanza por cuenta corriente. Por el contrario, como principales fortalezas para abordar la prolongación en el tiempo del impacto macroeconómico de la pandemia podemos destacar la alta concentración de su actividad en industrias de alto valor añadido y tecnología (especialmente la industria farmacéutica), su tasa de paro extraordinariamente baja y la acumulación a lo largo de los últimos años de superávits tanto en las cuentas públicas como en la balanza por cuenta corriente (11% de su PIB en 2019).

 

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Cuadro de principales indicadores macroeconómicos

  2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020*
PIB POR SECTORES DE ORIGEN % % % % % % %
Agropecuario 0,7 0,6 0,7 0,7 0,7 0,7 0,7
Minería, industria y distribución de agua y energía 20,0 19,8 19,7 19,9 19,9 20,5 20,5
Construcción 5,1 5,3 5,3 5,3 5,1 5,2 5,2
Comercio, hostelería, transporte y comunicaciones 24,0 23,8 23,6 23,6 23,6 23,4 23,4
Instituciones de crédito y seguros, inmobiliaria, informática, i+d 26,2 26,5 26,3 26,3 26,5 26,6 26,6
Administración pública y S.S., cultura, sanidad, asuntos sociales, otros servicios públicos y privados, alquiler vivienda privada 20,7 20,7 21,4 21,2 21,3 20,9 20,9
Impuestos sobre productos 5,5 5,4 5,3 5,4 5,2 5,1 5,1
Subvenciones a productos -2,2 -2,2 -2,3 -2,3 -2,3 -2,3 -2,3
TOTAL 100 100 100 100 100 100 100
 
PIB POR COMPONENTES DEL GASTO % % % % % % %
Consumo 65 65 65 66 65 65 65
    Consumo privado 53 53 53 54 53 53 53
    Consumo público 12 12 12 12 12 12 12
Formación bruta de capital fijo 24 24 24 24 24 24 24
Exportaciones de bienes y servicios 64 62 66 65 66 66 66
Importaciones de bienes y servicios 53 51 54 54 54 53 53
*Provisionales a fecha de marzo de 2021 (a la espera de cifras actualizadas)
Fuente: Banco Nacional Suizo y Administración Federal de Finanzas Suiza. Elaboración propia.
Última actualización: Marzo 2021
 

 

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Principales objetivos de política económica

La política macroeconómica del gobierno federal se basa en el mantenimiento del equilibrio presupuestario a medio plazo, la estabilidad de los precios, mantenimiento del pleno empleo y el establecimiento de condiciones generales internas favorables a la inversión.

Además de los anteriores objetivos últimos, entre las prioridades de política económica del ejecutivo suizo están las siguientes:

• Cerrar acuerdos comerciales bilaterales con terceros países que promuevan la exportación industrial y de servicios financieros suizos, favoreciendo la diversificación de su sector exterior.

• Potenciar y promover la investigación, innovación y desarrollo en el sector empresarial, preservando el liderazgo mundial y la competitividad de su industria.

• Cumplir los estándares internacionales en materia fiscal y de intercambio de información.

• Preservar el atractivo de Suiza para la IDE.

• Asegurar la sostenibilidad del sistema de pensiones, impulsando las reformas necesarias.

• Asegurar la eficiencia energética y el respeto por el medio ambiente, al tiempo que se proporciona precios energéticos competitivos para sus empresas.

• Contener la apreciación del franco suizo.

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Previsiones macroeconómicas

La Secretaria de Estado de Economía (SECO) del departamento de Economía del Gobierno Federal observa cambios drásticos en la coyuntura económica suiza. Mientras que en 2019 y principios de 2020 sus previsiones eran de crecimiento moderado, de en torno al 1,7% en 2020, el coronavirus ha modificado sus expectativas. En consecuencia, la Secretaría de Estado de Economía espera una tasa de crecimiento del -6,2% en 2020. Por tanto, se espera un escenario de recesión, con pérdidas del PIB en el Q1 y Q2 de 2020, que se irán recuperando gradualmente. La SECO prevé que en 2021 la economía suiza crezca un 5,3%, por lo que no se volverá a los niveles de producción de 2019.

La SECO plantea escenarios dependiendo en el estado de cuarentena que se vaya a aplicar, tanto en Suiza como en el resto del mundo fruto de una posible segunda ola. Se debe tener en cuenta que las exportaciones alcanzan casi la mitad de la economía suiza, y los países con los que Suiza comercia son países desarrollados, que han tomado medidas de confinamiento y cuyas economías también se verán fuertemente afectadas. En el medio y largo plazo, un factor determinante para el sector exterior suizo serán las tensiones geopolíticas, como el distanciamiento ente la UE y EEUU, el conflicto con China sobre el origen del coronavirus o las tendencias proteccionistas en múltiples países, impulsadas por la prevalencia de tendencias comerciales dirigidas al autoabastecimiento y el cierre de fronteras.

A todos estos factores Suiza debe añadir el riesgo de su delicada relación con la UE, su principal socio comercial y que dependerá del resultado del referéndum del ALCP que se celebrará en septiembre de 2020. Un deterioro de su relación con la UE abocaría a que Suiza tuviera que soportar considerables pérdidas económicas al verse deteriorado su acceso al mercado comunitario.

Las pérdidas serían principalmente consecuencia de:

• La extinción del ALCP. La introducción de cuotas a la inmigración supondría una caída de la oferta de mano de obra y con ello, el incremento de los costes laborales.

• La extinción de los acuerdos comerciales bilaterales ocasionaría graves perjuicios para la economía suiza. La reaparición de barreras comerciales y por ende, limitaciones al acceso a los mercados exteriores, supondría pérdidas de competitividad para los exportadores suizos.

• Por último, la extinción del acuerdo bilateral sobre investigación, y con ello los acuerdos de asociación de Suiza a los Programas-Marcos europeos, ocasionarían una pérdida de eficacia en la investigación suiza por la menor coordinación con la UE.

En 2015, la propia SECO publicó los resultados de dos estudios encargados a las empresas de consultoría BAKBASEL y Ecoplan sobre los efectos económicos de la potencial cancelación de los Acuerdos bilaterales con la UE. Ambos preveían importantes pérdidas para la economía suiza: Ecoplan preveía una caída del 4’9% del PIB hasta 2035 y BAKBASEL del 7’1%.

La recesión derivada del coronavirus también afectará al mercado laboral suizo. El SECO pronostica un aumento de la tasa de paro al 4,1% en 2021. Teniendo en cuenta que el gobierno suizo ha amortiguado el incremento del desempleo a través de la financiación de la reducción de horas de trabajo, es probable que la previsión del descenso de solo el 1.5% en empleos equivalentes a tiempo completo sea excesivamente optimista. Tomando como referencia a EEUU, que reporta los datos de empleo semanalmente, el desempleo ha aumentado al 14,7% en abril, y se espera que llegue al 25%. Suiza tiene un mercado laboral diferente al estadounidense, pero es previsible que a medida que la crisis sanitaria se convierta en una crisis económica, el empleo total disminuya más de lo previsto.

 

 

 

 

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Política fiscal y presupuestaria

Suiza cuenta con una regla de limitación fiscal introducida en la Constitución en 2003, tras ser aceptada en referéndum popular por un 85% de los votantes y que limita el gasto público en función de los ingresos estructurales (o cíclicamente ajustados). Así, anualmente se establece un máximo para el volumen de gasto público, en función de los ingresos y la coyuntura económica. La norma prevé, no obstante, una cláusula de excepcionalidad que permite superar el techo de gasto, automáticamente establecido, cuando las circunstancias así lo justifican (depresión económica, etc.) y previa aprobación por mayoría cualificada de las dos cámaras del parlamento. Por tanto, el objetivo de esta regla constitucional es limitar la acumulación de deuda y establecer un gasto gubernamental anticíclico.

Esta regla ha sido calificada por el FMI en su artículo IV como excesivamente rígida, porque limita el uso de la política fiscal para impulsar la demanda en contextos de débil crecimiento, a pesar de la consecución de superávits presupuestarios por parte del gobierno suizo.

En 2019, la deuda pública helvética era de un 26,9% del PIB (188.000 millones de euros) nivel relativamente bajo en comparación con el grueso de las economías avanzadas, lo que ha permitido a la confederación efectuar medidas fiscales expansivas para hacer frente a la crisis económica derivada del coronavirus. El nivel de deuda pública en relación con el PIB ha mantenido una tendencia decreciente desde la introducción de la norma fiscal en la Constitución suiza. No obstante, hoy en día, como consecuencia de la pandemia y, a pesar de los ajustes fiscales realizados, la deuda pública ha ascendido al 39,4% del PIB (238.320 millones de euros), y en estos dos primeros meses de 2021, se ha incrementado a 40,9% respecto a su PIB (244.564 millones de euros).

La estructura federal del sistema fiscal suizo refleja una importante cesión de autonomía a las regiones y municipios del país, basada en la regla de subsidiariedad. El Federalismo se encuentra recogido en la Constitución suiza como uno de sus principios fundamentales, dada su enorme ramificación geográfica (i.e. 26 Cantones y cerca de 2.500 municipios) y la enorme independencia financiera y fiscal de cada uno de ellos. Así, cada cantón cuenta con su propia normativa fiscal. A los impuestos cantonales se añaden las normas fiscales de las Comunas y finalmente, los impuestos federales (IVA, aranceles e impuestos especiales…).

Debido a la multitud de legislaciones, se da una clara competencia fiscal entre regiones. El cantón de Obwalden tiene el impuesto de sociedades más bajo de toda Suiza, por lo que ha logrado llenar las arcas públicas con la llegada de unos pocos ricos contribuyentes. Ahora bien, otros cantones como Lucerna o St. Gallen también han introducido bajadas en el impuesto de Sociedades y esto sólo se ha traducido en un empeoramiento de su recaudación, dado que la bajada no ha sido compensada con la llegada de nuevos contribuyentes.

Para compensar los desequilibrios derivados de la autonomía fiscal y distribuir la riqueza entre regiones, Suiza cuenta con un sistema de nivelación denominado “sistema de ecualización”. La primera normativa en materia de nivelación fiscal fue aprobada en 1959, para amparar jurídicamente la transferencia de recursos a los cantones financieramente más desfavorecidos. Desde 2008 se encuentra en vigor en Suiza un nuevo sistema de nivelación fiscal, tras ser aprobado por una mayoría del 64,4% de la población en referéndum. El sistema pretende lograr un doble objetivo: reducir las diferencias entre sus cantones respecto a su capacidad financiera (i.e. desequilibrios regionales) y, en segundo lugar, incrementar la eficiencia del gobierno federal, en la aplicación de sus políticas.

Reforma del impuesto de sociedades

En 2017, tras años de propuestas de reforma del impuesto de sociedades y habiendo conseguido la ratificación del parlamento, el gobierno suizo sometió una propuesta de reforma a referéndum popular. La propuesta pretendía extender los privilegios fiscales de las empresas internacionales a todas las corporaciones suizas bajo fórmulas aceptadas internacionalmente (deducciones de gastos en I&D, etc.). Con ello se buscaba mantener el atractivo de la plaza Suiza a la inversión extranjera, debiendo asumir la administración central la caída severa en la recaudación que iban a experimentar los cantones. La población y en particular la izquierda interpretó esta menor recaudación estimada como un futuro incremento de la imposición sobre las personas físicas, con lo que finalmente en el referéndum se rechazó la reforma.

Habida cuenta de los compromisos internacionales adoptados por Suiza y el deseo del país de salir de la lista gris de la UE el gobierno propuso en 2018 una nueva reforma. La reforma, con un esquema similar a la reforma anterior, fue acompañada de elementos destinados a la sostenibilidad del sistema de pensiones, para hacer un guiño a la izquierda. Fue aprobada por el parlamento y ratificada en un referéndum popular.

Esta reforma, que entró en vigor en enero de 2020, ha sido reclamada desde hace años por la OCDE, puesto que el sistema tributario suizo no respondía a sus estándares. Concretamente, incumplía el “level playing field” entre Estados, debido a que a que el impuesto de sociedades suizo daba privilegios fiscales a las cabeceras de holdings internacionales, a las sucursales financieras y a las empresas de capital mixto establecidas en Suiza, de las que no se beneficiaban las empresas locales.

Con la reforma fiscal Suiza ha conseguido salvaguardar su atractivo fiscal como lugar de negocios, promover la aceptación internacional de su legislación sobre el impuesto de sociedades y garantizar unos ingresos fiscales suficientes para financiar las arcas públicas. La reforma reduce los tipos impositivos de múltiples cantones, además de abrir a todas las empresas las deducciones por gastos en I+D y menores impuestos sobre beneficios de patentes. Para contrarrestar estas reducciones impositivas, se ha aumentado la contribución al fondo de pensiones por los empleadores y los empleados en un 0,15% cada uno.

En la actualidad corresponde a los cantones aplicar medidas basadas en el marco federal, que son efectivas desde el pasado 1 de enero de 2020.

Reforma del impuesto sobre el valor añadido

Fue aprobada en referéndum en 2017 y entró en vigor el 1 de enero de 2018. La reforma modifica las reglas de tributación para las empresas internacionalizadas y para las compras on-line. Antes de la reforma las empresas con actividad en Suiza sólo debían liquidar el impuesto si facturaban más de 100 mil francos suizos anuales en territorio suizo, mientras que con la reforma deben tributar todas aquellas que ingresen más de 100 mil francos suizos a escala internacional. Así mismo, el límite para la sujeción de las ventas on-line al impuesto baja sustancialmente, de tal forma que se penalizarán las pequeñas compras on-line con la modificación del impuesto sobre el valor añadido.

El IVA suizo contempla un tipo impositivo general del 7,7%, uno reducido del 2,5% para productos de consumo diario, bebidas no alcohólicas, libros, periódicos, revistas y medicinas. Las pernoctaciones en hoteles tienen un tipo impositivo especial del 3,7%.

Compromisos para el intercambio automático de información financiera

En 2015, Suiza y la UE firmaron un acuerdo inicial para intercambio automático de información financiera (IAIF) generada a partir del 1 de enero de 2017 y que es intercambiada desde el 1 de enero de 2018. Ello significa que los residentes en la UE ya no podrán ocultar en Suiza ingresos no declarados para evadir el pago de impuestos. Gracias a este acuerdo, los estados miembros recibirán anualmente los nombres, direcciones, números de identificación fiscal y fechas de nacimiento de sus residentes que tengan cuentas en Suiza, así como otros datos financieros y de balance de las cuentas. Este tipo de acuerdo ha sido alcanzado también con EE.UU. y Suiza lo está extendiendo a los principales países de la OCDE, puesto que su objetivo es alinearse en materia fiscal con la OCDE.

 

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Política monetaria

El objetivo principal del Banco Nacional Suizo (BNS), es la estabilidad de precios. En concreto, ha de garantizar un IPC anual inferior al 2%, objetivo más que cumplido cuestión más que cumplida en la coyuntura cíclica reciente, que ha llevado a Suiza a tener incluso deflación entre 2013 y 2016).

Para ello, utiliza los siguientes instrumentos:

1. Asegura.

2. Fija sus actuaciones en atención a las previsiones del IPC trimestral.

3. Fija el tipo de interés del franco respecto al LIBOR, con un margen de fluctuación a tres meses. Actualmente es negativo, siendo el tipo de interés del BNS el más bajo de todas las divisas cotizadas, con un -0,75% anual desde enero de 2015.

No obstante, en la práctica la política monetaria del BNS se ha centrado en la estabilización del tipo de cambio y evitar la apreciación de su moneda.

Esto ha sido muy fácil durante los últimos años, en los que la economía ha estado más amenazada de deflación que de inflación.

El trascendental papel que el tipo de cambio del franco ha tenido sobre la evolución del sector exterior suizo, y la importancia de este último sobre el crecimiento suizo, convierten la estabilidad del franco en una prioridad. Por otro lado, el atractivo del franco como moneda refugio es causa de continua tensión apreciatoria en momentos convulsos.

De todo lo anterior se desprende que el BNS haya practicado una intensa intervención en los mercados de cambios.

La política de tipo de cambio del BNS ha sido intensa los últimos 5 años. Cuando en 2015 el BNS decidió romper el CAP del tipo de cambio 1,2 CHF/€ y cesar en el empeño de sostener el cambio “fijado” de su moneda, se produjo una revaluación súbita con respecto al euro del 18% en apenas 10 días. Este salto cambiario fue difícilmente digerido por el sector exterior suizo, lo que provocó una ralentización del crecimiento y ligeras subidas de los niveles de desempleo. Por ende, al poco tiempo, el Banco Central decidió retomar nuevamente su estrategia de intervención, aunque sin fijar un tipo de cambio objetivo. Durante finales de 2016 y principios de 2017, las elecciones en EE. UU., el Brexit y las perspectivas de la zona Euro, elevaron la inestabilidad y exigieron compras masivas de divisa al Banco Central, que se prolongan hasta la actualidad.

En 2017, la debilidad del dólar frente al euro y la distensión de los mercados permitió a Suiza, desde julio de ese año, vincular su moneda a la divisa americana, propiciando una depreciación del franco suizo frente al euro, que de forma suave pero prolongada se mantuvo hasta principios de 2018. Esta evolución permitió una indudable mejora de la competitividad exterior a las empresas helvéticas. El Banco Central encontró, así, oxígeno en su lucha contra la apreciación de su moneda, superando una etapa muy difícil.

Desde 2018 ha vuelto a cambiar la tendencia, iniciándose una nueva etapa de apreciación del franco, llegando a un tipo de 1,06 CHF/€ en febrero de 2020. La llegada del coronavirus ha empeorado las expectativas económicas mundiales y por tanto aumentado la demanda de divisas refugio. Como reacción, el BNS compró activos extranjeros por valor del 5,6% del PIB suizo en el primer cuarto de 2020. El director del BNS, Thomas Jordan, planteó a finales de 2019 reducir aún más el tipo de interés del BNS (-0,75%), lo que parece más probable en el contexto actual, donde la principal divisa refugio, el dólar americano, tiene un tipo de interés del 0%. En pocos años, el volumen de reservas se ha duplicado y prácticamente alcanzan hoy el 110% del PIB.

Actualmente hay un debate abierto sobre la credibilidad del BNS, debido a que sus reservas, de las cuales casi el 90% son acciones de empresas extranjeras, generan fluctuaciones en su cuenta de resultados. Entre febrero y marzo de 2020 las reservas del BNS pasaron de 728.000 millones de francos a 723.000. En el mismo periodo la bolsa (MSCI) cayó un 15%, indicando que el BNS compró activos por valor de más de 100.000 millones de francos a lo largo del mes de marzo.

 

 

 

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Políticas estructurales (programas, reformas, etc.)

Revisión de la Ley Federal sobre Contratación Pública (LMP): Hasta 2019, la normativa sobre contratación pública en Suiza estaba formada por un complicado entramado de normas, diferentes en cada Cantón. Sin embargo, dado que el nuevo acuerdo de la OMC sobre Contratación Pública (ACP) debía transponerse a la legislación nacional, el Consejo Federal aprovechó la oportunidad para armonizar la legislación federal y cantonal.

Si bien la nueva normativa respeta los umbrales y condiciones del acuerdo de la OMC, se considera, sin embargo, que entra en contradicción con el más exigente acuerdo en materia de contratación pública firmado con la UE.

Esto es así, ya que, para la contratación pública por debajo de los umbrales, la nueva normativa contempla procedimientos para ajustar los precios de las ofertas de empresas extranjeras, adecuándolos a los altos niveles de vida en Suiza. Para ello se contemplan fórmulas que permiten una teórica igualación de las condiciones de juego de todas las empresas, pero que, de facto, suponen una inflamación de los precios de las ofertas extranjeras que afecta negativamente en la evaluación de estas.

Sin duda este es otro más de los aspectos que la UE deberá sumar a su lista de agravios en las negociaciones con el país helvético.

Refuerzo de las Medidas de Acompañamiento al Acuerdo Libre Circulación de Personas (ALCP): La SECO ha reforzado las medidas de acompañamiento (“Flanking measures”) introducidas para evitar posibles consecuencias negativas (i.e. dumping salarial…) del acuerdo. Entre otras medidas, se incrementan las inspecciones de trabajo, así como la cuantía de las multas por incumplimiento.

Estrategia energética 2050: En 2017 se aprobó en referéndum próximamente la estrategia energética 2050. Esta estrategia apuesta por el cierre gradual de las centrales nucleares, la eficiencia energética y el mayor peso de las energías renovables en la generación. Ahora bien, esta estrategia apenas incluye cambios regulatorios y supone de facto una prórroga del sistema de subsidios cruzados del consumidor final a la industria establecido en 2006.

Política Agrícola 2018-2021: En 2018 empezó a aplicarse la política agrícola (PA 18-21). La normativa modifica el sistema de pagos directos, adaptándolos a los objetivos de la Constitución helvética. El paquete para 2018-2021, de un importe de alrededor de 4 millones de francos (80% pagos directos), vincula los pagos a los objetivos constitucionales para la agricultura; garantizar el suministro, conservar los recursos naturales y la biodiversidad, descentralizar a la población y fomentar los modos de producción compatibles y respetuosos con el medioambiente. En su modelo de política agraria Suiza apuesta por la disminución de las ayudas directas al sector y su sustitución por ayudas indirectas, con el objeto de eliminar las barreras arancelarias y no arancelarias del sector. Esto permite a Suiza alcanzar acuerdos comerciales con terceros países (por ejemplo MERCOSUR), en los que Suiza tiene mucho que ganar en el sector industrial y poco que perder en el primario.
 

 

 

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