Demanda y Coyuntura

Estructura del PIB por sectores y por componentes del gasto

Destaca un elevado peso de la agricultura y pesca en el PIB (7,10% en 2019), así como de la minería e industrias extractivas (7,10%), siendo el principal exportador de hidrocarburos en la región. Las manufacturas suponen el 22,3% del PIB, con un sector eléctrico y electrónico especialmente competitivo, y la construcción suma el 4,7%. La otra mitad del PIB corresponde al sector servicios

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Cuadro de PIB por sectores de actividad y por componentes del gasto

Crecimiento real del PIB (millones de ringgits)

2014

2015

2016

2017

2018

2019p

Consumo

662.389

700.209

734.651

783.757

840.041

1.080.004

Consumo privado

525.038

556.632

589.774

630.988

682.250

903.295

Consumo público

137.351

143.577

144.877

152.769

157.791

176.709

Formación bruta de capital fijo

276.363

291.211

318.023

345.902

337.816

316.083

Inversión

264.242

273.788

281.069

298.472

302.790

346.807

Inversión privada

168.550

179.140

186.914

204.268

213.453

251.984

Inversión pública

95.692

94.649

94.154

94.203

89.338

94.823

Exportaciones de bienes y servicios

769.794

771.739

781.939

855.196

868.171

985.283

Importaciones de bienes y servicios

675.105

680.527

689.182

764.238

764.990

872.871

Producto Interior Bruto (precios constantes 2010)

1.012.449

1.063.998

1.108.935

1.174.329

1.229.800

1.287.936

 

Participación en PIB por sectores de origen

Agricultura

93.048

94.396

89.509

95.968

95.545

93.977

Minería y explotación de canteras

90.707

95.508

97.468

98.436

96.971

105.368

Manufacturas

232.527

243.703

254.472

269.804

283.337

273.899

Construcción

43.115

46.719

50.197

53.574

55.835

59.508

Servicios

541.412

569.865

602.261

639.568

683.080

680.561

p: Preliminar

Fuente: Bank Negara Annual Report 2019, actualizado junio 2020

 

 

Crecimiento real del PIB (% del PIB)

2014

2015

2016

2017

2018

2019p

Consumo

65,42

65,81

66,25

66,74

68,31

70,00

Consumo privado

51,86

52,32

53,18

53,73

55,48

58,80

Consumo público

13,57

13,49

13,06

13,01

12,83

12,20

Formación bruta de capital fijo

27,30

27,37

28,68

29,46

27,47

23,10

Inversión

26,10

25,73

25,35

25,42

24,62

23,10

Inversión privada

16,65

16,84

16,86

17,39

17,36

16,80

Inversión pública

9,45

8,90

8,49

8,02

7,26

6,30

Exportaciones de bienes y servicios

76,03

72,53

70,51

72,82

70,59

64,00

Importaciones de bienes y servicios

66,68

63,96

62,15

65,08

62,20

56,70

Producto Interior Bruto (precios constantes 2010)

100

100

100

100

100

100

 

Participación en PIB por sectores de origen

 

Agricultura

9,19

8,87

8,07

8,17

7,77

7,10

Minería y explotación de canteras

8,96

8,98

8,79

8,38

7,89

7,10

Manufacturas

22,97

22,90

22,95

22,98

23,04

22,30

Construcción

4,26

4,39

4,53

4,56

4,54

4,70

Servicios

53,48

53,56

54,31

54,46

55,54

57,70

 

Composición servicios

53,5

53,6

54,3

54,5

55,5

57,7

Servicios intermedios

20,5

20,4

20,7

20,8

21,3

21,1

Finanzas y seguros

7,3

6,9

6,8

6,7

6,8

6,6

Servicios inmobiliarios y negocios

4,2

4,3

4,4

4,5

4,6

4,8

Transporte y almacenamiento

3,5

3,5

3,6

3,6

3,6

3,8

Información y comunicación

5,5

5,7

5,9

6,1

6,3

5,9

Servicios finales

33,0

33,1

33,6

33,6

34,2

36,6

Comercio al por mayor y menor

14,4

14,6

14,9

15,1

15,6

17,0

Alimentación y alojamiento

2,7

2,8

2,8

2,9

3,0

3,5

Electricidad, gas y agua

2,6

2,6

2,6

2,5

2,5

2,7

Servicios gubernamentales

8,8

8,8

8,8

8,7

8,7

8,3

Otros servicios

4,4

4,4

4,4

4,4

4,4

5,0

p: Preliminar

Fuente: Bank Negara Annual Report 2019, actualizado mayo 2020

 

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Evolución de las principales variables económicas: crecimiento, inflación…

El perfil de crecimiento de la economía malasia ha sido uno de los más poderosos del mundo en los últimos 30 años, dando pie a generar una narrativa de relativo éxito en la pauta de desarrollo de los países de la región. La economía malasia se ha transformado de una economía de renta baja suministradora de materias primas a una economía emergente de renta media-alta con una estructura de oferta multisectorial diversificada y fuertemente orientada al exterior. En su conjunto es la economía de la región más avanzada tras Singapur, con quien mantiene muy estrechos lazos en casi todos los sectores industriales y de servicios, especialmente los financieros.

Su PIB (€309.000 millones en 2019) es aproximadamente la cuarta parte del español y su renta per cápita se sitúa en 9.811 € (10.871 USD, a precios corrientes en 2019), a la cabeza de los países de la región tras los casos singulares de Singapur y Brunéi.

En la estructura productiva destaca la relevancia de la minería e industrias extractivas (7,1% del PIB en 2019), siendo el principal exportador de hidrocarburos en la región, así como el importante peso de la agricultura y pesca (7,1% del PIB) muy concentrada en las plantaciones de palma, con Malasia como segundo productor y exportador mundial de aceite de palma. Las manufacturas suponen el 22,3% del PIB, con un sector eléctrico y electrónico especialmente competitivo, gracias a la inversión de potentes multinacionales. La construcción suma el 4,7% y el sector servicios el restante 57,7% del PIB.

Esta economía no ha escapado del impacto de la Covid-19, que previsiblemente conducirá a una recesión en 2020. El FMI predice una caída del PIB en términos reales del 3,8%, y el BM una caída del 3,1, aunque con un fuerte rebote en 2021, que alcanzaría hasta el 6,9% en 2021. Los datos del primer trimestre, con un crecimiento del 0,7% apuntaban a una menor incidencia que en Europa u otros países asiáticos, aunque en el segundo trimestre la caída ha sido del 17,1%.

Tras mantener un crecimiento en la última década en torno al 5%, en 2019 se observó una cierta ralentización (4,3%). Ese año, el crecimiento se apoyó en la demanda interna, impulsada por el gasto privado (crecimiento del 7,6%), ya que el gasto del sector público se había retraído (-2,7%) por la deteriorada situación de las finanzas públicas dejada por el anterior Gobierno. Las empresas públicas han pospuesto los grandes proyectos y la inversión privada se ha ralentizado (crecimiento del 1,5%) por el deterioro del clima de confianza empresarial. Por su parte, la contribución de la demanda externa al crecimiento fue positiva en 2019, aunque debida al hecho de que las importaciones cayeron más que las exportaciones, en un contexto internacional marcado por un creciente proteccionismo.

Por el lado de la oferta, los servicios continuaron liderando el dinamismo (crecimiento del 6,1%) seguidos por las manufacturas (3,8%) y el sector agrícola (con un débil 1,8%). En la parte negativa, se constata una clara desaceleración de la construcción (0,1%), lastrada por el exceso de oferta inmobiliaria, y la continuada contracción del sector extractivo (-1,5%) bajo una desfavorable coyuntura, que se agrava en 2020 con la importante caída de los precios del petróleo.

En 2020, el sector turístico y comercial está experimentando un dramático impacto por el coronavirus, al tiempo que las disrupciones en las cadenas globales de valor y la parada de producción durante el confinamiento han golpeado a toda la economía.

Malasia partía de una situación económica bastante saneada, con la inflación en 0,7% (IPC en 2019, 1,0% en 2018), un desempleo estructuralmente muy bajo, apenas friccional, del 3,3% (mismo dato que en 2018) y una tasa de creación de empleo del 2,1%. La tasa de participación en la fuerza laboral es del 68,9% y el salario mínimo se sitúa en RM 1.100 (240€) para el conjunto de la economía, siendo 1.200 MYR en las 57 mayores ciudades desde el 1 de enero de 2020.

Su principal debilidad macroeconómica la constituye el déficit público y el alto endeudamiento de los hogares, aparte de otras características estructurales que se detallan más adelante.

Política fiscal y monetaria

El sector público y parapúblico ha desempeñado y sigue desempeñando un papel esencial en la economía de Malasia, aunque esto no queda suficientemente reflejado vía presupuestaria, ya que el gasto presupuestario del Gobierno federal suponen un limitado 20,8% del PIB en 2019.

El gran peso público en la economía se pone de manifiesto en las denominadas Government- Linked Companies (GLC), que se gestionan a través de 7 Government-Linked Investment Companies, siendo la principal el Ministerio de Finanzas “Incorporated”, seguido del Fondo Soberano Khazanah. Así, el Ministerio de Finanzas tiene una participación mayoritaria en 70 compañías, entre las que destaca Petronas, de titularidad 100% estatal (aunque alguna de sus subsidiarias cotice en bolsa).

En relación con el sistema fiscal, la capacidad recaudatoria es bastante limitada, siendo la suma de la recaudación del impuesto sobre la renta y de sociedades del orden del 7% del PIB y los impuestos indirectos recaudan solo un 3% del PIB. La dependencia de los ingresos derivados del petróleo es elevada, situándose en los últimos 5 años en torno al 15% de los ingresos (y llegando hasta el 23% en 2018). Además, la debilidad estructural de la corriente de ingresos públicos se ha visto afectada por la eliminación del GST (similar al IVA) en junio de 2018 como resultado de una promesa electoral, que finalmente llevó a sustituir este impuesto por el SST desde septiembre de 2018, un impuesto monofásico con una mucho menor capacidad recaudatoria (RM 8.000 M menos).

Los excesos del anterior Gobierno requirieron completar los ingresos públicos en 2019 con un dividendo excepcional de Petronas por importe de 30.000 millones de ringgits, además del dividendo ordinario. Sin esa aportación excepcional, el déficit público, que se situó en el 6,5% (4,6% en 2018) habría sido casi dos puntos porcentuales mayor.

El presupuesto para 2020 reflejaba en el momento de su aprobación el compromiso del Gobierno con la consolidación presupuestaria. Tras la situación creada por la Covid-19, previsiblemente se tendrá que recurrir de nuevo a dividendos extraordinarios de Petronas y aun así, el déficit se incrementará. 

El Gobierno ha anunciado en 2020 sucesivos paquetes de ayuda que suman RM 260.000 millones (€ 56.645 millones, en torno al 17% del PIB). De ellos, el 2,5% del PIB son gasto presupuestario. El grueso de las medidas de apoyo se reparte entre inyecciones de liquidez, subsidios directos a la población y subvenciones para mantener el empleo. Tanto las Government Linked Companies como Bank Negara mantienen un destacado protagonismo en el impulso económico.

Se mantiene tanto en estas medidas como en el presupuesto el espíritu de la “Shared Prosperity Vision 2030”, estrategia anunciada por Mahathir que pone el énfasis en hacer partícipes del crecimiento a los grupos menos favorecidos. El actual Gobierno ha confirmado que la mantendrá. Sin embargo, hay más consenso sobre su necesidad y objetivos que sobre el contenido. Su concreción práctica por el momento está limitada a algunas medidas incluidas en el presupuesto 2020 bajo la forma de subvenciones a la población con menos recursos. Habrá que esperar a la adopción del 12º Plan Malasia, que debe aprobarse este año, para concretar las áreas de actuación económicas prioritarias e intenta programar presupuestariamente las mismas de forma plurianual.

En cuanto a la política monetaria, esta es claramente expansiva. El tipo de interés de referencia, que se mantenía invariable desde enero de 2018 en 3,25%, ha experimentado sucesivas reducciones hasta el 1,75%. Se ha recortado el coeficiente de reservas estatutarias desde el 3% al 2% y se han ampliado los activos computables. Asimismo, Bank Negara ha impulsado una importante inyección adicional de liquidez en la economía, conminando al sector bancario a una moratoria de 6 meses en el reembolso de los préstamos pendientes.

El ringgit malasio (RMY), intervenido por el Banco Central y no plenamente convertible en los mercados de divisas, ha experimentado cierta volatilidad cambiaria en los últimos años. En el 2018, el ringgit se depreció un 1,8% con respecto al USD y se apreció un 2,5% con respecto al EUR. En 2019 se apreció frente a ambos (un 1,1% respecto al USD y un 3,2% respecto al EUR) así como con respecto a la mayoría de las divisas de la región.

El tipo medio del ringgit respecto el euro en 2019 fue de 4,59RM/€.
Malasia es país anfitrión de la APEC en 2020, lo que llevaba a prever anuncios estratégicos en paralelo a la celebración de reuniones relevantes, si bien con la pandemia del coronavirus la mayoría de las reuniones previstas han quedado aplazadas.

Sector exterior

Malasia es una economía altamente abierta, cuyas exportaciones e importaciones de mercancías suman aproximadamente el 130% del PIB.
En 2019 se observa una ruptura de la tendencia de las exportaciones, que han caído un 17,5% frente a la expansión del 7,3% experimentada en 2018 y del 18,8% el año previo. Las tensiones comerciales entre EEUU y China, así como el menor crecimiento mundial ha impactado especialmente sobre las exportaciones del sector eléctrico y electrónico. Además, se han sumado unas menores exportaciones de petróleo, especialmente en el tercer trimestre.

Las importaciones han caído en 2019 un 19%, lo que ha permitido mantener un alto superávit comercial, como viene a ser habitual en la economía malasia. Se sitúa en el 7,8% del PIB, algo inferior al 8,4% del PIB obtenido en 2018.La estructura del comercio exterior de Malasia se encuentra relativamente diversificada en términos geográficos y destacan como sus principales socios comerciales los países de la ASEAN (28,8%), China y Hong Kong (20,9%), la UE (9,7%) y EEUU (9,7%). En términos sectoriales, la estructura de las exportaciones está también diversificada, aunque con un gran peso de los equipos eléctricos y electrónicos, que suponen el 37,8%, y los productos del petróleo (7,6%).

El saldo de cuenta corriente arrojó en 2019 un superávit del 3,3% del PIB, aumentando su cuantía con respecto a 2018 (2,1% del PIB) gracias a la reducción del déficit de la balanza de servicios y de renta primaria. Se observa plenamente una de las características estructurales de la balanza de pagos de Malasia: el carácter deficitario de todas las sub-balanzas con la excepción de la balanza comercial.

En cuanto a la cuenta financiera, en 2019 registró una salida neta de RM 34.300 M, (entrada neta de capitales de RM 18.600 M en 2018). El saldo negativo refleja principalmente la sustancial inversión neta de los residentes en activos en cartera en el extranjero que supera ampliamente el saldo neto positivo de la inversión extranjera directa.

La inversión directa extranjera fue un pilar de la economía en los años 80 y 90 y una fuente vital de financiación que permitió la transformación estructural de la economía del país, pasando de una economía emergente productora y exportadora de materias primas a una económica de renta media con una oferta productiva diversificada. Al mismo tiempo, y siendo esto un fenómeno más reciente, Malasia ha ido incrementando su emisión de inversión extranjera directa (lideradas por el gigante de oil&gas Petronas, los bancos y otras empresas de servicios como las telecomunicaciones), aunque se mantiene con un saldo positivo como receptor neto de inversión directa extranjera.

La inversión directa extranjera recibida por Malasia en 2019 sumó RM 32.800 millones, (€7.146 M o el 2,2% del PIB; en 2018 fue RM 32.600 M o 2,3% del PIB). Destaca por su importancia una inversión japonesa en el sector de salud y una joint venture en oil&gas. Por sectores, la IDE recibida ha sido de base amplia, siendo los principales receptores de capital los sectores manufactureros y de servicios no financieros.

La inversión directa extranjera emitida por Malasia registró RM 23.300 M (€5.076 millones o el 1,5% del PIB; en 2018 fue de RM 21.500 M, o 1,5% del PIB). Los principales receptores han sido Brasil, Australia y Holanda. Destacan como inversiones notables la adquisición de dos campos off-shore en Brasil.

Deuda externa y reservas

La deuda externa de Malasia mantuvo una tendencia alcista entre 2009 y 2016, cuando alcanzó el 73,2% del PIB. A partir de 2017 disminuye su porcentaje respecto al PIB, registrándose en 2019 una deuda de 228.548 M USD (62,6% del PIB), por debajo del 63,9% del PIB en 2018.

Las reservas internacionales han disminuido desde 2013 y suman el equivalente a 103.599 M USD, a final de 2019. Con esta cantidad podrían financiarse las importaciones del país durante 7,5 meses.   

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Cuadro de principales indicadores macroeconómicos

 

 

 

 

2015

 

 

2016

 

 

2017

 

 

2018

 

 

2019

PIB

PIB    (MUSD    a

precios corrientes)

 

301.355

 

301.256

 

318.955

 

358.579

 

364.702

Tasa             de

variación      real (%)

 

 

5,00%

 

 

4,20%

 

 

5,90%

 

 

4,70%

 

 

    4,30%

INFLACIÓN

Media anual (%)

2,10%

2,10%

3,70%

1,00%

     0,70%

Fin de período (%)

2,10%

2,10%

3,70%

1,00%

   0,70%

TIPOS DE INTERÉS DE INTERVENCIÓN DEL BANCO CENTRAL

Media anual (%)

3,25

3,25

3,00

3,25

3,00

Fin de período (%)

3,25

3,25

3,00

3,25

3,00

EMPLEO Y TASA DE PARO

Población (x

1.000 habitantes)

31.200

31.600

32.100

32.400

32.600

Población activa (x 1.000 hab)

14.500

14.700

15.000

15.300

     15.770

% Desempleo sobre población activa

 

3,1

 

3,4

 

3,3

 

3,4

 

3,3

SALDO PRESUPUESTARIO PÚBLICO (Admin. central)


% de PIB

-3,2%

-5,6%

-3,0%

-3,7%

-3,4%

DEUDA PÚBLICA

 

 

 

 

 

en MUSD

161.263

140.783

138.639

178.105

171.337

en % de PIB

54,5

52,7

50,7

51,2

52,7

EXPORTACIONES DE BIENES

en MUSD

198.812

190.087

217.425

247.411

199.204

% variación respecto a anterior

-15,06

-4,39

14,38

13,79

   -19,48

IMPORTACIONES DE BIENES

en MUSD

175.391

168.797

194.517

217.542

168.521

% variación respecto a anterior

-16,02

-3,76

15,24

11,84

     -22,5

SALDO B. COMERCIAL

en MUSD

23.421

25.223

22.908

29.869

24.605

en % de PIB

7,9

8,47

7,33

8,43

7,75

SALDO B. CUENTA CORRIENTE

en MUSD

8.875

7.208

9.371

8.302

10.986

en % de PIB

3

2,4

2,9

2,3

3,5

DEUDA EXTERNA

en MUSD

213.248

202.265

214.600

220.951

221.353

en % de PIB

70,10%

67,20%

67,30%

61,60%

62,40%

SERVICIO DE LA DEUDA EXTERNA

en MUSD

39.616

49.803

49.768

27.567

n.d.

en % de exportaciones de

b. y s.

 

22,7

 

24,8

 

14,7

 

11,2

 

n.d.

RESERVAS INTERNACIONALES

en MUSD (excluido el oro)

95.283

94.488

102.431

101.429

103.600

en meses de importación de b. y s.

 

8,4

 

8,7

 

7,2

 

7,4

 

7,1

INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA

en MUSD

9.231

11.378

9.115

8.093

n.d.

TIPO DE CAMBIO FRENTE AL DÓLAR

media anual

3,91

4,14

4,30

4,04

4,14

fin de período

4,29

4,48

4,06

4,14

4,09

Fuente: Bank Negara Malaysia, Informes anuales, boletines mensuales y trimestrales. Última act.: 23/03/2020.

 

 20152016201720182019prev
PIB
PIB (MUSD a precios corrientes)301.355301.256318.955358.579362.055
Tasa de variación real (%)5,00%4,20%5,90%4,70%4,3-4,8%
INFLACIÓN
Media anual (%)2,10%2,10%3,70%1,00%0,7-1,7%
Fin de período (%)2,10%2,10%3,70%1,00%0,7-1,7%
TIPOS DE INTERÉS DE INTERVENCIÓN DEL BANCO CENTRAL
Media anual (%)3,253,2533,253,12
Fin de período (%)3,253,2533,253
EMPLEO Y TASA DE PARO
Población (x 1.000 habitantes)31.20031.60032.10032.40032.700
Población activa (x 1.000 hab)14.50014.70015.00015.30015.600
% Desempleo sobre población activa3,13,43,33,43,3-3,5
SALDO PRESUPUESTARIO PÚBLICO (Admin. central)
% de PIB-3,2%-5,6%-3,0%-3,7%-3,4%
DEUDA PÚBLICA     
en MUSD161.263 140.783 138.639178.105185.958
en % de PIB54,5 52,7 50,751,252,70%
EXPORTACIONES DE BIENES
en MUSD198.812190.087217.425247.411204.227
% variación respecto a anterior-15,06-4,3914,3813,79-17,50%
IMPORTACIONES DE BIENES
en MUSD175.391168.797194.517217.542176.159
% variación respecto a anterior-16,02-3,7615,2411,84-19,02%
SALDO B. COMERCIAL
en MUSD23.42125.22322.90829.86928.068
en % de PIB7,98,477,338,437,75%
SALDO B. CUENTA CORRIENTE
en MUSD8.8757.2089.3718.3026.759
en % de PIB32,42,92,31,9
DEUDA EXTERNA
en MUSD213.248202.265214.600220.951221.353 (3T
en % de PIB70,10%67,20%67,30%61,60%61,10%
SERVICIO DE LA DEUDA EXTERNA
en MUSD39.616 49.803 49.76827.567n.d.
en % de exportaciones de b. y s.22,724,814,711,2n.d.
RESERVAS INTERNACIONALES
en MUSD (excluido el oro)95.28394.488102.431101.429103.600
en meses de importación de b. y s.8,48,77,27,47,1
INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA
en MUSD9.231 11.378 9.115 8.093n.d.
TIPO DE CAMBIO FRENTE AL DÓLAR
media anual3,91 4,14 4,304,044,14
fin de período4,29 4,48 4,064,144,09
Fuente: Bank Negara Malaysia, Informes anuales, boletines mensuales y trimestrales. Última act.: 15/01/2020; prev=previsión

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Principales objetivos de política económica

Tras la crisis en 2009 quedó claro que Malasia tiene que realizar cambios estructurales si quiere salir de la “trampa del país de renta intermedia” y aproximarse hacia 2020 al nivel de renta de un país desarrollado. Son necesarias modificaciones en sus políticas macroeconómicas y microeconómicas para recuperar la competitividad y el vigor económico que ya no parece que pueda garantizar el modelo imperante hasta ahora (la Nueva Política Económica instaurada en 1970 basada en el papel del Estado y en la inversión extranjera en la industria para la exportación, con importantes ventajas en favor de los malayos).

Malasia atrajo ingentes flujos de IED en los años 1985 a 2008, pero ha visto reducirse recientemente su atractivo. Para mantener su capacidad de atracción de inversión se require invertir en recursos humanos de calidad que le permitan competir en conocimiento y tecnología con Singapur, Corea o Taiwan. El coste de su mano de obra no le permite competir con Vietnam o China en sectores con mayores requerimientos de mano de obra de bajo coste. En el presupuesto para 2020, Malasia aspira a situarse en una economía basada en la digitalización y el conocimiento, lo que se apoya en sus medidas para atraer inversion extranjera focalizada en estos sectores y en un impulso de los recursos destinados a la educación. No obstante, todavía serían necesarios medidas de mayor impacto en esta dirección para lograr una transformación en la dirección anunciada.

Las principales cuestiones para compartir análisis serían:

1.- Un papel más activo del sector privado dejando al público una función más complementaria, como facilitador. Ello implica que el sector público ha de salir de algunos sectores en los que tiene fuerte presencia. Ello implicará privatizaciones, lo que inevitablemente generará polémica sobre los métodos y los precios de venta, y un marco más claro y favorable para la inversión privada que ha de verse liberalizada. La legislación sobre competencia, propiedad intelectual, quiebras y algunas otras cuestiones, son esenciales en la modernización de una economía que aún tiene estructuras y regulaciones muy anticuadas y que lastran su desempeño.

2.- La distribución de la renta ha empeorado en los últimos años a pesar de la política de discriminación positiva en favor de los malayos-bumiputras de la Nueva Política Económica (NEP) aprobada en 1970. Lejos de beneficiar a una amplia capa de la población, ha provocado una concentración de la riqueza en los mejor conectados y en rentas de situación y abusos. En Septiembre de 2013, se anunció el programa BEE (Bumiputra Economic Empowerment) con medidas que seguirán discriminando positivamente a los malayos-bumiputras. Son necesarios mecanismos de distribución sin discriminación por raza, que sean más eficaces en términos sociales, más eficientes en términos económicos y más justos para las demás etnias a las que no se debe desincentivar porque ello fomenta la emigración del talento tan necesario para la sociedad del conocimiento. 

3.- Está empezando la racionalización del gasto público en subvenciones (salud y educación pero también gasolina, alimentos, etc.) que pesan mucho sobre el presupuesto público. Hay grandes resistencias políticas y sociales a un cambio que se sabe es presupuestariamente ineludible ya que el reequilibrio presupuestario requiere creciente atención y medidas estructurales más decididas. Además de racionalizar el gasto corriente y las subvenciones, hay que priorizar las inversiones públicas y el apoyo a las privadas. Por otro lado, hay que actuar por el lado de los ingresos, aumentando la base fiscal, que es muy baja. Para ello a partir del año 2015 se instauró el Goods and Services Tax, un impuesto sobre el valor añadido.

4.- Es necesario fomentar la inversión, tanto local como foránea, ambas deprimidas. La local porque desconfía de las regulaciones gubernamentales y la extranjera porque encuentra proyectos más interesantes en otros países de la región. Más allá de reformas, como la flexibilización de la Agencia de Inversiones (MIDA) o los cambios de estrategia del Fondo Soberano (Khazanah), no está claro cómo se van a estimular ambos flujos de inversiones. En el 10 MP son los programas de inversión en infraestructuras quienes mantienen el dinamismo inversor.

5.- El sector servicios (55,6%) está llamado a ser el nuevo motor de una economía más basada en el conocimiento y puede ser objeto de una nueva ronda liberalizadora en consonancia con los compromisos con la ASEAN y la OMC. Es decir, han de contar con mayor participación extranjera.

6.- El tipo de cambio y la convertibilidad del ringgit van a seguir siendo un elemento fundamental de la política monetaria y de la competitividad del país. La fluctuación de los últimos años ha sido muy importante. En este proceso, el consumo interno tiene que tomar el relevo respecto a la exportación industrial de manufacturas y de recursos naturales de insuficiente valor añadido.

7.- Las inversiones públicas en infraestructuras físicas han sido muy importantes hasta ahora. Parece que han de pasar a una etapa más selectiva, continuando en los casos en que proveen bienes públicos esenciales (educación, salud, medioambiente, seguridad vivienda, administración pública) pero dejando paso a inversiones privadas o PPPs y han de imponerse criterios de mercado y de mayor eficiencia. En todo caso, la contratación pública ha de realizarse con métodos más transparentes, más basados en concursos internacionales que en negociaciones directas siempre propensas a corrupción. Las ventajas a empresarios locales deben estar mejor definidas y justificadas.

8.- El acceso a mano de obra foránea a bajo precio ha sido necesario para la industria exportadora pero ha de ser mucho más limitado en un modelo basado en el conocimiento y el valor añadido. En cambio, hay que aumentar la cualificación de la mano de obra local y fomentar y retener el talento, que tiene tendencia a abandonar el país por sus condiciones sociales.

Todas estas cuestiones tienen un marcado matiz político y, en efecto, se trata de reformar fundamentalmente las estructuras de poder económico y político desarrolladas durante más de 55 años de dominación de un partido y de las élites que lo sustentan. Pasar de una sociedad basada en las regulaciones y los privilegios a una economía basada en el mérito, más competitiva (interna y externamente), va a requerir sacrificios de los privilegiados, el esfuerzo de todos y mucha habilidad para lograr el consenso. Sobre todo porque aquellos que se han venido beneficiando de una posición privilegiada presentan una lógica Resistencia a renunciar a sus numerosos privilegios y fuentes de riqueza accesibles sin gran esfuerzo.

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Previsiones macroeconómicas

La evolución de los precios del petróleo y de las principales materias primas desde finales de 2014 introdujo una apreciable debilidad en la pauta de crecimiento de la economía malasia. Conviene recordar que Malasia es el principal exportador de hidrocarburos de la región, con lo cual no es de sorprender que sea una de las economías de la ASEAN que más haya acusado un contexto de debilidad de precios.

La economía recuperó impulse en 2017, aunque en 2018 y 2019 se ha ralentizado ligeramente el crecimiento. La revision de los contratos públicos vigentes y la necesidad de ajustar las finanzas públicas han frenado la aprobación de nuevos proyectos. Asimismo, esta leve ralentización del crecimiento con respecto al año anterior para una economía pequeña y abierta como Malasia es totalmente consecuente con el contexto internacional para 2019, caracterizado por una moderación del crecimiento tanto de economías desarrolladas como en desarrollo y por vientos de cara como las disputas comerciales globales, la incertidumbre política internacional y la volatilidad de los sentimientos inversores. En cualquier caso, el Gobierno espera terminar el año 2019 con un crecimiento del 4,7%, que aumentaría a 4,8% en 2020.

A medio y largo plazo, Malasia está atrapada en el dilema de competitividad del ”país de renta intermedia”: competir a base de costes bajos o con innovación y conocimiento. El atractivo para los inversores ha descendido frente a Singapur, Taiwan, Corea o los emergentes China, India o Vietnam. Si pretende ser un país de alta renta basado en industrias y servicios de alto valor añadido, es necesario un modelo basado en el mercado interior, con más inversión, local y extranjera.

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Política fiscal y presupuestaria

El sector público y parapúblico ha jugado y sigue jugando un papel esencial en la economía de Malasia. Por el lado de los ingresos, éstos están basados en una baja base impositiva con tipos reducidos que se compensan con los ingresos por el petróleo y el gas. Si bien en 2015 se introdujo el Global Sales Tax (GST), un sistema de imposición indirecta en cascada, que permitió completar por la vía de la tributación indirecta la menor aportación de rentas derivas del petróleo y el gas en un contexto de caída de los precios de estos productos, la promesa electoral realizada por el partido finalmente electo llevó a la sustitución del GST por el SST desde septiembre de 2018. Se trata de un impuesto monofásico con una mucho menor capacidad recaudatoria. En 2019 los ingresos públicos contaron con un dividendo excepcional de Petronas por importe de 30.000 millones de ringgits, además del dividendo ordinario. En ausencia de dicho dividendo extraordinario, los ingresos públicos previstos para 2020, según la propuesta de presupuesto que se acaba de presentar y que se está debatiendo en el Parlamento, serían de 244.530 millones de ringgits, pro debajo de los 263.300 de 2019.

Por el lado de los gastos, la generosidad es amplia tanto para los gastos corrientes, en especial vía subsidios, como para los de inversión. Especialmente en coyunturas complicadas, el sector público ha dinamizado la demanda, mientras que en coyunturas más favorables ha podido frenar al sector privado y ralentizar el crecimiento.

En el presupuesto para 2020 se recoge un déficit público esperado en 2019 del 3,4% del PIB, por debajo del déficit del 3,7% de 2018 y que continuaría su tendencia decreciente en 2010 hasta el 3,2%.  

El presupuesto de 2019 se encuadró en un contexto político completamente distinto de cualquier otro en Malasia, al ser el primero elaborado por el nuevo gobierno de Pakatan Harapan tras su victoria en las elecciones generales de mayo de 2018 y en el que se ponía énfasis en disciplina fiscal, la mejora de prácticas de gobernanza pública y ciertas iniciativas de carácter redistributivo que formaban parte del programa electoral de la coalición gubernamental.

El presupuesto para 2020, por su parte, presenta numerosas propuestas de apoyo a la población más desfavorecida, con subsidios al combustible, programas para apoyar el acceso a una vivienda digna y pequeños incentivos al uso de los pagos electrónicos. Responde así al espíritu de la visión de “prosperidad compartida” y a las necesidades de los numerosos votantes con un escaso poder adquisitivo. El otro foco del presupuesto para 2020 es la atracción de inversión extrajera de empresas digitales, con especiales medidas destinadas a atraer a las Fortune 500 y a la transformación digital de las PYMES locales.

Más allá del nuevo presupuesto, que mantiene una línea continuista, un importante foco de inestabilidad macroeconómica en Malasia viene constituido por la debilidad estructural de su corriente de ingresos públicos, especialmente afectada tras la eliminación del GST en junio de 2018. La corriente de ingresos muestra importantes signos de debilidad al contar con una cada vez más reducida base impositiva y una mayor dependencia de los ingresos derivados del petróleo. Los ingresos públicos previstos representarían el 17,4% del PIB en 2019 y el 15,2% en 2020.

Esta debilidad fiscal se ve apuntalada por la ausencia de reformas del sistema impositivo en el presupuesto de 2020. La presentación del presupuesto ha sido otra oportunidad perdida, una vez más, para introducir una reforma profunda de las figuras impositivas que permitan una menor dependencia estructural de los ingresos derivados del oil and gas, como por ejemplo una articulación correcta del impuesto de la renta de las personas físicas. Es de notar que se estima que en Malasia solo pagan este impuesto 2,1 millones de trabajadores de un total de 14,6 millones de activos (un 14% del total).

Por el lado de los gastos, destaca que en 2019 se ha llevado a cabo una política de revisión y renegociación de los grandes proyectos de infraestructuras incidiendo así en una disminución de costes y el ahorro derivado de la reformulación del sistema de subsidios al petróleo, haciéndolo más preciso y calibrado en su apoyo a clases menos favorecidas.

Finalmente, en relación con los anuncios realizados en el presupuesto de 2019 sobre medidas de reforma institucional y de mejora de la gobernanza, entre las que destacaban una nueva ley de contratación pública que regule eficiente y transparentemente los procesos de licitación pública, un nuevo modelo de PPP que cambie el tratamiento de la adjudicación de terrenos a través de un mecanismo competitivo y no a través de negociaciones directas, y una ley de responsabilidad fiscal en 2021 para evitar despilfarros y endeudamiento excesivo en los proyectos de grandes infraestructuras; estas medidas todavía se encuentran en un desarrollo muy incipiente.

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Política monetaria

En cuanto a la política monetaria, esta es competencia del Banco Central (Bank Negara Malaysia), dentro del cual es definida por el Comité de Política Monetaria, y que opera siguiendo el liderazgo del Gobernador. Tras la firma de la Ley del Banco Central de Malasia de 2009, esta institución cuenta con independencia a la hora de definir la política monetaria del país. Además tiene poder para regular las actividades de seguro y cambio de moneda, así como para actuar en la prevención de fraudes monetarios.

El Banco Central reconoce el desarrollo paralelo de dos conceptos de banca, el convencional y la banca islámica, los cuales regula de forma específica. Por otro lado, se ha mostrado proactivo en la regulación de la economía durante los últimos años a través del ajuste de tipos de interés, especialmente durante la crisis de 2008-9 con bajadas de los tipos del 3,5% al 2%.

No ha habido recientemente problemas de liquidez ni de solvencia en el sistema financiero. La política monetaria se ha mantenido acomodaticia. El tipo de interés de referencia, que se mantenía invariable desde enero de 2018 en 3,25% se ha reducido en mayo de 2019 al 3%.

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Políticas estructurales (programas, reformas, etc.)

La planificación económica se instrumenta a través del Nuevo Modelo Económico (NEM) y el Programa de Transformación Económica (ETP), un programa de reformas que potencia el cambio económico del país hacia una economía basada en el conocimiento y la innovación, en industrias y servicios de alto valor añadido. Se mantenía como objetivo la “Visión 2020” que ha sido recientemente revisada con la “Shared Prosperity Vision 2030”.

Sin embargo, hay más consenso sobre su necesidad y objetivos que sobre el contenido y aplicación de estos programas. Los cambios son poco profundos y en general existe una escasa concreción en medidas operativas. El 11º Plan Malasia y su concreción en los presupuestos del estado siguieron más el modelo anterior con proyectos del estado y muchas subvenciones, más que un auténtico NEM que abriera paso a una economía moderna y competitiva, fiscalmente más equilibrada. La necesidad de alcanzar equilibrios políticos y los intereses creados dificultan reformas más profundas. Habrá que ver si en 2020 se pone de manifiesto una vocación reformista más intensa. Será entonces el momento de revisar gran parte de los planes vigentes.

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