Demanda y Coyuntura

Estructura del PIB por sectores y por componentes del gasto

 

En el año 2018, los componentes de la demanda interna (crecimiento del 5,6%) se situaron como el principal motor de crecimiento económico aun a pesar de su leve desaceleración, en especial gracias al repunte del consumo privado, (+8,1%) facilitado por la buena situación del mercado laboral, y también debido a la inversión privada (+4,5%) en numerosos sectores. La demanda del sector público experimentó un crecimiento del 3,3%, debido a un incremento del gasto del Gobierno en suministros y servicios.

El consumo privado supuso el 57,3% del PIB y se vio alentado por los mayores salarios públicos y por las facilidades de crédito. La formación bruta de capital fijo también fue dinámica y supuso el 22,45% del PIB.

Del lado de la oferta, hubo crecimiento en casi todas las ramas de actividad: la industria, la construcción y los servicios crecen a buen ritmo (+5%, +4,2% y +6,8, respectivamente), mientras que la minería decreció (-1,5%). La agricultura, que creció en 2017 un 7,2% tras experimentar un crecimiento negativo en 2016 (-5,1%), decrece ligeramente en 2018 (-0,4%). Se computa que los servicios aportaron en 2018 el 55,97% del PIB, porcentaje que se espera que siga creciendo en próximos años hasta suponer entre el 60 y 65%, nivel próximo al de economías desarrolladas.

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Cuadro de PIB por sectores de actividad y por componentes del gasto

Crecimiento real del PIB (millones de ringgits)20142015201620172018p2019f
Consumo662.389700.209734.651783.757840.041886.906
Consumo privado525.038556.632589.774630.988682.250727.212
Consumo público137.351143.577144.877152.769157.791159.694
Formación bruta de capital fijo276.363291.211318.023345.902337.816n.d.
Inversión264.242273.788281.069298.472302.790306.780
Inversión privada168.550179.140186.914204.268213.453223.816
Inversión pública95.69294.64994.15494.20389.33882.964
Exportaciones de bienes y servicios769.794771.739781.939855.196868.171868.612
Importaciones de bienes y servicios675.105680.527689.182764.238764.990765.343
Producto Interior Bruto (precios constantes 2010)1.012.4491.063.9981.108.9351.174.3291.229.8001.287.936
 
Participación en PIB por sectores de origen
Agricultura93.04894.39689.50995.96895.54598.205
Minería y explotación de canteras90.70795.50897.46898.43696.97197.707
Manufacturas232.527243.703254.472269.804283.337296.897
Construcción43.11546.71950.19753.57455.83557.504
Servicios541.412569.865602.261639.568683.080721.971

f: Estimación

p: Preliminar

Fuente: Bank Negara Annual Report 2018, actualizado mayo 2019

Crecimiento real del PIB (% del PIB)20142015201620172018p2019f
Consumo65,4265,8166,2566,7468,3168,86
Consumo privado51,8652,3253,1853,7355,4856,46
Consumo público13,5713,4913,0613,0112,8312,40
Formación bruta de capital fijo27,3027,3728,6829,4627,47n.d.
Inversión26,1025,7325,3525,4224,6223,82
Inversión privada16,6516,8416,8617,3917,3617,38
Inversión pública9,458,908,498,027,266,44
Exportaciones de bienes y servicios76,0372,5370,5172,8270,5967,44
Importaciones de bienes y servicios66,6863,9662,1565,0862,2059,42
Producto Interior Bruto (precios constantes 2010)100100100100100100
 
Participación en PIB por sectores de origen 
Agricultura9,198,878,078,177,777,62
Minería y explotación de canteras8,968,988,798,387,897,59
Manufacturas22,9722,9022,9522,9823,0423,05
Construcción4,264,394,534,564,544,46
Servicios53,4853,5654,3154,4655,5456,06
 
Composición servicios53,553,654,354,555,5n.d.
Servicios intermedios20,520,420,720,821,3n.d.
Finanzas y seguros7,36,96,86,76,8n.d.
Servicios inmobiliarios y negocios4,24,34,44,54,6n.d.
Transporte y almacenamiento3,53,53,63,63,6n.d.
Información y comunicación5,55,75,96,16,3n.d.
Servicios finales33,033,133,633,634,2n.d.
Comercio al por mayor y menor14,414,614,915,115,6n.d.
Alimentación y alojamiento2,72,82,82,93,0n.d.
Electricidad, gas y agua2,62,62,62,52,5n.d.
Servicios gubernamentales8,88,88,88,78,7n.d.
Otros servicios4,44,44,44,44,4n.d.

f: Estimación

p: Preliminar

Fuente: Bank Negara Annual Report 2018, actualizado mayo 2019

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Evolución de las principales variables económicas: crecimiento, inflación…

En estos últimos 30 años, la economía malasia fue golpeada por dos episodios fuertes de inestabilidad: la crisis del sudeste asiático de 1997/98 y la gran recesión mundial de 2008/09. Esta última sin embargo fue corta en Malasia, volviendo a rebotar el crecimiento de forma poderosa en 2010 (7,2%). Desde entonces, la economía ha crecido a tasas anuales de alrededor del 5%.

En 2018, último año completo sobre el que se disponen de cifras, la economía malasia siguió la pauta de moderación vivida en la economía mundial. Malasia no fue ajena a las incertidumbres que caracterizaron el contexto internacional como el mayor proteccionismo comercial global, la volatilidad en los precios de las materias primas y los episodios de volatilidad financiera motivados por la recalibración de las políticas monetarias en países desarrollados. En el ámbito interno, el histórico cambio en el gobierno de la nación también ha contribuido a la normalización de la pauta de crecimiento. Así, en 2018 el crecimiento real del PIB fue del 4,7%, que se espera que se repita también en 2019, moderándose con respecto al crecimiento previo (5,9% en 2017).

Esta expansión ha descansado en la demanda interna, apoyada por una mayor expansión del gasto privado. El gasto del sector público se moderó motivado por la racionalización del gasto emprendida por el gobierno y el menor patrón de gasto de las grandes empresas públicas (menores proyectos petroleros) y la inversión privada se moderó debido a un deterioro del clima de confianza empresarial. Por su parte, la contribución de la demanda externa al crecimiento volvió a ser positiva en 1,0 puntos porcentuales. Los datos disponibles de 2019 apuntan una repetición del patrón de crecimiento, si bien con un sector exterior en desaceleración, con un peor comportamiento de las exportaciones, al tiempo que las importaciones muestran crecimiento negativo, debido a la caída de las importaciones de bienes de equipo.

Por el lado de la oferta, la mayor parte de sectores registraron crecimientos en su valor añadido en 2018, destacando la aceleración del crecimiento en el sector de los servicios (6,8%), manufacturas (5,0%) y construcción (4,2%). Sin embargo, la agricultura mostró un débil crecimiento (0,1%) y el sector minero y extractivo se contrajo (-2,6%) debido a condiciones climáticas adversas e interrupciones de suministro en la producción de gas natural respectivamente. En 2019 se está observando una recuperación del sector agrícola al tiempo que se desacelera la construcción.

La inflación media en 2018 medida por el IPC disminuyó hasta el 1,0% (2017: 3,7%). Esta moderación refleja principalmente el impacto de la fijación del precio de los combustibles y de la bonificación del tipo del extinto GST. Esos factores compensaron la presión alcista de factores de costes derivados del contexto de elevados precios del petróleo, el debilitamiento del ringgit y la implementación del nuevo impuesto sobre las ventas y servicios (SST). En cualquier caso, los analistas señalan dudas sobre si las estadísticas de precios oficiales están recogiendo correctamente las variaciones en precios recientes.

El desempleo en Malasia, estructuralmente muy bajo, apenas friccional, apenas ha variado. En el 2018 la tasa de desempleo se ha mantenido en el 3,3%. Tanto la tasa de creación de empleo como la de incorporación de activos a la fuerza laboral se situaron en el 2,0% para el conjunto de 2018. El salario mínimo se sitúa en 1.100 MYR para el conjunto de la economía.

En el primer semestre de 2019 la economía malasia se ha visto afectada por la ralentización de la demanda internacional, situándose la producción industrial en mínimos de los últimos años. La paralización de varios proyectos de infraestructura públicos tras la formación del nuevo Gobierno a mediados de 2018 ha afectado asimismo a la dinámica económica, aunque con el apoyo de una política monetaria acomodaticia se espera finalizar el año 2019 con un crecimiento del PIB del 4,7%.


Sector exterior

Malasia es una economía altamente abierta, cuyas exportaciones e importaciones de mercancías suman aproximadamente el 140% del PIB.

En 2018 las exportaciones brutas se expandieron un 7,3% moderándose el excepcional vigor del año anterior (2017: 18,8%). En cuanto a su composición, estas fueron motivadas tanto por volúmenes como por precios de exportación. El comportamiento de las exportaciones se ha apoyado principalmente en las exportaciones de manufacturas que crecieron un 9,3% (si bien moderándose con respecto a las tasas de dobles dígitos del año anterior, 2017: 18,6%) motivadas por el mantenimiento de la demanda de importantes socios comerciales como China, UE y EEUU y que permitieron compensar la caída del 3,2% en las exportaciones de materias primas. Por su lado, las importaciones brutas se moderaron también en 2018, creciendo un 5,2% (2017: 19,7%) motivadas por un comportamiento más débil de las importaciones de bienes de capital que cayeron un -2,7% (2017: 15,3%) y de bienes intermedios que cayeron un -3,5% (2017: 20.0%) en línea con la moderación de la actividad inversora y de las exportaciones de manufacturas respectivamente.

El tradicional superávit comercial volvió a expandirse, alcanzando en 2018 el valor de 123.783 M MYR, en torno al 9% del PIB.

La estructura del comercio exterior de Malasia se encuentra relativamente diversificada en términos geográficos y destacan como sus principales socios comerciales los países de la ASEAN (28,6%), China y Hong Kong (21,4%), la UE (9,9%) y EEUU (9,1%). En términos sectoriales, la estructura de las exportaciones si bien es diversificada, lo es en un grado relativamente menor: los equipos eléctricos y electrónicos suponen el 33,6% y las materias primas (petróleo y sus refinados, gas natural licuado, aceite de palma y caucho) un 15,6% de las exportaciones totales.

El saldo de cuenta corriente arrojó en 2018 un saldo superavitario del 2,4% del PIB, disminuyendo su cuantía con respecto a 2017 (3,1% del PIB), explicado por una ampliación del superávit comercial y una contracción del déficit de servicios que ha más que compensado la ampliación de déficit rentas. Se observa plenamente una de las características estructurales de la balanza de pagos de Malasia: el carácter deficitario de todas las sub-balanzas con la excepción de la balanza comercial. La tónica general de estos últimos años es el mantenimiento de esta última junto con la ampliación de los déficits de las balanzas de servicios y rentas, lo cual ha deteriorado el amplísimo saldo superavitario de la cuenta corriente, que se situaba en el entorno del 18% del PIB en 2008. Las previsiones gubernamentales apuntan a que el saldo corriente se contraerá a niveles próximos al 1,5 – 2,5% del PIB en 2019.

En cuanto a la cuenta financiera de la balanza de pagos en 2018, esta registró una entrada neta de capitales de 18.600 M RMY, por oposición a una salida neta de 4.700 M RMY en 2017. Estos movimientos se explican por la reversión de la inversión en cartera de no residentes, que tuvieron lugar en condiciones de volatilidad financiera global creciente, que fueron más que compensadas por sustanciales entradas de capitales netas en la cuenta de otras inversiones.

La inversión directa extranjera fue un pilar de la economía en los años 80 y 90 y una fuente vital de financiación que permitió la transformación estructural de la economía del país, pasando de una economía emergente productora y exportadora de materias primas a una económica de renta media con una oferta productiva diversificada. Al mismo tiempo, y siendo esto un fenómeno más reciente, Malasia ha pasado de ser un importador de capital a largo plazo a ser un emisor neto de inversión directa extranjera, (lideradas por el gigante de oil and gas Petronas, los bancos y otras empresas de servicios como las telecomunicaciones) solo por detrás de Singapur en la región. Para algunos es prueba de la robustez y capacidad de las empresas malasias, para otros estas salidas muestran falta de oportunidades en el país.

A lo largo de 2018 la inversión directa extranjera mostró una menor entrada de neta de capitales por valor de 11.300 M RMY (2017: entrada neta de 16.200 M MYR).

La inversión directa extranjera recibida por Malasia en 2018 se moderó a 32.600 M RMY, el 2,4% del PIB (2017: 40.400 M RMY o 3,1% del PIB). Destaca por su importancia una inversión realizada en la joint venture del megaproyecto petroquímico RAPID. Por sectores, la IDE recibida ha sido de base amplia, siendo los principales receptores de capital los sectores manufactureros y de servicios no financieros.

La inversión directa extranjera emitida por Malasia se moderó a 21.300 M RMY, o el 1,5% del PIB (2017: 24.200 M RMY, o 1,4% del PIB). Destacan inversiones notables como la incorporación de una filial de un grupo bancario malasio en Singapur y la adquisición de intereses petrolíferos en Omán por Petronas, la compañía estatal de oil and gas.

La deuda externa fue a finales de 2018 de 221.000 M. USD, el 64,7% del PIB. Es manejable dado su perfil de largo plazo y los 101.400 M. USD de reservas que garantizan 7,4 meses de importaciones y son 1,0 veces la deuda externa a corto plazo. No obstante, como consecuencia de la volatilidad cambiaria y la salida neta de capitales propiciada por la misma, el nivel de reservas de la autoridad monetaria ha disminuido considerablemente desde mediados de 2014.

El ringgit malasio (RMY), intervenido por el Banco Central y no plenamente convertible en los mercados de divisas, ha sido quizás la divisa asiáticas más afectada por la volatilidad cambiaria sufrida en los mercados en estos últimos años. En el 2018, el ringgit se depreció un 1,8% con respecto al USD y se apreció un 2,5% con respecto al EUR. Con respecto de la mayoría de las divisas de la región el ringgit se apreció a lo largo de 2018. En 2019 la tendencia es más plana respecto al euro y al dólar, aunque con oscilaciones dentro del año.

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Cuadro de principales indicadores macroeconómicos

  

 
2014
2015
2016
2017
2018
PIB
PIB (MUSD a precios corrientes)
338.069
296.283
297.832
312.386
354.360
Tasa de variación real (%)
6
5
4,2
5,9
4,7
INFLACIÓN
Media anual (%)
3,2
2,1
 2,1
3,7
1
Fin de período (%)
2,7
2,7
 1,8
3,5
1,21
TIPOS DE INTERÉS DE INTERVENCIÓN DEL BANCO CENTRAL
Media anual (%)
3,25
3,25
3
3,25
3,25
Fin de período (%)
3,25
3,25
3
3,25
3,25
EMPLEO Y TASA DE PARO
Población (x 1.000 habitantes)
30.700
31.200
31.600
32.100
32.400
Población activa (x 1.000 hab)
14.300
14.500
14.700
15.000
15.300
% Desempleo sobre población activa
2,9
3,1
3,4
3,3
3,4
SALDO PRESUPUESTARIO PÚBLICO (Admin. central)
% de PIB
-3,4
-3,2
 -3,1
-3
-3,7
DEUDA PÚBLICA
 
 
 
 
 
en MUSD
178.063
161.263
 140.783
 138.639
178.121
en % de PIB
54,5
54,5
 52,7
 50,7
50,3
EXPORTACIONES DE BIENES
en MUSD
234.072
198.812
190.087
217.425
247.411
% variación respecto a anterior
2,41
-15,06
-4,39
14,38
13,79
IMPORTACIONES DE BIENES
en MUSD
208.849
175.391
168.797
194.517
217.542
% variación respecto a anterior
1,42
-16,02
-3,76
15,24
11,84
SALDO B. COMERCIAL
en MUSD
25.223
23.421
25223
22.908
29.869
en % de PIB
7,46
7,90
8,47
7,33
8,43
SALDO B. CUENTA CORRIENTE
en MUSD
14.862
8.875
7.236
9.296
8.305
en % de PIB
4,4
3
2,4
2,9
2,3
DEUDA EXTERNA
en MUSD
228.685
213.248
202.265
214.600
220.951
en % de PIB
67,6
72
75,7
68,7
62,35
SERVICIO DE LA DEUDA EXTERNA
en MUSD
42.146
39.616
 49.803
 49.768
27.567
en % de exportaciones de b. y s.
19,1
22,7
24,8
14,7
11,2
RESERVAS INTERNACIONALES
en MUSD (excluido el oro)
115.930
95.283
 94.488
102.431
101.429
en meses de importación de b. y s.
8,3
8,4
8,7
7,2
7,4
INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA
en MUSD
10.440
9.231
 11.378
 9.115
 8.093
TIPO DE CAMBIO FRENTE AL DÓLAR
media anual
3,27
3,91
 4,14
 4,30
4,03
fin de período
3,50
4,29
 4,48
 4,06
4,14
Fuente: Bank Negara Malaysia, Informes anuales, boletines mensuales y trimestrales. Última act.: 10/05/2019; p=Preliminar

 

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Principales objetivos de política económica

Tras la crisis en 2009 quedó claro que Malasia tiene que realizar cambios estructurales si quiere salir de la “trampa del país de renta intermedia” y aproximarse hacia 2020 al nivel de renta de un país desarrollado. Son necesarias modificaciones en sus políticas macroeconómicas y microeconómicas para recuperar la competitividad y el vigor económico que ya no parece que pueda garantizar el modelo imperante hasta ahora (la Nueva Política Económica instaurada en 1970 basada en el papel del Estado y en la inversión extranjera en la industria para la exportación, con importantes ventajas en favor de los malayos).

Malasia atrajo ingentes flujos de IED en los años 1985 a 2008, pero ha visto reducirse recientemente su atractivo. Para mantener su capacidad de atracción de inversión se require invertir en recursos humanos de calidad que le permitan competir en conocimiento y tecnología con Singapur, Corea o Taiwan. El coste de su mano de obra no le permite competir con Vietnam o China en sectores con mayores requerimientos de mano de obra de bajo coste. En el presupuesto para 2020, Malasia aspira a situarse en una economía basada en la digitalización y el conocimiento, lo que se apoya en sus medidas para atraer inversion extranjera focalizada en estos sectores y en un impulso de los recursos destinados a la educación. No obstante, todavía serían necesarios medidas de mayor impacto en esta dirección para lograr una transformación en la dirección anunciada.

Las principales cuestiones para compartir análisis serían:

1.- Un papel más activo del sector privado dejando al público una función más complementaria, como facilitador. Ello implica que el sector público ha de salir de algunos sectores en los que tiene fuerte presencia. Ello implicará privatizaciones, lo que inevitablemente generará polémica sobre los métodos y los precios de venta, y un marco más claro y favorable para la inversión privada que ha de verse liberalizada. La legislación sobre competencia, propiedad intelectual, quiebras y algunas otras cuestiones, son esenciales en la modernización de una economía que aún tiene estructuras y regulaciones muy anticuadas y que lastran su desempeño.

2.- La distribución de la renta ha empeorado en los últimos años a pesar de la política de discriminación positiva en favor de los malayos-bumiputras de la Nueva Política Económica (NEP) aprobada en 1970. Lejos de beneficiar a una amplia capa de la población, ha provocado una concentración de la riqueza en los mejor conectados y en rentas de situación y abusos. En Septiembre de 2013, se anunció el programa BEE (Bumiputra Economic Empowerment) con medidas que seguirán discriminando positivamente a los malayos-bumiputras. Son necesarios mecanismos de distribución sin discriminación por raza, que sean más eficaces en términos sociales, más eficientes en términos económicos y más justos para las demás etnias a las que no se debe desincentivar porque ello fomenta la emigración del talento tan necesario para la sociedad del conocimiento. 

3.- Está empezando la racionalización del gasto público en subvenciones (salud y educación pero también gasolina, alimentos, etc.) que pesan mucho sobre el presupuesto público. Hay grandes resistencias políticas y sociales a un cambio que se sabe es presupuestariamente ineludible ya que el reequilibrio presupuestario requiere creciente atención y medidas estructurales más decididas. Además de racionalizar el gasto corriente y las subvenciones, hay que priorizar las inversiones públicas y el apoyo a las privadas. Por otro lado, hay que actuar por el lado de los ingresos, aumentando la base fiscal, que es muy baja. Para ello a partir del año 2015 se instauró el Goods and Services Tax, un impuesto sobre el valor añadido.

4.- Es necesario fomentar la inversión, tanto local como foránea, ambas deprimidas. La local porque desconfía de las regulaciones gubernamentales y la extranjera porque encuentra proyectos más interesantes en otros países de la región. Más allá de reformas, como la flexibilización de la Agencia de Inversiones (MIDA) o los cambios de estrategia del Fondo Soberano (Khazanah), no está claro cómo se van a estimular ambos flujos de inversiones. En el 10 MP son los programas de inversión en infraestructuras quienes mantienen el dinamismo inversor.

5.- El sector servicios (55,6%) está llamado a ser el nuevo motor de una economía más basada en el conocimiento y puede ser objeto de una nueva ronda liberalizadora en consonancia con los compromisos con la ASEAN y la OMC. Es decir, han de contar con mayor participación extranjera.

6.- El tipo de cambio y la convertibilidad del ringgit van a seguir siendo un elemento fundamental de la política monetaria y de la competitividad del país. La fluctuación de los últimos años ha sido muy importante. En este proceso, el consumo interno tiene que tomar el relevo respecto a la exportación industrial de manufacturas y de recursos naturales de insuficiente valor añadido.

7.- Las inversiones públicas en infraestructuras físicas han sido muy importantes hasta ahora. Parece que han de pasar a una etapa más selectiva, continuando en los casos en que proveen bienes públicos esenciales (educación, salud, medioambiente, seguridad vivienda, administración pública) pero dejando paso a inversiones privadas o PPPs y han de imponerse criterios de mercado y de mayor eficiencia. En todo caso, la contratación pública ha de realizarse con métodos más transparentes, más basados en concursos internacionales que en negociaciones directas siempre propensas a corrupción. Las ventajas a empresarios locales deben estar mejor definidas y justificadas.

8.- El acceso a mano de obra foránea a bajo precio ha sido necesario para la industria exportadora pero ha de ser mucho más limitado en un modelo basado en el conocimiento y el valor añadido. En cambio, hay que aumentar la cualificación de la mano de obra local y fomentar y retener el talento, que tiene tendencia a abandonar el país por sus condiciones sociales.

Todas estas cuestiones tienen un marcado matiz político y, en efecto, se trata de reformar fundamentalmente las estructuras de poder económico y político desarrolladas durante más de 55 años de dominación de un partido y de las élites que lo sustentan. Pasar de una sociedad basada en las regulaciones y los privilegios a una economía basada en el mérito, más competitiva (interna y externamente), va a requerir sacrificios de los privilegiados, el esfuerzo de todos y mucha habilidad para lograr el consenso. Sobre todo porque aquellos que se han venido beneficiando de una posición privilegiada presentan una lógica Resistencia a renunciar a sus numerosos privilegios y fuentes de riqueza accesibles sin gran esfuerzo.

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Previsiones macroeconómicas

La evolución de los precios del petróleo y de las principales materias primas desde finales de 2014 introdujo una apreciable debilidad en la pauta de crecimiento de la economía malasia. Conviene recordar que Malasia es el principal exportador de hidrocarburos de la región, con lo cual no es de sorprender que sea una de las economías de la ASEAN que más haya acusado un contexto de debilidad de precios.

La economía recuperó impulse en 2017, aunque en 2018 y 2019 se ha ralentizado ligeramente el crecimiento. La revision de los contratos públicos vigentes y la necesidad de ajustar las finanzas públicas han frenado la aprobación de nuevos proyectos. Asimismo, esta leve ralentización del crecimiento con respecto al año anterior para una economía pequeña y abierta como Malasia es totalmente consecuente con el contexto internacional para 2019, caracterizado por una moderación del crecimiento tanto de economías desarrolladas como en desarrollo y por vientos de cara como las disputas comerciales globales, la incertidumbre política internacional y la volatilidad de los sentimientos inversores. En cualquier caso, el Gobierno espera terminar el año 2019 con un crecimiento del 4,7%, que aumentaría a 4,8% en 2020.

A medio y largo plazo, Malasia está atrapada en el dilema de competitividad del ”país de renta intermedia”: competir a base de costes bajos o con innovación y conocimiento. El atractivo para los inversores ha descendido frente a Singapur, Taiwan, Corea o los emergentes China, India o Vietnam. Si pretende ser un país de alta renta basado en industrias y servicios de alto valor añadido, es necesario un modelo basado en el mercado interior, con más inversión, local y extranjera.

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Política fiscal y presupuestaria

El sector público y parapúblico ha jugado y sigue jugando un papel esencial en la economía de Malasia. Por el lado de los ingresos, éstos están basados en una baja base impositiva con tipos reducidos que se compensan con los ingresos por el petróleo y el gas. Si bien en 2015 se introdujo el Global Sales Tax (GST), un sistema de imposición indirecta en cascada, que permitió completar por la vía de la tributación indirecta la menor aportación de rentas derivas del petróleo y el gas en un contexto de caída de los precios de estos productos, la promesa electoral realizada por el partido finalmente electo llevó a la sustitución del GST por el SST desde septiembre de 2018. Se trata de un impuesto monofásico con una mucho menor capacidad recaudatoria. En 2019 los ingresos públicos contaron con un dividendo excepcional de Petronas por importe de 30.000 millones de ringgits, además del dividendo ordinario. En ausencia de dicho dividendo extraordinario, los ingresos públicos previstos para 2020, según la propuesta de presupuesto que se acaba de presentar y que se está debatiendo en el Parlamento, serían de 244.530 millones de ringgits, pro debajo de los 263.300 de 2019.

Por el lado de los gastos, la generosidad es amplia tanto para los gastos corrientes, en especial vía subsidios, como para los de inversión. Especialmente en coyunturas complicadas, el sector público ha dinamizado la demanda, mientras que en coyunturas más favorables ha podido frenar al sector privado y ralentizar el crecimiento.

En el presupuesto para 2020 se recoge un déficit público esperado en 2019 del 3,4% del PIB, por debajo del déficit del 3,7% de 2018 y que continuaría su tendencia decreciente en 2010 hasta el 3,2%.  

El presupuesto de 2019 se encuadró en un contexto político completamente distinto de cualquier otro en Malasia, al ser el primero elaborado por el nuevo gobierno de Pakatan Harapan tras su victoria en las elecciones generales de mayo de 2018 y en el que se ponía énfasis en disciplina fiscal, la mejora de prácticas de gobernanza pública y ciertas iniciativas de carácter redistributivo que formaban parte del programa electoral de la coalición gubernamental.

El presupuesto para 2020, por su parte, presenta numerosas propuestas de apoyo a la población más desfavorecida, con subsidios al combustible, programas para apoyar el acceso a una vivienda digna y pequeños incentivos al uso de los pagos electrónicos. Responde así al espíritu de la visión de “prosperidad compartida” y a las necesidades de los numerosos votantes con un escaso poder adquisitivo. El otro foco del presupuesto para 2020 es la atracción de inversión extrajera de empresas digitales, con especiales medidas destinadas a atraer a las Fortune 500 y a la transformación digital de las PYMES locales.

Más allá del nuevo presupuesto, que mantiene una línea continuista, un importante foco de inestabilidad macroeconómica en Malasia viene constituido por la debilidad estructural de su corriente de ingresos públicos, especialmente afectada tras la eliminación del GST en junio de 2018. La corriente de ingresos muestra importantes signos de debilidad al contar con una cada vez más reducida base impositiva y una mayor dependencia de los ingresos derivados del petróleo. Los ingresos públicos previstos representarían el 17,4% del PIB en 2019 y el 15,2% en 2020.

Esta debilidad fiscal se ve apuntalada por la ausencia de reformas del sistema impositivo en el presupuesto de 2020. La presentación del presupuesto ha sido otra oportunidad perdida, una vez más, para introducir una reforma profunda de las figuras impositivas que permitan una menor dependencia estructural de los ingresos derivados del oil and gas, como por ejemplo una articulación correcta del impuesto de la renta de las personas físicas. Es de notar que se estima que en Malasia solo pagan este impuesto 2,1 millones de trabajadores de un total de 14,6 millones de activos (un 14% del total).

Por el lado de los gastos, destaca que en 2019 se ha llevado a cabo una política de revisión y renegociación de los grandes proyectos de infraestructuras incidiendo así en una disminución de costes y el ahorro derivado de la reformulación del sistema de subsidios al petróleo, haciéndolo más preciso y calibrado en su apoyo a clases menos favorecidas.

Finalmente, en relación con los anuncios realizados en el presupuesto de 2019 sobre medidas de reforma institucional y de mejora de la gobernanza, entre las que destacaban una nueva ley de contratación pública que regule eficiente y transparentemente los procesos de licitación pública, un nuevo modelo de PPP que cambie el tratamiento de la adjudicación de terrenos a través de un mecanismo competitivo y no a través de negociaciones directas, y una ley de responsabilidad fiscal en 2021 para evitar despilfarros y endeudamiento excesivo en los proyectos de grandes infraestructuras; estas medidas todavía se encuentran en un desarrollo muy incipiente.

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Política monetaria

En cuanto a la política monetaria, esta es competencia del Banco Central (Bank Negara Malaysia), dentro del cual es definida por el Comité de Política Monetaria, y que opera siguiendo el liderazgo del Gobernador. Tras la firma de la Ley del Banco Central de Malasia de 2009, esta institución cuenta con independencia a la hora de definir la política monetaria del país. Además tiene poder para regular las actividades de seguro y cambio de moneda, así como para actuar en la prevención de fraudes monetarios.

El Banco Central reconoce el desarrollo paralelo de dos conceptos de banca, el convencional y la banca islámica, los cuales regula de forma específica. Por otro lado, se ha mostrado proactivo en la regulación de la economía durante los últimos años a través del ajuste de tipos de interés, especialmente durante la crisis de 2008-9 con bajadas de los tipos del 3,5% al 2%.

No ha habido recientemente problemas de liquidez ni de solvencia en el sistema financiero. La política monetaria se ha mantenido acomodaticia. El tipo de interés de referencia, que se mantenía invariable desde enero de 2018 en 3,25% se ha reducido en mayo de 2019 al 3%.

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Políticas estructurales (programas, reformas, etc.)

La planificación económica se instrumenta a través del Nuevo Modelo Económico (NEM) y el Programa de Transformación Económica (ETP), un programa de reformas que potencia el cambio económico del país hacia una economía basada en el conocimiento y la innovación, en industrias y servicios de alto valor añadido. Se mantenía como objetivo la “Visión 2020” que ha sido recientemente revisada con la “Shared Prosperity Vision 2030”.

Sin embargo, hay más consenso sobre su necesidad y objetivos que sobre el contenido y aplicación de estos programas. Los cambios son poco profundos y en general existe una escasa concreción en medidas operativas. El 11º Plan Malasia y su concreción en los presupuestos del estado siguieron más el modelo anterior con proyectos del estado y muchas subvenciones, más que un auténtico NEM que abriera paso a una economía moderna y competitiva, fiscalmente más equilibrada. La necesidad de alcanzar equilibrios políticos y los intereses creados dificultan reformas más profundas. Habrá que ver si en 2020 se pone de manifiesto una vocación reformista más intensa. Será entonces el momento de revisar gran parte de los planes vigentes.

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