Demanda y Coyuntura

Estructura del PIB por sectores y por componentes del gasto

En el año terminado en junio de 2020 el sector servicios aportó directamente el 67,0% del PIB a la economía neozelandesa. La industria aportó el 18,3% y el sector primario el 6,7% al total del PIB neozelandés. El resto (8,0%) corresponde a actividad económica no atribuida a ningún sector (impuestos indirectos y aranceles).

En función de los diferentes componentes de gasto del PIB, el consumo privado aportó el 62,1% del PIB en el año terminado en junio de 2020, mientras la inversión tuvo un peso del 22,7%. El papel del sector público ha aumentado ligeramente hasta el 19,9%, como consecuencia de la estrategia fiscal expansiva del gobierno para hacer frente a la crisis del covid-19. Las exportaciones en términos reales supusieron el 27,9% del PIB en el año terminado en junio de 2020, frente a las importaciones, que alcanzaron el 33,0%.

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Cuadro de PIB por sectores de actividad y por componentes del gasto

% del PIB (por sectores de origen y componentes del gasto) 2016 2017 2018 2019
POR SECTORES DE ORIGEN
SECTOR PRIMARIO 6,8% 6,8% 6,7% 6,6%
    Agricultura, silvicultura y pesca 5,5% 5,4% 5,5% 5,3%
    Minería 1,2% 1,3% 1,2% 1,2%
MANUFACTURAS 9,9% 9,8% 9,7% 9,6%
SERVICIOS DE ELECTRICIDAD, GAS, AGUA 2,9% 2,8% 2,7% 2,7%
CONSTRUCCIÓN 6,2% 6,1% 6,0% 6,4%
COMERCIO MAYORISTA 5,0% 5,0% 5,1% 5,1%
COMERCIO MINORISTA Y HOTELES 7,0% 7,2% 7,2% 7,3%
TRANSPORTE Y ALMACENAMIENTO 4,5% 4,5% 4,6% 4,4%
PRENSA Y COMUNICACIONES ELECTRÓNICA 3,5% 3,4% 3,5% 3,5%
FINANZAS Y SEGUROS 5,8% 6,0% 6,0% 5,9%
SECTOR INMOBILIARIO 13,3% 13,0% 13,0% 13,3%
SERVICIOS PROFESIONALES CIENTÍFICOS, TÉCNICOS, ADMINISTRATIVOS 10,2% 10,3% 10,4% 10,3%
ADMINISTRACIÓN PÚBLICA 4,2% 4,2% 4,3% 4,4%
EDUCACIÓN 4,0% 3,9% 3,9% 3,8%
SANIDAD Y ASISTENCIA SOCIAL 5,9% 6,0% 6,0% 5,8%
ARTES, OCIO Y OTROS SERVICIOS 3,1% 3,1% 3,1% 3,1%
NO ATRIBUIDO A NINGÚN SECTOR 7,8% 7,8% 7,9% 8,0%
POR COMPONENTES DEL GASTO
CONSUMO
   Consumo Privado 59,8% 61,1% 61,9% 60,6%
   Consumo Público 16,5% 16,2% 16,2% 19,0%
FORMACIÓN BRUTA DE CAPITAL FIJO 24,4% 24,4% 24,9% 25,1%
EXPORTACIONES DE BIENES Y SERVICIOS 29,6% 28,9% 29,0% 28,7%
IMPORTACIONES DE BIENES Y SERVICIOS 32,3% 32,7% 34,1% 34,0%

Fuente: Statistics NZ. Datos respecto al PIB real.

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Evolución de las principales variables económicas: crecimiento, inflación…

Nueva Zelanda crece normalmente a un ritmo por encima de la media de los países miembros de la OCDE. Los principales motores del crecimiento han sido la fuerte migración neta, los bajos tipos de interés y la favorable evolución de la balanza exterior (especialmente en el ámbito del turismo). Así, el PIB real creció un 3,1% en 2017, un 2,8% en 2018 y un 2,3% en 2019. No obstante, la crisis del covid-19 le está afectando gravemente, pues el cierre de fronteras, que se va a prolongar previsiblemente varios meses, va a perjudicar significativamente al sector turístico y a la educación exterior, que representan cerca del 5% del PIB. En este sentido, en el primer trimestre de 2020 el PIB cayó un -1,6% intertrimestral (-6,6% en términos anualizados), si bien el crecimiento interanual siguió siendo positivo (+1,5%), mientras que en el segundo trimestre de 2020 la caída intertrimestral fue del -12,2% y la interanual del -2,0%.

El FMI prevé que Nueva Zelanda sufra una caída del -6,1% en 2020 y un crecimiento del 4,4% en 2021.

En cuanto al sector exterior, las exportaciones de bienes y servicios crecieron un 4,1% en 2019. El 69,7% fueron exportaciones de bienes y el 30,3% servicios. Las principales exportaciones son bienes agrícolas y turismo, mientras que los principales mercados de Nueva Zelanda son China y Australia. Las importaciones de bienes y servicios crecieron un 3,0% en 2019 y las partidas de mayor peso son maquinaria mecánica, vehículos y petroleo, siendo la Unión Europea el principal suministrador de Nueva Zelanda. En el primer semestre de 2020, las exportaciones de bienes y servicios tuvieron un crecimiento del 3,8% respecto al semestre anterior, mientras que las importaciones cayeron un -23,5%. Esta evolución se explica fundamentalmente por el mantenimiento de la demanda internacional de los productos agrícolas que exporta Nueva Zelanda.

El déficit por cuenta corriente en 2019 se situó en el -3,0% del PIB neozelandés, significativamente por debajo del año anterior (-3,8%), gracias a la mejora de la balanza comercial y de la de rentas primarias. En el año terminado en junio de 2020 este déficit por cuentra corriente fue del -1,9%, por la mejor balanza comercial generada por la fuerte caída de las importaciones. Nueva Zelanda es uno de los países desarrollados donde la posición neta de inversión internacional es más deficitaria (-58,4% del PIB en junio de 2020).

Con respecto al mercado de trabajo, la tasa de paro a final del año 2019 se situó en 4,0% de la población activa. La población empleada creció un 1,0% en 2019, ralentizándose el crecimiento frente a años anteriores, como consecuencia de la moderación de la inmigración, tanto de extranjeros con permiso de trabajo como neozelandeses que vuelven al país. En junio de 2020 la tasa de paro se mantuvo en el 4,0%, y el empleo creció un 1,1% respecto al año anterior. No obstante, con la crisis del covid-19, se espera que la situación empeore significativamente, especialmente una vez que finalicen en septiembre los subsidios salariales ligados a la conservación del empleo. Por ello, se prevé que el desempleo suba hasta cerca del 8% de la población activa a final de año. Cabe destacar que  se ha producido una caída del empleo (-0,4%) entre el primer y el segundo trimestre de 2020.

En 2019 la inflación se situó en el 1,9%, igual que el año anterior, por debajo del tope de la banda fijada por el Reserve Bank of New Zealand (RBNZ), que se fija entre el 1% y el 3%, con un objetivo medio del 2%. En marzo de 2020 se ha producido un incremento de la inflación al 2,5%, que luego se moderó al 1,5% en junio de 2020.

El tipo oficial de interés se sitúa en el 0,25%, tras bajar 75 puntos básicos en marzo de 2020 para hacer frente a la crisis del covid-19. Además, el banco central se ha comprometido a mantener los tipos en este nivel durante al menos 12 meses, y ha iniciado un programa de monetización de deuda pública e institucional, para reforzar la economía. Esto se une a la relajación de los criterios de capitalización de los bancos y todas estas medidas tienen el objetivo de reactivar la economía.

Nueva Zelanda tenía superávit público desde 2015, que se situó en el 0,8% en 2018. Para el ejercicio 2019/2020, el Presupuesto esperaba tener un pequeño superávit del 0,4% del PIB, equivalente a 780 millones de euros, mientras que el FMI preveía un superavit del 0,1% en 2019 y cuentas equilibradas en 2020.

Sin embargo, con la crisis del covid-19 se espera un déficit público elevado, por la expansión del gasto público para compensar la paralización económica. En este sentido, se espera que en los dos próximos años el déficit público sea cercano al 10% del PIB.

De cara al ejercicio 2020/2021, Nueva Zelanda esperaba flexibilizar sus objetivos de deuda pública neta, pasando del 20% del PIB al 15-25%, a fin de dejarse margen para políticas fiscales expansivas en el supuesto de una crisis económica. Esta deuda pública neta se situó en el 19,2% del PIB en diciembre de 2019. No obstante, con la crisis del covid-19, la deuda pública se va a incrementar considerablemente y se prevé que alcance un máximo del 55,3% del PIB en 2024.

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Cuadro de principales indicadores macroeconómicos

PRINCIPALES INDICADORES ECONÓMICOS 2016 2017 2018 2019
PIB
PIB (MNZ$ a precios corrientes) 265.857 285.082 297.530 310.965
PIB real (precios 2009/2010) 234.197 241.460 249.135 254.829
Tasa de variación real (%) 3,9% 3,1% 3,2% 2,3%
Tasa de variación nominal (%) 6,0% 7,2% 4,4% 4,5%
INFLACIÓN
Media anual (%) 0,6 1,9 1,6 1,7
Fin de período (%) 1,3 1,6 1,9 1,9
TIPOS DE INTERÉS DE INTERVENCIÓN DEL BANCO CENTRAL
Media anual (%) 2,17 1,75 1,75 1,39
Fin de período (%) 1,75 1,75 1,75 1,00
EMPLEO Y TASA DE PARO
Población (x 1.000 habitantes) 4.747 4.844 4.926 4.951
Población activa (x 1.000 habitantes) 2.649 2.727 2.784 2.760
% Desempleo sobre población activa 5,2 4,5 4,3 4,0
SALDO SECTOR PÚBLICO
% de PIB 1,2 1,4  0,8 0,1
DEUDA PÚBLICA (Bruta)
en MNZ$ 86.727 84.569 89.364 89.105
en % de PIB 32,6% 29,7% 30,0% 28,7%
EXPORTACIONES DE BIENES
en MNZ$ 48.331 53.790 57.495 60.005
% variación respecto a período anterior -1,6% 11,3% 6,9% 4,4%
IMPORTACIONES DE BIENES
en MNZ$ 50.882 55.937 62.719 63.861
% variación respecto a período anterior -1,0% 9,9% 11,9% 1,8%
SALDO B. COMERCIAL
en MNZ$ -2.551 -2.147 -5.224 -3.856
en % de PIB -1,0% -0,8% -1,8% -1,2%
SALDO B. CUENTA CORRIENTE
en MNZ$ -6.129 -8.180 -11.438 -9.233
en % de PIB -2,3% -2,9% -3,8% -3,0%
DEUDA EXTERNA
en MNZ$ 291.245 271.859 283.614 284.713
en % de PIB 109,5% 95,4% 95,3% 91,6%
SERVICIO DE LA DEUDA EXTERNA
en % de exportaciones de b. y s. 7,3 7,1  7,3 6,5
RESERVAS INTERNACIONALES
en MNZ$ 25.557 29.143 26.300 26.458
en meses de importación de b. y s. 4,5 4,7  3,8  3,7
INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA
en MNZ$ (stock) 110.549 115.914 122.276  128.943
TIPO DE CAMBIO FRENTE AL DÓLAR
media anual 0,6970 0,7108 0,6930 0,6593
fin de período (31 diciembre) 0,6920 0,7097 0,6713 0,6735

Fuentes: Statistics NZ; Reserve Bank of NZ. 

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Principales objetivos de política económica

Los principales objetivos de política económica del gobierno neozelandés a medio plazo son mejorar el bienestar y los estándares de vida en Nueva Zelanda, a través de una economía sostenible, productiva e inclusiva. Para ello, buscan reducir su dependencia de los hidrocarburos, reforzar y diversificar su base exportadora, mejorar la calidad del empleo y los salarios, y reducir la pobreza y la desigualdad. Asimismo, en el corto plazo, tanto la política fiscal como la política monetaria van a tener un sesgo claramente expansivo, para ayudar a la economía a salir de la crisis generada por el covid-19 y el cierre de fronteras acordado por el gobierno.

De cara a la consecución de estos objetivos a medio plazo, el gobierno neozelandés se ha puesto como prioridad hacer frente a la escasez de viviendas en varias regiones, mediante la introducción de medidas para facilitar la construcción de viviendas (ayudas a la construcción de vivienda a través del el Housing Infrastructure Fund, incremento del parque de viviendas públicas, reducción de las trabas administrativas, etc.).

Asimismo, en agosto de 2018 se aprobó una reforma de la Overseas Investment Act, que impide (con excepciones muy limitadas) la compra de viviendas y suelo residencial por parte de extranjeros no residentes en Nueva Zelanda.

Por otra parte, el banco central ha introducido medidas macroprudenciales dirigidas a reducir el ritmo de crecimiento del crédito hipotecario, en particular, limitando a los bancos la proporción del valor de la vivienda que se puede cubrir con una hipoteca y la participación de hipotecas en el crédito total de dichos bancos, además de introducir requisitos de capital adicional a los bancos.

Otras medidas del gobierno neozelandés para fomentar un crecimiento estable y sostenible, que beneficie a todos, han sido el aumento gradual del salario mínimo hasta 2020 (hasta alcanzar uno de los niveles más elevados de los países de la OCDE en términos relativos frente al salario medio), aumentar el gasto en I+D hasta el 2% del PIB, creación de un fondo de inversión regional para mejorar las infraestructuras y la educación en las zonas menos avanzadas, etc.

Asimismo, existen presiones políticas para que se flexibilicen las normas de gasto público, de cara a aumentar la inversión en infraestructuras, aprovechando los bajos tipos de interés existentes. De hecho, se ha anunciado una inversión extraordinaria en infraestructuras de 12.100 millones NZD durante los próximos cuatro años, que previsiblemente se incrementará, como medida de reforzamiento de la economía tras la crisis del covid-19.

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Previsiones macroeconómicas

Según las estimaciones del FMI antes de la crisis del covid-19, la economía neozelandesa iba a crecer un 2,7% en 2020 y un 2,6% en 2020, ralentizándose respecto a años anteriores. Esta evolución se sostienía fundamentalmente en unas políticas monetarias y fiscales moderadamente expansivas, y en la continuidad en el crecimiento de la población en edad de trabajar, como consecuencia de niveles significativos de inmigración neta (si bien reduciéndose ligeramente), que compensan el menor crecimiento de la producción e inversión privada, fundamentalmente como consecuencia de las tensiones comerciales internacionales. Además, la política fiscal ligeramente más expansiva a través de la mayor inversión en infraestructuras y viviendas compensa la moderación de la inversión en vivienda del sector privado, como consecuencia de la reducción gradual de la burbuja inmobiliaria.

No obstante, como consecuencia de la crisis del covid-19, que ha paralizado el sector turístico, entre otros, se prevé una recesión significativa en 2020, a pesar de las políticas fiscales y monetarias expansivas aplicadas. Así, el FMI prevé una caída del PIB de Nueva Zelanda del -7,2% en 2020 y un crecimiento del 5,9% en 2021. Las últimas previsiones del gobierno neozelandés son algo más optimistas, en el sentido que la caída del PIB sería menos pronunciada (-3,2% en el año terminado en junio de 2020; -0,4% en el año terminado en junio de 2021), pero la recuperación también sería más lenta (+3,7% en el año terminado en junio de 2022).

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Política fiscal y presupuestaria

De conformidad con la Ley de Hacienda Pública de 1989, el Ministro de Finanzas está obligado a publicar dos documentos de responsabilidad fiscal, que constituyen la base de la política fiscal y los presupuestos del Gobierno.

En la Declaración de Política Presupuestaria (Budgetary Policy Statement), centrada en el corto plazo, se establecen la política, objetivos y prioridades del Gobierno en relación con el presupuesto; en el Informe de Estrategia Fiscal (Fiscal Strategy Report) se expone la estrategia fiscal a largo plazo del Gobierno. Esa obligación aumenta la transparencia y previsibilidad del proceso presupuestario y la política fiscal.

Según la Declaración de Política Presupuestaria 2020, se mantiene el objetivo general en la política fiscal de maximizar el bienestar social (Wellbeing Budget), destacando la lucha contra el cambio climático, la introducción de nuevas tecnologías, el bienestar de las minorías y los niños y la priorización de la salud física y mental. En este sentido, a la hora de presupuestar políticas públicas, todos los departamentos ministeriales deben justificar cómo sus decisiones afectan al bienestar social. Asimismo, se buscaba mantener un pequeño superávit público a lo largo del ciclo económico.

Sin embargo, la crisis del covid-19 ha alterado sustancialmente el enfoque de la política fiscal, que ha pasado a ser altamente expansiva en el presupuesto para el periodo 2020/2021, preveyéndose déficits públicos anuales cercanos al 10% del PIB durante los próximos dos años, que se van a utilizar en financiar subsidios salariales, apoyos a la activiadad empresarial e inversiones en infraestructuras públicas, entre otros aspectos.

De cara al ejercicio 2020/2021, Nueva Zelanda esperaba flexibilizar sus objetivos de deuda pública neta, pasando del 20% del PIB al 15-25%, a fin de dejarse margen para políticas fiscales expansivas en el supuesto de una crisis económica. Esta deuda pública neta se situó en el 19,2% del PIB en diciembre de 2019. No obstante, con la crisis del covid-19, la deuda pública se va a incrementar considerablemente y se prevé que alcance un máximo del 55,3% del PIB en 2024.

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Política monetaria

En Nueva Zelanda la dirección de la política monetaria está a cargo del Reserve Bank of New Zealand (RBNZ), que es el banco central, si bien la misma se implementa por el Comité de Política Monetaria, que está formado por 4 representantes del RBNZ y 3 miembros externos, nombrados conjuntamente por el RBNZ y el Ministro de Finanzas. El objetivo de esa política monetaria es mixto. Combina alcanzar y mantener la estabilidad del nivel general de precios en el medio plazo con apoyar el mantenimiento del máximo nivel de empleo sostenible.

Estos objetivos se implementan a través de un acuerdo (remit), concertado entre el RBNZ y el Ministro de Finanzas, que a partir del 1 de abril de 2019 establece como doble objetivo mantener la inflación entre el 1 y el 3% en el medio plazo, con un promedio del 2%, y apoyar el mantenimiento del máximo nivel de empleo sostenible.

El principal instrumento de que dispone el RBNZ para aplicar la política monetaria es el tipo de interés oficial.

Entre marzo y julio de 2014, el RBNZ subió los tipos de interés hasta 4 veces situándolo en el 3,5%. A partir de 2015, las autoridades monetarias iniciaron una paulatina reducción de los tipos de interés (al 3,25% en junio, 3% en julio, 2,75% en septiembre, 2,5% en diciembre), que prosiguió en 2016 (al 2,25% en marzo, 2% en agosto y 1,75% en noviembre).

Tras un periodo de estabilidad, las bajadas de tipos de interés se han reanudado (bajando al 1,5% en mayo de 2019 y al 1,0% en agosto de 2019), para hacer frente a los riesgos de desaceleración de la economía mundial, especialmente por los posibles conflictos comerciales internacionales.

Como consecuencia de la crisis del covid-19, en marzo de 2020 se acordó en una reunión extraordinaria una bajada de los tipos al 0,25%, se indicó que se mantendrían en este nivel por lo menos 12 meses y se flexibilizaron los mecanismos de préstamo a los bancos. Asimismo, el banco central ha anunciado compras de deuda pública por un valor de 100.000 millones NZD, como mecanismo de contención de los tipos de interés a largo plazo y de financiación del mayor gasto público. Además, no descarta implantar tipos de interés negativos en 2021.

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Políticas estructurales (programas, reformas, etc.)

Entre las debilidades de la economía de Nueva Zelanda cabe destacar su fuerte dependencia de la inversión extranjera, dado que su posición inversora neta internacional se situaba en el -58,4% del PIB en junio de 2020, uno de los déficits más elevados entre los países desarrollados. En todo caso, este déficit se ha mantenido más o menos estable en los últimos años. Por su parte, el déficit de cuenta corriente se situó en el -3,0% del PIB en diciembre de 2019, si bien ha mejorado significativamente en el año terminado en junio de 2020 (hasta el -1,9% PIB), gracias a la fuerte mejoría de la balanza comercial, por la caída pronunciada de las importaciones.

También hay que destacar que Nueva Zelanda ha tenido una significativa burbuja inmobiliaria en los últimos años, que ha llevado a que los precios de la vivienda hayan crecido de forma muy rápida, y estén sobrevaluados en las comparativas internacionales e históricas, tanto en términos de renta disponible como de coste de alquiler.

Dicha burbuja se ha reducido gradualmente en los últimos meses, especialmente en la zona de Auckland (donde más habían crecido los precios), gracias a la ralentización del crecimiento de los precios de la vivienda y la estabilización de la deuda de los hogares. A esta ralentización ha contribuido el endurecimiento de los requisitos macroprudenciales establecidos a los bancos para la concesión de préstamos hipotecarios (limitando el peso relativo de las nuevas hipotecas en los que el valor del préstamo está por encima del 80% del precio de la vivienda; esta ratio se ha fijado en el 65% para inversores). En todo caso, el grado de exigencia de estos requisitos macroprudenciales se está relajando gradualmente en los últimos meses, y se ha suspendido como consecuencia de la crisis del covid-19.

Para evitar una nueva expansión de la burbuja inmobiliaria, el gobierno ha tomado medidas tanto desde el lado de la oferta (flexibilización de los requisitos para la planificación y construcción de nuevas viviendas; desarrollo de un programa público de apoyo a la construcción y compra de primera vivienda en los próximos 10 años a través de entidades públicas) como del lado de la demanda (prohibición casi absoluta a la compra de viviendas por parte de extranjeros no residentes, medidas macroprudenciales limitando el peso relativo sobre el valor de la vivienda de los créditos de compra de viviendas para inversión).

En todo caso, los precios de la vivienda han vuelto a subir significativamente en las últimas semanas, gracias a que las viviendas se están convirtiendo en un activo refugio de muchos ahorradores.

Por otro lado, la reducida productividad constituye otro problema que se explica, al menos parcialmente, por el limitado acceso y menor participación de Nueva Zelanda en las cadenas de valor globales; bajos niveles de inversión, especialmente en I+D (entre los últimos puestos de los países de la OCDE) y márgenes amplios de mejora en sus modelos de gestión empresarial. Así, el crecimiento de la productividad en Nueva Zelanda se sitúa en uno de los niveles más bajos de la OCDE.

Por otra parte, el sistema financiero neozelandés continúa siendo estable y logró salir indemne de la crisis financiera mundial. Sus ratios de solvencia son muy robustos, su rentabilidad elevada y se ha reducido su dependencia de la financiación exterior, aunque ésta sigue siendo significativa. En todo caso, el banco central prevé endurecer los ratios de capital exigidos, para reforzar la estabilidad del sistema, si bien esta reforma no se implementará hasta 2021, como pronto, como consecuencia de la crisis del covid-19.

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