Demanda y Coyuntura

Estructura del PIB por sectores y por componentes del gasto

Respecto a los componentes del PIB por el lado de la demanda, el consumo privado se situó en el 80,4% del PIB en 2018 (FMI), y la formación bruta de capital 12,8% del PIB, mientras que el ahorro bruto llegó al 8,5% del PIB en 2018. 

El FMI considera que para que el crecimiento económico de Sudán pueda acelerarse en el medio plazo se necesita que el gobierno sudanés emprenda las siguientes acciones: a) asignar un gasto racional en sectores productivos clave y en las exportaciones; b) contener la tasa de inflación, c) atraer más remesas de los trabajadores sudaneses en el extranjero; d) mejorar el clima para hacer negocios y generar un ambiente comercial favorable para la inversión; e) unificar los tipos de cambio (oficiales, incentivos, bancos comerciales y las tasas de mercado paralelo) y adoptar el tipo de cambio unificado gradualmente. Aunque recientemente el gobierno adoptó algunas medidas para unificar los tipos de cambio queda aún un largo camino por recorrer en el cumplimiento de los anteriores requisitos. Asimismo, como se ha indicado con anterioridad, dada la situación política actual, parece evidente que el país no está preparado en el presente momento para realizar ningún tipo de reforma.

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Cuadro de PIB por sectores de actividad y por componentes del gasto

PIB (por sectores de origen y componentes del gasto)201320162017
POR SECTORES DE ORIGEN   
AGROPECUARIO33,831,332,6
INDUSTRIA19,52,02,6
PETRÓLEO3,05,11,9
MINERÍA2,0n.d.6,7
MANUFACTURAS8,910,46,9
ELECTRICIDAD Y AGUA0,90,90,3
CONSTRUCCIÓN4,74,83,7
SERVICIOS44,7n.d.0,6
COMERCIO Y RESTAURACIÓN16,516,817,2
TRANSPORTE Y COMUNICACIONES13,314,114,1
FINANZAS, SEGUROS Y ACTIVIDADES INMOBILIARIAS7,77,512,5
SERVICIOS SOCIALES1,0n.d.5,3
ADMINISTRACIÓN PÚBLICA5,46,25,3
OTROS SERVICIOSn.d.2,90,6
TOTAL100100100

Fuente: Banco Central de Sudán y Banco Africano de Desarrollo.
Última actualización: Julio 2018

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Evolución de las principales variables económicas: crecimiento, inflación…

Sudán todavía se encuentra inmerso en un proceso de recuperación del impacto devastador que sobre su economía tuvo la secesión de Sudán del Sur en 2011, que supuso la pérdida del 75% de la producción de petróleo (unos 450.000 barriles/día), así como una de las principales fuentes de divisas, pues las exportaciones de petróleo cayeron de 11.000 MUSD a 2.000 MUSD. El petróleo representaba el 60% de los ingresos públicos y el 85% de los ingresos por exportaciones y había sido el verdadero fundamento de las altas tasas de crecimiento económico registradas en años anteriores (el PIB había crecido una media próxima al 7% en la década anterior). Esta pérdida económica y financiera afectó a todos los sectores de la economía de manera que el crecimiento del PIB se contrajo, la tasa de inflación se disparó hasta alcanzar cifras en torno al 30% y el déficit público comenzó a incrementarse.

Después de la secesión de Sudán del Sur, el crecimiento del PIB disminuyó de un promedio de 7,1% durante la era del petróleo en 2000-2010 a un promedio de 3,3% entre los años 2011-2016. En 2017 y 2018, el crecimiento del PIB real se redujo notablemente, situándose en el 1,7% y -2,1% respectivamente.  Este mal dato económico es reflejo de varios factores: la contracción de las exportaciones del petróleo en un 28,6%; el bajo precio de las exportaciones realizadas; y la reducción de la demanda interna debido a la eliminación progresiva de los subsidios a la energía a partir de 2016, y finalmente la inestabilidad política.

A pesar del levantamiento de las sanciones económicas impuestas desde 1997 por los EEUU a Sudán, en octubre 2017, y lo que suponía en principio el fin del embargo comercial, de la congelación de los activos estatales, y de las sanciones a las instituciones financieras que operaran con Sudán, y a pesar de las grandes expectativas que tenía el gobierno en la llegada de inversiones extranjeras al país y la reducción del coste de la financiación, no obstante, la decisión norteamericana ha tenido un impacto muy modesto en la economía sudanesa debido a que Sudán continúa en la lista de EE.UU. de países patrocinadores del terrorismo, junto a Irán y Siria, por lo que en la práctica pocas entidades financieras internacionales han reanudado sus relaciones financieras plenas con este país

A pesar de la suspensión de las sanciones comerciales de EEUU en enero y posterior derogación en octubre, la inversión extranjera directa (IED), correspondiente a unos 1,1 mil MUSD durante el año 2016, disminuyó hasta alcanzar los 742 MUSD en 2017, para luego repuntar hasta los 927 MUSD en 2018. La mayoría de la IED provenía de países árabes y se invertía principalmente en la agricultura, la minería y el sector de infraestructuras.

Las perspectivas macroeconómicas de Sudán a corto plazo siguen siendo todo un desafío. El país sufre actualmente una grave crisis económica, con alarmante escasez de divisas. La estimación de crecimiento del FMI para 2018 es del -2,1%, y la previsión es de -1,9% para el 2019. Durante el 2017 la inflación se ha visto incrementada hasta llegar a un 32,3% y en 2018 ha continuado aumentando hasta el 63,3%. Esto se ha debido principalmente a la depreciación del tipo de cambio y la monetización del déficit fiscal. 

Además, la implementación de reformas sólidas que se centren en la unificación del tipo de cambio y la retirada de los subsidios son problemas muy sensibles, delicados y de difícil cambio, especialmente para los ciudadanos de bajos ingresos que son altamente vulnerables a los efectos adversos a corto plazo, especialmente si se toman sin medidas compensatorias como ha sucedido en el reciente caso del aumento del precio del pan. Asimismo, el fortalecimiento del entorno empresarial y las asociaciones público-privadas (PPP) serían puntos clave para dar un fuerte impulso a estos esfuerzos reformistas.

La política fiscal todavía se está ajustando a la secesión de Sudán del Sur y la pérdida de los ingresos derivados del petróleo.

Aunque las estadísticas oficiales sitúan el déficit público en 2017 en el 1,8% del PIB, el FMI estima el déficit presupuestario real en dicho año en el 6,6% del PIB y que hubo monetización del déficit. El endeudamiento interno sigue en aumento y se estima que cubrirá el 57,4% del déficit para el año 2018 (en comparación con el 43,2% de 2017). Los préstamos externos (estimados en USD 555,6 millones en 2018) y las donaciones (449,7 MUSD) se obtienen principalmente del Banco Islámico de Desarrollo y de los países del Golfo (45.9%), así como de China e India (12.7%). La deuda pública bruta del Estado muestra unos niveles y trayectoria insostenibles: 121,6% del PIB en 2017 y estimación del 163% en 2018, de acuerdo con el FMI.

El presupuesto aprobado para el año 2019 sitúa los gastos totales en 216.500 millones de libras. El 22% del presupuesto total se ha asignado a gastos de seguridad, defensa y servicios de inteligencia nacionales, mientras que tan solo se dedicará un 2,9% y un 1,6% del gasto público a la sanidad y la educación, respectivamente. Por su parte, las subvenciones representan aproximadamente el 24% del presupuesto de 2018. La escasez de recursos dedicados a la cobertura de las necesidades básicas de la población  es una de las razones del descontento popular y está en el origen de las revueltas que se iniciaron en diciembre de 2018 y que todavía se mantienen.

A pesar de los esfuerzos para aumentar los ingresos no petrolíferos y controlar el gasto, la economía y las finanzas de Sudán permanecerán expuestas a las fluctuaciones de los precios e ingresos del petróleo (aunque en menor medida que en los años anteriores a 2011). También es probable que las tasas de tránsito del transporte del petróleo de Sudán del Sur sean menores de lo esperado, ya sea debido a que la inestabilidad política socave la producción o a la reducción de los peajes acordada entre ambos países. Es importante igualmente asegurar los préstamos de países del Golfo y de Asia (China e India) para financiar proyectos de infraestructuras y minería (oro, cromo y manganeso). Los proyectos en el sector de hidrocarburos avanzan lentamente.

Respecto a la política monetaria, el Banco Central de Sudán (BCS) es la única institución autorizada para emitir la moneda local (la libra sudanesa) y para acreditar bancos comerciales en el país. La libra sudanesa no es libremente convertible y el BCS aplica distintas medidas para el control de divisas. Como consecuencia, existen en el país varios tipos de cambio. Con anterioridad a 2018, el Banco Central de Sudán establecía dos tipos de cambio: un tipo de cambio “indicativo” y otro tipo de cambio “oficial”. Este último se aplicaba a las transacciones públicas y a la valoración de mercancías en aduanas. Se requería que los bancos comerciales y las casas de cambios estableciesen sus tipos de cambio en una banda de +/- 4 % del tipo indicativo. En la práctica, sin embargo, todos ellos operaban en el límite superior. Debido a estas medidas de control de cambios, se ha generado un importante mercado negro de divisas.

En este sentido, la falta de divisas llevó al Gobierno a imponer estrictas medidas de control de cambio, que incrementaron cada vez más la diferencia entre la cotización oficial y la del mercado negro de la libra sudanesa respecto al dólar. Tratando de evitar la masiva desviación de divisas hacia el mercado negro, la autoridad monetaria pretende flexibilizar gradualmente el tipo de cambio. Existe un mercado paralelo difícil de controlar a pesar del intento del Banco Central por "incentivar" el tipo de cambio.

En noviembre de 2016, el BCS devaluó el tipo de cambio comercial que las casas de cambio de divisa estaban autorizadas a utilizar, desde 6,7 libras sudanesas/dólar a 15,8 libras sudanesas/dólar (prácticamente el mismo tipo de cambio existente en el mercado paralelo en los dos meses previos). A su vez, el BCS introdujo el tipo de cambio incentivado para los bancos comerciales (el tipo de cambio comercial del banco más un margen a modo de “incentivo”, acercándose a los valores del mercado paralelo de divisas). De esta forma, se pretendía incentivar las transacciones con el extranjero en el mercado oficial. No obstante, el Banco Central mantuvo el tipo de cambio oficial en 6,2 libras sudanesas /dólar, estando solo disponible para compras limitadas de moneda extranjera. 

A principios de febrero de 2018, ante la escasez de divisas, el BCS volvió a devaluar el tipo de cambio comercial hasta 30 libras/dólar con respecto al dólar y adoptó medidas adicionales como limitar la retirada de depósitos; controlar las operaciones en el mercado negro; y limitar las importaciones. Estas medidas continuaron siendo insuficientes para evitar el mercado negro, y a comienzos de octubre el BCS ha introducido un nuevo sistema de determinación del tipo de cambio, que pasará a ser fijado mediante decisión pactada de un grupo de bancos y casas de cambio. El nuevo cambio se fijó en 47,5 libras/dólar, acercándolo mucho al cambio en el mercado negro entonces existente. Sin embargo la brecha entre el tipo de cambio oficial y el del mercado negro se ha vuelto a reabrir en estos últimos meses, situándose este último actualmente en cerca de 70 libras/dólar. Como reflejo de estas devaluaciones, y a pesar de las restricciones monetarias, la tasa de inflación anual se ha disparado, pasando del 32% en 2017 al 63% en 2018.

Otro problema al que se enfrentan el público y la actividad económica en los últimos meses es la escasez de dinero en efectivo, lo que lleva a largas colas en las ventanillas de los bancos y en los cajeros automáticos. Una de las razones de esta escasez es la dificultad con que se encuentra el banco central para la emisión de papel moneda como consecuencia de las deficiencias y la obsolescencia de las máquinas destinadas a tal fín. Pero también influye en esta situación la mayor demanda por parte del público para atesorar su riqueza de otros modos antes la fuerte inflación, como la compra de divisas y de activos físicos. Para paliar el problema la entidad emisora está intentando emitir denominaciones con mayor valor facial, pero con escaso éxito por el momento.  

Respecto a la posición exterior, lo más destacable es la debilidad estructural de la economía sudanesa, debido principalmente a la pérdida de ingresos procedentes del petróleo tras la secesión de Sudán del Sur y el shock negativo en los términos de intercambio en 2015, agravado además por las políticas expansivas que ha promovido el gobierno sudanés. El déficit por cuenta corriente se amplió desde un 7% del PIB en 2014 (un 4,8% on cash basis) a un 8,2% en 2015 (un 5,9% on cash basis) debido, en gran parte, a los menores precios para las exportaciones de commodities (principalmente ganado, oro, petróleo y sésamo) y por los altos costes de financiación de las importaciones de petróleo. Las importaciones no petrolíferas también aumentaron significativamente. Además, las medidas para aumentar la base exportadora están tardando en implementarse. Se espera también una caída en las remesas de emigrantes procedentes de los países del Golfo. Con posterioridad, el desequilibrio por cuenta corriente se ha mantenido elevado e incluso se ha deteriorado aún más (-10,5% del PIB en 2017 y -14,2% en 2018).

A principios de 2018, el gobierno sudanés estableció una política de restricción de todo tipo de importaciones, mediante la cual todas las operaciones de importación tienen que contar con la autorización del Banco Central Sudanés (BCS). Se trata de una medida que forma parte de la estrategia gubernamental para luchar contra la escasez de divisas que sufre el país, ante la caída de las reservas de divisa del BCS de 1,6 MM USD en 2013 a 829 M USD en 2018, suficiente apenas para 1,1 meses de importaciones. Además, se han establecido una serie de productos prioritarios para la importación, en concreto gasolinas, trigo, azúcar y medicinas. Existen dificultades para conseguir importar productos que no se encuentran en esta lista.

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Cuadro de principales indicadores macroeconómicos

PRINCIPALES INDICADORES ECONÓMICOS 2015  2016  2017 2018
PIB
PIB nominal (MUSD) 65.296 55.787 45.819 33.903
Tasa de variación real (%) 1,9 2,9 1,7 -2,1
INFLACIÓN
Media anual     32 63
Fin de período (%)  16,91 17,75  32,32 63,29 
EMPLEO Y TASA DE PARO
Población (miles) 38.400 39.600 40.780 42.000
% Desempleo sobre población activa 22 20,6 19,6 19.5 
DÉFICIT PÚBLICO
% de PIB -3.8 -4.4 -6.6 -8.5 
DEUDA PÚBLICA
en M de libras sudanesas        
en % de PIB  82,3  99,5 121,6 163
EXPORTACIONES DE BIENES
en MUSD 3.169 3.094 4.100 3.485 
% variación respecto al período anterior -28,8 -2,3 32,5 -14 
IMPORTACIONES DE BIENES
en MUSD 8.558 7.480 8.220 7.065
% variación respecto al período anterior 12,6 -9,9 14,0 -14,7
SALDO B. COMERCIAL
en MUSD -5.389 -4.386 -4.120 -3.580
en % de PIB        
SALDO B. CUENTA CORRIENTE (cash basis)
en MUSD        
en % de PIB -8,3 -7,5 -10,5 -11,5
DEUDA EXTERNA
en MUSD 49.750 52.380 56.111 58.024
en % de PIB        
SERVICIO DE LA DEUDA EXTERNA
en MUSD (pagado, estimado)        
en % de exportaciones de b. y s.        
RESERVAS INTERNACIONALES
en MUSD 1.003 875 997 829
en meses de importación de b. y s. 1,7 1,2   1,1 
INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA
en MUSD 1.870 1.132 742   927
TIPO DE CAMBIO FRENTE AL DÓLAR
media anual 6,1 6,0  6,7 32,3
fin de período (oficial) 6,0 6,1  6,7 47,5 

Fuentes: Autoridades sudanesas, FMI y elaboración propia
Última actualización: junio 2019

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Principales objetivos de política económica

El programa de reforma económica (FYPER, 2015-19) tiene como objetivos mejorar la estabilidad macroeconómica y sostener el crecimiento inclusivo. Otros objetivos son la revitalización de la agricultura y el aumento de la producción minera, incluyendo las exportaciones de oro y de otros bienes no minerales. Además, se espera que a través de la aplicación del FYPER 2015-19 aumente la inversión pública y se fortalezcan las redes de seguridad social en apoyo del desarrollo sostenible y al crecimiento inclusivo. No obstante, el acceso limitado a la financiación externa, la carga que supone una deuda externa insostenible y la ruptura con la banca corresponsal extranjera siguen siendo grandes desafíos. Asimismo, la inestabilidad en el sur de Sudán, el posible fracaso del diálogo nacional y las presiones sociales, que han supuesto el derrocamiento de Omar al-Bashir tras 30 años en el gobierno, han provocado la paralización del crecimiento económico y la incertidumbre tanto política como económica.

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Previsiones macroeconómicas

Por todo lo dicho anteriormente, parece evidente que el actual cuadro macroeconómico de Sudán es complicado, y que el PIB seguirá con su tendencia negativa. La fuerte devaluación de la moneda está demostrando no ser suficiente para recuperar el equilibrio externo y paliar la escasez de divisas, pero se requieren nuevas medidas tanto de política fiscal y monetaria como de mejora del clima de negocios —con especial relevancia de la mejora del sistema bancario y de los sistemas de control de la corrupción y del blanqueo de capitales —. En el mismo sentido la resolución de los conflictos internos —incluyendo la guerra en Darfur, en Kordofan Sur y en la región del Nilo Azul— y la mejora de las infraestructuras ayudarían significativamente a aumentar la tasa de crecimiento.

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Política fiscal y presupuestaria

La política fiscal todavía se está ajustando a la secesión de Sudán del Sur y la pérdida de los ingresos derivados del petróleo.

El gobierno sudanés ha intentado en los últimos años aplicar una serie de reformas fiscales, que incluyen, entre otras, la racionalización del gasto, el aumento de los ingresos tributarios y la eliminación gradual de los subsidios a los combustibles, gas, electricidad, cereales y medicamentos. El problema es que estas medidas de ajuste deberían complementarse con otras medidas de apoyo a las capas más desfavorecidas de la sociedad, por una parte, y que, además, deberían complementarse con un fuerte apoyo financiero externo multilateral que, en las actuales circunstancias, no es posible.

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Política monetaria

Respecto a la política monetaria, resulta relevante resaltar que, tras la secesión de Sudán del Sur, todas las medidas de política monetaria han estado condicionadas por el descuadre presupuestario. A pesar de los esfuerzos por reducir el gasto en ciertas partidas, en una situación sin apenas reservas internacionales, el Gobierno de Sudán se ha visto obligado a financiar en parte el déficit público monetizándolo, es decir, imprimiendo moneda.

La autoridad monetaria, el Banco Central de Sudán gestiona la política monetaria, principalmente, a través de la emisión de los “Islamic government certificates” y de otro tipo de “government certificates”, fijando los requisitos de reservas y modificando los tipos de cambio con el objetivo de promover la estabilidad de los precios y del tipo de cambio. Resulta conveniente señalar que la aplicación de tipos de interés está prohibida, ya que nos encontramos ante un sistema de banca islámica que se rige por la “sharía”. Además, es importante tener presente que la alta circulación de dinero, fuera de los canales oficiales, reduce la eficacia de la política monetaria.

La continua monetización del déficit, aunque a una tasa reducida, junto a la baja intermediación financiera han contribuido a reducir el crédito al sector privado. Por este y otros motivos, el FMI continúa pidiendo al Banco Central de Sudán un endurecimiento de la política monetaria: limitando las actividades cuasi fiscales y alentándole a que establezca una reserva de dinero de anclaje, mientras desarrolla el mercado interbancario y las subastas de dinero para favorecer la intermediación y absorber el exceso de liquidez bancaria. Sin embargo, considerando la situación política del país, resulta poco probable que se consigan avances en la mayoría de estas recomendaciones.

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Políticas estructurales (programas, reformas, etc.)

Sudán está abocado a acometer reformas estructurales de vital importancia para restaurar el equilibro macroeconómico perdido tras la secesión del sur del país.

El objetivo a largo plazo es diversificar la estructura económica del país, que ha estado excesivamente sesgada hacia el sector petrolero en los últimos años. El sector agrícola, agroindustria, textil y telecomunicaciones se perfilan como aquellos con mayor capacidad de crecimiento, además del petrolero y minería.

En 2014 se adoptó un nuevo programa del FMI, el Staff Monitor Programme (SMP) y un programa de reforma económica a desarrollar durante 5 años (FYPER, 2015-19) destinado a mejorar la estabilidad macroeconómica y sostener el crecimiento inclusivo.

Las recomendaciones del Fondo, contenidas tanto en el SMP como en los últimos informes del Artículo IV, para que Sudán pueda lograr un crecimiento sostenido pasan por aplicar políticas fiscales prudentes (priorizando políticas sociales y el sector agrícola) y por controlar la inflación con una política monetaria coherente y flexibilizando el tipo de cambio. Estas reformas son necesarias para restaurar la estabilidad macroeconómica y fomentar el crecimiento. También es necesario fortalecer el sistema de seguridad social para apoyar a los más vulnerables y acelerar las reformas estructurales para mejorar el entorno empresarial y fomentar la inversión privada y la creación de empleo.

Actualmente el FMI considera al país en situación de crisis de deuda y estima que necesita tomar medidas de ajuste urgentes. El país es elegible para la iniciativa HIPC (Heavily Indebted Poor Countries), pero no ha alcanzado el punto de decisión. La elevada deuda externa y los atrasos están obstaculizando el acceso a la financiación externa que tiene un gran peso en el desarrollo. El FMI anima a las autoridades sudanesas a que sigan colaborando con sus socios internacionales para asegurar un apoyo integral para el alivio de la deuda, lo que allanaría el camino para la inversión extranjera, la financiación del crecimiento y la reducción de la pobreza. En este contexto la firma de un nuevo SMP podría ser la llave para incorporar plenamente a Sudán en la iniciativa HIPC, aplicar la "opción cero" y condonar la deuda oficial del país.

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