Demanda y Coyuntura

Estructura del PIB por sectores y por componentes del gasto

De acuerdo con los datos del NESDB, en el año 2020 el sector primario supuso el 8,6% del PIB, el sector secundario el 30,4% y el terciario el 61,0%. Con respecto a los años anteriores, expuestos en el cuadro, la contribución del sector primario e industrial ha decrecido, en favor del sector servicios.

El análisis de la estructura del PIB por componentes del gasto en 2020 refleja que la mayor parte del gasto ha derivado de la demanda interna. En concreto, el consumo privado es el que mayor peso ha tenido, con una aportación del 53,2% del PIB. El gasto de consumo final privado cayó ligeramente con respecto al año anterior (-1,22%), debido principalmente al debilitamiento del poder adquisitivo de los hogares por los menores ingresos. Sin embargo, la caída de este componente del gasto fue relativamente más baja que la de todos los demás, especialmente comparado a la caída que sufrieron tanto las importaciones como las exportaciones.

El consumo público, al igual que el consumo privado, ha experimentado un crecimiento relativo en el último año hasta alcanzar el nivel del 17,8% del PIB. Por otro lado, la inversión (pública y privada) ha supuesto el 23,2% de este, por lo que vemos que se mantiene bastante estable en comparación con los años anteriores.

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Cuadro de PIB por sectores de actividad y por componentes del gasto

PIB POR SECTORES DE ACTIVIDAD (%)

2018

2019

2020

2021 S1

AGROPECUARIO

8,2

8,1

8,6

8,8

INDUSTRIAL

32,2

31,1

30,4

31,8

MINERÍA

2,5

2,4

2,1

2,2

MANUFACTURAS

26,7

25,6

25,2

26,5

ELECTRICIDAD Y GAS

2,6

2,6

2,6

2,7

AGUA Y RESIDUOS

0,4

0,4

0,4

0,4

SERVICIOS

59,6

60,7

61,0

59,4

CONSTRUCCIÓN

2,5

2,5

2,7

2,9

COMERCIO

15,8

16,2

16,8

16,3

TRANSPORTE Y ALMACENAMIENTO

5,8

5,8

4,9

4,6

HOSTELERÍA

5,6

6,1

4,0

3,4

INFORMACIÓN Y COMUNICACIÓN

2,4

2,6

2,9

2,8

FINANZAS

7,6

7,5

8,2

8,3

INMOBILIARIO

2,4

2,5

2,7

2,7

ACTIVIDADES CIENTÍFICAS Y TÉCNICAS

1,7

1,7

1,7

1,7

SERVICIOS ADMINISTRATIVOS Y DE APOYO

1,6

1,6

1,4

1,3

ADMINISTRACIONES PÚBLICAS

5,8

5,9

6,5

6,5

EDUCACIÓN

4,0

4,0

4,4

4,4

SANIDAD Y TRABAJO SOCIAL

2,1

2,2

2,4

2,3

ENTRETENIMIENTO Y CULTURA

0,6

0,7

0,7

0,7

SERVICIOS DEL HOGAR

1,3

1,3

1,3

1,3

OTROS SERVICIOS

0,2

0,2

0,2

0,2

PIB POR COMPONENTES DEL GASTO (%)

2018

2019

2020

2021 S1

CONSUMO

65,7

66,6

71,0

69,2

Consumo privado

49,4

50,2

53,2

51,9

Consumo público

16,3

16,3

17,8

17,2

FORMACIÓN BRUTA DE CAPITAL FIJO

23,0

22,7

23,2

24,2

EXP. DE BIENES Y SERVICIOS

65,5

60,1

51,8

55,3

Exportaciones de bienes

50,0

45,0

45,4

50,8

Exportaciones de servicios

15,4

15,0

6,3

4,5

IMP. DE BIENES Y SERVICIOS

56,5

50,6

46,8

55,9

Importaciones de bienes

45,6

40,1

37,4

44,2

Importaciones de servicios

10,9

10,6

9,4

11,7

CAMBIO EN INVENTARIOS

2,4

1,2

0,8

5,9

DISCREPANCIA ESTADÍSTICA

0,9

1,0

0,6

1,3

           

Fuente: NESDB

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Evolución de las principales variables económicas: crecimiento, inflación…

A ritmo del Sudeste Asiático, Tailandia creció al 6-7% en los últimos 60 años, con picos del 9-10% y la grave crisis de 1997-98, de la que se recuperó rápido. Esto ha elevado el PIB per cápita hasta 7.807 $ en 2019, 19.277 $ en PPA, según datos del Banco Mundial. Es considerado como un caso de éxito y un país de ingreso medio-alto. El Índice de Desarrollo Humano de UNDP ha pasado de 0.57 en 1990 (91º de 130 países) a 0,78 en 2020 (79º de 189). Agotados los motores de la economía, el crecimiento se había moderado en los últimos años, hasta que la pandemia de COVID-19 terminó de poner la puntilla a la economía tailandesa.

Si bien las previsiones para 2020 no eran especialmente halagüeñas (crecimiento del 2,5% en un marco de incertidumbre internacional), la crisis del coronavirus dañó profundamente la economía tailandesa. El PIB se contrajo un 6,1%, lo que se puede acusar a las restricciones derivadas de la pandemia, a la reducción del comercio internacional y, sobre todo, a la prohibición de entrada a viajeros internacionales en un país tan dependiente del turismo. Es el segundo descenso más acusado en Asia, tras Filipinas. En cuanto a 2021, las previsiones han ido modificándose a la baja conforme avanzaba el año, debido al retraso en la apertura del turismo, a un contexto internacional desfavorable y, finalmente, a la crisis sanitaria a causa de la tercera y cuarta ola de COVID-19, las cuales asolaron el país de forma mucho más fuerte que en 2020. Si al principio del año se pronosticaba un crecimiento del 6%, las últimas cifras del World Bank y del Bank of Thailand se encuentran en tan solo un 1,0% y un 0,7%.

El presupuesto del año fiscal 2020 se publicó tras meses de retraso y quedó pronto desbordado. El déficit acabó en el 6,7% del PIB, como consecuencia de la aplicación de paquetes de ayuda a las rentas, estímulo del gasto y soporte a las empresas. En marzo se anunció el primero por 12.000 M $ y otro por 4.000 M $. En abril el tercero por 53.000 M $. En total el 15% del PIB. La mitad tuvo coste presupuestario, otras medidas fueron monetarias y financieras. Algunas se ejecutaron rápidamente, otras no tanto. Se financió en parte con endeudamiento dentro del margen que permite una deuda pública que partía del 43% y ya pasa del 60%.

Se ha constituido un Centro Coordinador de la estrategia económica post COVID. Se apunta a una pobre coordinación de la acción gubernamental, la cual parece desnortada. El presupuesto para el año fiscal 2021 se ha aprobó con un aumento del gasto del 2,8% y un incremento considerable del déficit hasta el 7,0% del PIB. Esta predicción seguramente tenga que ser modificada al alza debido a la posibilidad de nuevas medidas de alivio económico y a un crecimiento del PIB menor del esperado.

En 2020 el IPC descendió un -0,85% por el descenso en alimentos y combustibles. Los bajos precios de los alimentos frescos y una inflación subyacente baja (0%) pueden cronificarse en deflación. En 2021, la inflación ha comenzado a repuntar, siendo en septiembre del 1,68% interanual. Sin embargo, el repunte es achacable a la subida de precios de la energía y el transporte, ya que los precios de los alimentos siguen bajando. En 2019 la tasa alcanzó el 0,7% y en 2018, un 1,1%. En total, son ya seis los años por debajo del objetivo de inflación del gobierno (entre el 1,5% y el 2,5% anual).

El desempleo en marzo 2020 era un envidiable 1,1%, cifra que no ocultaba el empleo precario y el subempleo de baja productividad. En 2019 ya se registraron descensos en el empleo industrial con cierres de fábricas que se agravaron en 2020 por una situación crítica para la industria y para el turismo. Se viene hablando de entre 4 y 10 millones de empleos en riesgo, un escenario inconcebible antes del año pasado. El desempleo registrado a mitad de 2021 era del 1,9%, aunque este dato es muy poco fiable, debido al subempleo y la generalización del empleo informal.

El Baht (THB) se apreció en 2018 y 2019 un 8,8% frente al $, fue la divisa asiática más fuerte. La acumulación de reservas y el superávit corriente la convirtieron en moneda refugio. Para frenarlo, el Bank of Thailand rebajó el tipo de referencia 25 puntos básicos dos veces, sin resultado. En marzo 2020, ante las perspectivas negativas causadas por el coronavirus, el Bank of Thailand volvió a recortar el tipo de interés de referencia 25 puntos básicos para luego volver a bajarlo otros 25 puntos en mayo, dejándolo en el 0,50% hasta hoy. A principios de 2020, el Baht se depreció un 10% frente al dólar, tras el cambio de ministros económicos y del Gobernador del Bank of Thailand, pero en el segundo semestre se volvió a apreciar, para acabar el año tal y como lo empezó. En 2021, el Baht se ha depreciado constantemente contra el dólar, sumando un 11,2% en lo que va de año, volviendo a niveles de 2018.

La balanza comercial y la balanza por cuenta corriente han tenido superávit en los últimos años. El superávit corriente fue el 11% del PIB en 2017 por los ingresos del turismo y el superávit comercial. En 2018 se redujo al 7,5% y en 2019 fue del 6,8% pero se siguieron acumulando reservas. En 2020 las importaciones, las exportaciones y, sobre todo, los ingresos por turismo se redujeron considerablemente. Aun así, gracias a la bajada de las importaciones, siguió existiendo superávit por cuenta corriente, hacia el 3,25% del PIB. Las reservas son 234,430 M$ en marzo (13,6 meses de importaciones).

En 2019 la exportación se redujo el 2,6%, con electrónica y caucho como partidas más afectadas. Joyería y metales preciosos evitaron una caída mayor.  La importación bajó un 4,6%, en gran medida debido al retroceso en la compra de materias primas y productos intermedios para las manufacturas a exportar. En 2020 se registró un descenso de ambas al tener Tailandia una industria (automoción, electrónica) muy integrada en las cadenas de valor. Las importaciones bajaron un 14,2%, mientras que las exportaciones se contrajeron en un 5,85%, con gran efecto macroeconómico, al representar estas un 46% del PIB. La gran dependencia de la exportación es una grave vulnerabilidad.

En 2019, pese a la apreciación del Baht, llegaron 40 millones de turistas, el 27% chinos. El país era altamente dependiente de un sector que suponía más del 15% del PIB y más del 18% del empleo. Los ingresos crecieron a ritmo algo menor. En el primer semestre 2020 cayeron dramáticamente (-76%) con un descenso aún mayor (rayando en el 99%) en el segundo. El sector está devastado.

La inversión extranjera se desplomó tras el golpe de estado de 2014. Desde entonces es un país emisor neto de capital. La entrada de inversión directa se recuperó hasta 13.180 M$ en 2018 para descender otra vez en 2019 a 4.816 M$ y tornarse negativa en 2020 (-4.764 M$), por la importante desinversión de la venta de la británica Supermercados Tesco. En cuanto a su inversión en el extranjero, fueron 14.214 M$ y 17.367 M$ en 2017 y 2018 para descender a 10.144 M$ en 2019 y volver a aumentar hasta 18.050 en 2020. Varias empresas tailandesas son importantes inversores en Asia con intereses en Europa y algunos en América.

 

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Cuadro de principales indicadores macroeconómicos

 

PRINCIPALES INDICADORES ECONÓMICOS

2018

2019

2020

2021 S1

Evolución del PIB (%)

4,8

2,4

-6,1

1

PIB por habitante ($) (PPP)

18.527

19.276

18.100

9.141

PIB absoluto (M $) (p corrientes)

506.514

543.549

510.393

257.748

IPC (var últ 12 meses %) 

1,1

0,7

-0,85

1,68

Tasa de Descuento (%) 

1,5

0,75

0,5

0,5

Desempleo (%) 

1,2

1,1

1,9

1,9

Exportaciones (M$) 

252.486

246.244

231.296

199.869

Exportaciones a UE (M $)

22.407

21.160

17.654

16.005 

Importaciones (M $)

249.232

237.727

206.991

197.981

Importaciones desde UE (M$)

22.906

23.009

17.280

15.024 

IED recibida (M$) (neta) 

13.180

4.816

-4.764

N/D

IED emitida (M$) (neta) 

17.367

10.144

18.050

N/D

Saldo por cuenta corriente (% PIB)

7,5

6,8

3,3

-1,7

Reservas exteriores (M $) 

205.641

224.300

258.134

244.668

Saldo presupuestario (% PIB)

-2,5

-2,5

-6,7

-10,1

Deuda externa (M $)

163.100

171.900

190.000

204.147

% servicio de la deuda/exportaciones 

6,87

6,21

7,81

N/D

Tamaño sector público (% PIB) 

21,4

21,8

25,3

26,6

Fuente: World Bank; Bank of Thailand; NESDB; Ministry of Commerce; Trade Map

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Principales objetivos de política económica

Los objetivos de la política económica a medio y largo plazo pueden dividirse en tres grandes áreas:

1.    Desarrollar una política macroeconómica expansiva orientada a alcanzar tanto objetivos a corto como a largo plazo de la agenda de reformas del gobierno.

2.    Salvaguardar la estabilidad financiera.

3.    Desarrollar el potencial de crecimiento.

A este respecto, a corto plazo, la política fiscal debería asegurar la gestión prudente de los recursos públicos mientras que sirve al propósito de inducir un crecimiento económico sostenido. Además, el gobierno buscará la movilización de ingresos mediante la mejora en el cumplimiento de las obligaciones tributarias y la gestión de las finanzas públicas, así como el objetivo de ampliar las bases de ingresos. Para mantener la estabilidad financiera, han tomado la decisión de incluir a las Instituciones Financieras Especializadas bajo la supervisión y regulación del Bank of Thailand. Asimismo, el gobierno prepara una nueva ley de responsabilidad fiscal y una reforma sobre los precios de la energía para reducir las subvenciones cruzadas entre fuentes energéticas.

Por otro lado, las reformas estructurales estarán encaminadas a los siguientes objetivos:
- Fortalecer la posición financiera de las compañías propiedad del Estado (SOE por sus siglas en inglés) para limitar futuras cargas fiscales y reestructurar la organización.
- Promover la eficiencia y la transparencia de las operaciones realizadas por las SOE.

- Aumentar el valor añadido de la producción mediante un plan a 7 años por el BOI

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Previsiones macroeconómicas

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ajustó en Octubre la previsión de crecimiento del PIB, del 2,7% al 1,0% para 2021 (ya la había reducido en Enero del 4,0% al 2,7%), lo que convierte a Tailandia en el país con el peor desempeño entre todos los de la ASEAN, que tendrán una mayor recuperación. La revisión se atribuye al retraso en la apertura del país al turismo y la crisis sanitaria a causa de la tercera y cuarta ola de COVID-19. El Bank of Thailand y el Ministerio de Finanzas también han recortado su pronóstico de crecimiento económico al 0,7% y el 1,3% desde el 3,0% y el 2,8% esperado en abril.

En lo que respecta al año 2022, las predicciones oscilan entre un crecimiento del 2,9%, pronosticado por The Economist Intelligence Unit y el 4,5% pronosticado por el FMI. En medio quedan el 3,9% del Banco Asiático de Desarrollo y el 3,7% del Bank of Thailand.

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Política fiscal y presupuestaria

En septiembre de 2020 el Parlamento aprobó los presupuestos para el año fiscal 2021 (octubre de 2020 a septiembre de 2021). El gasto público aumentó con respecto al del año 2020, y los ingresos cayeron, debido la pandemia. Como resultado, el déficit fiscal se amplió. Si ya el déficit del año fiscal 2020 fue muy elevado respecto a los años anteriores (6,4%), en el año fiscal 2021 este llegó hasta el 10,1% del PIB.

En cuanto a los detalles de la asignación presupuestaria, las medidas para desarrollar la competitividad del país recibieron un impulso significativo en la financiación, principalmente reflejado en el gasto adicional en infraestructura y proyectos del Eastern Economic Corridor (EEC), parte del plan de 20 años del gobierno "Tailandia 4.0" para acelerar el desarrollo económico. Además, los planes de alivio de la pobreza y la desigualdad recibieron un modesto aumento de la financiación para reforzar la seguridad social y fomentar la creación de crecimiento.

El presupuesto para el año fiscal 2022 asciende a 3,1 billones de baht, lo que supone una ligera reducción respecto a los 3,28 billones de 2021. Esta cantidad inferior refleja la aversión del gobierno a incurrir en déficits presupuestarios y su deseo de volver a los niveles de gasto anteriores a la pandemia. El problema es que los planificadores construyeron el presupuesto de 2022 basándose en el supuesto de que la economía se expandiría entre el 2,5% y el 3,5% en 2021 y entre el 4% y el 5% en 2022.

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Política monetaria

El desarrollo de la política monetaria cambió tras la crisis financiera de 1997 y la intervención del FMI. Desde entonces el Bank of Thailand fija su objetivo en términos de inflación (entre 1,5 y 2,5 anual), a fin de mantener la estabilidad de precios.

Igualmente tiene encomendados objetivos de crecimiento, por lo que el Consejo de Política Monetaria actúa en favor del crecimiento una vez conseguido el objetivo de estabilidad de precios. El Bank of Thailand es un organismo independiente, cuyo Consejo de Política Monetaria, integrado por siete miembros -tres del Bank of Thailand (BOT) y cuatro miembros externos - es responsable de decidir el rumbo de la política monetaria.

En diciembre de 2019, se votó por unanimidad la reducción del tipo de interés en 0,25 puntos porcentuales de 1,25 a 1%. El Consejo evaluó que la economía se expandiría a una tasa mucho más baja en 2020 que el pronóstico anterior debido al brote de COVID-19, la promulgación tardía de la Ley de Gastos Presupuestarios Anuales y la sequía.

Debido a la COVID-19, ha habido una necesidad urgente de coordinar las medidas financieras y fiscales, así como de apoyar la provisión de liquidez y la reestructuración de la deuda de las empresas y los hogares. En marzo de 2020, el Comité celebró una reunión especial y votó, por unanimidad, reducir el tipo de interés en 0,25 puntos porcentuales, de 1,00 a 0,75%, con efecto el 23 de marzo de 2020. Esto se ha debido a que el impacto del brote de COVID-19, el cual ha afectado gravemente a la economía. Finalmente, se redujo la tasa de interés en 0,25 puntos porcentuales nuevamente hasta un mínimo histórico del 0,5% el 20 de mayo de 2020.

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Políticas estructurales (programas, reformas, etc.)

Se es consciente de la necesidad de llevar a cabo políticas estructurales que incrementen el crecimiento potencial a medio y largo plazo y mantengan la competitividad, por lo que se realizaron algunas variaciones con respecto al Plan de Infraestructuras anterior que quedaron plasmadas en el nuevo plan de 2015-2022. Las más importantes son la reducción de la inversión en infraestructuras ferroviarias (aunque sigue siendo la inversión más importante como se ha comentado en apartados anteriores) y el aumento en inversiones aeroportuarias, lo que incrementaría el gasto final del proyecto hasta los 3,3 billones de bahts (84.500 millones de euros).

Otro aspecto importante a tener en cuenta es la necesidad de mejorar la distribución de la renta entre regiones, ya que la brecha entre las zonas más ricas (Bangkok y centro) frente a las pobres (nordeste, norte y extremo sur) está creciendo. La BCG (bio, circular, green) economy es el modelo que maneja el gobierno para revitalizar una economía golpeada por la pandemia COVID-19. El modelo pretende crear un crecimiento inclusivo en la sociedad, centrándose en cinco sectores: alimentación, sanidad, energía sostenible, turismo y economía creativa.

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