Demanda y Coyuntura

Estructura del PIB por sectores y por componentes del gasto

La desaceleración económica que viene experimentando Uruguay durante los últimos 5 años se acentuó en 2019, que cerró con un exiguo crecimiento del PIB del 0,2%. La clave de este estancamiento en 2019 se encuentra en el escaso dinamismo del consumo; un entorno internacional más complejo, donde las exportaciones uruguayas se han visto afectadas por la crisis financiera de Argentina, la política de Brasil y la menor demanda global; y la caída de la inversión (la Formación Bruta de Capital disminuye un 17% desde 2016, repuntando apenas el 1,4% en 2019) que puede condicionar el potencial de crecimiento futuro de la economía uruguaya.

Transporte, Almacenamiento y Comunicaciones sigue siendo el sector que más contribuyó al crecimiento del PIB, con 0,7 puntos porcentuales más que en 2018, al aumentar un 3,4%. Dentro de este rubro, el sector TIC sigue mostrando su gran dinamismo, creciendo un 4,4% en 2019 y acumulando un aumento del 65% desde 2014. El Suministro de Electricidad, Gas y Agua, también tuvo un comportamiento muy positivo, explicado por la mayor generación de energía eléctrica para exportación, y aumentó su participación en 0,2 puntos porcentuales en el PIB.

El sector de Comercio, Reparaciones y Hostelería se vio perjudicado por la menor demanda de turistas, principalmente argentinos, y redujo su aporte al PIB en 0,2 puntos porcentuales – en 2019 llegaron 1,7 millones de visitantes, un 18,6% menos que en 2018. La Ganadería, Agricultura y Silvicultura tuvieron una contribución negativa de -0,3 puntos porcentuales, reflejando una menor actividad de los frigoríficos cárnicos.

La Industria Manufacturera continúa en recesión, disminuyendo un 1% en 2019, equivalente a un (1) punto porcentual menos al PIB, aunque la industria maderera aumentó su actividad ligeramente un 2%. El sector de la Construcción sigue disminuyendo su aporte al PIB desde 2014 – en 2019 contribuyó con un (1) punto porcentual menos, un 2% menos respecto al año anterior. El sector de Otras Actividades se contrajo un 1% y aportó dos puntos porcentuales menos al PIB en 2019.

En cuanto a la participación en el PIB de los componentes del gasto final, en 2019 se registró un leve aumento del Consumo Privado hasta el 74,9% del PIB (74,7% en 2018), mientras que el Consumo Público se mantiene constante en el 10,3%. Como se mencionó anteriormente, la caída de la inversión continuó en 2019, pasando la participación de la Formación Bruta de Capital del 17,5% del PIB en 2018 al 17% (en 2014 su contribución era del 22,9%). La Exportación de bienes y servicios aumentó ligeramente (1,2%) en 2019 y alcanzar el 28,3% del PIB (28,0% en 2018), apoyadas por la recuperación en las exportaciones de soja y la apertura del mercado japonés a las carnes bovinas uruguayas. Las importaciones se mantuvieron estables y su aporte no varió -30,5% del PIB. 

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Cuadro de PIB por sectores de actividad y por componentes del gasto

PIB (por sectores de origen y componentes del gasto) Precios constantes de 2005 2014 2015 2016 2017* 2018* 2019*
% % % % % %
POR SECTORES DE ORIGEN
AGROPECUARIO, PESCA, Y MINERÍA 6,5 6,4 6,5 5,9 6,2 5,9
MANUFACTURAS 12,9 13,5 13,4 12,6 12,6 12,5
CONSTRUCCIÓN 5,4 5,0 4,8 4,6 4,4 4,3
COMERCIO, REPARACIONES, RESTAURANTES Y HOTELES 14,1 13,5 12,9 13,3 12,9 12,7
TRANSPORTE, ALMACENAMIENTO, Y COMUNICACIONES 16,4 17,1 18,2 19,4 20,4 21,1
ELECTRICIDAD, GAS, Y AGUA 2,4 2,3 2,4 2,4 2,4 2,6
OTRAS ACTIVIDADES (1) 25,3 25,3 25,0 24,6 24,2 24,0
Impuestos menos subvenciones sobre los productos 17,0 16,9 16,8 17,2 16,9 16,9
TOTAL 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
POR COMPONENTES DEL GASTO
CONSUMO 85,6 85,1 84,1 85,2 85,0 85,2
...Consumo Privado 75,2 74,5 73,3 74,8 74,7 74,9
...Consumo Público 10,4 10,6 10,7 10,4 10,3 10,3
FORMACIÓN BRUTA DE CAPITAL 22,9 20,7 19,6 16,6 17,5 17,0
...Sector público 4,8 4,2 4,5 3,1 3,2 3,2
…Sector privado 18,2 16,6 15,5 13,4 12,6 12,8
EXPORT. DE BIENES Y SERVICIOS 29,5 29,2 28,7 29,9 28,0 28,3
IMPORT. DE BIENES Y SERVICIOS -37,9 -35,0 -32,3 -31,7 -30,5 -30,5

Fuente: OFECOMES Montevideo en base a cifras del Banco Central del Uruguay. Última actualización: Mayo 2020 

*Datos preliminares. 

(1) Incluye Servicios de Actividades inmobiliarias, Financieros, Prestados a las empresas, del Gobierno general, Sociales, de esparcimiento y personales y el ajuste por los Servicios de intermediación financiera medidos indirectamente (SIFMI). La suma de los parciales puede no coincidir con el total debido al redondeo de las cifras.

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Evolución de las principales variables económicas: crecimiento, inflación…

La economía uruguaya experimentó entre 2003 y 2014 un elevado crecimiento económico. En este periodo, se produjo una disminución histórica del desempleo y la informalidad, crecimiento del salario real y mejora de la distribución del ingreso y del poder adquisitivo.
El crecimiento se ralentizó entre 2015 y 2017. Aunque en ese año, 2017, la reactivación de las economías argentina y brasileña y la apertura y consolidación de nuevos mercados, como China (que pasó a convertirse en el primer cliente del Uruguay) y el consiguiente tirón del sector exterior permitieron a Uruguay crecer un 2,7%.
El año 2018 comenzó con expectativas positivas, pero la sequía que afectó al sector agrario produjo una desaceleración del crecimiento, que se quedó en el 1,6%. La sequía afectó también a la producción argentina y afectó sensiblemente a Uruguay que sufrió un parón económico por la caída de la demanda y del turismo argentino (70% del total).
En 2019, el estancamiento continuó a lo largo de todo el año, cerrándose el mismo con un crecimiento del PIB del 0,2% mientras que el año 2020 va a estar marcado por la crisis de la COVID-19 y se espera cerrar el año con una caída del PIB entre el 3,5 y el 4%. Actualmente, las fronteras siguen cerradas para la entrada de cualquier turista, con la consiguiente pérdida de ingresos, y se permite la entrada al país solo por motivo de negocios y mediante una excepción. Asimismo, se ha producido un fuerte aumento del gasto social y de las líneas de ayudas a las empresas y se ha producido una caída de los ingresos del Estado. El sector exterior también se ha visto afectado, aunque de modo mucho más limitado, ya que las exportaciones de los productos primarios no han visto su demanda muy afectada por la pandemia.
Los desafíos para el nuevo Gobierno son conseguir reducir el déficit público, la deuda exterior y el desempleo, aumentar la productividad y la formación de la mano de obra, reducir la inflación y reformar el sistema educativo y el sistema de pensiones. Se trata de un contexto desafiante, en 2019, la tasa de desempleo fue del 9,2% (8,42% en 2018 y 7,8% en 2017). Además, la industria privada se vio muy afectada por la falta de competitividad de la mano de obra, una legislación laboral extraordinariamente rígida, una burocracia administrativa muy pesada y unos costes generales de operación muy elevados. Pese al programa de austeridad aplicado en los últimos años, el déficit alcanzó el 4,7% del PIB en 2019 (4,2% del PIB en 2018) y hasta septiembre de 2020 está en el 5,8% del PIB. La inflación sigue siendo muy elevada y está lejos del objetivo del Gobierno (rango del 3% al 7%), en 2017 fue del 6,55%, sufrió un repunte en 2018 hasta el 7,96%, y todavía más en 2019 8,79%. En los últimos 12 meses de 2020 ha llegado al 9,74%.
Respecto al comercio, los principales productos de exportación son la carne, la celulosa y madera, la soja, productos lácteos, cereales y arroz, pieles y cueros, que representan un 85% del total. Uruguay ha seguido intentando la apertura de nuevos mercados internacionales para sus productos cárnicos, consiguiendo en 2019 exportar carnes bovinas a Japón.
Las exportaciones se vieron muy perjudicadas con la crisis financiera argentina y la política brasileña, especialmente en 2017 y 2018. Esto se tradujo en una menor demanda externa para los productos uruguayos y una caída de las exportaciones en 2018. Adicionalmente, se produjo una caída del turismo de cerca del 35% en 2018, frente al récord de 4,2 millones de visitantes internacionales en 2017. En 2019 hubo un ligero incremento de las exportaciones tras la sequía del año anterior y la temporada turística de 2019-20 también ha supuesto una ligera recuperación.
El principal cliente de Uruguay es, desde 2013, China, con un 31% del total de las exportaciones uruguayas (2.872 millones de dólares) mientras que la Unión Europea en su conjunto tuvo una participación del 17% (1.532 millones de dólares). Los principales países receptores de exportación en la UE han sido Países Bajos (centro logístico de distribución desde el puerto de Ámsterdam), Italia y Alemania. El tercer destino de la exportación uruguaya es Brasil, con un total de 1.198 millones de dólares, un 13% del total de exportaciones, seguido por Estados Unidos (con 628 millones de dólares) y Argentina, con 369 millones de dólares, con una caída del 21% con relación al año 2018.
Las importaciones en 2019 han registrado un descenso del 7,3% hasta los 8.245 millones de dólares. En 2018, estas crecieron hasta los 8.893 millones de dólares, un 3,3%, frente al volumen de importaciones de 2017, que fueron de 8.457 millones de dólares.
Como principal proveedor de Uruguay, Brasil ocupa la primera posición, con una participación del 22% o de 1.655 millones de dólares. Por detrás se sitúa China, con 1.611 millones o el 21% de la exportación, seguido por Argentina con el 12% o 973 millones de dólares, y Estados Unidos, con el 10% o 762 millones. Los principales productos importados son vehículos, vestimenta y calzado, plásticos, teléfonos móviles, productos químicos y farmacéuticos…

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Cuadro de principales indicadores macroeconómicos

PRINCIPALES INDICADORES ECONÓMICOS2016201720182019
PIB
PIB (MUSD a precios corrientes)52.68856.48959.59760.920
Tasa de variación real (%)1,52,71,60,2
Tasa de variación nominal (%)7,34,011,87,9
INFLACIÓN
Media anual (%)8,55,57,968,79
Fin de período (%)8,16,57,418,53
TIPOS DE INTERÉS DE INTERVENCIÓN DEL BANCO CENTRAL  
Media anual (%)----
Fin de período (%)16,2/3414,4/3714,2/36,514,9/28
EMPLEO Y TASA DE PARO                                  
Población (x 1.000 habitantes)3.4933.4403.4723.494
Población activa (x 1.000 habitantes)1.7741.7701.7581.763
% Desempleo sobre población activa7,77,88,49,2
DÉFICIT PÚBLICO
% de PIB-3,5-3,5-4,2-4,7
DEUDA PÚBLICA
en M USD33.51238.85138.40337.160
en % de PIB63,668,864,469,9
EXPORTACIONES DE BIENES (BP)
en MUSD7.0877.8577.4807.680
% variación respecto a período anterior-8,310,8-4,82,4
IMPORTACIONES DE BIENES (BP)
en MUSD8.1378.6078.8938.245
% variación respecto a período anterior-14,25,83,3-0,8
SALDO B. COMERCIAL
en MUSD-1.050-750-1.413-565
en % de PIB-2,1-0,90,1-0,9
SALDO B. CUENTA CORRIENTE
en MUSD41734254419
en % de PIB-3,60,60,60,6
DEUDA EXTERNA 
en MUSD33.35038.72138.28242.709
en % de PIB63,568,564,270,1
SERVICIO DE LA DEUDA EXTERNA
en MUSD1.9322.0741.6802.519
en % de exportaciones de b. y s.1716,717,517,4
RESERVAS INTERNACIONALES
en MUSD13.43615.96315.55714.505
en meses de importación de b. y s.15,214,914,213,7
INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA
en MUSD916796-837-416
TIPO DE CAMBIO FRENTE AL DÓLAR
media anual28,4229,3431,0435.25
fin de período29,2728,832,937.15

Fuente: Banco Central del Uruguay (BCU) e Instituto Nacional de Estadística (INE)

Última actualización: Mayo de 2020

(*) Dado que en julio de 2013 el BCU abandonó la fijación de un tipo de interés de referencia, se incluyen aquí los tipos de interés del promedio de la banca en las operaciones activas a seis meses, en pesos preferenciales/normales. 

 

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Principales objetivos de política económica

La legislatura anterior terminó el 29 de febrero con una situación económica con desequilibrios acusados en casi todas los factores: un estancamiento económico, una inflación del 8,32% (el año 2019 terminó con una inflación del 8,7%) , un desempleo del 10,5% ( en  diciembre del 2019 fue del 8,5%), una deuda externa bruta del 70,5%, un déficit fiscal del 5%, una pérdida de competitividad exterior de la economía uruguaya... que requerían una corrección inmediata. Los objetivos de la política económica que anunció el nuevo gobierno de Lacalle Pou  iban dirigidas a la corrección de esos desequilibrios: control del gasto, como prioridad, aumento de la inversión extranjera, para lo que había que flexibilizar el mercado laboral, y reducir la burocracia de la administración, reforma de la educación y la formación profesional... todo ello dirigido a dinamizar la economía y atraer la inversión  extranjera, a la vez que se fomentaba la inversión nacional con la extensión de los estímulos que se concedían a los inversores extranjeros a los inversores nacionales.... A lo que hay que añadir un programa de inversión pública que permita la mejora de las infraestructuras productivas...

Pero la crisis del Coronavirus, a la semana de la toma de posesión del nuevo Presidente, dio al traste con todos los planes, y la prioridad ha pasado a ser el control de la pandemia, y la mitigación de sus efectos sobre los sectores más afectados.  A pesar de que la emergencia sanitaria no ha terminado en un confinamiento obligatorio como en otros países, el cierre de muchos comercios y negocios, el alto respeto al confinamiento voluntario pedido por el Gobierno, y en general la ralentización económica, la afectación económica y social de  la crisis ha sido considerable: Se espera que el nivel de desempleo alcance en algún momento niveles cercanos al 15%, el déficit  el 8% del PIB, las ayudas sociales se estiman alcancen los 800 millones de coste adicional, ... los costes de la crisis obligarán a financiar ese coste adicional con deuda, por lo que se espera que ascienda en casi 10%... y después, una vez pase la crisis sanitaria,  habrá que relanzar la economía con un paquete de estímulos, y con  una programa de reformas estructurales.... y con unas restricciones financieras considerables.

A este respecto, el Gobierno de Lacalle Pou se enfrenta a un considerable desafío, aunque la situación del Uruguay va a ser mucho mejor que la de otros países: su vertiente productiva prácticamente no se verá afectada, sus exportaciones se han visto afectadas por la crisis, pero se espera una rápida recuperación, el sector turismo había terminado su temporada antes de la aparición del COVID-19, con lo que la afectación será leve... Las reformas que se anunciaron, y ahora están en espera, siguen siendo todavía más necesarias que antes, y el programa general del Gobierno habrá de adaptarse a las nueva coyuntura, pero básicamente se espera  se ponga en práctica tras la pandemia.

Sí que hay una gran incertidumbre sobre los plazos, y si no hubiera una solución cercana a la pandemia, los efectos de la crisis podrían ser mayores y los plazos de recuperación más largos en el tiempo... pero este es un escenario que se considera hoy poco probable.

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Previsiones macroeconómicas

Con un cierre de año 2017 con un entorno regional positivo, habida cuenta de la recuperación de las economías brasileña y argentina, que son los principales socios comerciales del Uruguay, unido al relativamente buen desempeño de la economía uruguaya (inflación del 6,5%, dentro del objetivo marcado por el Gobierno, con un crecimiento económico cercano al 3%, y con un superávit comercial y por Cuenta corriente,... la situación parecía relativamente positiva para las autoridades uruguayas. Quedaban algunos factores en los que la evolución no ha sido buena, pero que se mantenían en un rango razonable, como era el déficit público, en el 3,5% del PIB, una tasa de desempleo del 7,8%, y una deuda pública creciente pero que se mantenía todavía por debajo del 40%.

El panorama parecía pues moderadamente positivo, aunque algunos analistas advertían de la debilidad del modelo de crecimiento económico uruguayo, muy concentrado en productos agrarios (más de un 80% de las exportaciones uruguayas son productos agrícolas y ganaderos y sus derivados), con elevada vulnerabilidad y con una pérdida paulatina, pero elevada, de competitividad y de capacidad en el resto de los sectores económicos. A principios del año 2018, sin embargo, una sequía persistente dio al traste con la cosecha de soja en Argentina y Uruguay, motivando que Argentina no obtuviera un suficiente volumen de divisas para hacer frente a sus pagos exteriores, y tuviera que recurrir a la financiación exterior, iniciando la crisis financiera, que daría al traste con el Gobierno de Macri, y llevaría a profundizar una crisis financiera, que lejos de resolverse, todavía hoy sigue profundizándose.

En el caso de Uruguay no hubo un contagio financiera de la crisis argentina, pero sí una serie de efectos negativos sobre la economía uruguaya derivados de la caída de la demanda argentina uno de los principales clientes del Uruguay, del aumento de competitividad de los productos argentinos gracias a la fuerte depreciación de su moneda, y caída del turismo, efectos afectaron al Uruguay en 2018 y 2019, y que siguen afectando hoy en día a la economía uruguaya, amén que muy exagerados por la crisis del coronavirus que se ha comenzado a vivir en marzo del 2020 en el Uruguay, casi coincidiendo con la llegada al poder del nuevo Gobierno. El nuevo Gobierno de Lacalle Pou ha heredado una economía en una situación muy deteriorada para los estándares uruguayos, con un déficit de prácticamente el 5% del PIB, con una inflación del 10%, con un desempleo también del 10%, con la deuda exterior a niveles récord del 70%... y sobre esta situación, ya de por sí delicada, han tenido que enfrentar la pandemia del coronavirus, y sus efectos económicos tremendamente negativos.

Con todo, el Uruguay ha gestionado magistralmente la situación, conteniendo la extensión de la epidemia, creando unas redes sociales para proteger a los más desfavorecidos y a los más afectados por la crisis, y con un fuerte incremento en el gasto social. Se calcula que este gasto ascenderá a unos US$ 800 millones, con lo que se abandonan, por el momento, los objetivos anteriormente considerados prioritarios de reducir el déficit fiscal, y se establece un escenario de financiación mediante emisión de deuda, tanto exterior como interna, del creciente déficit público, que se estima superará el 8% del PIB, llevando a la deuda a niveles superiores al 80% del PIB... y con una retracción de la economía de alrededor del 3% para 2020, y un desempleo que podría alcanzar el 15% en los peores momentos de la crisis.

Con todo, las perspectivas para el Uruguay son moderadamente negativas, si tenemos en cuenta los efectos del coronavirus para otras economías del mundo, y ciertamente para los de la región. En 2021 se espera que el crecimiento económico sea fuerte, alrededor del 3% y la demanda de los productos uruguayos se recupere incluso antes del comienzo del 2021, con los efectos de la crisis no serán muy graves. El Gobierno, sin embargo, necesita llevar a cabo una serie de reformas que permitan ganar competitividad a la economía, y alcanzar ese crecimiento, lo que será un desafío importante para el nuevo Gobierno.

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Política fiscal y presupuestaria

A la vista de que el déficit fiscal no se consiguió reducir durante 2015, a principios de 2016 el gobierno tomó un conjunto de medidas de política fiscal, para reducirlo, entre las que destacó el aumento de tasas en las franjas superiores del IRPF y del Impuesto a la Asistencia de la Seguridad Social (IASS). Con ello el gobierno calculó que se elevaría la recaudación en US$ 335 millones. La otra modificación fue la reducción de gastos públicos en US$ 135 millones mediante diferimientos y recortes. Otro cambio de importancia fueron los ajustes de las tarifas de las empresas públicas, que son un instrumento más de la política macroeconómica para el gobierno, y para las que se aprobaron subidas del 8% tanto para 2016 como para 2017. Otro factor que se utilizó en 2017 fue el retraso de todas aquellas inversiones que no se consideraban absolutamente prioritarias, pero el resultado de todo el paquete de medidas restrictivas fue prácticamente nulo: Mientras que los ingresos públicos crecieron alrededor de un 4% , el incremento del gasto corriente (en particular los gastos de personal),compensaron  con creces el incremento de los ingresos.  Al finalizar 2017 el déficit fiscal alcanzó el 3,5%  del PIB, lo que equivalía a US$ 2.094 millones, una reducción con relación al déficit del 2016 (3,9% ) y  una décima porcentual superior al de 2015. El del 2016 es el peor registro desde 1989 (6,2% del PIB). Por su parte, el déficit primario (previo al pago de deuda) se redujo del 0,5% del PIB al 0,2% es decir a $ 163,4 millones.

En 2018, la crisis argentina y el parón que la misma produjo en la economía uruguaya, con una reducción de las exportaciones y una caída muy fuerte (35%9) del turismo, y el aumento de los gastos corrientes  (a pesar de un programa muy restrictivo de gastos y de inversiones), por un lado , y la caída de los ingresos por una menor recaudación por la menor actividad económica, han llevado al déficit hasta el 4,1%. En 2019, a pesar de que la reducción del déficit se colocó como la máxima prioridad en política económica para el gobierno , el déficit ha continuado aumentando hasta prácticamente el 5% en el año 2019., acabando el año en el 4,7% (eliminando el efecto de los cincuentones).

La menor disponibilidad de presupuesto, unido al poco margen para reducir los gastos sociales y de personal en un año electoral, ha motivado que el Gobierno anterior haya restringido al máximo posible la inversión, manteniendo como única vía de financiación la vía de  Participación Público Privada, un mecanismo que no se refleja como un mayor gasto o endeudamiento, sino como una inversión del socio privado, aunque los pagos de las retribuciones a esa inversión tenderán a aumentar el gasto en los años que dure la amortización de la inversión.. En el año 2020, y en plena crisis del coronavirus, no se ve posible otra opción que un aumento del gasto social, lo que previsiblemente elevará el déficit hasta el 8% del PIB.

Finalmente, el déficit del BCU se a ha hecho depender de la necesidad de mantener una cierta estabilidad en el cambio del peso contra el dólar,  a través de intervenciones del BCU, lo que ha motivado un déficit del 0,3% del PIB . El aumento del stock de Letras de Regulación Monetaria (LRM) y de las tasas pagadas por las mismas, en un marco de sesgo contractivo de la política monetaria y de remonetización de la economía, ha determinando compras de divisas por parte del BCU por unos 3.500 millones de dólares anuales.

 La presión tributaria en Uruguay no es elevada para los estándares europeos, pues los ingresos tributarios vienen a suponer alrededor del  27,9 % del PIB, mientras que el promedio de la OCDE supera el 34%, pero es superior al promedio de América Latina y el Caribe (21,5%). Los servicios públicos son de mucha menor calidad, y mucho más caros cuando se abonan (como es el caso de las telecomunicaciones, la electricidad, el petróleo, el agua... todos ellos servicios monopolizados)

Los impuestos sobre la renta de las personas y las empresas representan un 23,1% de los ingresos tributarios. Las contribuciones a la seguridad social, el 28%. Los impuestos a la propiedad, el 6,9%. Y los impuestos sobre bienes y servicios el 42%.

En los circunstancias actuales, el gobierno ha renunciado, no ya a la reducción, sino al mantenimiento del déficit fiscal, considerando que la epidemia del coronavirus, y los gastos sociales que ha  obligado a efectuar, considerando que financiará con deuda (exterior e interior) el gasto que requiera, y que actualmente se estima en un 10% del PIB, lo que llevaría la deuda externa hasta el 80% del PIB al fin de 2020.

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Política monetaria

El Comité de Coordinación Macroeconómica (CCM) en función de su evaluación del contexto macroeconómico global, regional y doméstico decidió ratificar el rango objetivo para la inflación de 3%-7% para el final de la legislatura (1º marzo 2020), lo que al final se probó inalcanzable, terminando la misma con el 8,79%. El panorama económico internacional en 2019 se caracteriza por un entorno pautado por la persistencia de medidas proteccionistas y un elevado grado de incertidumbre. Ello ha traído aparejado una reducción de la actividad económica y del comercio internacional, acompañados por una nueva revisión a la baja en las proyecciones de crecimiento a nivel global.

En este contexto internacional, el nivel de actividad de la economía uruguaya continuó mostrando en todo el año 2019 síntomas de desaceleración. Asimismo, durante el segundo trimestre de 2019 se observó un cambio de portafolio por parte de inversores institucionales con una mayor preferencia por la moneda extranjera. Ello provocó una importante presión compradora en el mercado de cambios. Como en anteriores oportunidades y a efectos de evitar volatilidades excesivas en dicho mercado, el Banco Central intervino a través de diferentes modalidades: ventas al contado, ventas a futuro y una operación de recompra de instrumentos de regulación monetaria integrada mayoritariamente en dólares estadounidenses, pero sin evitar una progresiva depreciación del peso frente al dólar. En el total del 2019 la misma fue del 15%.

Cabe destacar que en lo que va del año 2020, se ha producido una depreciación del peso uruguayo superior al 18%, aunque mucho menor que la registrada por el peso argentino (aproximadamente la mitad). El peso uruguayo se ha venido depreciando desde 2017, cuando al final del año se cambiaba a 28,5 pesos uruguayos, que pasaron a ser 32,6 pesos al final de 2018 y a 36,2 pesos por dólar al final de 2019, y a 44 pesos al final de abril de 2020. Las intervenciones del BCU en el mercado de cambio han sido constantes a lo largo del año 2019, en un intento de reducir la volatilidad, más que en fijar un nivel determinado, y han continuado, aunque con menor intensidad en 2020.

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Políticas estructurales (programas, reformas, etc.)

Obras de Infraestructura hasta 2030. En total la Agenda Nacional de Infraestructuras contempla más de 1.300 iniciativas por un monto superior a US$ 24.000 millones para el periodo 2015-2030, entre las que destacan obras públicas y de financiación público-privada. Son 386 iniciativas de la administración central por US$ 12.787 millones, 281 de empresas públicas por US$ 9.914 millones y 695 de organismos sociales por US$ 1.708 millones.

Para la actual legislatura la inversión en obras de infraestructura será de más de US$ 12.300 millones, cuyo 34% estaba asignado a financiación mediante participaciones público-privadas (PPP).

Aunque las inversiones previstas se han aparcado, ante la necesidad de reducir el déficit público, la línea de financiación de los PPP se reforzó hasta su utilización completa en 2019, cuando se alcanzó el límite establecido en la Ley de los PPP, que establece el límite de este tipo de financiación en el 7% del PIB del año anterior. Además de la construcción de infraestructuras (autovías, puertos y líneas ferroviarias) se ha extendido a viviendas y edificios públicos (cárceles, hospitales, centros de asistencia, escuelas y centros para la infancia...). Actualmente la única vía para aumentar la financiación PPP , otra que el cambio de la Ley, sería  el crecimiento del PIB. La Corporación Nacional de Desarrollo es la coordinadora de estos proyectos en su preparación y puesta en práctica. Algunos proyectos todavía no han sido adjudicados, pero la mayoría de los procesos de licitación ya han sido culminados.

Los proyectos licitados en PPP han sido:

Ferrocarril Central
Cuarto Proyecto de Infraestructura Educativa
Tercer Proyecto de Infraestructura Educativa
Segundo Proyecto de Infraestructura Educativa
Primer Proyecto de Infraestructura Educativa
Corredor Vial Circuito 7
Corredor Vial Circuito 6
Corredor Vial Circuito 5
Corredor Vial Circuito 3
Corredor Vial Circuito 2
Corredor Vial Circuito 1
Corredor Vial Rutas 21 y 24
Recinto Penitenciario Punta de Rieles
 

El resto de las inversiones públicas incluidas en el Plan General de Inversiones, sean visto aparcadas ante la falta de disponibilidad financiera por el Gobierno anterior.

Posición en Índices Internacionales. Uruguay se sitúa generalmente muy positivamente en los diferentes índices que se elaboran internacionalmente:

  • Índice de Democracia (The Economist): 19º mundial y y 1º de Latinoamérica.
  • Percepción de Corrupción (Transparencia Internacional): puesto 21 de 176 y país menos corrupto de América Latina.
  • Prosperidad (Legatum): Puesto 28 de 149 países, y 1º de Latinoamérica y el Caribe.
  • Crecimiento Inclusivo (Foro Económico Mundial): 6º entre 179 economías en desarrollo y 1º en Latinoamérica.
  • Implantación de gobierno electrónico (ONU): 34º entre los 193 países de la ONU y 1º en ALyC.
  • Facilidad para hacer negocios (TMF Group): 55º entre 95 y 1º en Sudamérica
  • Libertad económica (Fraser Institute): puesto 74º de 159 y 5° lugar en América Latina y el Caribe.
  • Competitividad (World Economic Forum): 73ª entre 138 países y 8º en América Latina
  • Transparencia Fiscal. El Foro Global sobre la Transparencia y el Intercambio de Información con Fines Fiscales, integrado por 126 países, aprobó por unanimidad el informe técnico de la Fase II para Uruguay, con la calificación de “cumplido mayormente”, lo que quiere decir que solo existen deficiencias menores. Para que Uruguay lograra superar esa fase, debió realizar algunos ajustes, como la firma de acuerdos de intercambio de información tributaria con “socios relevantes”, en especial Argentina y Brasil y la eliminación del régimen de sociedades anónimas con acciones al portador.

Ampliación del territorio marítimo. La Convención del Derecho del Mar otorgó a Uruguay la extensión de la plataforma continental hasta las 350 millas, con lo que pasó a tener menos tierra que mar. Son 83.000 mil km2 adicionales, lo cual puede constituir una oportunidad para explorar y explotar los recursos minerales bajo el suelo marino.

 

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