Estructura de la oferta

Resumen de la estructura de la oferta

La economía brasileña, con un PIB de 2,42 billones de dólares en 2012 representa cerca del 40% del PIB de Latinoamérica y un 2% del mundial. Ha experimentado profundos cambios estructurales a lo largo del siglo XX. Ha pasado de ser un país fundamentalmente agrícola a ser un país en el que, aunque el sector primario continúa teniendo peso en la economía (5,2% del PIB en 2012), especialmente en las cuentas externas, se ha desarrollado una fuerte y diversificada base industrial, si bien la industria de transformación ha perdido peso en la economía en los últimos años debido a la fuerte apreciación del real y la intensificación de la competencia internacional, pasando de representar el 19,2% del PIB en 2004 al 26,3% en 2012.

A la política de industrialización iniciada en los años 30 le siguió un rápido crecimiento conocido como el “milagro económico” que provocó una concentración desigual de recursos y población, que ha llevado a que entre Sao Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais se genere el 54% del PIB brasileño. Tras esta etapa, Brasil sufrió en 1973 y en 1981-83 dos graves crisis con tasas de crecimiento negativas, inflación de tres dígitos y aumento de los déficits interno y externo. Para solventar las graves crisis se pusieron en marcha cinco planes de estabilización, que no tuvieron éxito alguno, ya que en 1990-92 se volvieron a registrar cifras negativas de crecimiento y la inflación continuaba sin control. Finalmente, en julio de 1994, a iniciativa del entonces Ministro de Hacienda, Fernando Henrique Cardoso, se puso en marcha el Plan Real, que incluía una política económica contractiva, importantes rebajas arancelarias, desindiciación de los salarios y la creación de una nueva moneda, el real, que inicialmente cotizó a la par con el dólar. Esta estrategia tuvo un efecto espectacular sobre la inflación que del 2.500% de 1993 pasó al 2,49% en 1998.

En Brasil, han primado las políticas monetaria y fiscal restrictivas basadas en unos elevadísimos tipos de interés, que han llegado a rozar el 50% en 1994 y el 40% en 1997, así como en una elevada carga tributaria, que entre 1987 y 2003 pasó del 23,8% al 35,7% del PIB, acompañada de un importante grado de austeridad en cuanto a gasto público.

Tras la llegada del Presidente Lula al poder en 2002, se intentó compatibilizar esa política económica ortodoxa con medidas asistenciales de carácter redistributivo (como el programa Bolsa Familia). En este sentido, se pueden diferenciar dos fases, que se corresponderían, “grosso modo”, con los dos gobiernos Lula.

La primera, durante el primer mandato (2002-2006), tuvo como objetivo prioritario lograr la estabilidad macroeconómica mediante la corrección de los desequilibrios de algunos indicadores, como la inflación o el déficit corriente, a través de la combinación de una política monetaria restrictiva y fiscal contractiva. La corrección de los desequilibrios se habría logrado a costa de un crecimiento modesto.

Alcanzada dicha estabilidad macroeconómica, el segundo gobierno Lula se fijó como objetivo acelerar el crecimiento mediante un ambicioso programa de inversiones públicas: El Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), que contemplaba inversiones en infraestructuras, medio ambiente y energía, fundamentalmente. Y ello sin dejar de mantener bajo control los principales indicadores de la economía, lo que explica que el tipo de interés básico de Brasil fuera el más alto del mundo en términos reales durante gran parte de ese periodo. De la misma manera, la carga tributaria – superior al 36% del PIB - también se situaba entre las más altas del mundo, comparable a la de países que ofrecen una elevada cobertura en cuanto a servicios públicos de calidad, lo que no ocurre en Brasil, debido a la diferente composición del gasto público brasileño y a las ineficiencias del sistema.

En los últimos años, la situación global y el recrudecimiento de la crisis económica internacional provocó que, a partir de septiembre de 2008, la economía brasileña se enfriase bruscamente  poniendo fin a cinco años de crecimiento notable (4,8% anual entre 2004 y 2008).

En efecto, a partir de ese momento quedó cerrado el acceso a los mercados financieros internacionales, lo que se reflejó en una menor liquidez del sistema doméstico, que a su vez llevó a una reducción en el ritmo de crecimiento de los créditos concedidos, al tiempo que se encarecían los costes y se acortaban los plazos de amortización. Todo ello trajo consigo una contracción del consumo y la inversión – que hasta ese momento habían constituido el motor del crecimiento económico brasileño – y una explosión inesperada de despidos.

Para hacer frente a la crisis, el gobierno flexibilizó su política monetaria – a través de sucesivos recortes del encaje bancario y de los tipos de interés, que se situaron por primera vez en un solo dígito (8,75%), al tiempo que se garantizaba el acceso al crédito a través de la potente banca pública. Se instrumentó una política fiscal anticíclica, prestando especial atención a los sectores de la construcción y bienes de consumo duradero, los más vulnerables a la restricción del crédito y determinantes para asegurar el dinamismo de la demanda interna, dado su efecto arrastre y el importante volumen de mano de obra que emplean.

Tras dos trimestres seguidos de crecimiento negativo, la economía volvió a crecer en el segundo trimestre de 2009, impulsado por una demanda interna que en el segundo semestre registró una tasa anual de crecimiento del 10,5%. A pesar de que el PIB en 2009 se situó en el -0,3%, la recuperación económica era un hecho a finales de ese año, como confirmó el robusto crecimiento registrado en 2010, del 7,5%, la mayor tasa desde 1985 (sólo superada entre las grandes economías por la registrada en China e India), situando a Brasil como la séptima mayor economía del mundo.

A finales de 2010, la coyuntura económica se caracterizaba por una demanda sobrecalentada, crecimiento de las importaciones, presiones inflacionistas y apreciación del real. Ante este escenario, el nuevo gobierno decidió instrumentar una política económica más consistente que la aplicada en el último año del gobierno Lula (cuando el gasto público registró un incremento significativo), de forma que el control de la inflación no fuera responsabilidad exclusiva del Banco Central.

Así, las medidas adoptadas por el Banco Central de Brasil en los últimos meses de 2010 - medidas macroprudenciales que tenían por objetivo restringir y encarecer el crédito -, fueron acompañadas de nuevas subidas del tipo de interés de referencia o Tasa SELIC - en enero, marzo, abril, junio y julio (hasta situar el tipo básico en 12,50%) -. Simultáneamente, en el ámbito fiscal, se anunció un recorte de 53.000 millones en el presupuesto y se aprobó un ajuste del salario mínimo muy inferior al exigido por sindicatos, oposición e incluso algunos partidos de la base aliada. El objetivo era enfriar la demanda agregada, de modo que se redujera la presión sobre los precios, lo que debería permitir, a medio plazo, un recorte sustancial de los tipos de interés.

En 2011, el enfriamiento ya se había iniciado, como muestran los datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). En efecto, en 2011 la economía brasileña creció un 2,7% en comparación con el año anterior (cuando lo hizo un 7,5%), lo que refleja una pérdida de ritmo concentrada principalmente en la industria, que tan solo creció un 1,6% respecto a 2010. El consumo siguió siendo el motor de la economía brasileña; creció un 4,1%, en 2011, el menor incremento desde 2003, impulsado por la expansión de la masa salarial y el crecimiento del crédito, que aunque mostró signos de desaceleración, siguió creciendo - en 2011 se expandió un 19%.

Ya en 2012, el enfriamiento se intensifico, con un crecimiento del 0,9% con respecto a 2011. Esto demuestra un desempeño poco favorable para Brasil, que a mediados de 2012 se esperaba que creciese a una tasa de entre el 3% y el 4%. Según informes de diferentes organismos multilaterales, la tasa media de crecimiento del PIB para América Latina en 2012 debería ser del 4%, lo que incide más en el pequeño crecimiento del gigante latinoamericano. En valores corrientes, el PIB de Brasil alcanzó, en 2012, los 4.402,5 mil millones de reales brasileños, de los cuales, 661,8 mil millones forman parte de los impuestos, y 3.740,8 mil millones del valor agregado. La participación de cada sector, dentro del valor aportado al PIB, queda, en 2012 como sigue: agropecuaria, 5,2%; industria, 26,3%; servicios, 68,5%.

El temor a una nueva recesión mundial, junto a la desaceleración mostrada por la economía brasileña ya comentada, forzó al Banco Central a emprender un agresivo ciclo de recortes de la tasa SELIC, que pasó del 12,5% en septiembre de 2011 al 7,25% del cierre de 2012. Sin embargo, la presión inflacionista que se generó a principios del 2013 hizo que el Banco Central volviera a elevar, levemente, el tipo de interés de referencia o tasa SELIC, no dando continuidad a la política actual. Se prevé que cierre el 2013 en 9,25%. Por otro lado, el gobierno confia en la inversión en infraestructuras como "palanca" para el crecimiento de la economía en los proximos años. En este sentido, el plan "PAC Concesiones", en ejecución desde agosto de 2012 y que prevé la inversión de 133.000 milones de reales en proyectos de infraestuctura de transporte en régimen de concesión durante los proximos 25 años, se espera que eleve la tasa de inversión en el país, que en 2011 suponia el 19,3% del PIB y que el gobierno confia se situe en el 24% en 2014.

En relación con las cuentas externas, en 2012 las exportaciones brasileñas alcanzaron los 242.580M$ y las importaciones los 223.164 M$, lo que arrojó un superávit de 19.415 millones de dólares, el menor desde 2002. En 2011 la balanza comercial cerró en 29.793M$. El déficit por cuenta corriente alcanzó los 54.230 M$, que fue financiado íntegramente por la Inversión Extranjera Directa (IED), que alcanzó los 65.272M$, un valor próximo al record histórico de 66.660M$ registrado en 2011.

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Precios (minoristas y mayoristas)

Garantizar una tasa de inflación controlada se encuentra entre las principales preocupaciones de las autoridades económicas brasileñas, al tratarse de una tradicional fuente de desequilibrios de la economía brasileña (y de la región). La combinación de una política monetaria contractiva (elevados tipos de interés) y una política fiscal austera (control del crecimiento de los gastos públicos) son medidas que persiguen mantener un ritmo de crecimiento de los precios algo más moderado que en el pasado. En efecto, la inflación, medida por el Índice de Precios al Consumidor Amplio (IPCA), se ha ido reduciendo de forma más o menos continuada a lo largo de los últimos meses, desde valores interanuales del 10,7% de crecimiento en diciembre de 2015 o del 6,3% en diciembre de 2016 hasta el 2,95% de diciembre de 2017.

 El objetivo de la política monetaria para el año 2017 era del 4,5% con un margen del +/- 1,5%, margen dentro del cual se situó el índice de precios a cierre de 2016. Para 2018 se ha mantenido ese margen. 

 

 

 

 

 

 

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Infraestructuras económicas (transporte, telecomunicaciones y energía)

El sector de las infraestructuras de transporte es una prioridad en la política de inversión federal. La competitividad del país se ve afectada negativamente por la ausencia de infraestructuras adecuadas (en cantidad y calidad), lo cual frena el desarrollo del país. Se estima que los costes logísticos suponen entre el 15% y el 18% del PIB en Brasil, el doble de la media de los países de la OCDE. Este hecho causa un fuerte impacto en la competitividad del país y de sus empresas.

El índice comparado de desempeño  de las infraestructuras de transporte de la Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo (FIESP) se situaba en el 33% de la media internacional para el periodo 2000-2010. Para ilustrar esto solo con algunos ejemplos de los componentes del índice, la oferta de carreteras en Brasil se situaba en el 54% de la media  internacional (benchmark) y su seguridad en el 30%; la ofertad e aeropuertos en el 94% (y su capacidad operaciones se situaba en el 43%); la oferta de hidrovías navegables se situaba en el 26%, las conexiones intermodales en el 23%, la seguridad de las ferrovías se situaba en el 17% de la media internacional con un coste de flete de la carga casi 16 veces superior. En conclusión, Brasil necesita triplicar sus inversiones en infraestructuras para alcanzar la media internacional. Estas ineficiencias se deben, según fuentes del sector, a un déficit que se sitúa en torno al billón de reales en las infraestructuras logísticas.

Este déficit produce una necesidad de inversión mucho más alta que en los países desarrollados.  Así, los planes de inversión del gobierno ascienden a unos 253.000 millones de reales en los próximos 30 años en el sector, según la Empresa de Planificación y Logística (EPL), empresa pública que está contribuyendo a la planificación del sector.

Estas necesidades de inversión podrían ser llevadas cabo, ya sea por aportes públicos o por Asociaciones Público Privadas (PPP), en un país donde hasta la actualidad, las principales posibilidades de financiación para estos proyectos han venido canalizadas a través de los bancos públicos de desarrollo, principalmente el BNDES. No obstante, la reestructuración que ha sufrido el BNDES tras los problemas de rendición de cuentas en el marco de las operaciones anticorrupción que se están resolviendo en Brasil ha llevado a una alteración de su esquema de financiación de las infraestructuras, reduciendo su participación en favor de bancos comerciales. 

Entre los planes de desarrollo públicos en materia de infraestructuras, destaca el plan nacional de logística (PNL), con el objetivo de servir de fundamento para la planificación estratégica del sector. Asimismo, el  gobierno ha puesto en marcha un ambicioso programa de «parcerias» (asociaciones) para las inversiones, el Programa de Parcerias de Investimentos(PPI) conocido también como Avançar Parcerias, con el objetivo de recuperar el crecimiento económico a través del fomento de la inversión en infraestructuras y obras en la modalidad de concesiones.

El programa fue creado por el Gobierno Federal para reforzar la coordinación de las políticas de inversiones en infraestructura a través de alianzas con el sector privado.

La idea es tener un nuevo flujo de decisiones para la priorización y el acompañamiento de los proyectos que serán ejecutados por medio de concesiones, Asociación Público-Privada (PPP) y privatizaciones, además de garantizar un ambiente propicio a la expansión de la infraestructura, del desarrollo económico y de las oportunidades de inversión y empleo en el país. Con la ley del PPI, se crearon dos importantes estructuras en la Administración Federal: el Consejo del PPI y la Secretaría del PPI. Las empresas de infraestructuras brasileñas se han caracterizado por configurar un sector concentrado, en el que pocos competidores de gran tamaño han abastecido la demanda de servicios de ingeniería y construcción. De este modo, estas empresas no han estado sometidas a la competencia y, por tanto, no son tan competitivas en precios y plazos como las empresas extranjeras, además de no tener recursos para absorber toda la demanda necesaria.

Esta situación de gran demanda y la capacidad de mayor financiación y competitividad de las empresas extranjeras respecto a las empresas locales supone un marco de oportunidades incomparable para nuestras empresas. Sin embargo, a pesar de la necesidad manifiesta de más actores que ayuden a cumplir los objetivos, las administraciones, presionadas por las diferentes asociaciones y colegios profesionales, se resisten a introducir novedades que abran verdaderamente un mercado tradicionalmente proteccionista, por lo que en la práctica se encuentran a menudo dificultades para la entrada de profesionales y empresas extranjeras. Con el PPI, el gobierno está intentando mostrar al capital extranjero un cambio de dirección, tratando de limar estas ineficiencias para que empresas extranjeras puedan concurrir en igualdad de condiciones que las locales a las licitaciones.

El grado de desarrollo de las infraestructuras de transporte varía entre los distintos sectores:

El área aeroportuaria es la más desarrollada, con 6 aeropuertos concedidos a la iniciativa privada y un ambicioso proyecto de licitación de 4 aeropuertos(Porto Alegre, Florianápolis, Salvador y Fortaleza) que concluyó en el año 2017 También han obtenido un impulso las carreteras, gracias a diferentes concesiones al sector privado que van a permitir la construcción o duplicación de una importante red de carreteras del país. 

El sector portuario creció un 8.3% en 2017. Se compone de puertos públicos y terminales de uso privado. El movimiento de contenedores ha aumentado tanto en toneladas como en unidades TEU. Se movilizaron 106,2 millones de toneladas (un 6,1% superior al registrado en 2016), transportadas en 9,3 millones de TEU (aumento del 5,7%). La carga que presentó mayor incremento (10,3%) fue la de granel sólido, moviendo un total de 695,4 millones de toneladas el año pasado.

El objetivo es crear oportunidades de inversiones en Brasil, por ello, ya están puestas en marcha 14 licitaciones para el año 2018.

Finalmente, es necesario hacer referencia a la movilidad urbana. Resulta un problema recurrente en las grandes ciudades de Brasil. De hecho, São Paulo y Río de Janeiro son dos de las ciudades con mayores problemas de tráfico en el mundo. En los últimos años, se han puesto en marcha diferentes proyectos (metro, tranvía, buses de carril único, etc.) para mejorar el transporte urbano en éstas y otras ciudades (Salvador, Brasilia, Porto Alegre, Curitiba, etc.). Sin embargo, los proyectos han encontrado diferentes problemas en su desarrollo: un gran número de ellos ha sufrido atrasos, cuando no paralizaciones, lo que ha comprometido la culminación de los mismos.

En conclusión, Brasil es sin duda un país de oportunidades en el sector de infraestructuras de transporte al tiempo que mantiene ciertas dificultades para cubrir dichas carencias, lo que hace necesario un profundo análisis antes de embarcarse en un proyecto de internacionalización.

 

 

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Población activa y mercado de trabajo. Desempleo

En 2015 se comenzó a utilizar la Encuesta Nacional por Muestra de Domicilios Continua (PNADC en sus siglas en portugués) que publica el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), iniciando la serie homogénea en 2012.  

Como resultado de la crisis económica de los dos últimos años, la tasa de desempleo ha sufrido un crecimiento acentuado desde diciembre de 2014, cuando se situaba en 6,5%, alcanzando en el cierre de 2015 el 9% y en el cierre de 2016 el 12%, según los datos de la Encuesta Nacional por Muestra de Domicilios Continua (PNADC), lo que supuso cerrar el año 2016 con 12 millones de desempleados. Lamentablemente, esta cifra ha seguido aumentando y en el cuarto trimestre de 2017, la tasa de paro se situó en el 11,8%, superando los 12,3 millones de parados.

Según el Catastro General de Empleados y Desempleados (CAGED), del Ministerio de Trabajo y Empleo, hubo una pérdida de 1,3 millones puestos de trabajo al cierre del año 2016, tras la pérdida de 1,5 millones en el 2015. El número total de empleados formales existentes cerró el año en 38,3 millones de personas, frente a los 39,6 millones al final de 2015. Igualmente, el salario medio de admisión por trabajador fue estimado en 1.374,12 reales para el año 2016, habiendo experimentado una caída de 1,09% frente al salario medio de admisión del 2015, que era de 1.389,19 reales. En noviembre de 2017, un mes después de la entrada en vigor de la reforma del mercado de trabajo, Brasil registró un descenso intermensual de trabajos formales del 0,03%, interrumpiendo siete meses consecutivos de creación de empleo. 

El año 2017 estuvo marcado por la recuperación de la economía y la reducción del número de desempleados. Brasil llegó a sumar 14,176 millones de desempleados en marzo, cifra que cayó a 12,3 millones en diciembre, de acuerdo con datos del IBGE. En diciembre de 2017, el país tenía 1,67 millones de personas más trabajando por cuenta propia o sin contrato fijo.

A pesar de que el año 2017 cerró con una ligera caída del empleo con respecto al 2016, se convirtió en el primero en registrar, a final de año, un mayor número de empleados por cuenta propia y sin contrato fijo (34,3 millones de personas) que trabajadores con contrato fijo (33,3 millones). Un síntoma que puede indicar el crecimiento de la informalidad en la economía.

Cabe señalar el elevado peso de la economía informal, no oficial, pese a que cada año se estima que se está reduciendo en términos porcentuales del PIB. No obstante, ante la delicada situación política y económica del país, se observa un cambio de tendencia hacia un nuevo crecimiento del mercado informal.

Según el Índice de Economía Subterránea (IES), del Instituto Brasileño de Ética Competitivo (ETCO) y del Instituto Brasileño de Economía de la Fundación Getúlio Vargas (FGV/IBRE), en el ejercicio 2016 la economía informal (producción de bienes y servicios no informada al gobierno deliberadamente) aumentó con respecto a 2015, alcanzando el 16,6% del PIB frente al 16,2% del año anterior (primero en la serie en que el índice mostraba avance con respecto al ejercicio anterior) (lo que significa que el mercado informal habría gestionado en torno a 983 mil millones de reales en 2016,957 mil en 2015). En 2017, el índice se mantuvo estable en el 16,6% del PIB. Con ello, el sector informal en el país movió, en los 12 meses cerrados en julio, el equivalente a 1,07 billones de reales (el PIB de países como Colombia o Sudáfrica).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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PIB per capita y distribución de la renta

En 2015, el PIB per cápita de Brasil se contrajo un 4,6% con respecto a 2014; en concreto, pasó de los 11.728,8 dólares de 2014 a los 8.538,6 dólares en 2015, a precios actuales.

A pesar de la mejora de la economía en las últimas décadas, Brasil sigue siendo uno de los países del mundo con mayor desigualdad en la distribución de la renta. No obstante, es cierto que en los últimos años se ha producido un avance notable en la reducción de esa desigualdad, gracias a las políticas redistributivas desarrolladas por los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff, a través de diferentes iniciativas, como la Ley Orgánica de Asistencia Social, el aumento constante del salario mínimo en términos reales, el programa Bolsa Familia o el llamado PAC de las favelas, lanzado a principios de 2008. Ejemplo de ello es la reducción del 36,3% de la pobreza y del 55% de la extrema pobreza en Brasil, en un período de nueve años (desde 2005 hasta los últimos datos disponibles de 2014), o el aumento real del 76% del salario mínimo brasileño entre 2003 y 2015, que a continuación se exponen.

En 2005, 84.500.299 personas eran consideradas pobres, esto es, con una renta familiar per cápita por debajo de la línea de la pobreza (menor de la mitad del salario mínimo). De ellas, 40.199.812 personas obtenían un salario mínimo por debajo de un cuarto del salario mínimo y, por tanto, eran consideradas en situación de extrema pobreza. Con los últimos datos disponibles, de 2014, 53.845.576 personas se encuentran en situación de pobreza y 18.093.986 de entre ellas son consideradas extremamente pobres. Son datos de la Encuesta Nacional por Muestra de Domicilios (PNAD) del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). 

A partir de 2003, Brasil adoptó una fuerte política de valorización del salario mínimo. El valor de 788 reales de 2015, por ejemplo, fue el mayor en términos reales desde 1983 y tuvo el mejor poder de compra desde el inicio del Plano Real. El salario mínimo de 2015 compraba el equivalente a 2,22 cestas básicas por mes, más que el doble del año 1995 (1,02). El crecimiento se explica por el aumento real (por encima de la inflación) del 76% del valor del salario mínimo desde 2003 —cuyo valor era de 240 reales—. Las Naciones Unidas publicaron un estudio en el que se afirma que, entre los años 2000 y 2008, dos tercios (66%) de la caída de la desigualdad en Brasil se debieron a la política agresiva del aumento del salario mínimo. Para 2016, el salario mínimo ha sido fijado en 880 reales, un aumento del 11,67% en relación con el valor del año anterior, mientras que la inflación (IPCA) cerró 2015 en el 10,6%.

Igualmente, según el estudio del Fórum Nacional de Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil (FNPETI), con datos de la PNAD, el trabajo infantil —menores de entre 5 y 17 años de edad que trabajan— venía reduciéndose en términos absolutos desde 2005, de los 5,531 millones hasta los 3,187 millones de menores de 2013, esto es, una disminución del 42,4%. No obstante, según los últimos datos publicados referentes a 2014, el número ha vuelto a ascender hasta los 3,331 millones, un aumento del 4,5%. Por tanto, de un total de 41,1 menores que conforman la población de Brasil en 2014, el 8,1% trabajaban. Sin embargo, y pese a la crisis, las proyecciones indican que estas cifras disminuyan en 2015 y 2016.

Así mismo, el índice de Gini —coeficiente que mide la desigualdad en los ingresos, dentro de un país, en el que el 0 se corresponde con la perfecta igualdad (todos tienen los mismos ingresos) y en donde el valor 1 se corresponde con la perfecta desigualdad (una persona tiene todos los ingresos y los demás ninguno)— ha disminuido constantemente desde 2001 (0,596) hasta el último dato disponible, de 2014 (0,518), según datos del Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA).

Con todo, el Informe de la Distribución Personal de la Renta y de la Riqueza de la Población Brasileña 2014/2015, del Ministerio de Hacienda de Brasil, señala que la concentración de renta y riqueza entre los más ricos es substancial, sobre todo, en el último milésimo de renta. En media, el 1% más rico acumula el 14% de la renta declarada en el IRPF y el 15% de toda la riqueza. La elevada desigualdad en la cima de la distribución de la renta «tiende a limitar la igualdad de oportunidades en la sociedad y puede ser un inhibidor del crecimiento económico».

De acuerdo con el «Informe de Desarrollo Humano 2015: Trabajo al servicio del desarrollo humano», del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano (PNUD) —que clasifica el desarrollo humano de 188 países y vincula directamente el trabajo con la riqueza de las vidas humanas—, Brasil alcanzó un Índice de Desarrollo Humano (IDH) de 0,755 en 2014 —en una escala del 0 al 1—, frente al 0,744 alcanzado en el informe anterior. Este resultado sitúa al país en el puesto número 75, de un total de 188 países, frente al puesto número 79 del año anterior. Dicho índice es la síntesis de cuatro indicadores: esperanza de vida, tasa de alfabetización de personas con más de 15 años de edad, escolarización y renta.

 

DISTRIBUCIÓN DE LA RENTA
Rendimiento mensualPERSONAS (miles)%
Sin rendimientos*50.85031,2%
Menos de 330 USD39.44724,2%
Entre 330 y 660 USD37.47123,0%
Entre 660 y 1660 USD25.03215,4%
Más de 1660 USD9.9296,1%
Total162.729 100%

Fuente: PNAD, IBGE, 2015. Población mayor de 10 años. 

Elaboración propia. Octubre 2016.

Salario mínimo en Brasil (01/01/16): R$ 880.

*Se incluyen personas que reciben beneficios sociales

 

Con el objetivo de profundizar en los programas sociales iniciados bajo la gestión de Lula, el gobierno de Dilma Rousseff lanzó a mediados de 2011 el programa «Brasil sin Miseria», cuyo objetivo es sacar de la miseria a 16,2 millones de personas que viven con menos de 70 reales al mes (menos de un euro al día).

Pese a lo señalado anteriormente, Brasil sigue siendo uno de los países más desiguales en términos de distribución de la renta. Desigualdad que también se produce a nivel geográfico, según recoge la última publicación de las Cuentas Regionales de Brasil, del IBGE. Nada menos que el 65,6% del PIB brasileño se concentraba en cinco estados en 2013: São Paulo (con el 32,1%), Río de Janeiro (con el 11,8%), Minas Gerais (con el 9,2%), Paraná (con el 6,3%) y Río Grande do Sul (con el 6,2%); mientras que la participación de estados como Acre, Ampá y Roraima, todos en la región Norte del país, no pasaba del 0,2% en la creación del valor agregado de la economía brasileña, en 2013. 

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Sector primario

Brasil dispone de abundantes recursos naturales y su economía está relativamente diversificada. Es el tercer exportador mundial de productos agrícolas, Según datos publicados por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, Brasil es el mayor productor mundial de café, zumo de naranja, azúcar y segunda de soja, únicamente por detrás de EEUU. Se espera que la producción de soja en Brasil crezca al 2,6% anual, el mayor crecimiento de los principales productores.

En consecuencia, se proyecta que Brasil supere a Estados Unidos como el mayor productor de soja. Las exportaciones de soja en 2026 estarán dominadas por Brasil y Estados Unidos, que juntos representan casi el 80% de las exportaciones mundiales.Otros cultivos brasileños de relevancia son el maíz, el tabaco, las frutas tropicales, el trigo, el cacao y el arroz. 

Brasil cuenta con el mayor volumen de ganado comercial del mundo. Aun así, el aporte de la agricultura al PIB es relativamente escaso: representa únicamente 5,3%, aunque este sector asegura el 40% de las exportaciones. 

Asimismo, Brasil es el segundo mayor productor mundial de carne de vacuno, el tercero de carne de pollo y el primer exportador mundial de estos dos productos. Cuenta con 220 millones de hectáreas de pastos (área que tiende a expandirse, en muchas ocasiones, mediante la deforestación ilegal) y posee la segunda mayor cabaña de ganado vacuno del mundo, siendo responsable del 22,5% del rebaño mundial, con 215,2 millones de cabezas, una cifra mayor que el número de habitantes de Brasil que pasó a ser de 207 millones en 2017. Este sector tiene algunos problemas, como la baja productividad (derivada del carácter extensivo de las explotaciones), la deforestación ilegal (con el fin de ampliar el área de pastos) y los exigentes controles de calidad de otros países. 

Durante el año 2017, se registró un aumento de la producción del sector primario del 13% respecto al 2016. El agronegocio, responsable de la integración de diversos sectores de la economía brasileña, incluye la producción de insumos, la producción primaria, la transformación de las materias primas agropecuarias y forestales, la distribución de los productos en los mercados y los demás servicios de apoyo. Según el instituto de Economía Agricola (IEA), en el primer bimestre de 2018, las exportaciones del agronegocio brasileño aumentaron un 5,1% en relación al mismo período del año anterior (36,1% del total). Las importaciones del sector cayeron un 2,1%, también en comparación con el primer bimestre de 2017, (8,7% del total). El superávit del agronegocio en los meses de enero y febrero de 2018 fue un 6,9% superior al mismo período del año pasado.

Pese a contar con 7.491 kilómetros de litoral y el 12% del agua dulce del planeta, el sector pesquero en Brasil está poco desarrollado. Según la FAO, la pesca no crecerá tanto como la agricultura en los próximos años. La producción total de peces de la región (acuicultura + capturas) registrará 16,2 millones de toneladas en 2025, un 12,6% más que el nivel alcanzado en 2013-15. Esta situación podría explicarse por varios factores, como una flota pesquera pequeña y envejecida (35-40 años). Por otra parte, el consumo de pescado per cápita en Brasil en el periodo 2013-2015 fue de 9,7 kg, por debajo de los 12 kilos por persona y año aconsejados por la OMS.  De acuerdo con el Ministerio de Agricultura, el consumo de pescado en Brasil ha sido en estos últimos años de 14,4 kg por habitante/año y ya ha superado lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud.

 

A  pesar de liderar las exportaciones mundiales de diversos productos y estar entre los mayores proveedores de otros, Brasil puede conquistar más espacios en el comercio de productos agroindustriales. El Ministerio de Agricultura ve grandes oportunidades para la expansión de las exportaciones del sector, incluso con el aumento de la pauta de productos exportados. En cuanto a los avances tecnológicos, a los cambios que ya introdujo en el sistema de cultivo y de gestión de la producción, responsables por el notable aumento de la productividad en los últimos años, hay que añadir otras, para desarrollar nuevas habilidades del agronegocio. En un mundo cubierto por un diluvio de información para la agricultura, el gran desafío es captar datos importantes y producir tecnología con resultado. Coger e interpretar una inmensa variedad de datos y utilizar a su favor las nuevas y sofisticadas herramientas disponibles es parte de ese desafío.

 

Desde 1995, Brasil cuenta con varios programas de desarrollo del mundo rural, como el Plan Agrícola y Ganadero 2016/2017, también conocido como el Plan Safra e impulsado por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento (MAPA).La agricultura familiar es un segmento importante para el desarrollo de Brasil. Son aproximadamente 4,4 millones de familias agricultoras, lo que representa el 84% de los establecimientos rurales brasileños y es responsable de la producción de más del 50% de los alimentos de la cesta básica brasileña, siendo un importante instrumento de control de la inflación.    

 

Por este motivo, el gobierno ha apostado por el Plan Safra 2017/2020, ahora plurianual, que reafirma el compromiso del Gobierno Federal en la ampliación de la producción de alimentos y en la garantía de crédito más barata para aquellos que producen la comida que llega a la mesa de los brasileños. Con más políticas públicas para el rural brasileño, los agricultores familiares han conquistado seguridad, respeto y autonomía.     

 

La agricultura y la ganadería son consideradas, cada vez más, un sector estratégico para la economía brasileña, tanto por su alta propensión exportadora, como por su importancia como empleador en áreas rurales. 

 

 

 

 

 

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Sector secundario

La época de oro de la industria brasileña comenzó tras la Segunda Guerra Mundial y se prolongó hasta las crisis petroleras de los años 70 (1973 y 1979). Precisamente, la crisis del petróleo marcó el inicio del deterioro económico del país en su historia económica reciente.   

 

Durante esa época de crecimiento, Brasil se transformó en un país industrial, con unas tasas de crecimiento de la industria por encima del crecimiento del PIB, gracias a la política de sustitución de importaciones. A partir del Plan Collor (plan de estabilización de la economía, de 1990) Brasil empezó a abrirse al exterior, lo que generó la desaparición de muchas empresas ineficientes que no se adaptaron a las exigencias de mayor competitividad que demanda un mercado abierto. Fue una época de profunda transformación a la que siguió el Plan Nacional de Desestatalización, por el que se privatizaron la mayoría de empresas estatales siderúrgicas, petroquímicas, y de telecomunicaciones, entre otras.        

 

El país viene sucesivamente perdiendo posiciones en el ranking global de competitividad del World Economic Forum. Ha llegado a la peor posición de los últimos diez años en 2017. La pérdida de la competitividad nacional compromete el crecimiento económico y la generación de empleo y renta.En 2017, el sector industrial ha mantenido las mismas cifras que el año 2016, cuando el sector industrial cayó un 3,8% según los datos de contabilidad nacional, influida principalmente por el descenso, en volumen, de los segmentos de automoción y aparatos electrónicos. Estos datos han hecho que la industria haya perdido participación en la generación de PIB en Brasil, pasando de suponer el  27.1% en 2007 al 21.5% en 2017.     

  

La industria de transformación brasileña se ha visto afectada negativamente en los últimos años por una serie de factores, como la evolución del tipo de cambio, la competencia internacional y el denominado “coste Brasil”, que se refiere a los costes relacionados con temas como la excesiva burocracia o la deficiencia en las infraestructuras, entre otros. A ellos se deben añadir factores que afectan a la productividad, como la baja capacidad de incorporar tecnología o la baja calidad en la formación.              

 

Aunque ha continuado creciendo y exportando en la última década, se perciben problemas en algunos subsectores, principalmente, en los intensivos en mano de obra (textil, confección, cuero y calzado). Por su parte, los que mejor desempeño han mostrado son aquéllos intensivos en recursos naturales, como alimentos y bebidas o papel y celulosa.             

Es fundamental renovar las estrategias y redoblar los esfuerzos para revertir el proceso de desindustrialización acelerada por la que pasa el país.    

No es posible imaginar que Brasil pueda volver a crecer y prosperar sin una elevación significativa de la productividad. Para alcanzar un nuevo nivel de productividad, la industria y el país necesitan trabajar en una amplia agenda para afrontar los retos y aprovechar las oportunidades que se presentan.

Por estas razones, el Gobierno de Michel Temer ha anunciado una serie de reformas económicas, sociales y de atracción de inversiones y de estímulos de la economía, con el objetivo de generar confianza en los mercados y superar la situación actual.          

Industria Siderúrgica 

 

El parque siderúrgico brasileño se encuentra representado por 14 empresas privadas en 10 estados brasileños,  actualmente se compone de 29 plantas administradas por 11 grupos empresariales: Aperam, ArcelorMittal Brasil, CSN, Gerdau, SINOBRAS, Thyssenkrupp CSA, Usiminas, VSB Tubos, Vallourec & Mannesmann Tubes, Villares Metals e Votorantim. 

 

La producción de acero bruto en el año 2017 fue de 34,4 millones de toneladas, lo que representa un crecimiento del 9,9% en comparación con el realizado en 2016. La producción de laminados fue de 22,4 millones de toneladas, una expansión del 7,2% frente al año anterior.       

 

El consumo aparente nacional de productos siderúrgicos fue de 19,2 millones de toneladas en 2017. Comparando con el mismo período de 2016, hubo un aumento del 5,3%. Las ventas interiores crecieron un 2,3%, en comparación con el año anterior, y alcanzaron los 16,9 millones de toneladas. Las importaciones crecieron el 23,9% en 2017 frente al año anterior, totalizando 2,3 millones de toneladas, lo que significó un incremento del 32,7% en la misma base de comparación. Las exportaciones fueron de 15,4 millones de toneladas lo que significa una expansión del 14,3% en volumen y el 43,9% en valor en comparación con el 2016. 

 

Es importante resaltar que los indicadores de producción y exportación en el acumulado del año 2017 son impactados positivamente por el hecho de que la Compañía Siderúrgica (CSP) inició sus operaciones sólo en el segundo semestre de 2016. Por lo que la inexistencia de datos de la CSP en el primer semestre de 2016 mantiene la base de comparación baja con respecto al mismo período de 2017, creando distorsiones que van desaparecer a partir de enero de 2018. Por lo tanto, al retirar la CSP de la comparación entre el acumulado de 2017 y 2016, la producción de acero bruto crece el 5,6% (y no el 9,9%) y las exportaciones en volumen disminuyen el 0,3% en lugar de crecer 14, 3% en el mismo período.           

  

Industria automovilística   

 

Aunque General Motors y Ford contaban con plantas de ensamblaje en Brasil desde los años 20, la industria automovilística brasileña nació en 1956 con el gobierno de Juscelino Kubischek y su política industrial de “sustitución de importaciones”, también conocido como Plan de Metas. Fue entonces cuando grupos como VolskWagen, Mercedes Benz, Ford, General Motors, Scania, Willys o SIMCA comenzaron a establecerse en torno a Sao Paulo (el denominado «ABC paulista», que incluye los municipios de  Santo André, São Bernardo do Campo y São Caetano do Sul). Posteriormente, se extendieron a otros estados (FIAT a Minas Gerais o Volvo a Paraná). En 1960, Brasil comenzó a exportar su producción a países vecinos, lo que produjo que se instalasen en Brasil nuevos fabricantes, como Chrysler, Farmann Ghia, Toyota, Ford tractors, Massey Ferguson, Valmet, etc. A finales de esa década, la industria de automoción se había convertido en una de las más importantes del país.              

 

Actualmente, están presentes 31 fabricantes de vehículos con 65 fábricas en Brasil, que se diseminan por once estados. Las ventas del sector, que fueron de 95.500 millones de dólares  en 2014 (incluyendo piezas), representaron el 20,4% del PIB industrial brasileño y el 4,1% de PIB total en ese mismo año. El Gobierno desarrolla el Programa Inovar-Auto que, desde enero de 2013 hasta diciembre de 2017, ha venido proporcionando inventivos fiscales para que la industria local invirtiera en innovación y tecnología. Este plan ha sido denunciado en la OMC y Brasil debe eliminarlo. Actualmente se encuentra en negociación y diseño su sustituto, el Plan Rota 2030.             

 

Durante los años 2015 y 2016, los datos de la industria automovilística empeoraron en ambas ocasiones en relación con el año anterior,  en especial por el descenso de la demanda interna debido a la crisis económica. Precisamente con la recuperación que parece se está asentando, las perspectivas del sector han mejorado ligeramente. En 2017, con el fin de la recesión y la mejora en el ambiente económico, la industria automotriz brasileña volvió a crecer después de cuatro años de caída. 

 

La producción de automóviles avanzó el 25,2% con un crecimiento del 9,2% en las ventas totales del sector. Se produjeron 2,7 millones de vehículos. Las ventas internas sumaron poco más de 2,2 millones de unidades, cifra que superó incluso la estimación oficial de la asociación nacional del sector, Anfavea.

El resultado viene en consecuencia de condiciones económicas mejor registradas en Brasil desde la adopción de las reformas económicas. Con la inflación e intereses en caída, seguridad jurídica y mayor acceso al crédito, las familias consumen más y las empresas se vuelven más confiadas, aumentando su producción.

En el ámbito de las ventas, la expectativa es de un crecimiento del 11,7%, con 2,5 millones de unidades. En el campo de las exportaciones, la estimación apunta a un nuevo récord: 800 mil vehículos vendidos a otros países.             

Industrias agroalimentaria y textil

La industria agroalimentaria y la industria textil son las más antiguas del tejido industrial brasileño, esta última con más de 200 años de antigüedad. Representan en torno al 9,5% y el 3% del PIB, respectivamente.

La industria textil registró en 2017 un crecimiento del 3,5% en la producción de ropa, alcanzando los 5.900 millones de piezas. Según los datos de la Asociación Brasileña de la Industria Textil (Abit), el comercio minorista de ropa cerró el año con 6,71 mil millones de piezas vendidas, un 6,5% más que en 2016. La facturación llegó a 144 mil millones de reales, superando los 137 mil millones de reales del año pasado.

De acuerdo con el balance de la entidad, las inversiones del sector en 2017 llegaron a 1,9 millones de reales y se generaron 3.500 puestos de trabajo, totalizando 1,48 millones de personas empleadas en el sector.

Las exportaciones del sector cerraron 2017 en 190 mil toneladas, lo que representa una caída del 5% en la comparación con 2016. Las importaciones se incrementaron tanto en la cantidad (22%, con 1,34 mil toneladas) como en los valores (21%, con 5.100 millones de dólares). La importación de ropa aumentó en un 62%, con 920 millones de piezas, lo que generó 1.720 millones de dólares.

Para 2018, la expectativa de Abit es de crecimiento del 2,5% en la producción de vestuario, el 4% en la producción textil y del 5% en el comercio al por menor de ropa. La entidad también estima que la facturación llegará a 152 mil millones de reales y que se invertirán 2,25 millones de reales.         

 

Industria minera   

 

Brasil ocupa una posición privilegiada en cuanto a reservas minerales, siendo el primer exportador mundial de mineral de hierro y de niobio (utilizado en la industria electrónica), y uno de los mayores productores del mundo de estaño, bauxita, magnesio, manganeso, talco, y oro, entre otros.             

 

Desde 1995, el sector ha sufrido una importante transformación fruto de una reforma constitucional que permitió la participación de empresas extranjeras, sector hasta entonces reservado a empresas brasileñas y que fue complementada con la privatización en mayo de 1997 la empresa de minería pública Companhia Vale do Rio Doce (CVRD), actualmente denominada VALE.             

 

Como consecuencia de este proceso, se ha producido un importante crecimiento de la inversión en el sector, al tiempo que un número creciente de empresas extranjeras han puesto de manifiesto su interés en iniciar operaciones en Brasil, por su cuenta o con acuerdos con VALE. De cara al futuro, el sector tiene un potencial de desarrollo importante, a raíz de su potencial de exportación. Sin embargo, para que el sector desarrolle toda su capacidad, sería necesario que el entorno regulador estuviese más desarrollado y fuese más transparente. Precisamente, la reforma del sector se encuentra en el programa de reformas del actual gobierno de Michel Temer, si bien no termina de avanzar al ritmo esperado a comienzos de 2017. No obstante, en diciembre de 2017 se ha conseguido crear la Agencia Nacional de Mineraçao, con el objetivo, precisamente, de avanzar en la regulación del sector y mejorar la transparencia.            

 

En el año 2011, el Ministerio de Minas y Energía (MME) lanzó el Plan de Mineración 2030, con el objetivo de guiar el sector minero brasileño durante los 20 años siguientes, abordando las diferentes etapas de geología, mineración y transformación. Dentro de las acciones del plan, está la puesta en marcha de una agencia nacional de mineración, para de esta forma impulsar la situación de incertidumbre que vive el sector minero, a través de la remodelación del actual marco regulatorio.          

 

El gran potencial del sector minero brasileño ha atraído importantes inversiones extranjeras, principalmente, grupos canadienses y, más recientemente, chinos. Actualmente, no existen restricciones a la explotación de yacimientos mineros nacionales por parte de empresas extranjeras.              

 

Industria energética   

 

En  2015, el 41,3% de la matriz energética brasileña procedía de fuentes limpias y renovables, llegando a alcanzar el 43,5% en 2016. La importancia de las energías renovables en la matriz se observa más claramente al compararse con el resto del mundo, cuya media se sitúa en el 13%. Si se considera sólo la matriz eléctrica, Brasil obtuvo casi el 85% de su energía de fuentes renovables, incluyendo la hidroeléctrica.             

 

Brasil es el segundo país a escala mundial en términos de capacidad, generación de energía hidráulica y en el uso de Pequeñas Centrales Hidroeléctricas (PCH). Actualmente, hay tres grandes proyectos hidroeléctricos en la pista de alzamiento: la central de Jirau en el río Madeira, inaugurada en diciembre de 2016 (con 50 turbinas y capacidad para generar 3.750 MW); la central de Santo Antonio en el río Madeira, completamente concluida y con capacidad para abastecer a casi 6 millones de habitantes (ambas constituyen el complejo río Madeira, con hasta 6.450MW) y  la de Belo Monte, actualmente en construcción en el río Xingu; todas en el Estado de Pará. Sumadas, las tres centrales contribuirán con 18.000 MW.  

 

La apertura del mercado petrolífero brasileño, propiciada por la Ley 9478/97, supuso un importante revulsivo para el sector, que registró desde ese año unos crecimientos continuados en el volumen de reservas probadas y en la producción, hasta alcanzar la autosuficiencia en 2006 (12.600 millones de barriles). Fue al año siguiente cuando se produjo el descubrimiento de una importante bolsa de crudo en Tupi, en la cuenca de Santos, que llevó a suspender el proceso de licitación entonces en marcha (la octava ronda), para reformular el sector. En efecto, el descubrimiento a unos 200 kilómetros de la costa y hasta 6.000 metros de profundidad (bajo una espesa capa de sal) de unas reservas de crudo de en torno a 29.000 millones de barriles (volumen mayor a todas las reservas petrolíferas de Qatar) eliminaba, en opinión del gobierno, el riesgo de exploración, más allá de las dificultades técnicas de explotación. En consecuencia, fue promulgada la Ley 12.351/10, que establecía un sistema de producción compartida en el área de pre-sal, de forma que los bloques que fueran licitados contarían con una participación mínima por parte de Petrobras del 30%. En la actualidad, el Gobierno ha eliminado esta exigencia, para tratar de atraer capital extranjero al sector, en un momento en el que está pasando una situación delicada consecuencia de la investigación de Petrobras en el marco de la operación lava jato. De hecho, en el PPI lanzado por el Gobierno en septiembre de 2016 se incluyeron varios proyectos para la licitación de la explotación del pre-sal. Se estima que esta explotación del pre-sal exigirá una inversión superior a 600.000 millones de dólares y si el yacimiento del pre-sal fuera explotado debidamente, el país podría convertirse en el sexto productor mundial de petróleo en 2035.

El nuevo Decreto nº 9.128/2017, que altera el Decreto nº 6.759/2009, publicado el pasado en agosto de 2017 en el Diario Oficial da União (DOU), prorroga el régimen Repetro (Instrucción Normativa 1.415 de la Receita Federal do Brasil). Se trata de un régimen aduanero especial de exportación y de importación de bienes destinados a las actividades de búsqueda y explotación de los yacimientos de petróleo y gas natural, el cual suspende el cobro de impuestos sobre la importación de equipamientos para la exploración offshore, hasta el año 2040. Actualmente, las reglas en vigor son válidas hasta el año 2019, un horizonte demasiado corto para el sector. El fin de este beneficio ponía en riesgo la viabilidad de la actividad de exploración de petróleo y gas, ya que los tributos suspendidos de pago representan cerca del 50% del valor total de la inversión 

En los últimos años, las cifras de explotación de petróleo y gas natural vienen siendo muy positivas, llegando a máximos históricos. En 2016, la producción de petróleo alcanzó de media 2,144 millones de barriles al día, aumentando en 0,45% la producción del año anterior y cerca de la meta marcada de 2,145 millones al día.

Por su parte el gas natural también cerró el año en positivo, batiendo récords de producción con 651.075 barriles/día, cerrando el año 2016 con 703.000 metros barriles/día, un 11,3% más que el mismo mes del año anterior. De hecho, este sector se encuentra actualmente en fase de reestructuración con la reforma que se está analizando ya en la Cámara para su liberalización.

Cabe señalar que, en 2013, el Gobierno brasileño realizó la primera licitación en el marco del pre-sal —el Campo de Libra— en la cuenca de Campos, considerado el mayor descubrimiento de petróleo en Brasil (se estima su pico de producción en 1,4 millones de barriles al día). La licitación se acogió al novedoso «regime de partilha de produção». Bajo este régimen, los consorcios —participados todos por Petrobras— debían abonar una prima por contrato de explotación e indicar el porcentaje mínimo de petróleo extraído que deseaban en propiedad, siendo el restante para la Unión (los pliegos obligaban a un mínimo de 41,65% del petróleo para la Unión).

Durante muchos años, Brasil no tuvo un mercado desarrollado para el gas natural. La situación comenzó a cambiar con la construcción del gaseoducto Brasil-Bolivia, y con la adopción de incentivos públicos para el uso de este combustible como, por ejemplo, el programa Gas Natural Vehicular (GNV). El sector se ha caracterizado por una serie de desequilibrios entre la oferta y la demanda. En efecto, la oferta de gas producido en Brasil ha ido creciendo sin que la demanda haya hecho lo propio (entre 1999 y 2008, la producción nacional creció un 50%). A esto, hay que añadir el contrato que obliga a Brasil a importar 21 millones de metros cúbicos de gas boliviano al día.

 

Las metas de reducción de emisiones de carbono, el hecho de que Brasil cuente con la séptima mayor reserva de uranio del mundo y que esté cerca de dominar el proceso de enriquecimiento del combustible son factores que contribuyen a que la energía nuclear se incluya en los planes energéticos brasileños. El primer paso se dio en 2010 con la reanudación de la construcción de la central de Angra 3. Tras la declaración nula de Eletronuclear del proceso de licitación del consorcio para el montaje de la electromecánica de la central, la finalización queda suspendida, con posibilidad de ser finalizada después del 2021. Dentro del Plan Nacional de Energía (PNE) 2050, que sustituye al desfasado PNE 2030, es posible que se incluya la construcción de centrales nucleares. En la actualidad Brasil posee 2000 MW de capacidad instalada, a la espera de la resolución final de la central Angra 3 (1405 MW).

Por lo que respecta a las energías renovables, Brasil ha realizado un notable esfuerzo. En los últimos años, se ha dado un importante impulso a la energía eólica aumentando la capacidad instalada año tras año. Tan sólo en 2015, la capacidad instalada de energía eólica aumentó un 46% en Brasil. Según los últimos datos publicados por Asociación Brasileña de Energía Eólica (Abeeólica), la capacidad eólica instalada en el país es de 10,74 GW, tras instalar 2 GW en el año 2016 y auparse así al 9º puesto en el ranking mundial. El potencial de Brasil es suficiente como para que crezca hasta 30GW en apenas 10 años. Las buenas perspectivas del sector en 2014 atrajeron en un primer momento a numerosos inversores extranjeros. Sin embargo, ésta y la energía fotovoltaica recibieron un revés de mano del gobierno, al cancelarse  la segunda de las licitaciones que se iban a producir a finales de 2016 por existir un exceso de oferta de energía comprometida en un momento en el que la demanda está deprimida, consecuencia de la crisis económica, anunciando en diciembre que iba a proceder a descontratar parte de  esa energía. Tras llevarse a cabo este ajuste, junto a la mejora que se espera de la economía en 2017, las perspectivas en el sector de renovables vuelven a ser más positivas.

Por su parte, la transmisión eléctrica es una de las tareas pendientes del país, ya que, debido a la gran extensión del territorio, los principales centros de consumo están a larga distancia de los principales locales de generación energética, sin que haya una buena conexión al Sistema Interligado Nacional (SIN). A finales de 2016, el SIN contaba  con 134.947 kilómetros de líneas de transmisión (red básica), de los cuales 5.688 km fueron subastados en el año 2016 y 3.569,3 en 2017. Hasta 2021, las previsiones son de 26.313 km. nuevos con una inversión estimada de 70.000 millones de reales (21.200 millones de euros aproximadamente).

Por último, destaca la continuación del Programa «Luz para todos». Este programa, que comenzó en 2004, se volvió a prorrogar para el periodo 2010-2014 y, una vez más, hasta 2018 como nuevo límite. De acuerdo con el último balance publicado, el programa ha beneficiado a  3,3 millones de familias, cerca de 15,9 millones de personas y se espera que beneficie hasta este año a otro millón de personas. Las inversiones realizadas superan, actualmente, los 22,7 billones de reales (7.000 millones de euros, aproximadamente). Debido al aislamiento en el que vive una parte de la población brasileña, este programa ha destacado por instalar gran cantidad de placas solares fotovoltaicas para autoabastecer a esas poblaciones. El programa tiene como nuevo objetivo llevar energía a 228 mil familias de la zona rural, muchas de ellas en el Amazonas. 

Otras industrias: la industria aeronáutica

 

La industria aeronáutica es uno de los sectores destacados de alta tecnología de la industria brasileña. Su balanza comercial es tradicionalmente superavitaria y actúa como difusora y propulsora del desarrollo industrial interno, innovación y estimulación de la mano de obra cualificada en Brasil. El segmento aeronáutico incluye una variada gama de productos como: aviones, helicópteros, sus partes estructurales, motores, piezas, equipamientos de radiocomunicación y navegación, sistemas y equipamientos de control de tráfico aéreo.

 

La principal característica del sector es la existencia de un gran fabricante que acapara casi el 80% de la facturación. Se trata de Embraer, tercer constructor de aeronaves comerciales a nivel mundial, por detrás de Boing y Airbus. Es líder mundial del mercado de aviones de medio porte, donde compite con empresas como la canadiense Bombardier o la británica British Aerospace. El peso y volumen de esta empresa hace que sus decisiones y resultados influyan en el rumbo del sector.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Sector terciario

Uno de los primeros elementos a destacar en Brasil en relación al sector servicios es que la producción estadística sobre este sector es escasa resultando difícil obtener datos actualizados.

Desde un punto de vista histórico, el sector terciario brasileño experimentó a partir de la década de los setenta una fuerte expansión, en gran parte debido al proceso de urbanización e industrialización del país. La tendencia de crecimiento del sector observada en los últimos años se vio truncada en 2015, como efecto de la crisis económica que ha sufrido el país entre 2015 y 2016, registrándose una caída del 2,7% a lo largo de dicho año que se  repitió de nuevo en 2016.  En 2017, el sector aumento un 0.3% en relación al año anterior. El crecimiento del sector ha traído un ligero aumento en el volumen de empleos. En 2017, el segmento de servicios amplió en el 1,4% el número de trabajadores formales e informales según datos del IBGE recogidos por la Confederación Nacional de los Servicios (CNS).

El tamaño del sector terciario es relevante en Brasil. Representó en 2017 alrededor del 73,2% del PIB (72,8% en 2015). A pesar de todo, la existencia de un importante volumen de economía sumergida hace difícil el cálculo exacto de la verdadera dimensión del sector  en Brasil. Asimismo, un rasgo que ha señalado al sector en los últimos años es su carácter fuertemente inflacionista.

En cuanto al turismo, éste representa todavía un volumen de negocio muy por debajo de lo que cabría esperar de un país con los atractivos que ofrece Brasil. La inseguridad ciudadana, la escasez de mano de obra especializada, la falta de conocimientos técnicos y la carencia de infraestructuras son factores que impiden el despegue del sector en Brasil. Según los datos más recientes del Ministerio de Turismo, Según el Ministerio de Turismo, el año pasado 6.588.770 visitaron el país, lo que representa un aumento del 0,6% en comparación con 2016 (6.546.996), cuando la celebración de los Juegos Olímpicos atrajo miles de personas de todo el mundo. El número de desembarque de pasajeros varió de 2016 a 2017 un 4,4%, con un total de 10.642.962 pasajeros.

Con el reciente lanzamiento del Plan Nacional del Turismo 2018-2022, durante el desarrollo de la 51 reunión del Consejo Nacional de Turismo, CNT, el Ministerio del Turismo de Brasil destaca como una de sus principales metas la creación de dos millones nuevos de empleos. De este modo se pasaría de siete a nueve millones de puestos de trabajo en el sector.

También se espera incrementar el número de turistas nacionales, con la inserción de 39,7 millones de brasileños en el mercado consumidor de viajes; así como el internacional, pasando de 6,6 millones a 12 millones, juntamente a sus ingresos, saliendo de los actuales 6.600 millones de dólares, hasta los 19.000 millones en el horizonte de 2022.

Por su parte, según datos de la Asociación Brasileña de Telecomunicaciones (Telebrasil) el sector de telecomunicaciones representaba el 3,7% del PIB de Brasil en 2015. A enero de 2017, tenía servicios de acceso a internet activos para 223,9 millones, 197,2 mediante móvil y 26,7 a través de banda larga fija, con un crecimiento en los últimos 12 meses del 2% y el 5% respectivamente. Brasil cuenta con la mano de obra especializada en tecnologías de la información (TIC) más numerosa de Latinoamérica, si bien presenta un importante déficit en la industria de fabricación de componentes electrónicos, lo que se traduce en una elevada cuota de importación, que repercute en los precios de los fabricantes y montadores de equipos electrónicos y de telecomunicaciones. En 2014 la empresa española Telefónica adquirió el mayor operador de banda ancha en Brasil, GVT, la filial brasileña del grupo francés Vivendi. De esta forma, Telefónica de Brasil consolida su posición de liderazgo como operador de comunicaciones integrado con sus sectores de móviles y de banda ancha.

La principal operadora de móvil en Brasil es VIVO (grupo Telefónica) con más del 30% de cuota de mercado (76,6 millones de accesos en operación en octubre de 2017), seguida de CLARO (60,5 millones y una cuota del 25,1%) y TIM (58,9 millones de accesos y una cuota del 24,4%). En cuanto a la cuota de mercado de la conocida como banda larga, que incluye accesos fijos a internet de 256 kbps o más, destacaba en noviembre de 2017 CLARO Brasil, con una cuota del 31%, seguida de Telefonica (VIVO) con un 26,6% y Oi (22,2%).

Es reseñable el Plan de Banda Ancha (PNBL) del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovaciones y Comunicaciones, creado con el objetivo llegar a 40 millones de accesos de banda ancha fija en 2014 y al 100% de los órganos de gobierno, incluyendo unidades de la Administración Federal, Estadual y Municipal, escuelas públicas, unidades de salud, bibliotecas públicas y órganos de seguridad pública. A mediados de 2016, el Gobierno brasileño preparó actualizaciones del PNBL, con el objetivo de llevar el acceso rápido de internet al 95% de la población y al 70% de los municipios. Sin embargo, esta actualización está pendiente de la reforma de la Ley General de Telecomunicaciones, por lo que no se espera que el plan pueda volver a tener recursos financieros hasta 2019. Por otra parte, también merece la pena destacar que desde agosto de 2011 se abrió el mercado de TV por cable a las operadoras de telefonía y se puso fin a las restricciones de capital extranjero en el sector. Los cambios introducidos en las reglas de TV por cable han permitido avanzar, tanto a Telefónica como a Embratel en el proceso de consolidación de las telecomunicaciones en Brasil. 

En 2016, la exportación brasileña de servicios se redujo un 1,3% interanual alcanzando los 18.572,7 millones de dólares. Por mercados de destino, destacan  EEUU y Países Bajos.  (33%) Países Bajos (6,7%), Reino Unido (6,3%), Alemania (6,1%) y Suiza (5,5%). España supuso el 1,1% de las exportaciones (cliente número 20). Por sectores, los más destacados fueron:  

EXPORTACIÓN BRASILEÑA DE SERVICIOS*
Millones de dólares 2016 % del total
Otros servicios profesionales y técnicos 1.838  11,5
Servicios de transporte de containers 850  9,9
Otros servicios de consultoria 592 7,9
Servicios de gestion de carteras de activos 591 7,7
Servicios de transporte acuatico 591 6,3
Servicios gerenciales en procesos de negocios 874 4,6
Otros servicios de apoyo administrativo 556 4,4
Resto 12.702 47,6
Total 18.594 100,0
Fuente: MDIC
Ultima actualización: diciembre de 2016 
*Desagregado por NBS (Nomenclatura Brasileña de Servicios)

 

En cuanto a las importaciones, en 2016  ascendieron a 43.548,2 millones de dólares, un 4,4% menos que en 2015. Los principales proveedores son Estados Unidos (30,1%) y Países Bajos (25,5%). España es el octavo proveedor de servicios (2,4%). Por sectores, los más destacados fueron: 

IMPORTACIÓN BRASILEÑA DE SERVICIOS*
(Datos en millones de dólares)2016% del total
Arrendamientos de maquinarias y equipos16.70638,4
Servicios de licencias de derechos de autor3.3877,8
Servicios de transporte acuático de carga3.3777,8
Servicios financieros excepto bancos de inversión y seguros2.3275,3
Otros servicios profesiones técnicos1.5903,7
Servicios de propaganda1.4423,3
Servicios de reaseguros14133,2
Servicios de ingeniería13893,2
Total43.548
Fuente: MDIC
Ultima actualización: enero de 2018
*Desagregado por NBS (Nomenclatura Brasileña de Servicios) 

 

La balanza de servicios de Brasil es permanentemente deficitaria. En 2016, el déficit de la cuenta de servicios ascendió a casi 25.000 millones de dólares.

Los principales países exportadores e importadores de servicios para Brasil, en 2016, fueron: 

PAÍSES EXPORTADORES E IMPORTADORES DE SERVICIOS PARA BRASIL
EXPORTADORES A BRASIL Porcentaje IMPORTADORES DESDE BRASIL Porcentaje
Estados Unidos 28,6 Estados Unidos 30,1%
Países Bajos 26,1 Países Bajos 25,5%
Reino Unido 5,8 Reino Unido 7,5%
Alemania 5,7 Alemania 5,9%
Noruega 3,8 Suíza 3,2%
Francia 2,9 Francia 3,0%
Suíza 2,7 Japón 2,8%
España 2,4 Argentina 2,4%
Uruguay 1,7 Irlanda 2,1%
Japón 1,6 Singapur 1,8%
Fuente: MDIC
Ultima actualización: diciembre de 2017

 

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