Estructura de la oferta

Resumen de la estructura de la oferta

La generación de divisas por la economía sudanesa estaba tradicionalmente basada en la agricultura y hasta 1999 (momento en que el primer oleoducto entró en funcionamiento), los productos agrícolas suponían prácticamente el total de las exportaciones. Cuando se empezó a exportar petróleo, esta situación cambió radicalmente pasando éste, en pocos años, a ser la fuente de ingresos más importante. 

Pese a todo, en términos de estructura económica el país sigue siendo aún hoy en día eminentemente agrícola empleando a más del 75% de la mano de obra y contribuyendo al PIB en el 33%. Uno de los objetivos estratégicos del Gobierno es incrementar su productividad y desarrollar la agroindustria como fuente de crecimiento económico alternativas al petróleo, cuya producción se localiza ahora principalmente en Sudán del Sur. En 2017 Sudán produjo unos 120.000 b/d de petróleo, y en 2018 la producción se estima en 135.000 b/d, esperando poder llegar con nuevas inversiones hasta 155.000 b/d en 2022. (En Sudán del Sur se espera volver en 2019 al nivel de producción pre-conflicto de 350.000 b/d). Otro sector en el que se está haciendo un especial esfuerzo por desarrollar es el de las industrias extractivas, en especial, la minería del oro. El sector industrial manufacturero es muy limitado y los servicios representan cerca del 55% del PIB, en particular el sector bancario y el de telecomunicaciones han vivido un importante despegue en años anteriores, atrayendo inversión extranjera. 

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Precios (minoristas y mayoristas)

Sudán es muy dependiente de las importaciones, porque su estructura productiva está poco diversificada, de forma que la tasa de inflación tiene un importante componente de oferta, es decir, de incapacidad de la oferta de satisfacer la demanda interna y otro importante componente de inflación importada, por tanto, la devaluación de la libra sudanesa repercute inmediatamente en el índice de precios al consumo.

Desde la independencia de Sudán del Sur las tensiones inflacionistas se acentuaron, debido principalmente a las siguientes razones: recalentamiento de la economía consecuencia de un presupuesto descompensado; devaluación de la libra sudanesa; medidas restrictivas impuestas a la importación de productos de consumo no esenciales e incremento del precio de los alimentos (en especial de productos como el azúcar y la carne, afectando especialmente a las zonas que sufren el conflicto bélico).

Hay que tener en cuenta además que en noviembre de 2016 el gobierno anunció que los subsidios a los combustibles se eliminarían con efecto inmediato. Dicha medida supuso un incremento de precios de los combustibles de un 30%. Respecto a las tarifas eléctricas, el gobierno anunció que se iban a incrementar, pero solo a partir de un determinado umbral, con lo cual, los usuarios que tienen un menor consumo no se verían afectados por la medida. Podría abordarse también la eliminación gradual de otros subsidios (gas, cereales, medicamentos).

Entre 2016 y 2018 la inflación no ha dejado de aumentar. En 2017 fue del 32,5% y se alcanzó un pico superior del 63% de media en 2018. Posteriormente, en 2019 parece haberse estabilizado algo por encima del 40%. No obstante, dadas las circunstancias políticas actuales todo apunta a que seguirá la tendencia al alza.

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Infraestructuras económicas (transporte, telecomunicaciones y energía)

Sudán continúa a la cola de África en cuanto a Índice de Desarrollo de las Infraestructuras, lo que sin duda lastra su desarrollo económico y desincentiva las inversiones extranjeras en el país —estas, de hecho, se han ralentizado y permanecen muy por debajo de su potencial—. Desde 2007, las infraestructuras de transportes, energía y telecomunicaciones son consideradas como sectores prioritarios. No obstante, la sucesión de conflictos bélicos en determinadas regiones del país, la permanencia del país en la lista de Estados promotores del terrorismo, la falta de verdadero compromiso en el desarrollo de estos sectores, así como la ya mencionada independencia de Sudán del Sur en 2011 —con la importante pérdida de ingresos públicos que esto supuso (ver punto 3.1)— han ido retrasando año tras año las inversiones necesarias para revertir esta situación. 

Transportes

Carreteras: La red de carretas de Sudán cubre unos 30.000 km. Pero, según el ministro de transportes y de desarrollo rural Hatem Al-Sir, solo alrededor del 30% (11.000 km) de las mismas están pavimentadas, las condiciones generales de las vías son deficitarias y empeoran durante la época de lluvias (mayo a octubre). Las dificultades económicas del país impiden un desarrollo mayor —solo la nueva carretera del Estado de Kordofan Norte ha tenido un coste de 30 millones de dólares—. La principal empresa nacional encargada de desarrollar la red de carreteras es Zadna, vinculada tanto a proyectos de construcción como de desarrollo rural.

Por otra parte, los incidentes de seguridad son comunes y en muchos tramos —en la región occidental de Darfur especialmente— los vehículos deben, obligatoriamente, viajar de día y organizados en convoyes escoltados por la policía sudanesa, el ejército o fuerzas de la UNAMID (la misión Híbrida de la Unión Africana y las Naciones Unidas en Darfur). Todo hace que la velocidad media de las carreteras del país sea de 50Km/hora.

Ferrocarriles: Sudán tiene una de las redes ferroviarias más amplias de África, gestionadas por la Sudan Railways Corporation (privatizada en 2011), con vías que cubren 5.898 Km, pero con solo 48 locomotoras en funcionamiento. Sin embargo, la capacidad de la red se encuentra infrautilizada por la falta de inversiones —especialmente por haber estado sometido a sanciones comerciales durante años—, ausencia de mantenimiento e instalaciones necesitadas de renovación. De la misma forma, la gestión de los servicios es ineficaz, a causa de sistemas de seguimiento y comunicación desactualizados. La ruta principal que une Jartum con Port Sudan vía Atbara fue renovada en 2017, pero la mayor parte de proyectos siguen pendientes de financiación.

China es la principal inversora de los ferrocarriles sudaneses, e incluso siguió otorgando préstamos al país durante la época de sanciones. A principios de 2018 el gobierno sudanés anunció su intención de conectar su sistema de ferrocarril con Sudán del Sur y Etiopia, con el objetivo de favorecer la salida de sus exportaciones hacia África y el paso de mercancías a través de su territorio hacia Port Sudán, en el Mar Rojo. No obstante, el proyecto sigue en el aire. Proyectos semejantes se han discutido con el gobierno egipcio, pero nada se ha materializado tampoco.

Puertos: La principal salida marítima de mercancías se encuentra en la ciudad de Port Sudán, situada estratégicamente en el Mar Rojo, a 260km del puerto saudí de Jeda, y conectado por carretera y tren al resto del país vía Jartum (a 1200 km). A pesar de todo las capacidades portuarias están muy por debajo de su potencial de movilizar anualmente 1,2 millones de toneladas métricas (de contenedores) con lo que posición ventajosa del puerto no es aprovechada. Por otro lado, el gobierno turco está a cargo del proyecto de restauración del puerto de Suakin, que albergará embarcaciones tanto civiles como militares y que servirá para el transporte de peregrinos a la Meca. Los puertos sudaneses son gestionados por la Sea Ports Corporation (SPC), que se encarga de su gobierno, construcción y mantenimiento.

Aeropuertos: El principal aeropuerto de entrada a Sudán es el Aeropuerto Internacional de Jartum, el único que funciona las 24 horas del día. Asimismo, el país cuenta con varios aeropuertos internacionales secundarios —incluido uno en la ciudad de Port Sudán— y otros exclusivos para el tráfico interno. Además, un nuevo aeropuerto se encuentra en construcción en la capital, un proyecto en manos de la empresa turca Summa. Todos ellos son públicos, operados por el gobierno sudanés a través de la Autoridad de la Aviación Civil. Tanto compañías aéreas públicas como privadas pueden operar en el espacio aéreo del país. La compañía nacional, Sudan Airways, fue privatizada en 2011. Además, existe una intensa actividad de los servicios aéreos humanitarios de las Naciones Unidas (UNHAS por sus siglas en inglés), operado por el programa mundial de alimentos, exclusivo para actividades humanitarias, de donantes y de diplomáticos.

Telecomunicaciones

Los servicios de telecomunicaciones y asociados son bastante competitivos y de calidad en Sudán. Tras un período de reformas y liberalizaciones a principios de los años 90, Sudán consiguió crear un clima atractivo para los negocios en este sector. De hecho, en los últimos años el desarrollo del sector de las telecomunicaciones y las tecnologías de la información en Sudán ha sido de los más elevados de África y Oriente medio, con los servicios de telefonía móvil claramente superando a las líneas fijas y alcanzando la mayor parte del país, con una ratio de 70 líneas por cada 100 habitantes, si bien menos de un 30% de la población es usuaria de internet y el acceso a la red se encuentra muy restringido, en mayor o menor medida dependiendo de la coyuntura política del país. Las principales prestadoras de servicios de telefonía móvil son SudaTel (la empresa nacional privatizada en 2002), MTN y Zain.

Energía

Tras la secesión de Sudán del Sur en 2011, y la consecuente pérdida del 75% de las reservas de petróleo del país, el gobierno sudanés inició la búsqueda de fuentes de energía alternativas a los combustibles fósiles. Actualmente, la electricidad se obtiene principalmente de fuentes hidroeléctricas (66%) —procedentes de siete presas, siendo este un sector que ofrece excelentes oportunidades de inversión— y de centrales térmicas (33%). Las infraestructuras eléctricas del país solo alcanzan a dar electricidad a un 38,56% de la población, pero la producción energética no ha dejado de aumentar un 10% anual durante la última década. Actualmente el país se está beneficiando del proceso de integración energética regional. Un ejemplo de ello es el proyecto con Egipto para unir las líneas eléctricas de ambos países. Inicialmente parecía que la conexión se iba a completar en la primera mitad de 2019, sin embargo, a raíz de la particular situación política del país, el proyecto ha quedado paralizado.

Dadas las dificultades para construir el extenso tendido eléctrico que haga llegar la electricidad a todas las comunidades del país, muy diseminadas por el conjunto del territorio, el gobierno ha planteado el proyecto de construir centrales solares aisladas para cada núcleo de población, si bien la implementación aún queda lejos.

A pesar de la pérdida de las reservas, Sudán dispone de los oleoductos, cinco refinerías —pero solo dos de ellas, la de Al-Jaili (Jartum) y Al-Obeid activas —, infraestructuras de transporte y de un punto de salida cercano a Port Sudan (la terminal Marina de Mashayer, con capacidad para almacenar as 1,2 millones de barriles/día) —gestionados todos ellos por la Greater Nile Petroleum Operating Company—, y que es el punto de salida clave de las exportaciones de petróleo del país.

Tras la independencia del sur, ambas partes llegaron a un acuerdo para continuar con la exportación de todo el petróleo de Sudán del Sur a través del norte. Aunque aún sin definir, Sudán del Sur pretende construir oleoductos que le permitan exportar el petróleo hacia Kenia y Yibuti. El Ministerio del Petróleo (MOP, por sus siglas en inglés), la Sudanese Petroleum Corporation y la compañía nacional Sudapet son las tres entidades que gestionan la industria petrolífera en el país. En cuanto a las empresas extranjeras, China (CNPC), India (ONGC) y Malasia (Petronas) siguen dominando el mercado.

Conseguir aumentar la producción y uso de energía solar es una de las prioridades del país, para lo que cuenta con el apoyo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. El gobierno tiene el objetivo de aumentar su producción de energía solar y eólica hasta 1.000 MW en 2019, y hasta 5.520 MW para 2020. Actualmente el país tiene acuerdos firmados con grupos empresariales de EAU, Reino Unido y Alemania para la construcción de plantas solares y otras dos plantas se encuentran en construcción en las ciudades de Al-Abyad y Al-Fashir, con capacidad para 5MW.

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Población activa y mercado de trabajo. Desempleo

De acuerdo con los datos oficiales, la tasa de desempleo equivale al 21,4% de una población activa de en torno a 11 millones de personas.

De conformidad con el FMI, las tasas de desempleo se han mantenido relativamente estables durante los últimos años y no han variado en exceso. La tasa de desempleo en 2014 fue del 19,8%, 22% en 2015, 20,6% en 2016 y del 19,6% en 2017.

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PIB per capita y distribución de la renta

Diferentes indicadores indican que la calidad de vida de Sudán es baja. En 2017, el Índice de Desarrollo Humano elaborado por el PNUD situó a Sudán en la posición 165º de un total de 188 países, y en 2018 empeoró dos puestos hasta la posición 167º.

Los conflictos internos, el aislamiento internacional, e instituciones y gobernanza débiles pesan sobre el crecimiento y la inclusividad social en Sudán. NN.UU. calcula que, debido a los conflictos internos, hay un número muy elevado de desplazados internos en Sudán -el mayor número de África-, a los que proporciona ayuda humanitaria. 

Sudán continúa siendo un país pobre. Su riqueza está desigualmente distribuida entre su población urbana, en especial en Jartum y su ciudad gemela Omdurmán, y la población que habita en las zonas rurales del país y que supone la mayoría de la población.

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Sector primario

Con un 63% de tierras cultivables, la agricultura ha sido el sector económico históricamente más importante de Sudán en términos de aportación al PIB hasta que comenzaron a explotarse los recursos petroleros.

Los últimos datos disponibles señalan que la agricultura representa el 39,6% del PIB en 2017, con una tasa de crecimiento del 3,7% ese mismo año, y que sigue empleando al 80% de la población activa. Sin embargo, la grave sequía durante la estación de lluvias de junio y septiembre de 2017 redujeron enormemente la productividad de las cosechas de 2018 —entre un 65 y un 90% según datos de la FAO—, con lo que el crecimiento del sector agrícola se ralentizó a un 0,2%.

Sudán tiene 81 millones de hectáreas de tierra fértil, de la que algo menos del 20% está cultivada y solo 4,5 millones de hectáreas cuentan con sistemas de irrigación. La alta calidad de la tierra cultivable, unida a la abundancia de recursos hídricos con los que cuenta el país, lo convierten en un lugar atractivo para los inversores internacionales. Estos buscan suministrar desde Sudán a mercados con alto poder adquisitivo, como los países de la península arábiga —con graves problemas de seguridad alimentaria—, o de gran volumen, como Egipto y Etiopía. En este sentido, Sudán ha recibido importantes inversiones saudíes, brasileñas, qataríes y emiratíes. Empresas de Líbano, Turquía y Egipto están, asimismo, introduciéndose en el sector gracias a las concesiones temporales de tierra y recursos hídricos otorgadas por el Gobie. Por otra parte, debe mencionarse que el país ofrece enormes oportunidades para la agricultura orgánica, al existir amplias zonas en las que nunca se han utilizado fertilizantes o pesticidas industriales. Sin embargo, faltan inversiones y legislación adecuadas para promover este sector.

Los principales cultivos son el maíz, el mijo, sésamo, el trigo, el algodón y las semillas oleaginosas. El cultivo tradicionalmente más importante fue el algodón, hasta que a mediados de la década de los 90 fue sustituido en importancia por el sésamo, que ocupó el primer lugar en el ranking de productos agrícolas exportados.

Otros cultivos importantes son el azúcar de caña, los dátiles, los cítricos, el girasol y el sorgo. La goma arábiga es el principal producto resultante de la silvicultura y su producción se ha mantenido estancada en las 16.000 toneladas por año desde 2000, si bien Sudan sigue produciendo cerca del 80% de este producto a nivel mundial.

El sector agrícola en su conjunto ha sufrido un proceso de deterioro en sus infraestructuras básicas en los últimos años debido principalmente a la falta de suficiente inversión, al sesgarse en exceso la estructura económica hacia el sector hidrocarburos. Esto ha llevado a que la producción agrícola per cápita disminuyera en los últimos años, mientras que las importaciones aumentaban.

Las áreas más afectadas son aquellas cultivadas en régimen de regadío. No obstante, durante los últimos años se han desarrollado una serie de proyectos de regadío de tierra cultivable, ya que en virtud del acuerdo que firmó Sudán con Egipto en 1959 sobre el uso del agua del Nilo, se establecía la cantidad de agua que se podía utilizar por parte de cada país. Sudán no llega a utilizar el máximo asignado (18.500 millones de metros cúbicos). El mayor de los proyectos que se está llevando a cabo, y que ya está en funcionamiento, es el de Al Gezira, que consiste en crear una zona de regadío entre el Nilo Azul y el Nilo Blanco que cubre 880.000 Ha. Existen otros proyectos de irrigación de cierta relevancia, entre los que se encuentra el de Rahad, promovido por el Banco Mundial, que pretende crear una zona de 117.000 Ha. irrigadas por aguas procedentes de la presa de Roseares. No obstante, los objetivos del mismo no han sido, en ningún caso, cumplidos todavía, a pesar de llevar en marcha más de cuatro décadas.

En cuanto a la ganadería, el sector experimentó un fuerte crecimiento durante los últimos años como consecuencia de incentivos llevados a cabo por el Gobierno, y se convirtió en uno de los principales productos exportados del sector primario sudanés. Sin embargo, los datos más recientes señalan que esta tendencia ha dejado de ser positiva, ya que la contribución del ganado a las exportaciones del país se ha visto disminuida, pasando de representar un 24,2% en 2016 a un 22% en 2017. Esta disminución se debe principalmente al tipo de cambio sobrevalorado y a un pobre e inestable clima de negocios e inversión.

La mayor parte de su producción se destina a la exportación, principalmente a los países de la Península Arábiga y a Egipto. Sudán tiene más de 40 millones de cabezas de ganado, incluyendo fundamentalmente ovejas y cabras, ganado vacuno y camellos.

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Sector secundario

Las principales industrias del país son el sector petrolífero, el sector textil, la minería del oro, el cemento, los aceites para consumo humano, el refinamiento de azúcar, el jabón, el calzado, los refinados del petróleo, la producción de armamento, el sector de la automoción, los productos farmacéuticos, la carne y el cuero.

Petróleo

Tras la apertura del primer oleoducto en 1999 destinado a trasportar el petróleo a Port Sudan para su exportación, la producción no paró de crecer hasta alcanzar los 450.000 barriles/día en 2011. No obstante, tras la independencia de Sudán del Sur la producción se redujo a una media de unos 105.000 barriles/día. Además, desde el inicio de 2019, a raíz de las protestas sociales y la inestabilidad política resultante, las exportaciones de petróleo se han reducido cerca de un 17%, pasando de 95.000 barriles diarios en 2018 a 79.000 en 2019.

El desarrollo del sector ha llevado a un fuerte incremento de la inversión extranjera en el país y ha impulsado el desarrollo de las industrias y de los servicios asociados.

Antes de la secesión del sur, el petróleo era el origen del 98% de la entrada de divisas por la exportación. Las exportaciones se canalizaban (y aún se siguen canalizando) a través de dos oleoductos que transcurren desde Sudán del Sur hacia el norte (uno se dirige directamente a Port Sudán y otro pasa antes por la capital, Jartum).

El 75% de las reservas petrolíferas de Sudán estaban en la zona sur, no obstante, se están llevando a cabo nuevas exploraciones en el norte, que podrían compensar en parte la pérdida del sur. Con el objetivo de incrementar la producción hasta los 154.000 barriles/día para 2023 el Gobierno ha ido convocando una serie de subastas de licencias de exploración durante todos estos últimos años.

A raíz del embargo unilateral al que EE. UU. sometió a Sudán hasta 2017, las compañías concesionarias de la industria petrolífera son fundamentalmente asiáticas o de oriente medio, concretamente las chinas CNPC (China National Petroleum Corporation) y Sinopec, la malaya Petronas, la emiratí Al Thani y la turca Zafer. También opera la angoleña SONANGOL y un grupo de petroleras menores de origen diverso (sueco, noruego, moldavo, etc.).

No obstante, desde el fin de las sanciones el gobierno sudanés inició una campaña para conseguir atraer a inversores internacionales de origen europeo y estadounidense. Y aunque aún ninguna empresa ha expresado explícitamente su interés en entrar en el país, sí que se sabe que al menos una, la estadounidense Baker Hughes, han comenzado a investigar las diferentes oportunidades que presenta Sudán.

Se debe destacar la creación, en 1997, del holding GNPOC, Greater Nile Operating Company, es el resultado de una serie de acuerdos entra la empresa pública sudanesa SudaPet, la empresa estatal malasia Petronas, la empresa CNPC (China National Petroleum Corporation) y la empresa pública india ONGC. Este grupo de empresas se encarga de la prospección y exploración de los sectores 1, 2 y 4, junto con la explotación del oleoducto y una terminal marítima de almacenamiento. El 60% de los ingresos brutos del grupo están destinados a las empresas extranjeras y el 40% restante al Gobierno sudanés. Una vez superada la fase inicial de recuperación de costes, la proporción se invertirá, de forma que ese 60% estará destinado al Gobierno de Sudán.

Los sectores 3 y 7 son explotados conjuntamente por la malaya Petronas, un consorcio compuesto por CNPC, Petronas, Sudapet, la emiratí Al Thani y la china Sinopec. Por su parte, los sectores 5a y 5b, cuyas concesiones de exploración habían sido adjudicadas a Total y Petronas respectivamente, habían permanecido sin explorar debido a los problemas ocasionados por la guerra civil. Tras la firma del acuerdo de paz, el sector 5a ha sido adjudicado a una empresa británica por parte del SPLM, con lo que no está claro quién será el encargado de la explotación de este sector. Del mismo modo, existe un litigio entre Petronas y una compañía moldava por la explotación del bloque 5b. El resto de los sectores están siendo explorados en solitario por Petronas, CNPC, la turca Zafer, o bien por un grupo surgido de un acuerdo entre Petronas y CNPC.

Industria

El sector industrial está muy poco desarrollado, representa solo el 2,6% del PIB del país, con un crecimiento del 4,5% en 2017 y ocupa al 7% de la población activa.

Textiles

Sudán produce material básico de algodón y quiere ser capaz de procesarlo dentro del país para darle un mayor valor añadido. El sector ha recibido inversión extranjera, sobre todo, de la mano de empresas turcas.

La oferta de productos textiles es insuficiente para satisfacer la demanda local. Esta situación hace a este campo uno de los más interesantes ya que genera la oportunidad de establecer nuevas fábricas para la producción textil de hilo, prendas confeccionadas, punto, bolsas de algodón, gasas de algodón absorbente, etc.

Asimismo, abre el mercado para la participación, rehabilitación o construcción de industrias relacionadas con el hilado y tejido.

La industria textil sudanesa experimentó una recuperación durante el año 2017. Esto se produjo principalmente gracias a las nuevas políticas implementadas por el Gobierno sudanés que comenzaron a dar sus frutos con la entrada de inversores árabes respaldados financieramente por empresas internacionales del sector.

Además, antes del inicio de las mencionadas protestas a finales de 2018, el Ministerio de Industria anunció que el Gobierno había comenzado ya a rehabilitar determinadas fábricas textiles. A su vez, esta información vino acompañada con la expansión de las plantaciones de algodón para favorecer a la industria textil.

A pesar de todo, la inestabilidad política y económica del país siguen frenando las inversiones en este y otros sectores clave y lastrando el desarrollo del país. En definitiva, hasta que no se resuelva el período de transición política todas las posibles medidas para incentivar la economía permanecerán en la incertidumbre.

Minería

La minería es un sector con un importante potencial para la economía sudanesa, con un crecimiento en 2017 del 6,3% y de especial relevancia gracias a los yacimientos de oro del país. Las reservas de este mineral en Sudán se estiman en 2.000 toneladas, concentradas en las colinas cercanas al Mar Rojo. La extracción del metal se lleva a cabo por medio de joint ventures con empresas fundamentalmente chinas, francesas y, recientemente, rusas.

Durante el año 2017 las exportaciones de oro se vieron incrementadas en un 3,7% sobre todo debido al descontrol continuo y generalizado que existe en el comercio de oro en Sudán. De esta manera, se permite que el sector privado exporte el 70% de la producción nacional de oro y venda el resto a las organizaciones comunitarias de base. Sin embargo, de las 105 toneladas de oro producidas durante el año 2017, únicamente un 36,8% fueron efectivamente exportadas y la mayor parte de la extracción de este mineral se sigue llevando a cabo por medios informales. Esto evidencia una clara necesidad por establecer un sistema de concesiones para el comercio de oro así como regulaciones para mejorar las condiciones de la industria y de sus trabajadores.

Además de oro, Sudán cuenta con yacimientos sin explotar de potasio, cromita, zinc, plata, hierro y tungsteno.

Construcción

Sudán registró un alto grado de crecimiento en el sector de la construcción en los últimos años, aunque dada la actual situación política y económica es previsible que se ralentice. Además, la economía está aún bajo el shock que ha supuesto la pérdida del 75% de los ingresos por exportaciones de petróleo, que ha obligado a reducir el consumo público y privado.

El proyecto más grande que se ha llevado a cabo es la presa de Merowe con una inversión de 2.000 de millones de dólares. La presa tiene 67 metros de alto y casi diez kilómetros de largo y fue inaugurada a finales de marzo de 2009.

Respecto al mercado inmobiliario hay que destacar el aumento de precios debido, entre otras cosas, a la especulación que han provocado las expectativas de llega de personal de organizaciones internacionales. Esta situación se da principalmente en las grandes ciudades.

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Sector terciario

En el año 2017, el sector servicios representaba el 57,8% del PIB, con una tasa de crecimiento anual de 3,81%. No obstante, la inestabilidad de los años 2018 y 2019 ha provocado caídas en el sector de un 2,2% y un 3%, respectivamente. 

Sector Financiero

El sector bancario es, con diferencia, la parte más importante del sector financiero sudanés. En la actualidad, operan 37 bancos comerciales, de los cuales 12 tienen capital extranjero y 4 son estatales. Entre los bancos extranjeros están el Byblos Bank de Líbano, Faisal Islamic de Arabia Saudita, Boubyan Bank de Kuwait y Sudanese Egyptian Bank, con capital egipcio, entre otros.

Los bancos públicos dominan el sector, ya que representan más del 50% de sus activos. Los bancos ofrecen exclusivamente financiación islámica, de acuerdo con la sharía.

El volumen de préstamos fallidos se sitúa en torno al 20% y en su mayoría corresponden al banco estatal Omdurman National Bank.

Turismo

La importancia del sector turístico de Sudán es insignificante debido principalmente a la inestabilidad política del país, al deficiente estado de sus infraestructuras, las dificultades para conseguir un visado de entrada y la necesidad de obtener salvoconductos para los desplazamientos internos. A esto se añade, la falta de establecimientos hoteleros fuera de la capital, así como las malas comunicaciones por carretera y ferrocarril dentro del país que hacen que resulte casi imposible visitar áreas fuera de Jartum.

A pesar de todo lo anterior el número de turistas aumentó significativamente en el periodo de paz con Sudán del Sur, aunque la escalada bélica con este nuevo país desde 2011 volvió a cambiar esta tendencia creciente.

Existe un gran potencial en la costa del mar Rojo, sobre todo para la instalación de centros de buceo, si bien es necesario desarrollar las infraestructuras costeras. De hecho, los buceadores que desarrollan su actividad en la costa sudanesa suelen proceder directamente de barcos que parten desde el sur de Egipto.

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