Información del mercado

El mercado (nivel de vida, rasgos de la demanda, centros económicos)

Brasil ha sido durante años el paradigma de las economías duales, caracterizadas por la coexistencia de la extrema riqueza con la extrema pobreza. Con todo, probablemente el mayor acontecimiento producido en la economía brasileña en los últimos años haya sido la incorporación de millones de brasileños al mercado de trabajo.
Desde 2002 hasta la actualidad, la clase media brasileña - la llamada clase C, que hace referencia a familias con ingresos comprendidos en la horquilla 2.166 y 5.233 reales al mes (aproximadamente 345-834 euros al mes) ha pasado de representar el 38,8% de la población al 51% en 2018 mostrando una cierta recuperación después de años de retroceso debido a la crisis económica. Se trata de millones de consumidores que consiguen acceder de manera muy reciente al sistema financiero, adquiriendo viviendas, bienes de consumo duradero, viajando en avión, protagonistas, en definitiva, del ciclo virtuoso en el que se movió la economía brasileña hasta la crisis. Se espera que la renta disponible para este sector de la población aumente en torno a un 3,5% en el ejercicio de 2019, lo que según algunas proyecciones, impulsaría un 3% el consumo interno.
El periodo de recesión que afectó a la economía brasileña y del que todavía no se ha recuperado del todo ha provocado un descenso en el número de familias pertenecientes a las clases A, B y C. Brasil experimentó un descenso ininterrumpido del índice de GINI durante los últimos 15 años aunque los índices de desigualdad vienen incrementándose continuamente desde el cuarto trimestre de 2015, como consecuencia de los efectos de la crisis. Así, ha pasado de situarse en 2015 en 0,491 (según el Instituto Brasileño de Economía de la Fundación Getúlio Vargas), al 0,553 (primer trimestre de 2020). La desigualdad sigue siendo elevada en el país, siendo Brasil uno de los países con mayor concentración de riqueza en la clase alta: actualmente el 10% de la población recibe el 52% de la renta nacional.
Según el Centro Integral de Políticas para el Crecimiento Inclusivo del PNUD, entre 2004 y 2013 los índices de pobreza en Brasil se redujeron: del 20% al 9% de la población y del 7% al 4% en el caso de pobreza extrema. Sin embargo, las principales características siguen siendo las mismas: está más presente en el medio rural y se concentra en las regiones del norte y nordeste de Brasil.
Dada la baja incidencia de la pobreza extrema en Latinoamérica y Caribe, al igual que en muchos otros países clasificados como de ingreso medio alto, un umbral más informativo y comúnmente elegido es el de 5,50 dólares por persona al día.
El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) informó que la pobreza extrema en Brasil alcanzó su mayor nivel desde 2012, con el 6,5% de la población, equivalente a 13,5 millones de personas, con ingresos menores a 1,9 dólares por día.
Según el estudio del IBGE, el porcentaje de brasileños en situación de extrema pobreza creció con relación a 2017, cuando era el 6,4% de la población del país, estimada en unos 200 millones de personas.
Ese incremento estableció, sin embargo, un nuevo techo desde el inicio de la serie histórica, en 2012, cuando el número de brasileños con unos ingresos mensuales inferiores a 145 reales era de 11,3 millones (5,8%).
En los siguientes dos años, Brasil redujo los índices de extrema pobreza hasta situarlos en el 4,5%, pero a partir de 2014 empezaron a crecer debido a la severa crisis económica que desplomó el PIB siete puntos porcentuales entre 2015 y 2016 y cuyos efectos aún golpean el país.
Por otro lado, un millón de personas abandonó en 2018 la línea de la pobreza – aquellos que viven con menos de 5,5 dólares por día-, pero aún permanece en esa situación un cuarto de la población brasileña, es decir, 52,5 millones de personas.
El índice de pobreza cayó desde el 26, % en 2017, hasta el 25,3% en 2018, un porcentaje aún lejos del registrado hace cinco años, cuando fue del 22,8%. La pobreza golpea sobre todo a la población negra o mestiza, que representa el 72,7% de los pobres en Brasil.
En el informe del IBGE se constata que la desigualdad salarial alcanzó en 2018 su máximo nivel desde que se empezaron a recoger este tipo de estadísticas, también en 2012. El 1% más rico obtuvo una renta mensual media de 27.744 reales (unos 4.471 dólares), mientras que el 50% de los menos favorecidos ganó únicamente 820 reales (unos 152 dólares).
Además, ese 1% más rico vio crecer sus rendimientos un 8,4% en 2018, mientras que los del 5% más pobre cayeron un 3,2% hasta los 153 reales (unos 28 dólares) de media por mes.
Según el informe de Pesquisa Nacional de Amostras por Domicilio (PNAD) Continua elaborado por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) en 2019, la pobreza extrema, medida con el número de personas que viven por debajo del umbral de 1,9 dólares al día, esta cifra incrementó en 170.000 integrantes, cerrando 2019 con 13,8 millones de personas, equivalente al 6,7% de la población del país.
A pesar del final de la recesión económica y del inicio de recuperación, miles de brasileños dejaron de pertenecer a las clases sociales A y B en 2017. Según los cálculos de Bradesco, basados en el PNAD del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), 900 mil personas dejaron de integrar las clases A y B en 2017. Sólo en la clase A -compuesta por familias con ingresos mensuales de 11.001 reales o más- fueron 500 mil menos. Esta elite pasó a ser formada por 10,3 millones de individuos en 2017, lo que representaba el 4,9% de la población. Un cálculo paralelo de la LCA Consultores identificó la misma tendencia, aunque con declinación menos acentuada. Para la consultoría, 441 mil personas dejaron las clases A y B en 2017. El retroceso fue mayor en la clase A -por el criterio de la consultoría, ingreso familiar per cápita superior a 3.566 R$-. El contingente de ese top social retrocedió de 13,1 millones a 12,8 millones de personas, una baja del 2,3%. En general, el declive de los brasileños para las capas menos favorecidas reflejó la crisis aún presente en el mercado de trabajo en 2018. A pesar del inicio de la recuperación del empleo, esta mejora se dio por puestos de trabajo informales, generalmente de baja calidad y menores salarios. Al mismo tiempo, el sector privado siguió disminuyendo vacantes con contrato firmada.
Asimismo, según el IBGE el mercado laboral brasileño se vio afectado durante el primer trimestre de 2020 con respecto al cuarto trimestre de 2019, ya que la población activa se redujo un 2,5% (2,23 millones de personas) y se ha convertido en la mayor caída porcentual de este indicador trimestral en la historia. Si bien existe estacionalidad en los contratos de trabajadores (los contratados durante el último trimestre del año dejan de trabajar durante el primero del año siguiente), existe influencia de la crisis sanitaria producida por el coronavirus (Covid-19). La tasa de desempleo se situó en 12,6%; 1,6% mayor que en el último trimestre de 2019, que puede en parte explicarse por la imposibilidad de buscar empleo de aquellos que dejan la fuerza de trabajo debido a las medidas de distanciamiento social establecidas por los distintos estados de Brasil.

 

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Canales de distribución. Estructura y marco legal de la distribución comercial

Debido a las peculiaridades del mercado brasileño, resulta muy aconsejable iniciar operaciones en él mediante un agente o distribuidor. La orientación regional de la economía sigue siendo determinante en un país de dimensiones continentales, por lo que, en función de los objetivos de la empresa, sería preferible que el agente o distribuidor tuviera capacidad y autonomía para contratar agentes locales. En la mayoría de los casos, estos distribuidores se ubican en São Paulo. 

 

Los canales de distribución son distintos en función del tipo de bien que se comercialice, diferenciándose entre bienes de equipo y bienes de consumo. 

La distribución de los bienes de equipo es muy similar a la española. El canal de distribución es distinto en función del tamaño de la máquina o el equipo. Las máquinas pequeñas se comercializan en tiendas especializadas, mientras que las grandes fábricas tienen su propia red de concesionarios que son sus propios puntos de venta, en los que además se presta asistencia técnica. 

 

Lo más extendido en Brasil es el sistema de distribución mediante representantes, que funciona mediante pedidos evitándose así los stocks de maquinaria. 

En la distribución de bienes de consumo hay que distinguir entre el sector atacadista (venta al por mayor) y el sector varejista (venta al por menor). 

 

El mayorista o distribuidor es el principal canal de venta entre la industria y los pequeños y medios supermercados. Su actuación es esencial debido a la enorme extensión geográfica de Brasil, que hace casi imposible para la industria atender todas las regiones. En la actualidad estas empresas están diversificando su oferta, realizando también labores de operador logístico y de “broker” (auxiliar para la distribución y comercialización de los productos, colocando los productos en los puntos de venta y facturando directamente a la industria). Estas empresas abastecen tanto a supermercados y tiendas de ultramarinos (mercearias) como a hoteles, bares y tiendas de conveniencia. 

 

De acuerdo con las cifras proporcionadas por la Asociación Brasileña de Mayoristas y Distribuidores (ABAD), el sector mayorista cerró 2019 con ingresos de casi 273.500 millones de reales, un crecimiento del 4,5% respecto al año anterior (261.800 millones de reales). 

 

Las empresas del sector se concentran en el Estado de São Paulo, seguido en importancia por Minas Gerais, Paraná y Santa Catarina. En cuanto a facturación, la región del Sudeste concentra el 44% de la facturación del sector mayorista, por delante del Nordeste (28%), Sur (13%), Centro-Oeste (8%) y Norte (7%). 

 

Las ventas on-line, esto es, vía Internet, están alcanzando cifras récord, debido a un aumento en el consumo y al hábito creciente de realizar compras por Internet. Sin embargo, pocas empresas concentran casi el total de facturación de este sector, lo que ofrece una gran oportunidad de crecimiento para las empresas mayoristas, que pueden ganar con esta expansión, posicionándose de manera estratégica y ofreciendo servicios adecuados a esta nueva modalidad de venta. 

 

Caracteriza al sector de venta al por menor en Brasil, el hecho de que las empresas han descubierto en los servicios financieros como tarjetas de crédito, títulos de capitalización, seguros, o pago de cuentas de consumo en las tiendas (para atender principalmente al público que no tiene acceso a la red bancaria) una buena alternativa para ganarse la fidelidad de los clientes, por lo que este tipo de productos están ampliamente extendidos.  

 

Según el Ranking de Facturación de 2019, elaborado por el Instituto Brasileño de Ejecutivos del Mercado Minorista y de Consumo (IBEVAR), Carrefour ocupó el primer lugar, con ingresos de 56.300 millones de reales en 2018, seguido del Grupo Pão de Açúcar (53.600 millones de reales), Via Varejo (30.000 millones de reales) y Walmart (23.000 millones de reales). 

 

Cabe destacar que las 120 mayores empresas minoristas ganan juntas 345.000 millones de reales, lo que equivale al 29,5% del PIB brasileño. De todas ellas, 100 poseen el 27% de las ventas minoristas. Entre las categorías evaluadas en el mercado, destacan Hipermercados y Supermercados, Bebidas y Tabaco (33,8%), Vehículos, Motocicletas, Repuestos y Piezas (25,9%), y Telas, Vestuario y Calzado (9,5%). 

 

Según los datos publicados en agosto de 2020 en el Estudio Mensual del Comercio (PMC) elaborado por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), el comercio minorista nacional tuvo un aumento del 8% intermensual en junio de 2020 en la serie con ajuste estacional, después de un crecimiento del 14,4% en mayo, además mostró una recuperación del 0,9% en el segundo trimestre del año, tras la disminución registrada en el trimestre enero-marzo (-2,6%). En el primer semestre del año 2020 como consecuencia de la pandemia de coronavirus, el comercio minorista nacional registró un retroceso del 3,1% con respecto al mismo periodo del año anterior. 

 

En cuanto al comercio minorista ampliado[1], el volumen de ventas aumentó un 12,6% intermensual, lo que presenta el segundo avance (19,2% en mayo) tras los dos meses consecutivos con records negativos en serie histórica (-17,5% y -14% en marzo y abril respectivamente). En el acumulado del año 2020 con respecto al mismo periodo del año anterior el comercio minorista ampliado registró un retroceso del 7,4%. 

 

Con respecto al volumen de ventas, en la comparación interanual, tanto el comercio minorista nacional como el comercio minorista ampliado registraron fuertes descensos en el primer semestre de 2020 (-16,3% y -15,8% respectivamente). 

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Importancia económica del país en la región

Brasil es, sin duda, el gigante iberoamericano por excelencia. Es el primer país de América Latina, en términos de población, con 211 millones de habitantes según la última estimación del censo; en términos de PIB: 1.789.783,37 millones de dólares en 2018, en torno al 35% del PIB de la región; y en volumen de exportaciones, con 239.889 millones de dólares en 2018. A escala mundial, en 2018 Brasil fue la novena economía del mundo, tras Estados Unidos, China, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, India e Italia (datos del Fondo Monetario Internacional). Con el crecimiento en 2018 de la economía brasileña del 1,1%, y unas últimas previsiones de crecimiento del 0,9% para 2019 (Ministerio de Economía brasileño a datos de 15 de octubre de 2019), aunque tímidamente, se espera que el país vaya dejando atrás la fase recesiva de años anteriores, recuperando su papel como motor de la región junto a Argentina. No obstante, debido a la incidencia de la pandemia del Coronavirus (Covid-19), las previsiones de crecimiento del PIB para 2020 realizadas por la Secretaría de Política Económica del Ministerio de Hacienda en junio estiman una caída de 4,70%.
La importancia económica de Brasil en la región se observa tanto en los flujos comerciales como en la inversión. En el ámbito comercial, América Latina y Caribe no sólo concentran casi la cuarta parte de la exportación brasileña. Además, constituye el principal mercado de destino de los productos manufacturados brasileños (casi el 80% de lo exportado a la región), siendo el mercado natural de la industria brasileña. En 2019, el país registró un superávit en la balanza comercial, alcanzando los 46.674 millones de dólares, un 20,5% menos que en 2018 (58.033 millones de dólares).
Esta disminución del superávit es fruto de una desaceleración del incremento de las exportaciones con respecto a las importaciones, que disminuyeron. Los principales destinos de las exportaciones brasileñas fueron China, Estados Unidos, Holanda y Argentina; aglutinando entre los cuatro países el 50,1%% de las exportaciones; mientras que los principales mercados de los que ha importado Brasil a lo largo de 2019 han sido China, Estados Unidos, Alemania y Argentina, representando el origen del 48,6% de los productos importados.
En el ámbito de las inversiones, en su momento destacó la presencia de las grandes empresas constructoras brasileñas en la región sudamericana, especialmente, las grandes constructoras: Odebrecht, Camargo Correa o Andrade Gutierrez, las cuales desarrollaron importantes proyectos de infraestructuras de transporte y energéticas. La nota negativa viene, de nuevo, de los diversos procesos de corrupción (en especial la operación Lava Jato), que, según las sentencias, han afectado a la cúpula política empresarial brasileña. Se descubrió el pago de sobornos a políticos en la región (incluyendo Estados Unidos) para hacerse con proyectos. En los últimos años se procedió a una revisión de esos contratos y se perdieron varios de esos proyectos que estaban en cartera. La presencia de grandes compañías brasileñas en Sudamérica no se limita al sector de la construcción. También están muy presentes en sectores como el bancario, el mineral, el químico y petroquímico, el mecánico o el cárnico.
 

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Perspectivas de desarrollo económico

En gobierno Bolsonaro ha presentado una ambiciosa agenda económica que tiene como objetivo relanzar la economía brasileña sobre la base de una mayor liberalización de la economía, una mayor apertura internacional, una reducción de las trabas burocráticas a la actividad económica junto con una reorganización tributaria, que podría contribuir reducir ellos efectos del denominado “coste Brasil”, y un ambicioso programa de infraestructuras para atraer la inversión extranjera como motor del crecimiento económico del país. 

 

Entre los principales problemas para el desarrollo de esta agenda se encuentran las fricciones políticas del gobierno con el Congreso y el Senado, que obligan a continuas negociaciones y revisiones de las políticas a desarrollar, pero desde un punto de vista de política económica, parece que la actual administración está muy comprometida con sentar las bases de un crecimiento económico sólido, sostenido y saneado. 

 

El siguiente cuadro resume la evolución de las principales variables económicas: 

 

Datos básicos 

2017 

2018 

2019 

Crecimiento PIB 

1,30% 

1,30% 

1,10% 

Índice de precios al consumidor ampliado (IPCA) 

2,95% 

3,75% 

4,31% 

Tasa Selic 

7,00% 

6,50% 

4,50% 

Tipo cambio a fin de periodo (R$/USD) 

3,19 

3,65 

4,01 

Saldo Balanza Comercial (millones US$) 

66.989 

58.659 

48.036 

IED (millones US$) 

70.332 

78.163 

78.559 

Saldo cuenta corriente (millones US$) 

-9.762 

-14.511 

-49.452 

 

A finales de abril de 2020 la Secretaria de Política Económica (SPE) pronosticaba un crecimiento del PIB negativo en 2020 del 4,70%, la tasa Selic en abril de 2020 se situaba en el 3%, el índice de precios al consumidor hasta abril de 2020 era del 0,22% y el tipo de cambio medio en el periodo ya se situaba en 4,89 reales por dólar. Indicativos de la coyuntura económica por la atravesaba Brasil debido a la pandemia de coronavirus. Además, la inversión extrajera directa alcanzó los 18.043 millones de dólares, mientras que el saldo de la cuenta corriente fue de -11.877 en el mismo periodo. Por su parte el Saldo de la Balanza Comercial hasta mayo alcanzó los 15.571 millones de dólares. 

 

Después de la fuerte revisión al alza de las previsiones de crecimiento realizada por prácticamente todos los organismos de previsión (nacionales e internacionales) tras los resultados de las elecciones de octubre 2018, en  2019 se sucedieron las revisiones a la baja de la tasa de crecimiento del PIB brasileño, manteniéndose sin embargo relativamente optimista la previsión para 2020. No obstante, en 2020 el shock inicial provocado por la nueva pandemia de coronavirus provocó la caída sistemática de las previsiones en el primer cuatrimestre de 2020; previsiones negativas que se han mantenido por parte de diversas instituciones. 

 

Entre las revisiones realizadas por, entre otros, el BM, el FMI y el propio Banco Central de Brasil, destacan la oficial, publicada por la Secretaría Política Económica (SPE), que en el mejor de los escenarios prevé un resultado negativo del 4,7%; la del Banco Central de Brasil (-6,40%) así como la del FMI (-9,1%) o del Banco Mundial (-8%), agencias de crédito como S&P (-4,6%), o Moody’s (-5,2%), o las de grandes empresas financieras, como Goldman Sachs (-7,4%).  

A continuación, se resume en el siguiente cuadro la situación a cierre del mes de junio de 2020: 

 

Previsiones crecimiento PIB 

2020 

2021 

SPE[1] 

-4,70% 

- 

BCB 

-6,40% 

3,50% 

IBGE[2] 

-5,40% 

- 

FMI 

-9,10% 

2,90% 

OCDE 

-7,40% 

4,20% 

BM 

-8,00% 

2,50% 

CEPAL 

-9,20% 

- 

BBVA 

1,90% 

2,00% 

Banco Itaú 

-4,50% 

3,50% 

CNI Brasil 

-4,20% 

- 

ONU (Unctad) 

1,00% 

- 

Santander Brasil 

-6,38% 

4,35% 

Credit Suisse 

-6,50% 

4,60% 

UBS 

-7,50% 

3,00% 

Morgan Stanley 

-5,10% 

- 

JP Morgan 

-7,00% 

- 

S&P 

-4,60% 

3,30% 

Moody’s 

-6,20% 

3,60% 

Goldman Sachs 

-7,40% 

4,00% 

Fuente: elaboración propia 

 
 
 

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