Información del mercado

El mercado (nivel de vida, rasgos de la demanda, centros económicos)

Colombia tiene un mercado potencial grande pues es la tercera población más numerosa de Latinoamérica (49 millones de habitantes), no obstante, hay que tener en cuenta que en 2018 aproximadamente el 27% de la población tiene un poder adquisitivo muy bajo, viviendo en la pobreza.
 
La tasa de desempleo en Colombia en noviembre de 2018 se ubicó en 9,7%, tasa superior al 9,4% registrado el año anterior. Este aumento es consistente con el comportamiento de los pequeños comercios y la agricultura. Cabe mencionar que el elevado grado de informalidad que existe en el país hace que estas cifras pierdan representatividad.
 
Los principales centros económicos son los siguientes:
 
-Bogotá, es la capital de la República de Colombia y del departamento de Cundinamarca. Está organizada como Distrito capital gozando de autonomía para la gestión de sus intereses dentro de los límites de la Constitución y la ley. A diferencia de los demás distritos de Colombia, Bogotá es una entidad territorial de primer orden, con las atribuciones administrativas que la ley le confiere a los Departamentos. Está constituida por 20 localidades y es el epicentro político, económico, administrativo, industrial, artístico, cultural, deportivo y turístico del país. En el plano económico, se destaca como el centro económico e industrial más importante de Colombia, según el DANE, Bogotá aporta la mayor parte al PIB nacional (24,5 %) y es la sexta ciudad por el tamaño del PIB en Latinoamérica (de unos 150.1 millones USD), de las cuales, está entre las cinco más atractivas para invertir. A nivel latinoamericano se ubica en la vigésimo primera posición con relación al PIB per cápita Según The Economist, Bogotá se destaca por su fortaleza económica asociada al tamaño de su producción y el PIB per cápita (el más alto entre las principales ciudades de la nación), las facilidades para crear empresas y hacer negocios, la madurez financiera, la atracción de empresas globales y la calidad de su capital humano todo esto respaldado por estudios de Harvard Business Review que la destacan como el lugar del país con el mayor número de universidades (114) y centros de investigación.
 
-Medellín, con una población de 2.508.452 habitantes en 2018 según proyecciones del DANE es la segunda ciudad más poblada de Colombia, después de Bogotá. La ciudad también destaca por ser uno de los principales centros culturales de Colombia. En el plano económico es una urbe con gran dinamismo, es uno de los principales centros financieros, industriales, comerciales y de servicios de Colombia. También destaca por ser la sede de numerosas empresas nacionales e internacionales, principalmente en los sectores textil, confecciones, metalmecánico, eléctrico y electrónico, financiero, telecomunicaciones, automotriz, alimentos, entre otros. Es sede de importantes festivales de amplia trayectoria y reconocimiento a nivel local, nacional e internacional.
 
-Cali, es la capital del departamento de Valle del Cauca en Colombia, con 2.420.013 habitantes en el año 2017 es la tercera ciudad más poblada del país, después de Bogotá y Medellín. Cuenta con una de las economías de mayor crecimiento e infraestructura en el país gracias a su ubicación geográfica y es uno de los principales centros económicos e industriales del país además de ser el principal centro urbano, cultural, económico, industrial y agrario del suroccidente colombiano.
 
-Barranquilla, es la cuarta ciudad más poblada de Colombia, el más importante centro Marítimo y Fluvial de Colombia de ahí su denominación como la Puerta de Oro de Colombia, también es el principal centro comercial, industrial, cultural y educativo de la Región Caribe colombiana. Barranquilla es la ciudad más importante del Caribe Colombiano y la más grande y poblada del Norte de Colombia.
 
-Cartagena, es oficialmente Distrito Turístico, Histórico y Cultural de Cartagena, más conocida sólo como Cartagena, es una ciudad colombiana, capital del departamento de Bolívar. Con el paso del tiempo, Cartagena ha desarrollado su zona urbana, conservando el centro histórico y convirtiéndose en uno de los puertos de mayor importancia en Colombia, el Caribe y el mundo así como célebre destino turístico. La población total de su cabecera es de 971.700 habitantes y la de su área metropolitana de 1.319.359 habitantes.  

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Canales de distribución. Estructura y marco legal de la distribución comercial

Colombia ha tenido tradicionalmente un comercio minorista altamente competitivo, resultado en gran parte de la segmentación geográfica que se presenta en el interior del país. Mantiene sin embargo la característica distintiva de que, aún cuando el avance de los supermercados e hipermercados ha sido muy importante en los últimos años, el canal tradicional de distribución (tiendas de barrio) captura todavía un alto porcentaje del mercado.

Esta situación puede modificarse en el futuro, en la medida en que se incremente la presencia de cadenas multinacionales en el país y vayan ganado cuota de mercado. En este sentido, el sector podría tender a una concentración en la propiedad que no existe actualmente.

Por último, la estructura general del sector comercial se conforma por unidades de negocios de pequeño tamaño con predominio de la actividad unipersonal.

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Importancia económica del país en la región

La importancia de Colombia en la región Andina es grande. Es un importante proveedor de Panamá, Ecuador y Perú, a los que abastece sobre todo de alimentos y productos manufacturados. Hasta hace pocos años también jugaba un papel crucial en la economía venezolana, no obstante, el flujo comercial entre ambos países se ha frenado sustancialmente en los últimos tres años debido a la situación política que vive el país vecino.

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Perspectivas de desarrollo económico

En los últimos años, la economía colombiana venía experimentando reducciones en sus tasas de crecimiento, a pesar de ello, estas el crecimiento seguía siendo positivo. Sin embargo, tras el año 2017 la tasa de crecimiento volvió a aumentar, se espera que esta tendencia se repita en el año 2019. Más concretamente, el crecimiento económico decreció del 3% en el 2015 al 2% en 2016 y al 1,77% en 2017. En el año 2018 se experimentó un crecimiento del 2,7%.

 

En Colombia, el año 2018 comenzó con una fuerte incertidumbre económica y política acompañada de un deterioro en el clima de los negocios. Posteriormente, la incertidumbre comenzó a despejarse, las expectativas mejoraron y lentamente la economía inicia una fase de recuperación. Al finalizar el año esta trayectoria positiva, no cambia significativamente y el país mantiene unos indicadores en recuperación. Sin embargo, las expectativas de empresarios y consumidores muestran un relativo deterioro. Esta percepción menos favorable, no está acorde con las tendencias positivas y no refleja el mejor desempeño de la economía en este año, las tasas positivas que ya muestran la mayoría de las actividades económicas o el aumento en los proyectos de inversión previsto para el 2019. Además, Colombia termina el 2018 con algunos indicadores que reflejan la solidez de esta economía: una tasa de desempleo de un dígito; un entorno macroeconómico estable; un déficit en cuenta corriente del orden del 3%; un buen desempeño del comercio exterior y un aumento de la inversión extranjera directa petrolera y no petrolera. Con todo lo anterior, Colombia sigue siendo una de las economías promisorias de la región y así lo perciben las calificadoras de riesgo que otorgan al país el grado de inversión.

El 2019 traerá grandes desafíos. Después de aprobar la Ley de Financiamiento que incluye medidas que mejoran las condiciones para el crecimiento y la inversión, contribuyen a la formalización, estimulan las mega inversiones y promueven el desarrollo de la agroindustria, la economía naranja y el turismo, el gran reto es lograr nuevamente tasas de crecimiento superiores al 4% en los próximos años. La Ley de Financiamiento también le exige al país, un análisis juicioso del gasto público teniendo en cuenta la menor disponibilidad de recursos, de forma tal que se logre llegar a un tamaño del Estado que sea sostenible para las finanzas públicas en el mediano y largo plazo.

Otro gran desafío está en la formalización. A pesar de que se han logrado algunos avances, Colombia aún presenta altos grados de informalidad laboral, de producto y empresarial. Los anuncios del Gobierno de reducción de trámites, el régimen simple de tributación, la factura electrónica, constituyen pasos en esta dirección. Lo importante ahora es que este mejor ambiente para la formalización se traduzca en resultados significativos en el corto plazo.

Para lograr tasas de crecimiento altas y sostenidas, es necesario trabajar en tres frentes: aumentar la productividad de las empresas, superar los serios obstáculos que tenemos en materia de competitividad y la implementación urgente de políticas claras de desarrollo empresarial. Los indicadores de productividad del país muestran resultados muy preocupantes. En los últimos 18 años el crecimiento promedio de la productividad ha sido de apenas 0,5%, lo que dificulta el logro de grandes avances en el desarrollo económico y social. En esta dirección, es importante consolidar la concepción de cadena, fortalecer la estrategia de encadenamientos, avanzar en los temas de calidad, desarrollar el talento humano, invertir en ciencia, tecnología e innovación y tener siempre como referente los

parámetros internacionales y el desarrollo de nuevos negocios.

Cabe también comentar que según las cifras de Producto Interno Bruto para el primer trimestre de 2019, la economía colombiana se expandió a una tasa del 2,8%, crecimiento por debajo de las expectativas. Esto pone de manifiesto que la dinámica macroeconómica no se encuentra en su mejor momento y el país muestra rezagos de sectores pesados que logren apalancar dicho crecimiento.

Por el lado de la producción, lo más destacable es que todos los sectores, a excepción de construcción, reflejaron crecimientos positivos, algunos sobresalientes, como fueron actividades financieras (5,5%), minas y canteras (5,3%) y comercio (4%). Estos resultados estuvieron asociados al repunte de los precios internacionales del petróleo, la absorción por parte de los consumidores de los nuevos impuestos y la recuperación de los estados de resultados del sector bancario, luego de problemáticas de cierres financieros asociados a casos de corrupción en proyectos de infraestructura de transporte (Odebrecht) y de cartera comercial. Sin embargo, otros sectores crecieron de forma modesta como agricultura (1,4%) e industria (2,9%), y el único con resultados negativos: construcción (-5,6%), especialmente arrastrado por la caída en construcción de edificaciones residenciales y no residenciales (-8,8%).

Y, por el otro lado, el del gasto (Demanda Agregada = C + I + G + XN), se evidencia una desaceleración de la demanda interna (3,2%), especialmente por el lado del consumo final de Gobierno (2,6%), efecto asociado al ciclo económico coyuntural que exige planes de austeridad, mientras el consumo de los hogares (4%) reactiva su dinámica, a excepción del rubro vivienda. En el componente de inversión (2,8%), destaca fuertemente el gasto en maquinaria y equipo, lo cual es un hecho positivo si está dirigido a la reconversión del aparato productivo, lo cual es coherente con el importante incremento de las importaciones (13,7%) en el mismo periodo. Sin embargo, la otra cara de la balanza comercial muestra apenas un crecimiento de 3,6% en las exportaciones, impulsado por los precios internacionales de commodities (principalmente petróleo), mostrando los retos de mayor penetración y diversificación en el mercado internacional.

Con estas cifras, la conclusión es que la economía colombiana necesita cerrar la brecha con su capacidad potencial de crecimiento, ya que un efecto de esta lenta velocidad es el preocupante estancamiento en la generación de empleo, en donde en la mayoría de las principales ciudades se encuentra por encima de los dos dígitos y ha venido aumentando. Empíricamente, la relación entre crecimiento y empleo es positiva, lo cual empieza a mostrar las debilidades estructurales de la economía nacional, que en la última década ha priorizado su discurso sobre los sectores minero-energéticos y construcción de vivienda, que permitieron inversiones significativas en bienes y servicios públicos, pero, una vez pasado el boom de crecimiento asociado a precios (periodo 2006-2014) y terminación de los ciclos del sector de construcción, dejó al descubierto la fragilidad para crecer en el resto de los sectores.

 

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