Información del mercado

El mercado (nivel de vida, rasgos de la demanda, centros económicos)

Estratégicamente situado en la intersección entre Europa, Asia y África, el Líbano ofrece un fácil acceso a mercados fuertemente interrelacionados entre sí. Asimismo, presenta uno de los climas de negocios más abiertos y liberalizados de la región de Oriente Próximo. La apertura económica del país está reforzada por la ausencia de restricciones a la entrada, o salida de empresas extranjeras, incentivando la libre competencia en el mercado y apoyando el desarrollo del sector privado.

No obstante, desde finales del 2019, el país se encuentra inmerso en su peor crisis económica. La libra se ha devaluado más de un 85% en el mercado paralelo, los bancos han impuesto límites a la retirada de divisas y no se pueden hacer transferencias, pagos por importaciones, excepto a los importadores de algunos productos considerados estratégicos. Por primera vez la diáspora libanesa ha reducido sus remesas, siendo el peor dato en los últimos treinta años. La intervención del FMI parece cada más necesaria y urgente.

La inestabilidad política, causada por el entorno regional, la crisis sanitaria y la corrupción son los mayores retos que debe afrontar el sector privado. 

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Canales de distribución. Estructura y marco legal de la distribución comercial

El área metropolitana de la capital, el Gran Beirut, y el área de Monte Líbano absorben el 55% de la población, y por tanto las grandes superficies se enclavan preferentemente en estas zonas. El resto del país, más rural y menos desarrollado, se abastece de pequeñas tiendas y mercados tradicionales. El Líbano lleva un cierto retraso respecto a Europa en cuanto al establecimiento de hipermercados y todavía hay espacio para la creación de nuevas grandes superficies que irán, poco a poco, eliminando al pequeño comercio. La resolución del conflicto sirio podría reactivar el  centro comercial y de ocio de 200.000 m2 en el corazón del valle de Bekaa, que se espera se inaugure el próximo marzo 2017.

La competencia es intensa y los productos desconocidos son introducidos con dificultad. En general, los consumidores libaneses muestran gran fidelidad a la marca, por lo que el branding es muy importante.

Los supermercados tienen departamentos de compra e importación, aunque la mayoría de los artículos son adquiridos a través de agentes-importadores.

Los representantes suelen regatear reduciendo los precios al máximo. Es frecuente que empresas extranjeras estén presentes en Líbano con su propia marca y que, además, exporten bajo la marca blanca de un importador-distribuidor libanés.

Los márgenes comerciales suelen ser elevados para los productos poco conocidos.

En el Líbano impera el principio de exclusividad en la representación, pero existe un nuevo Proyecto de Ley de Agencia Comercial para armonizar la norma libanesa con los estándares que marca la OMC.

Una de las opciones para introducir un producto en el Líbano es la fórmula de la franquicia. Según un estudio de la Lebanese Franchise Association, financiado por la UE, se estima que el 6% del total de las empresas libanesas son franquicias. Hay aproximadamente 744 franquicias operando en el país. La importancia de este sector se refleja en su contribución al PIB libanés (4% frente a menos del 2% en la UE y el 5% en Estados Unidos) y en el empleo generado (9% del total comparados con el 2% en la UE y 5% en EEUU). Cabe destacar que el 87% de las franquicias presentes en el Líbano pertenecen a franquiciadores extranjeros (44% europeas y 28% de EEUU y Canadá) y sólo el 13% pertenecen a franquiciadores locales.

La presencia de franquicia española en el sector textil es realmente importante.

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Importancia económica del país en la región

Según Global Economic Prospect – MENA Region 2021, que el rendimiento en Oriente Medio y África del Norte (MENA) se contrajo un 5,0% en 2020. Las frecuentes interrupciones de la producción relacionadas con el COVID-19 se han visto agravadas por la fuerte caída de los precios del petróleo y de su demanda.

Esta contracción se suma al crecimiento ya en desaceleración de la región y agrava el período de pérdidas previo a la pandemia. Se espera que el crecimiento mejore a un modesto 2,1% en 2021, ya que la pandemia está “bajo control” lo que alivia las restricciones de bloqueo y la demanda mundial de petróleo está en aumento.

Sin embargo, se espera que la pandemia deje cicatrices económicas duraderas en la región y reduzca el crecimiento potencial. Un resurgimiento del COVID-19, más perturbaciones relacionadas con las tensiones geopolíticas y políticas, la renovada presión a la baja sobre los precios del petróleo y el estrés adicional en la balanza de pagos son factores clave para reducir el riesgo en las perspectivas.

Líbano atraviesa actualmente una crisis socioeconómica sin precedentes. Los cimientos de su estructura rentista de la economía, que han estado en su lugar desde el final de la guerra civil, se han derrumbado. Los pilares que la sustentaron, a saber, las remesas de la diáspora, los sectores de servicios y, en particular, el turismo, se han desplomado.

En el primer trimestre de 2021,  la moneda nacional había perdido alrededor del 85% de su valor en comparación con octubre de 2019. En 2020, se estimó que alrededor del 55% de la población vivía por debajo del umbral de la pobreza, y el 23% vivía en condiciones de pobreza extrema (comparado con 28% y 8% respectivamente el anterior año) (UN CESPAO, 2020).

Innumerables empresas han cerrado mientras muchos de los jóvenes buscan activamente emigrar. La devastadora explosión en el puerto de Beirut el 4 de agosto de 2020 y la crisis humanitaria que resultó de ello, junto con un empeoramiento de la pandemia de COVID-19 han agravado aún más la situación.

Los libaneses expatriados desempeñan un papel fundamental en el mundo de los negocios de la región, sobre todo en los países MENA exportadores de petróleo, y contribuyen en una proporción elevada al flujo de entradas de capital en el Líbano depositando sus ahorros en la banca libanesa. Una parte creciente de la diáspora libanesa reside en los países MENA después de que Estados Unidos, Australia y Europa hayan endurecido los requisitos para la obtención de visados.

Los influjos de remesas hacia el Líbano a lo largo de los dos primeros trimestres de 2020 ascendieron a 1.500M$ y 1.600M$ respectivamente, lo que supuso una disminución del 19,3% y 20,8% con respecto al mismo periodo del año anterior. Asimismo, es preciso apuntar que el volumen de remesas del Líbano equivalió al 13% del PIB de 2019, una ratio de los más elevadas a nivel mundial.

Las cifras de crecimiento económico están lejos de las cifras deseadas: según estimaciones del FMI, en 2020 el crecimiento real del Líbano fue del -25%, siendo el PIB per cápita de 2.744$ frente a los 7.661$ de 2019. En cuanto a la inflación, que se situaba en torno al 150% a finales de 2020, coloca al Líbano como el país de la región MENA con los precios de alimentos más elevados.        

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Perspectivas de desarrollo económico

El sector privado libanés siempre ha mostrado un gran dinamismo, y el potencial de crecimiento del país es alto, pero la crisis institucional y la inestabilidad política interna que ha sufrido el país durante dos año y medio, junto con los conflictos de la zona han bloqueado el despegue económico del Líbano.

El actual Gobierno de Saad Hariri tiene por delante toda una batería de medidas en materia económica heredadas de gobiernos anteriores con las que se pretende impulsar el crecimiento de la economía del país y reducir el déficit público. El Gobierno anterior se comprometió a tomar medidas urgentes en los siguientes sectores:

  • Sector eléctrico. Ejecución del Plan de Reforma 2010 que asegure el suministro de electricidad y elimine los cortes de 3 a 6 horas al día.
  • Sector hidráulico. Establecimiento y ejecución de un plan nacional y construcción de presas en 2011.
  • Sector petrolífero. Concesión de licencias para la exploración y perforación de yacimientos de gas y petróleo a finales de 2011.
  • Agricultura. Desarrollo de su infraestructura y apoyo a las exportaciones agrícolas.
  • Telecomunicaciones. Modificación de la normativa que favorezca las inversiones necesarias y el desarrollo de nuevas tecnologías.
  • Sector industrial. Creación de un comité administrativo de centros y zonas industriales que desarrolle la legislación y asegure el suministro de energía alternativa.
  • Transporte. Establecimiento de una nueva política que garantice el transporte público de pasajeros con la participación de los sectores público y privado, e incluya la rehabilitación de carreteras regionales y de la red ferroviaria, la mejora del puerto marítimo de Trípoli y la reapertura del aeropuerto Rene Moawad de Kleyate.

La inestabilidad política y la parálisis institucional del país así como la repercusión del conflicto bélico de Siria en el Líbano han impedido emprender estas reformas. La bajada de los precios del petróleo ha perjudicado la entrada de capitales del país, históricamente mayoritaria desde los países productores de petróleo de la Zona MENA. Asimismo, las tensiones sufridas en el primer trimestre de 2016 con los países del golfo pérsico se empiezan a notar en la economía libanesa, principalmente en los sectores inmobiliario y turístico.

A pesar de que el número total de turistas ha aumentado en el primer trimestre de 2016, un 6,63%, el gasto total ha disminuido en un 12%, esto se puede explicar porque la proporción de turistas provenientes del golfo pérsico, históricamente los de mayor gasto, ha disminuido considerablemente frente a los turistas Europeos y de otros países árabes, especialmente Iraq. En el 2017 creció un 9% el número de turistas y el gasto total aumento 1,68%. El sector inmobiliario por su parte ha sufrido tres años consecutivos de ralentización (2016, 2017 y 2018).

Otro flujo muy importante de capitales hacia el Líbano son las remesas de emigrantes, que en 2018 supusieron casi un 15% del PIB. Las remesas se han visto disminuidas en 2015 en un 3,3% frente a 2014, año en el que también registraron pérdidas, Se espera que esta tendencia se mantenga,  un ligero descenso en 2016 debido principalmente a la pérdida de riqueza en los países MENA exportadores de petróleo debido a los bajos precios del petróleo, conviene prestar atención a las deportaciones de trabajadores Chiítas libaneses en el golfo pérsico, ya que la mayoría de las remesas provienen de esta región. En el 2017 y 2018 las remesas se sitúan en torno a 7.077 MUSD.

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