Información del mercado

El mercado (nivel de vida, rasgos de la demanda, centros económicos)

El PIB per cápita se situaba al finalizar 2019 en US$ 17.405, el primero de América Latina (a la par con Chile).

El mercado local es estrecho, porque la población, según el último censo que proporciona datos de principios de 2012, es de 3,4 millones de habitantes (aunque la estimación de finales de 2019 del INE es de  3,5 millones). A pesar de lo reducido del mercado local, goza de ventajas legales, logísticas y de transportes e infraestructuras, entre otras, que le pueden permitir actuar como puerta de entrada y plataforma logística regional.

Así, si bien Uruguay sólo tiene aproximadamente un 2,5% PIB del total de MERCOSUR, el puerto de Montevideo se ha constituido como un puerto de distribución del Cono Sur, de tal forma que una proporción superior al 55% de las mercancías que recibe son para distribución a otros mercados nacionales, en particular Argentina y Paraguay.

El único centro económico de consumo y distribución notable de forma permanente es la capital, Montevideo, con aproximadamente 1,9 millones de habitantes en toda el área metropolitana (que incluye también partes de los departamentos de San José y Canalones). Otro centro relativamente importante, pero por ahora sólo en época de verano austral es Punta del Este, foco de vacaciones mundial desde diciembre a febrero, y con una afluencia limitada durante el resto del año. Cerca del aeropuerto de Montevideo hay un proyecto aprobado y ya en marcha, de creación de un gran Centro de Convenciones y Exposiciones, que podría también jugar un papel de concentrar exposiciones y eventos de carácter regional.

En la capital, van poco a poco desapareciendo los pequeños comercios y se ha producido durante los últimos años una concentración en centros comerciales, en los que se observa la existencia de franquicias de todo tipo de marcas extranjeras, es el procedimiento habitual de abastecimiento de los productos de consumo actual.

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Canales de distribución. Estructura y marco legal de la distribución comercial

Los datos oficiales de composición del PIB acumulan las contribuciones de los sectores de distribución comercial y de hostelería (restaurantes y hoteles) que, en su conjunto, representaron en 2019 el 12,66% del PIB total.

Existe una normativa de defensa del consumidor (Ley 17.250 y decreto 244/000), cuya regulación está a cargo del Ministerio de Economía y Finanzas (http://www.consumidor.gub.uy). 

Las formas tradicionales de distribución de productos alimenticios y bienes de consumo todavía prevalecen en Uruguay, aunque en los últimos años se produjeron algunos movimientos que podrían suponer el inicio de un proceso de profunda transformación, aumentando las grandes superficies y cadenas de grandes supermercados modernos.

a) Grandes superficies versus comercio tradicional

La Ley 17.188 de 1999 establece para la apertura de grandes superficies (más de 300 m2) destinadas a la venta de artículos alimenticios y de uso doméstico, la necesidad de solicitar una autorización previa a las Comisiones Departamentales de Protección de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa Comercial y Artesanal.

Se estima que existen entre hipermercados y supermercados 140 locales (35% de la facturación), unos 860 autoservicios (30%) y 9.200 comercios tradicionales (35% de la facturación). Las multinacionales poseen el 75% de las grandes cadenas. En este sector destaca el grupo Disco-Casino-Géant, que integra todos los supermercados ‘'DISCO’ (27), ‘'DEVOTO’ (25) y 2 Hipermercados ‘GÉANT’; le sigue en importancia la cadena “Tienda Inglesa”, de Goldman Sachs y Klaff Realty LP (sus nuevos accionistas mayoritarios junto con un grupo de empresarios uruguayos de Henderson & Cía.), con 13 sucursales; la cadena “TA-TA” (87 locales en todo el país, propiedad del empresario argentino Francisco de Narváez ) que adquirió la cadena “MULTIAHORRO” (60 locales) en 2013, cuando contaba con 35 pequeñas tiendas; “EL DORADO” de Polakof y Cia, situado principalmente en el interior (55 tiendas, de las cuales 45 son supermercados y tiendas de concepto hogar).

b) Comercialización de productos importados.

En lo que se refiere específicamente a la comercialización de productos importados, ya sean bienes de consumo, semi-manufacturas, maquinaria o productos terminados, la reducida dimensión del mercado uruguayo es determinante. La imposibilidad de manejar grandes volúmenes de mercancías genera márgenes de intermediación relativamente altos, conduciendo paulatinamente a un acortamiento de las cadenas de distribución al solapar frecuentemente las figuras de importador, representante, distribuidor y usuario final. Es destacable los amplios márgenes con que trabaja la distribución uruguaya, lo que al final resulta en precios de venta al público muy elevados, de entre dos y tres veces los precios en España.

Otro efecto importante del tamaño del mercado es la escasa especialización de importadores y representantes. Los más importantes están introducidos en sectores muy diversos y trabajan, además, varios productos que podrían considerarse en algunos casos sustitutivos relativamente próximos.

c) Centro de distribución regional

Para la distribución regional, y teniendo en cuenta la aplicación todavía del doble arancel en el marco de MERCOSUR, lo más adecuado es utilizar las Zonas Francas como centros de acopio de mercancía, que puede quedar depositada sin pagar aranceles y ser posteriormente reexportada a su destino final. La legislación relativa a Zonas Francas y al del puerto de Montevideo es muy apropiada en este sentido.

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Importancia económica del país en la región

El país se encuentra enclavado entre dos gigantes geográficos y económicos como son Brasil y Argentina. Tomando, a efectos comparativos, datos de organismos vinculados a la región (ALADI -http://www.aladi.org-, BID -www.iadb.org-, CEPAL - www.eclac.org-), los PIB per cápita no presentan grandes diferencias, pero sí los tamaños de cada uno de los mercados internos: Brasil cuenta con una población de 209 millones de habitantes, Uruguay de 3,4 millones y Argentina de 44 millones.

Uruguay representa el 2,3% aproximadamente del PIB del Mercosur, que es la zona económica en la que mayormente se desenvuelve la actividad de su economía. El deficiente funcionamiento del Mercosur hace que su importancia dentro de la vida económica uruguaya esté descendiendo rápidamente, si bien el gobierno instalado recientemente, con su Canciller Talvi a la cabeza, entienden que debería funcionar como un regionalismo abierto. Uruguay tiene como estrategia, además, ir a un ritmo lo más rápido posible en lo que respecta a la ratificación y entrada en vigor del acuerdo UE-Mercosur.

Uruguay es un país reconocido en toda el área latinoamericana por su seriedad y su seguridad jurídica, además de contar con una Administración profesional y altamente preparada, lo que le permite a veces tener una participación más protagonista de lo que su tamaño le concedería en actividades en instituciones regionales e internacionales. Buena muestra de lo anterior es que Montevideo sea la sede de la Secretaría y del Parlamento del Mercosur, así como sede de la Secretaría de la ALADI. Y que cuente con representantes de las tres Instituciones Financieras del subcontinente, como lo son el Banco Mundial, el BID y CAF, en las que ha tenido históricamente una importante participación. 

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Perspectivas de desarrollo económico

Con un cierre de año 2019 marcado por un panorama muy incierto a nivel regional e internacional, y con una economía con indicios de estancamiento, el reto unánime expresado por los economistas hacia 2020 era conseguir reducir el déficit fiscal, la inflación, y aumentar la competitividad de la economía, de modo que se impulse el crecimiento y se genere empleo. La llegada de la pandemia del coronavirus, sin embargo, ha trastocado todos estos objetivos, al pasar a ser secundarios frente a la protección de la población ante la epidemia.

Algunos de esos retos concretos que tendrá que afrontar Uruguay en 2020, cuando haya pasado la crisis del coronavirus, con el objetivo de incrementar la actividad a través de mayores inversiones y lograr una mejora de la competitividad, sólo se podrán conseguir con una cierta prudencia en el manejo monetario (para encauzar la inflación a niveles más bajos en un contexto previsto de fortalecimiento global del dólar), y una reducción del déficit fiscal de forma estructural mediante un recorte del sector público y por ende del gasto público, algo que es la bandera del gobierno que acaba de asumir. A ello habría que añadir las reformas estructurales del mercado laboral, del sector educación, y la reducción de la pesada carga burocrática que debería acompañar a la ya mencionada reducción del sector público.

En estas circunstancias, el equipo económico del actual gobierno ha exigido por decreto un ahorro de un 15% en los Ministerios, reducción de beneficios IVA, aumento de tarifas, para poder lograr un equilibrio fiscal.

Esos objetivos eran parecidos a los de analistas locales, que, en promedio, defendían la consecución de los siguientes objetivos:

  • Crecimiento del PIB. Del 1,65% en 2020.
  • Déficit fiscal. Del 5% en 2020.
  • Inflación. Del 7,9% al 8,5% en 2020.
  • Cotización del dólar. En el entorno de los 42 pesos a lo largo de 2020.

El FMI que, en su última proyección del mes diciembre de 2019, realizada en el marco de la misión del Art. IV, estimaba un crecimiento del 2,1% para 2020 y 2,5% para 2021, con una inflación del 8% y un desempleo en el entorno del 8%. El FMI recalcó la importancia de las reformas estructurales.

Con la crisis del coronavirus, sin embargo, las previsiones actuales (abril) tanto del Fondo Monetario internacional como del Banco Mundial, son de una recesión en 2020, del 3% para el FMI, y una del 2,7% para el Banco Mundial, aunque ambas instituciones prevén una fuerte recuperación económica en 2021. 

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