Información del mercado

El mercado (nivel de vida, rasgos de la demanda, centros económicos)

Sudáfrica es un país de renta media con una población de casi 60 millones de habitantes. Su economía, pese a ser la más desarrollada del continente, equivale, aproximadamente, a un tercio de la española. Es una economía diversificada e industrializada, requiriendo bienes industriales sofisticados para industrias como la del automóvil, la química o la minera.

La distribución de la renta es muy desigual: coexiste una minoría con un poder adquisitivo alto -en torno al 10% de la población-, con una mayoría con un nivel de renta muy bajo, lo que genera una alta tasa de pobreza en el país. Como consecuencia, existe un nicho de mercado para la demanda de productos de importación de lujo y de consumo con buena calidad, aunque es muy pequeño. El producto europeo estándar está clasificado, en muchas ocasiones, dentro de este pequeño segmento.

El mercado sudafricano es un mercado desarrollado y cuenta con competidores locales y extranjeros en la mayoría de los sectores. Por ello, la empresa española debe encontrar el nicho de mercado donde posea una clara ventaja competitiva. Los canales de distribución están bien desarrollados, con una distinción nítida entre fabricantes, distribuidores-importadores y vendedores.

 

La población y la industria se concentran en un número reducido de áreas. La más importante es la de Johannesburgo-Pretoria, centro industrial y financiero del país. En Durban se localiza el principal puerto, que abastece a Johannesburgo y gran parte del país y ha acogido en sus alrededores la segunda concentración industrial del país. Ciudad del Cabo es otro centro comercial e industrial importante; la región que la rodea tiene un clima de tipo mediterráneo, con cultivos destinados al cultivo de cítricos, frutas y vinos. En Port Elizabeth, al este, se han creado algunas zonas industriales con fábricas de automóviles. El clima en el oeste del país ha favorecido la instalación de grandes plantas fotovoltaicas en la zona.

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Canales de distribución. Estructura y marco legal de la distribución comercial

Sudáfrica ofrece a los proveedores extranjeros una amplia variedad de métodos de distribución y venta de sus productos. Entre ellos se incluye: la figura del agente o distribuidor; venta a través de mayoristas, venta en cadenas de grandes o pequeñas tiendas minoristas, o el establecimiento de una sucursal o subsidiaria con su propia fuerza de ventas.

Casi el 50% de las ventas totales de mercaderías pasan primero a través del mayorista y después del minorista antes de llegar al consumidor final. El 40% de las ventas pasan directamente al minorista y luego al consumidor, el 5% del mayorista al público y el 5% restante del productor o importador al consumidor final.

Los distribuidores compran y venden productos directamente de los clientes y los más importantes a menudo tienen sucursales en todo Sudáfrica y venden a mayoristas y minoristas.

Sudáfrica es un mercado muy competitivo y es importante que el exportador tenga un adecuado servicio de mantenimiento, además de repuestos, componentes y personal capacitado para responder a los requerimientos que se efectúen. En la mayoría de los casos, el servicio debe proveerse localmente, dado que potenciales demoras pueden llevar a decidirse por otro proveedor. Posteriormente, el seguimiento de las operaciones comenzadas y la elección de un agente o distribuidor es de vital importancia debiéndose investigar cuidadosamente la reputación y referencias financieras del mismo.

Los agentes trabajan a través de comisión. Usualmente se trata de un único agente, que trabaja en todo el país y que debe realizar, además, toda la tramitación de la documentación aduanera, bancaria y del depósito de la mercadería. Estos agentes se encargarán también del marketing, la distribución, montaje, reparación, servicio postventa, relaciones con los clientes finales y cualquier otra labor que el producto, atendiendo a sus características y las de su sector requieran para su idónea implantación en el mercado.

Una de las prácticas que se están convirtiendo en habituales es la franquicia. Este sistema ha crecido notablemente en los últimos años, sobre todo, en el sector servicios. La industria del “fast food”, el sector de automoción, la construcción, los servicios para el hogar y los negocios, los servicios de salud y belleza, las imprentas, las inmobiliarias y los servicios para entretenimiento son los sectores donde más se da esta práctica.

El Ministerio de Comercio e Industria, la Comisión de Defensa de la Competencia y el Tribunal de la Competencia son los máximos responsables de la aplicación de la legislación y de promover la competencia y limitar la concentración empresarial. También este Ministerio es el encargado de velar por la distribución en los sectores regulados: distribución y venta de bebidas alcohólicas, el juego y la Lotería Nacional.

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Importancia económica del país en la región

Sudáfrica es, con diferencia, la economía más desarrollada y diversificada del continente africano. Esta preponderancia es más evidente y relevante en la zona subsahariana, donde Sudáfrica mantiene un claro liderazgo en política exterior y en los procesos de integración económica regional: SACU (Southern Africa Customs Union), SADC (Southern Africa Development Community) y CMA (Common Monetary Area).

 

Además, Sudáfrica es el primer inversor en dicha región, estando las empresas sudafricanas muy bien posicionadas en todos los países vecinos. En particular, los sectores de la distribución comercial y los servicios financieros están copados por empresas sudafricanas, que están presentes también, de manera preponderante, en otros sectores como la construcción, minería y telecomunicaciones. 

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Perspectivas de desarrollo económico

Las tasas de crecimiento registradas desde la transición democrática, a mediados de los años noventa, han sido muy moderadas, apenas superando de media el 3% anual. Y Sudáfrica sufre desde 2015 una crisis económica, la más larga desde la segunda guerra mundial, con tasa del 1%. Este débil crecimiento ha frenado o reducido varios indicadores de desarrollo (pobreza, desigualdad, renta per capita) aunque en otros si ha habido avances (acceso a sanidad y educación).

El motivo es que a pesar de la estabilidad política y el estado de derecho consolidado, de los abundantes recursos minerales, de la disponibilidad de tierra cultivable y de una base industrial diversificada, el crecimiento se ve frenado por la insuficiencia de infraestructuras energéticas, la rigidez administrativa y la corrupción, la hipertrofia de las empresas públicas, un mercado de trabajo inflexible, de elevada conflictividad y con escasez de mano de obra cualificada y la persistencia e inflexibilidad de una política económica intervencionista y paternalista, que no está siendo capaz de modernizarse, hacer frente a los nuevos retos y recuperar la confianza del inversor.

Por todo ello, las proyecciones de crecimiento a corto y medio plazo se mantienen en niveles muy modestos para un país de sus características y nivel de desarrollo. El FMI pronostica para el periodo 2020-2023 crecimientos de alredor del 1%, cifra insuficiente para reducir la desigualdad y el desempleo y para aumentar significativamente la renta per capita.

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