Sectores de oportunidad

Sectores más interesantes para nuestro comercio

A pesar de haber mostrado un crecimiento débil entre 2017 y 2019 (1,3% en ambos ejercicios), a inicios del ejercicio 2020 se aceptaba generalizadamente que Brasil había dejado atrás la crisis económica de 2015-16 y estaba sentando las bases para la recuperación y aceleración del crecimiento tras la aprobación en octubre de 2019 de la reforma de la Seguridad Social y la intención de avanzar en la reforma administrativa y en la tributaria del Ministro de economía, Paulo Guedes.

Sin embargo, el estallido de la crisis asociada a la pandemia del Covid ha puesto freno en estos objetivos y ha creado una situación completamente diferente, con un déficit público esperado a final de año sobre el PIB de más del 10%.

No obstante, la crisis sanitaria debe ser considerada también como una ventana de oportunidad, de la cual se prevé que surjan nuevas oportunidades de inversión extranjera derivadas de los planes de reactivación económica del gobierno brasileño, que darán un fuerte impulso al desarrollo de las infraestructuras, a través de concesiones y privatizaciones, abriendo el mercado a la iniciativa privada. A continuación, se realiza un análisis sectorial de las oportunidades detectadas:

Infraestructuras de transporte.

Con la creación en 2016 del Programa de Parcerias de Investimentos (PPI)  el gobierno brasileño marcó un nuevo rumbo para el desarrollo de las infraestructuras, basado en la creación de lazos entre el sector público y privado para acelerar las inversiones y mejorar la competitividad del país.

Han sido muchos los avances en infraestructuras desde el lanzamiento del programa. Las subastas realizadas por el gobierno son una muestra de la capacidad de atracción de activos y de cómo la economía brasileña puede superar obstáculos a través de la asociación con el sector privado. En concreto, desde la creación del PPI, se han concluido 178 proyectos o subastas, 94 en los sectores de transmisión, distribución y generación de energía, 3 de carreteras, 16 aeropuertos, 23 puertos, 7 rondas de concesiones en el sector de óleo y gas y la liberalización de la Companhia de Armazéns e Silos do Estado de Minas Gerais (CASEMG). Así, se estima que las inversiones asociadas alcanzan los 708.700 millones de reales (38,847 millones de euros aproximadamente), mientras que las tasas de concesión han alcanzado los 139.300 millones de reales (más de 21.000 21.158 millones de euros)

En este contexto, en el año 2019 se lanzó el programa federal Pro-Infra, con el objetivo de atraer inversión privada por valor de 10 billones de reales durante los próximos 20 años para renovar y mejorar la red de infraestructuras brasileñas. Asimismo, en 2020, se anunció la puesta en marcha durante el último cuatrimestre de 2020 del Programa Pró-Brasil, que prevé una serie de reformas estructurales y de inversión en infraestructura para la recuperación económica de Brasil tras la pandemia, con la incorporación de la cartera de proyectos del PPI, así como otros dependientes de varios ministerios. Sin embargo, el impacto del covid sobre las cuentas públicas del gobierno federal han dificultado la planificación de financiación de estas oportunidades, por lo que de momento, el Pro-Brasil  se mantiene en stand-by hasta que se pueda definir una estrategia clara de financiación.

El 20 de octubre de 2020 se publicó el Decreto 10.526/2020 mediante el cual se instituyó el Comité Interministerial de Planificación de Infraestructura y el Plan Integrado de Largo Plazo de Infraestructura en el ámbito del gobierno federal, que estará formado por representantes de 10 ministerios, para que quede alineado con otros planes y programas sectoriales. Dicho Plan tendrá una actualización bienal, una inversión prevista para 30 años, con la publicación del primer plan programada para, como máximo, el 31 de diciembre de 2021.

Los planes de concesión actuales incluyen proyectos de mejora y desarrollo del transporte por carretera, una fuerte expansión de la red ferroviaria e importantes concesiones en la red de aeropuertos y puertos del país

Energía.

En febrero de 2020, el Ministerio de Minas y Energía (MME) lanzó el Plan Decenal de Expansión de Energía (PDE 2029). Según el documento, las inversiones en infraestructura energética para abastecer la expansión necesaria hasta 2029 pueden alcanzar los 2,3 billones de reales (unos 420 mil millones de euros). Del total de inversiones, el 77,4% será absorbido por el sector de petróleo y gas. El área de generación y transmisión de energía eléctrica representará el 19,6%, incluida la generación distribuida. El 3% se utilizará para aumentar la oferta de biocombustibles.

Además, Brasil posee una de las matrices energéticas más limpias del mundo, las fuentes de energía renovables alcanzaron el 46,1% de participación en la Matriz Energética de 2019, aumentando 0,6 puntos porcentuales en relación al indicador energético de 2018. La energía solar creció un 92% y la eólica un 15,5%, fuentes renovables que en conjunto contribuyeron con el 50% del incremento de la participación de las renovables en la Matriz energética.

Energía eólica.

En 2011, Brasil alcanzó su primer GW eólico instalado. Después de 7 años, Brasil se ha convertido en el octavo país del mundo con mayor capacidad instalada en plantas eólicas con cerca de 13,3 GW instalados, superando a Canadá. El crecimiento de la generación eólica en Brasil ha sido impulsado por el gran interés de los inversores atraídos por las características de los vientos del país, principalmente de la región nordeste, visto por muchos expertos como uno de las mejores del mundo para la producción de electricidad a través de la fuente eólica.

En Brasil, existen cerca de 530 parques eólicos. Los estados que cuentan con el mayor número de parques son, en el siguiente orden: Rio Grande do Norte, Bahía, Rio Grande do Sul, Ceará, Piauí y Pernambuco. El Plan de Expansión de Energía a Diez Años (PDE 2029), elaborado por la Empresa de Pesquisa Energética (EPE), estima que la participación de la energía eólica en la capacidad instalada total de generación en Brasil pasará del 15% en el 2019 a 39,5% en el 2029, lo que supondría la instalación anual de 3GW hasta 2029.

Petróleo y Gas.

Es reseñable la inversión prevista en el sector petrolífero en los próximos años para explotar el “pre-sal, o la estrategia de desinversiones de Petrobras para   reducir sus niveles de endeudamiento hace que el sector se abra a posibles adquisiciones y fusiones. 

En cuanto a cambios en el marco regulatorio, es destacable que en julio de 2020 se envió al congreso de los diputados para su discusión, el plan para el Nuevo Mercado del Gas en Brasil, que tiene como objetivo hacer más competitivo el mercado del gas y  abrir la entrada a nuevos competidores privados a lo largo de toda su cadena de valor. El proyecto se encuentra actualmente pendiente de aprobación por parte del senado brasileño.

Electricidad.

En relación con la electricidad, el principal objetivo del gobierno es aumentar la eficiencia y la cobertura eléctrica a la población. Dentro de la generación, distribución y trasmisión en el país, Eletrobras apunta un tercio de dicha capacidad. Para ello el gobierno ha desarrollado programas enfocados en eficiencia energética (Procel), la universalización del acceso a la electricidad (Programa de Electrificación Rural) y el fomento de fuentes alternativas de energía (Proinfa).

En el sector, destaca el evento de la privatización de las 6 distribuidoras de Eletrobras que operan en el norte y nordeste del país. Eletrobras es la mayor compañía de electricidad de América Latina, con cerca de 61.000 kilómetros de líneas, y un equivalente a un tercio del total del país. Dicha desestatización será llevada a cabo bajo la gestión del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) y con la coordinación del Ministerio de Minas y Energía (MME).

Energía solar fotovoltaica.

Brasil posee un gran potencial de irradiación solar (estimado en 10.000 MW), sobre todo en el Nordeste. Decir también, que el mercado de la energía solar en Brasil es aún incipiente, a pesar de las interesantes posibilidades que presenta. Según un estudio reciente elaborado por Morgan Stanley, Brasil se encuentra entre los 6 países del mundo con mayor potencial para el desarrollo de la energía solar.

En 2020 Brasil ha superado la marca de 5 GW de potencia fotovoltaica operativa instalada en grandes plantas y sistemas pequeños y medianos, de acuerdo con los datos proporcionados por la Asociación Brasileña de Energía Solar Fotovoltaica (Absolar, además, el sector de la generación centralizada de Brasil cuenta con 2,68 GW de potencia instalada en plantas solares fotovoltaicas, el equivalente al 1,5% de la matriz eléctrica del país. Finalmente, es destacable que el total de inversiones previstas hasta 2025 en relación con los proyectos ya contratados en las subastas de energía supera los 25.800 millones de reales (4.010 millones de euros, aproximadamente).

Infraestructuras de saneamiento básico.

Según los últimos datos del Sistema Nacional de Información sobre Saneamiento (SNIS) de Brasil, en 2018, en torno a 35 millones de brasileños no tenían acceso a agua potable y 100 millones no disponían de recogida de aguas residuales. El índice de abastecimiento de agua en todo el territorio era del 83,6%; el de alcantarillado sanitario se situó en 53,2% y únicamente el 46,3% de las aguas residuales eran tratadas. Asimismo, el nivel de pérdidas era del 38,5%. Estas cifras revelan la situación alarmante y el retraso del sector para lograr la universalización del servicio en el año 2033, meta que establece el Plano Nacional de Saneamento Básico (Plansab) y para la que se prevé una necesidad de inversión de 753 mil millones de reales.

El pasado 15 de julio el presidente Bolsonaro sancionó la Ley Nº 14.206, que altera la Ley Nº 9.984 de 17 de julio de 2000 que regulaba hasta este año el sector. Este nevo marco regulatorio facilita la participación de las empresas privadas en el sector (que se sitúa en apenas el 6%). Entre otros factores, hace obligatoria la existencia de un proceso licitatorio que permita la concurrencia de empresas privadas y públicas, permite la creación de bloques de municipios y otorga competencias a la Agencia Nacional de Aguas (ANA) para crear normas de referencia en el sector.

Además, en materia de comercio, destacarían los siguientes sectores incluidos en la estrategia PASE:

• Productos agroalimentarios: Hay demanda de productos de calidad, como aceite de oliva o vino. Hay buenas oportunidades de exportación de frutas y verduras por la complementariedad de estaciones. Se exporta poco a poco a Brasil cada vez más productos transformados, como jamón, embutidos y quesos, aunque continúan sujetos a mucha burocracia y barreras no arancelarias.

• Máquinas herramienta y bienes de equipo: los programas de inversión en infraestructuras ofrecen oportunidades, especialmente en maquinaria de alto contenido tecnológico, a cuya demanda no pueden dar respuesta los productores nacionales. Sin ir más lejos, existen beneficios fiscales para la importación de productos sin producción equivalente nacional.

• Sector de automoción: Brasil se encuentra en los puestos de cabeza mundiales como consumidor y fabricante de automóviles, lo que genera importantes oportunidades. No obstante, las medidas de protección de la industria nacional son considerables. En 2018 se aprobó el Programa Rota 2030 – Movilidad y Logística, que ofrece beneficios fiscales para las empresas del sector de automoción con inversión en I+D como contrapartida.

• Sector agrícola: Hay oportunidades en maquinaria agrícola, sistemas de riego y fertilizantes, siempre que no se encuentren disponibles en Brasil. • Defensa, seguridad y material de doble uso: sistemas de protección de fronteras (SISFRON) y sistemas satelitales.

Debido a la pandemia del Coronavirus (Covid-19), el Banco Central de Brasil ha ajustado las previsiones de crecimiento a la baja, con una disminución del PIB proyectada de 5,00% (frente a un incremento inicialmente planeado de 2,40%) y con una previsión de inflación también a la baja de 1,67% (previsión inicial en 2019 de 1,51%).

A estos elementos, habría que incluir las potenciales oportunidades derivadas de digitalización en el sector hospitalario, así como la adquisición de material sanitario relacionado con la lucha contra el Covid. No obstante, hay que señalar que estas nuevas necesidades en Brasil no han implicado una facilitación de la entrada de materiales o facilitación en los procesos de compras desde el exterior. 

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