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El Gobierno portugués potenciará el uso de la bicicleta y la movilidad peatonal hasta 2030

Marzo - 2019 | Publico | Comentarios (0)

‘Más bicicletas, más carriles bici, menos accidentes’ es el eje de la ‘Estrategia Nacional para una Movilidad Activa’ presentada a finales del mes de marzo por el Gobierno luso, iniciativa que centra su atención en los peatones y en el uso de bicicletas. El objetivo es llegar a la media europea en una década.

El Ejecutivo portugués ha diseñado dicha estrategia con el foco puesto en el año 2030, haciendo hincapié en “la bicicleta y el caminar como actividades seguras y saludables”, habiéndose convertido en “una práctica común y natural para los desplazamientos más cortos”. Para lograr esta meta se ha diseñado la citada ‘Estrategia Nacional para la Movilidad Activa’, donde se contemplan 51 medidas que incluyen, entre otros, cambios culturales, ambientales, educativos y legislativos.

La meta de dicho programa presentado por el equipo de gobierno de António Costa pasa por alcanzar en dicho horizonte temporal la media actual europea de utilización de la bicicleta para desplazamientos. En la actualidad, apunta el ‘Jornal O Público’, únicamente un 0,5 % de los portugueses hace uso de dicho vehículo para moverse. De ahí que la finalidad sea llegar al 7,5 %, esto es, lograr una subida del 1 500 % (esto es, 15 veces más).

Sin embargo, José Mendes, secretário de Estado Adjunto e da Mobilidade, asegura que “el Gobierno (…) habla de una meta realista”. De ahí que los objetivos deban centrarse en “viajes más cortos, entre dos y seis kilómetros” y con el protagonismo enfocado en las bicicletas eléctricas, cuya compra pasó a contar con un incentivo estatal este año, en combinación con la utilización del transporte público.

Hoy en día, en Lisboa y en Oporto, las dos principales ciudades del país, los desplazamientos en bicicleta presentan porcentajes muy bajos, del 0,2 % y un 0,3 %, respectivamente. En una rápida comparación con la realidad de otras plazas europeas, el panorama es desalentador. En Copenhague, por ejemplo, se llega al 41 %, mientras que, en Dublín y Viena se obtienen niveles del 7 %.

Las autoridades nacionales estudian varias medidas para “preparar al país para las dos ruedas”. Entre ellas, ampliar el número de kilómetros de la red de carriles bici, que deberían pasar de 2 000 a 10 000 km en 2030. Además, el Gobierno quiere invertir en campañas y en acciones de formación para aumentar la seguridad y la compatibilidad entre los distintos tipos de vehículos en la vía pública con el objetivo de reducir a la mitad la siniestralidad de peatones y ciclistas.

En un estudio elaborado por la Federación Europea de Ciclismo en 28 países con infraestructura para dicha práctica, Portugal ocupa la posición 27 del ranking debido a la alta siniestralidad (en torno a 600 personas mueren al año en las carreteras) y la reducida utilización de la bicicleta.

La última revisión del código de circulación, en 2013, ya contemplaba algunos cambios con la finalidad de conferir mayor seguridad a los ciclistas. Sin embargo, haciendo balance, el estudio “no logró alterar la percepción de inseguridad de los ciclistas, ni se logró la fiscalización y/o penalización por los incumplimientos de la ley”.

Para la valorización de la bicicleta en detrimento del uso del automóvil todavía hay mucho camino por recorrer. El reciente informe de movilidad de las áreas metropolitanas de Lisboa y Oporto muestra una preocupante dependencia de los ciudadanos respecto del coche, vehículos utilizados en un 67,6 % de los trayectos en la ciudad del norte del país y en un 58,9 % en la capital. El cambio, según el documento, “debe ser también cultural”, ya que los portugueses ven la bicicleta como “un deporte”.

En línea con estas medidas se contempla, asimismo, la necesidad de “garantizar lugares para el estacionamiento de bicicletas en edificios y espacios públicos y privados”, al tiempo que se necesita, dentro de los planes municipales, una gestión efectiva del territorio donde “estén contempladas vías peatonales y carriles bici”, dotando a dichas infraestructuras de una mayor importancia.

Del mismo modo, la utilización de la bicicleta traerá consigo incentivos fiscales, principalmente asociados a la compra de ciclos eléctricos. Adaptar los puestos de trabajo a aquellos que hace unos de la bici, junto a la inversión en flotas de bicicletas, también podrán beneficiarse de este tipo de prerrogativas.

Por último, el Gobierno portugués “promete el castigo de comportamientos peligrosos y la falta de respeto hacia los peatones y ciclistas”.


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