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Los consumidores franceses cada vez más escépticos en su alimentación

Febrero - 2020 | LSA | Comentarios (0)

Las empresas agroalimentarias francesas están incrementando sus esfuerzos en comunicar la información y calidad de los productos, sus compromisos sociales y ambientales, participando, así, en la transición alimentaria. Sin embargo, según un estudio de ObSoCo, el 50% de los consumidores siguen desconfiando de estas acciones.

Según un estudio realizado por el observatorio de la sociedad y el consumo (ObSoCo) con Ferrero, GS1 Francia y Sodebo, el 79 % de los franceses son conscientes de los efectos de su alimentación sobre su salud, y el 62 % ha integrado las preocupaciones medioambientales en su consumo, tal y como publica el portal LSA. En este sentido, aunque las empresas de la industria alimentaria, tanto fabricantes como distribuidores, están trabajando en su nivel de compromiso, en particular en lo que respecta a la política de responsabilidad social de las empresas, la transición alimentaria y la información sobre la calidad de los productos, los consumidores no están convencidos.

El 50 % de los franceses se muestran escépticos sobre el discurso de la distribución masiva en este tema y el 26 % tiene dudas al respecto. Sólo el 14 % de los consumidores declaran tener confianza en las multinacionales de este sector a este respecto.

Si la desconfianza siempre ha estado presente de cara a las grandes compañías del mundo de la alimentación, este sentimiento comienza a estar presente frente a las pequeñas empresas. Mientras que el 59 % de los encuestados confían en las tiendas orgánicas, esta puntuación ha bajado 4 puntos desde 2016. También se registran disminuciones en los índices de los pequeños productores, agricultores y marcas regionales.

En un contexto en el que la calidad de la oferta de alimentos es cuestionada, el panorama de consumo está cada vez más fragmentado. Una parte, definida como la clase frágil (38 % de los consumidores), encarna la categoría más pobre de los franceses, cuyas limitaciones presupuestarias les obligan a hacer elecciones y restricciones.

Algunos se preocupan poco por la calidad y se mantienen fieles a su modelo de consumo estándar, mientras que otros rechazan en bloque a los actores de la alimentación y se muestran a la defensiva. Los tradicionales (44 % de la población) se sienten económicamente cómodos y son seguidores del modelo estándar, pero también participan en un proceso de transición alimentaria y son receptivos a los nuevos enfoques de las empresas del sector. Por último, existe un grupo más comprometido (18 %), que están en un camino de militancia, en busca de la ética y la responsabilidad.

Debido a que la conciencia de marca ya no se adquiere, es preciso trabajar sin cesar en los sellos de calidad para tranquilizar al consumidor, como advierte Nathalie Damery, presidenta del ObSoCo.

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