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Las industrias alemanas se plantean una reorientación de la producción hacia modelos más regionales

Marzo - 2022 | Manager Magazin | Comentarios (0)

Las consecuencias de la pandemia, la guerra de Ucrania, un potencial conflicto en Taiwán y los cierres de Shenzen o Shanghái en China son los motivos por los que muchas industrias alemanas se plantean ahora un cambio de estrategia a largo plazo. Todo ello ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de las cadenas de suministro globales.

En una entrevista para Manager Magazin, el experto en logística y catedrático de la Kühne Logistics University de Hamburgo, Kai Hoberg, analiza la situación de las cadenas de valor globales, el impacto de la nueva situación geopolítica europea en ellas y analiza las alternativas de las empresas alemanas y europeas para minimizar el riesgo de suministro en el corto y largo plazo. Según el experto, la imprevisibilidad y el fuerte impacto de estas crisis están provocando que muchas empresas se planteen un cambio de estrategia y se orienten hacia la implantación regional y el acortamiento de sus cadenas de suministro.

Al igual que otros países industrializados, Alemania se resiente de los cuellos de botella en las cadenas de suministro globales con graves consecuencias para el crecimiento y la inflación. Alemania es un país netamente exportador, pero su industria depende en gran medida de los suministros de partes, componentes y productos intermedios que proceden en buena parte de proveedores transoceánicos, como China o EE. UU.; es por ello que la economía alemana ha padecido la formación de estos cuellos de botella, que se han manifestado con especial virulencia a partir de la segunda mitad del año, y que, en algunos casos, se han intensificado aún más a raíz del conflicto ucraniano.

Los problemas de suministro se presentan con especial agudeza en algunas materias primas y semimanufacturas, en especial el acero, el aluminio y el magnesio, o los semiconductores, que afectan fuertemente a varios sectores industriales de gran peso para la economía alemana, como son la automoción, la máquina-herramienta o la siderurgia. Además, el sector químico está sufriendo problemas de escasez en el suministro de amoniaco y el sector farmacéutico también ha visto intensificados cuellos de botella previamente existentes. A esto hay que sumarle el impacto de la crisis energética, no solo por la escalada de precios, también por las graves consecuencias para la sociedad y la economía alemanas de un potencial embargo del gas ruso.

La escalada de precios energéticos y los posibles problemas de suministro resultan transversales a todos los sectores de la economía e impactan de lleno en los consumidores finales.

Un análisis pormenorizado del impacto de los cuellos de botella en los principales sectores industriales de Alemania se recoge en el informe publicado por ICEX España Exportación e Inversiones Cuellos de botella en Alemania y posibles oportunidades para empresas españolas 2022, en el que también se examinan las potenciales oportunidades que se derivan de esta situación para las empresas españolas.

A nivel europeo, algunos sectores se están viendo especialmente afectados, no solo por problemas de suministro sino también por las tendencias especulativas: el sector aeronáutico se enfrenta a problemas de suministro de titanio proveniente de Rusia para la fabricación de aviones; falta gas neón para la industria de los semiconductores, y también escasea el níquel para la producción de acero inoxidable.

La industria alimentaria, por otro lado, también se enfrenta a importantes perturbaciones. A pesar de que de momento no hay problemas de suministro ni de precios, la prolongación de la situación actual puede agravar estos problemas en un futuro muy cercano. El suministro de trigo, en gran parte procedente de Ucrania y Rusia, puede verse seriamente comprometido: a la escasez de siembra en Ucrania se suman la falta de seguridad y de conductores de camiones y, de forma indirecta, también una reducción de las cosechas mundiales por la falta de fertilizantes producidos en Ucrania.

Desde el punto de vista logístico, las alternativas al transporte por carretera resultan ineficientes. El transporte aéreo está viéndose afectado por el cierre del espacio aéreo ruso a los países occidentales: esto hace que sean necesarios importantes desvíos en los viajes entre Asia y Europa. Además, algunas compañías de carga aérea han dejado de volar como resultado del boicot. La alternativa que ofrece el transporte marítimo tampoco parece viable: se están dando importantes retrasos, con viajes de más de 45 días para llegar desde China. Por otro lado, los trenes que atraviesan Rusia tardan dos semanas. Para las empresas que dependen de entregas rápidas desde Asia, esto resulta crítico.

A corto plazo, la estrategia de las empresas se está centrando en sobrevivir: un claro ejemplo de ello son los fabricantes de automóviles, que están ayudando a sus proveedores a abandonar Ucrania y a crear capacidades en otros países con bajos salarios, como Rumania, Bulgaria o el norte de África. Pero en el largo plazo, las empresas deben replantearse los riesgos en relación con los países en los que compran y fabrican y repensar sus modelos de suministro globales. Aquellas que opten por un enfoque más regional, deben simplificar sus estructuras y acortar sus cadenas de suministro, sin perder de vista la repercusión en costes de esta reestructuración.

En términos de geopolítica, las empresas deberían prepararse para el potencial estallido de un conflicto con China en Taiwán y para las consecuencias del catálogo de sanciones que Occidente podría imponer a China, de forma similar a lo acontecido con Rusia. En el caso de la industria de los chips o de las baterías, las empresas europeas y estadounidenses, con apoyo de la esfera política, han empezado a tomar medidas para reducir su dependencia. Sin embargo, este proceso llevará tiempo.

En definitiva, muchas industrias están experimentando un cambio fundamental, centrado en la búsqueda de nuevos proveedores más cercanos con capacidad de suministro de alta calidad y en el establecimiento de un mayor número de plantas productivas. No se debe perder de vista, sin embargo, la necesidad, en términos de minimización de riesgo, de mantener los costes bajo control.

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