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El sector automovilístico alemán debe apostar por opciones sostenibles

Noviembre - 2020 | Handelsblatt | Comentarios (0)

La industria automovilística alemana ha cometido graves errores derivado en el desarrollo tardío de los motores eléctricos y, lo que ha derivado en un distanciamiento de los consumidores, de la opinión púbica y de la política. 

Cuando en la primavera de este año las plantas de montaje pararon, la gran coalición se negó a aprobar nuevas primas de desguace, lo que indica que la relación con el sector más importante del país se ha enfriado. Si la industria automovilística pretende seguir siendo el principal sector del país necesita de más apoyo político dado el cambio que se vaticina a futuro, tal y como se señala en el artículo publicado en el portal alemán Handelsblatt.

El mayor reto para el sector es alcanzar los objetivos climáticos que la Unión Europea de manera muy rigurosa ha establecido. El pasado mes de septiembre, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, exigió que las emisiones de gases efecto invernadero dentro de la Unión Europea hasta el año 2030 se reduzcan respecto al año 1990 en vez del 40 % hasta ahora vigente, el 55 %. El Parlamento, en octubre, fue incluso un paso más allá y aprobó una reducción del CO2 del 60 %. Y para alcanzarlo son determinantes las obligaciones de la industria automovilística al respecto. Para ello el sector, hasta 2030, tiene que adaptarse a mayores limitaciones relativas a las emisiones de CO2 de sus nuevos vehículos.

Hasta ahora los fabricantes tenían que reducir las emisiones de sus automóviles de 2021 a 2025 un 15 % y hasta 2030 un 37,5 % o pagar las multas correspondientes. Estos objetivos, sin necesidad de mayores limitaciones eran ya de por sí difíciles de conseguir, sobre todo en lo que respecta a los del 2025 ya que queda muy poco tiempo.

Los valores máximos de CO2 solo son alcanzables si los fabricantes de vehículos ponen en el mercado coches eléctricos e híbridos enchufables de manera masiva, lo que supone una gran inversión debido, en gran parte, al precio de las baterías, importadas de países asiáticos con un elevado precio.

Las baterías eficientes y baratas son un requisito indispensable para que se imponga la movilidad eléctrica de manera masiva. Nadie sabe aún, cuando bajarán los precios. Si bien la UE subvenciona la construcción de plantas para fabricar baterías en Europa incluida Alemania, las ayudas se acabarán en algún momento y transferir los costes a los clientes no es una opción sostenible.

Tesla en Berlín
Tesla está construyendo una nueva fábrica justo a unos 30 kilómetros de Berlín, que supone la gigafactoría número cuatro a nivel mundial del pionero de la electromovilidad. Allí se fabricarán a partir del verano de 2021 los primeros coches eléctricos que podrían llegar a ser hasta 500 000 al año.

Tesla no solo es referente en técnica de baterías, sino también en digitalización, dado que el coche se fabrica sobre un ordenador, una revolución en el mundo de BMW, Daimler, VW y compañía.

Respecto a la conducción autónoma, Tesla es el referente, aunque el sector se ha despedido de esta idea, sobre todo en las ciudades donde la conducción sin conductor se vislumbra bastante más complicada de lo que aparentó en un primer momento. A diferencia de Uber o Waymo, que apuestan por vehículos robots, la industria automovilística alemana no parte de la base de que se pueda prescindir completamente de conductor que, si bien estará apoyado por cada vez más sistemas, no le quitará a él la responsabilidad final.

Es por ello que no extraña que Daimler y BMW se estén planteando el desmantelamiento de los servicios de movilidad que operan bajo la marca YourNow, ya que con conductor no compensa esta apuesta.

Al contrario que el cambio tecnológico del sector parece que la crisis generada por el coronavirus, a pesar de todas las inseguridades que provoca, está controlada. Gracias en parte a las jornadas reducidas instauradas y las primas a la compra de coches eléctricos e híbridos. Si bien, se ha hecho patente que la dependencia de China es mayor que nunca.

La industria automovilística alemana, espina dorsal de la economía alemana, debe por tanto reinventarse o los expertos prevén un futuro poco alentador. Así, la industria automovilística y la política comparten responsabilidad ante el reto de la transformación hacia la electrificación y la digitalización, de cara a que la transición se realice con mayor éxito.

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