Este mes de octubre se celebran fechas clave en la alimentación y la vida rural. En el Año Internacional de la Agricultora 2026 planteamos tres miradas femeninas a un sector de futuro internacional.
Cuando Salz Medina salió de Agón a los 18 años para formarse y desarrollar su carrera, no imaginaba que acabaría regresando a este pequeño municipio zaragozano para continuar el legado agrícola de su familia. Después de trabajar en el diseño, la moda y el lujo, comenzó a mirar de otra manera aquello que siempre había tenido cerca: unos olivos centenarios de la variedad empeltre y una historia compartida por cuatro generaciones.
“Volver a Agón no fue tanto cambiar de vida como cerrar un círculo”, explica la fundadora de SalzySalz, una marca de aceite de oliva virgen extra de alta gama nacida de la combinación entre tradición y una sensibilidad contemporánea. Su regreso no consistió en repetir el camino de quienes la precedieron, sino en sumar lo aprendido fuera para crear un AOVE diferenciado y dirigirse a consumidores de otros países.
Su recorrido cobra especial sentido en 2026, declarado por Naciones Unidas Año Internacional de la Agricultora. La iniciativa, liderada por la FAO, pone el foco en la contribución de las mujeres a todas las fases de los sistemas agroalimentarios, desde la producción hasta el comercio.
Esta celebración coincide en octubre con dos fechas consecutivas. El Día Internacional de las Mujeres Rurales, el 15 de octubre, reconoce su papel en el desarrollo agrícola y la seguridad alimentaria. Apenas veinticuatro horas después, el Día Mundial de la Alimentación amplía la mirada hacia los retos que condicionan el futuro de los alimentos, las personas y el planeta.
Una potencia exportadora construida desde el territorio
La transformación del campo español supone la evolución de un sector que ha aprendido a competir en los mercados internacionales sin renunciar a su diversidad. España es actualmente el séptimo exportador agroalimentario mundial y el cuarto de la Unión Europea. Más de 20.000 empresas del ámbito venden en el exterior y cerca del 70% lo hace de manera regular, según datos de ICEX
“España es sinónimo de excelencia y diversidad”, afirma María Naranjo, directora de Industria Agroalimentaria de ICEX. Detrás de esa posición identifica negocios vinculados al vino, el queso, el jamón, la trufa o las conservas que han convertido la autenticidad, la tradición y el relevo generacional en elementos de diferenciación.
“En prácticamente cada categoría de producto, nuestro país tiene empresas que están liderando este cambio. Y muchas de ellas tienen al frente a mujeres que se sienten orgullosas de ser parte de una historia más trascendente, de los valores que representa su empresa y su propia familia”, subraya.
Naranjo destaca también su capacidad para conservar el vínculo con los orígenes, atender las demandas de compradores y consumidores y tejer alianzas. Esa colaboración resulta esencial en una industria formada por numerosas pymes repartidas por toda España, que necesitan sumar capacidades para acceder a nuevos clientes en otros mercados.
Una empresa familiar presente en 18 países
La trayectoria de Cristina Vendrell está ligada desde el principio a la actividad agrícola. Su familia puso en marcha en los años sesenta una fábrica deshidratadora de alfalfa y amplió después el negocio hacia los cultivos extensivos, las explotaciones frutícolas, los cereales y la producción de forrajes.
Vendrell estudió Derecho, pero nunca se planteó desarrollar su carrera lejos de la compañía familiar. Durante 38 años ha trabajado en Grupo Venso junto a su padre y sus hermanas. Actualmente, el grupo exporta a 18 países y se encuentra, según su presidenta, entre los principales productores mundiales de alfalfa deshidratada.
La firma cultiva en fincas propias y controla la trazabilidad desde el campo hasta el consumo final, una garantía decisiva para abastecer a ganaderías situadas a miles de kilómetros. España ocupa la segunda posición mundial en este forraje, después de Estados Unidos, y destina alrededor del 85% al exterior, señala Vendrell.
Como presidenta de la Asociación Española de Fabricantes de Alfalfa Deshidratada (AEFA), participa además en una estrategia sectorial que, con el acompañamiento de ICEX, ha promovido misiones comerciales y proyectos en China, Corea del Sur, Vietnam o Arabia Saudí.
Su elección al frente de AEFA hace cinco años fue especialmente significativa en una actividad con una presencia masculina todavía mayoritaria. “Todo un hito, teniendo en cuenta que la gran mayoría son hombres”, reconoce. Vendrell agradece la confianza de las industrias asociadas y añade: “Los retos me encantan; en este caso se trataba de aportar la forma de trabajar de una mujer a un sector totalmente masculino”.
Dar más valor a un producto de siempre
El salto de SalzySalz responde a otra estrategia: avanzar en la cadena de valor. La cuarta generación familiar decidió no limitarse a producir aceitunas, sino elaborar su propio aceite, desarrollar una imagen reconocible y situar la procedencia en el centro de la propuesta.
La experiencia previa de Medina en el ámbito internacional del diseño y el lujo le permitió prestar atención al envase, la presentación, la comunicación y la relación con el cliente. Para ella, innovar no equivale necesariamente a romper con el pasado; también puede consistir en encontrar una forma contemporánea de presentar algo que lleva generaciones formando parte de una cultura.
La salida a otros países ha intensificado ese aprendizaje. Conocer diferentes maneras de consumir y comunicar el aceite obliga a revisar formatos, conservación, distribución y logística. La vocación exterior no comienza, por tanto, al cerrar una venta: exige profesionalizar previamente toda la organización.
“Cuanto más sales fuera, más consciente eres del valor de lo que tienes en casa”, señala. “La internacionalización no debería hacernos perder identidad, sino ayudarnos a comprender qué nos hace diferentes y convertir esa diferencia en valor”.
El campo también puede ser un centro de I+D
En el caso de Inés Sagrario, la proyección global se construye desde la ciencia y la tecnología. Antes de cofundar Ekonoke, trabajó en comercio internacional y consultoría estratégica, una experiencia que le permitió comprender la interdependencia de los mercados y la vulnerabilidad de las cadenas de suministro ante el cambio climático.
El paso al emprendimiento respondió a una voluntad concreta: “Quería dejar de analizar y empezar a solucionar”. Ekonoke realizó inicialmente pruebas con hortalizas de hoja y microvegetales, pero terminó concentrando su actividad en el cultivo de lúpulo en ambientes controlados.
El giro obedeció a criterios empresariales y científicos. Los cultivos iniciales ofrecían márgenes más reducidos y una logística compleja. El lúpulo, en cambio, es un ingrediente esencial para la industria cervecera y su producción está expuesta a las variaciones de temperatura, la disponibilidad de agua y otros efectos climáticos.
El acompañamiento de Hijos de Rivera fue determinante para concentrar los recursos en una sola especie. Posteriormente, la participación en 100+ Accelerator, plataforma internacional que conecta grandes compañías con startups orientadas a la sostenibilidad, contribuyó a validar el interés por la solución.
Ekonoke dejó así de pensar únicamente en producir lúpulo para plantearse cómo desarrollar un sistema replicable. “La visión global nos permitió entender que, para escalar, necesitábamos una tecnología que pudiera replicarse en cualquier lugar, no solo cultivar un producto”, explica Sagrario.
Más conocimiento para una agricultura diferente
Nuestras tres protagonistas amplían la imagen tradicional del trabajo rural. La agricultura contemporánea no necesita únicamente experiencia productiva: requiere también perfiles técnicos, científicos, comerciales y creativos. Pero no busca género.
Cristina Vendrell considera necesario desvincular el trabajo agrícola del “sinónimo de trabajo duro y de poca especialización”. Inés Sagrario coincide: “El campo ya no es un lugar de trabajo físico duro y tradicional; vive una verdadera revolución tecnológica y también puede ser un centro de I+D”. La digitalización, el agritech, el comercio electrónico, la producción ecológica o la economía circular abren oportunidades para jóvenes con formación muy diversa.
El recorrido de Salz Medina, del diseño y el lujo al aceite premium refuerza esta idea: “Puedes salir, formarte, viajar, trabajar en otros sectores, conocer otras realidades y después decidir regresar con una mirada nueva”.
Redes para multiplicar las oportunidades
Las comunidades profesionales pueden evitar que estas experiencias permanezcan aisladas. En marzo de 2026, la Comisión Europea lanzó la Women in Farming Platform, que cuenta con 460 integrantes de 25 Estados miembros y promueve el intercambio de experiencias, la cooperación y la mentoría.
A esta plataforma se suman GRASS CEILING, que ha desarrollado nueve laboratorios vivos y trabajado con 72 innovadoras, y FLIARA, que ha identificado 200 prácticas lideradas por mujeres en diez países y creado un kit de herramientas para favorecer la transferencia de conocimiento y la capacitación.
La visibilidad constituye otra vía de impulso. Los Agricultural and Rural Inspiration Awards 2026, organizados por la Red Europea de la PAC, dedican su edición a la igualdad y el relevo generacional. En España, los Premios de Excelencia a la Innovación para Mujeres Rurales reconocen iniciativas agrarias, pesqueras, de diversificación económica y de comunicación.
Más que una sucesión de reconocimientos, estas herramientas ayudan a que proyectos nacidos en pequeñas localidades encuentren referentes, compartan soluciones y establezcan vínculos con otros entornos.
Raíces fuertes y una mirada sin fronteras
Y así es como volvemos al principio de nuestro relato, un recorrido de ida y vuelta para demostrar que un sector como el agroalimentario ha evolucionado y no es como pensábamos, un territorio masculinizado o con poco recorrido internacional.
El Día Internacional de las Mujeres Rurales y el Día Mundial de la Alimentación, en el marco de la celebración del Año Internacional de la Agricultora 2026 nos invita a observar este cambio con una perspectiva más amplia. El futuro de los sistemas agroalimentarios también se construye en explotaciones familiares, industrias vinculadas a sus comarcas, pequeñas marcas y startups capaces de pensar desde el primer momento con alcance global.
Como resume Salz Medina, no es necesario elegir entre tradición e innovación, entre pueblo y mundo o entre raíces y ambición. El medio rural puede crecer desde localidades pequeñas sin poner límites a hasta dónde es posible llegar.