Un informe de la OIT advierte de que la inteligencia artificial generativa impacta con más fuerza en trabajos administrativos y de apoyo empresarial.
El 16% de las ocupaciones con mayoría de trabajadoras se sitúa en las categorías de mayor riesgo de automatización por inteligencia artificial generativa, frente al 3% de aquellas donde predominan los hombres. El dato procede de un nuevo informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que alerta de que la expansión de esta tecnología puede tener un impacto desigual en el mercado laboral.
El estudio, titulado Gen AI, occupational segregation and gender equality in the world of work , analiza cómo la segregación ocupacional condiciona la exposición a la IA generativa. La conclusión principal es que esta herramienta no llega a un entorno laboral neutro, sino a un escenario marcado por diferencias previas en el reparto de tareas, sectores y oportunidades profesionales.
Según la OIT, alrededor del 29% de las ocupaciones feminizadas está expuesto a la IA generativa, frente al 16% de las masculinizadas. La brecha se amplía en los puestos con mayor potencial de sustitución de tareas: un 16% en el primer grupo, frente a un 3% en el segundo.
La explicación está en la concentración de trabajadoras en áreas administrativas, secretariado, contabilidad, recepción, atención al cliente, gestión documental o apoyo empresarial. Son funciones con un peso elevado de tareas repetitivas, estructuradas o basadas en texto, precisamente el tipo de actividades que los sistemas generativos pueden asumir con mayor facilidad.
El informe se basa en microdatos de 84 países y apunta que, en el 88% de ellos, las trabajadoras presentan una exposición superior a la de sus compañeros. En las economías de ingresos altos, donde el sector servicios tiene mayor peso y la adopción tecnológica avanza con más rapidez, el porcentaje de empleo potencialmente afectado alcanza el 41%, frente al 11% en países de ingresos bajos.
La OIT matiza, no obstante, que exposición no equivale necesariamente a desaparición de puestos. En muchos casos, la inteligencia artificial generativa transformará tareas, procesos y formas de organización, más que eliminar ocupaciones completas. El riesgo está en que ese cambio se produzca sin formación suficiente, sin itinerarios de recualificación y sin medidas que permitan a los perfiles más expuestos adaptarse a la nueva realidad laboral.
Junto al impacto sobre determinados empleos, el estudio identifica una segunda brecha: quienes afrontan más riesgo no están representadas en la misma proporción en los sectores que desarrollan, implantan y gobiernan estas tecnologías. A escala global, las profesionales suponen alrededor del 30% de la fuerza laboral que desarrolla funciones con inteligencia artificial y siguen infrarrepresentadas en ámbitos STEM, ingeniería y software.
Esta distancia limita su capacidad para beneficiarse de los nuevos empleos asociados a la IA y también para influir en cómo se diseñan los sistemas, qué datos se utilizan, qué sesgos se corrigen y qué criterios se aplican en su despliegue. La OIT advierte de que, si la igualdad no se incorpora desde el diseño, la implantación y la gobernanza, la tecnología puede reproducir desigualdades ya existentes.
Para profesionales, directivas y emprendedoras con actividad internacional, el informe lanza un mensaje claro: la IA generativa no es solo una herramienta de productividad, sino un factor que puede redefinir talento, competitividad y liderazgo. La formación en competencias digitales, la alfabetización en IA, la participación en áreas tecnológicas y la presencia en espacios de decisión serán claves para que la transformación no amplíe brechas previas.
La transición digital abre así un doble desafío para empresas e instituciones: anticipar el impacto en los puestos más expuestos y garantizar que quienes hoy soportan mayores riesgos puedan participar también en las oportunidades que generará la economía automatizada.