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La estrategia energética de Reino Unido muestra tendencias de cambio

Enero - 2019 | FT.com | Comentarios (0)

La decisión de Hitachi de abandonar los planes de invertir en Wylfa, una nueva central nuclear en el norte de Gales, y cancelar 2 800 millones de dólares (2 465 millones de euros, aproximadamente) de inversión en trabajo ya iniciado, puede significar el final de la estrategia energética del Reino Unido diseñada en 2013.

Esta decisión es aún más preocupante que la de Toshiba de retirarse de la planta nuclear de Moorside (Cumbria) en noviembre, ya que refleja un mayor fracaso por parte del Ejecutivo al proporcionar compromisos de financiación firmes a Hitachi. En este punto, se plantea una cuestión: ¿es la energía nuclear parte razonable de la estrategia energética de Gran Bretaña?

Cuando el Gobierno formuló dicha estrategia -en 2013- se contaban tres pilares sobre los que se basaba la elección de la política energética nacional, informa el diario económico ‘Financial Times’. El primero apuntaba a que se trataba de una necesidad, porque todos los reactores existentes -que proporcionan en su conjunto una quinta parte de la energía del Reino Unido-, a excepción de uno, deben comenzar a cerrarse en 2025, el mismo año en que las plantas eléctricas de carbón restantes comienzan a ser clausuradas. El resultado es que, para 2030, alrededor de un 25 % de las necesidades energéticas del país deberán obtenerse de nuevas fuentes.

El segundo guarda relación con la creencia de que los precios de la energía, especialmente el gas, subirían de manera inexorable. Y el tercero fue la convicción de la necesidad de reducir las emisiones de carbono.

En este punto, seis nuevas centrales nucleares, a pesar de su coste y complejidad, ofrecieron una forma razonable de satisfacer las necesidades, protegerse contra los aumentos de precios y reducir los daños ambientales.

Seis años después, la estrategia no se ha cumplido como estaba previsto. Con el futuro de la central eléctrica de Wylfa en duda, parece que solo se construirá un reactor, Hinkley Point. Sin embargo, no se trata de una opción muy tranquilizadora ya que cuenta con ocho años de retraso, grandes sobrecostes y el precio indexado de la electricidad es muy alto, por encima de las 100 libras (unos 114 euros) por hora.

Todo este panorama se agrava ahora que los costes de otras fuentes energéticas han disminuido drásticamente, y la innovación tecnológica y la eficiencia han hecho que la demanda disminuya. Sin embargo, a pesar de que los costes de reemplazar las antiguas plantas nucleares con otras nuevas aumentan y los costes asociados con la energía solar y eólica se han reducido, el Gobierno ha hecho muy poco para corregir el rumbo.

La retirada de Hitachi podría provocar que las autoridades inviertan directamente en Wylfa. La operación supondría un cambio de sentido de una política que evitaba la inversión directa. Un mayor desembolso gubernamental ofrecería al menos una alternativa a la financiación china, que se complica por preocupaciones de seguridad.

En definitiva, la decisión de Hitachi puede dar un golpe de gracia definitivo a la estrategia energética del Reino Unido. Como mínimo, podría hacer que el Gobierno de Theresa May vuelva a analizar si es necesaria la energía nuclear y, en caso afirmativo, si el coste para los contribuyentes es justificable. La revisión debe considerar la caída del precio de las renovables y priorizar formas rentables para reducir las emisiones. Por todo ello, Gran Bretaña necesita una estrategia energética más flexible, asequible y realista.

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