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El desafío hídrico en Chile

Septiembre - 2019 | El Mercurio | Comentarios (0)

Asegurar el abastecimiento de agua tanto para el consumo humano como para el agrario es una de las grandes preocupaciones a nivel mundial. En Chile desde hace unos años se suceden las ideas y proyectos para hacer seguro el abastecimiento de agua.

Una de las ideas surgidas es la construcción de la llamada “carretera hídrica”. Un estudio realizado por la Universidad de Chile analizó la viabilidad de esta construcción en base a datos como la disponibilidad de agua, la demanda que hay por este recurso y los precios a los que se podría comercializar para ser viable. Según este estudio si sería posible construir una carretera hídrica.

Para calcular la demanda de agua se tomaron las cuencas consideradas deficitarias, entre las regiones de Arica, Parinacota y Valparaíso, mientras que para estimar la oferta disponible que se podría trasvasar se incluyeron nueve cuencas entre las regiones de O'Higgins y Los Lagos, que corresponden a los ríos Maule, Biobío, Imperial, Toltén, Valdivia, Bueno, la cuenca entre los ríos Bueno y Puelo y dos cuencas costeras, entre el río Puelo y Yelcho y entre el río Yelcho y el límite regional respectivamente.

No hay agua en la parte alta de los ríos

Uno de los principales resultados que arroja el estudio en cuanto a la disponibilidad de agua para un proyecto de trasvase es que en la parte alta de los ríos que se analizaron no existe agua disponible, por lo que se debería descartar esa área para una carretera. Sin embargo, en los niveles medios y bajos de las cuencas los datos reflejan que sí existen cantidades de agua que eventualmente podrían permitir una iniciativa de este tipo, ya que en la zona media habría un volumen de 375 millones de metros cúbicos por segundo disponibles durante cuatro meses del año en el invierno, y en la parte baja habría un caudal mucho mayor.

Una posibilidad a tener en cuenta sería la construcción en paralelo dos proyectos, uno en cada sección. "Si se observa el tremendo caudal de las desembocaduras podría haber dos proyectos operando, ya que no serían excluyentes. Podría haber un proyecto corto por el caudal medio que abasteciera de agua a la zona centro sur, y un proyecto largo con el agua de las desembocaduras que llegue hasta el norte", plantea Orlando Acosta, gerente de Gestionare Consultores, quien fue director técnico del programa de recursos hídricos de Corfo.

"Es relevante mencionar que los datos muestran que, en el caso de la cuenca media, las aguas serían aportadas por los ríos Valdivia y Maule, ya que en ese nivel el río Biobío no tiene excedentes. En un proyecto asociado a esa sección de los ríos se debe considerar la construcción de embalses intermedios para aplanar la oferta de agua que en forma natural se concentra solo en los meses de invierno", advierte.

La disponibilidad de pago

El establecimiento de una tasa a pagar por las aguas de una carretera hídrica era fundamental para estudiar la viabilidad del proyecto. En base a proyectos hídricos similares se llegó a un nivel medio de capacidad de pago de 20 centavos de dólar por metro cúbico en el caso de la agricultura, que varía en un rango de 0,05 a 0,36 centavos dependiendo del cultivo que tenga un usuario y la región donde esté ubicado, entre otros factores.

"La única demanda capaz de sostener un proyecto de carretera hídrica es la agricultura, por lo que la disposición a pagar que tiene ese sector es el parámetro que marcará si un proyecto vuela o se hunde", asegura Orlando Acosta, y añade que, si bien es un punto que no consideró el estudio de Corfo, también será crucial ver cómo cada proyecto en particular puede asegurar la disponibilidad de agua para los usuarios en el momento que la requieren.

Por otro lado, también se plantea la opción de pagar o compensar a los usuarios de las cuencas que entregarían agua a una carretera hídrica, como parte de las herramientas que hacen que una iniciativa así sea viable. "Como opinión personal, yo no veo que un proyecto de esta envergadura sea factible si los promotores no están dispuestos a compensar a las cuencas que ceden el agua. Y para los usuarios es una oportunidad, porque si tienen aguas de invierno que no usan y pueden entregar parte de ellas con estudios que comprueben que no se va a afectar el ecosistema, y alguien puede pagarles por eso, el potencial de riqueza para la zona que cede el agua es muy relevante", plantea Orlando Acosta.

Soluciones conjuntas

En un análisis presentado recientemente en las XXI Jornadas de Derecho y Gestión de Aguas de la Universidad Católica Orlando Acosta realizó una comparación entre los volúmenes de agua que aportaría cada solución en diez años, donde está pendiente calcular el coste por metro cúbico que significaría cada una, para poder llegar a disponer del volumen de agua que va a requerir la economía chilena para crecer en el futuro.

 


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