Estructura de la oferta

Resumen de la estructura de la oferta

La economía de EE. UU. es la mayor economía del mundo, con un producto interior bruto en 2017 cercano a 19,5 billones de dólares. En comparación, el PIB de China son aproximadamente dos tercios del PIB estadounidense, el PIB de Japón es una cuarta parte y el de Alemania una quinta parte. El PIB de España supone el 6,8% del PIB de EE. UU. Estados Unidos alberga a casi 327 millones de habitantes (estimación de United States Census Bureau para 2018) que disponen de una renta per cápita de 59.774 dólares (estimación de Bureau for Economic Analysis para 2017), es la décima más alta entre todos los países en paridad de poder adquisitivo. Debido principalmente al tamaño de su mercado, Estados Unidos tiene una economía relativamente cerrada. Los EE. UU. dispone de una economía muy diversificada con una gran cantidad de recursos naturales, destacando las grandes reservas de hidrocarburos. Aunque el proceso de globalización ha generado la deslocalización de muchos centros de producción creando numerosas multinacionales estadounidenses con grandes cadenas de valor globales, el mercado americano es ante todo un mercado de empresas y marcas locales, y una parte importante de la población y del Congreso se declaran favorables al proteccionismo y la defensa de lo americano. El grado de apertura en 2017 se situó en el 27,1%. Estados Unidos es, al igual que otras economías desarrolladas, es una economía de servicios, ya que el sector terciario representa el 80% del PIB. El sector industrial representa el 19,% del PIB mientras el sector agrícola aporta solamente el 0,9%.

Desde el punto de vista de la estructura regional destacan las fuertes divergencias de las tasas de crecimiento económico entre los Estados, pues junto a Estados que apenas crecen en otros Estados se llegan a registrar tasas de dos dígitos.

En general, desde los años 70 se ha registrado un desplazamiento del centro de gravedad económico de la economía norteamericana desde la Costa Este y Grandes Lagos hacia la Costa Oeste y el sur del país, aunque en los últimos años, y más desde la crisis financiera de 2007, se observan grandes diferencias entre las tasas de crecimiento de los Estados dentro de las mismas regiones que no responden a esa tendencia. De acuerdo con estadísticas del Bureau for Economic Analysis de 2016, existen seis estados con una renta per cápita superior a los 60.000 dólares (Massachusets, Nueva York, North Carolina, Delaware, Connecticut y Alaska) y diez estados que no alcanzan los 40.000 dólares (Missisipi, Idaho, West Virginia, Arkansas, South Carolina, Alabama, Kentucky, Maine, Arizona y Florida).

PIB por ramas de actividad y por componentes del gasto

PIB POR SECTORES DE ACTIVIDAD Y POR COMPONENTES DEL GASTO (%) 2014 2015 2016 2017
POR SECTORES DE ORIGEN
AGROPECUARIO 1,2 1 1 0,9
AGRICULTURA - - - -
GANADERÍA - - - -
SILVICULTURA Y PESCA - - - -
INDUSTRIAL 20,3 19,6 18,9 19,1
MINERÍA 2,8 1,8 1,4 1,7
MANUFACTURAS 12 12,1 11,7 11,6
CONSTRUCCIÓN 3,9 4,1 4,3 4,3
ELECTRICIDAD Y AGUA 1,6 1,6 1,5 1,5
SERVICIOS 78,5 79,4 80,1 80
TRANSPORTE Y ALMACENAMIENTO 2,9 3 3 3
COMUNICACIONES 4,5 4,8 4,9 4,8
COMERCIO 11,9 11,9 11,8 11,8
HOTELES, BARES Y RESTAURANTES 2,8 2,9 3 3
FINANZAS 7,2 7,5 7,5 7,5
EDUCACIÓN Y SANIDAD 8,1 8,2 8,4 8,4
SERVICIOS PROFESIONALES 11,9 12 12,1 12,1
INMOBILIARIO 12,9 13 13,3 13,4
ARTE Y ENTRETENIMIENTO 1 1 1 1
ADMINISTRACIÓN PÚBLICA 13,1 12,9 12,9 12,8
OTROS SERVICIOS 2,2 2,2 2,2 2,2
TOTAL 100 100 100 100
POR COMPONENTES DEL GASTO
CONSUMO PRIVADO 67,5 67,5 68,2 68,4
INVERSIÓN (FBCF) PRIVADA 17,3 17,6 16,9 17,3
CONSUMO E INVERSIÓN PÚBLICOS 18,1 17,8 17,6 17,3
EXPORTACIONES DE BIENES Y SERVICIOS 13,5 12,4 11,9 12,0
IMPORTACIONES DE BIENES Y SERVICIOS -16,4 -15,3 -14,6 -15,0
TOTAL 100,0 100,0 100,0 100,0

Fuente: Bureau of Economic Analysis
Última actualización: Septiembre 2018

https://www.bea.gov/data/gdp/gdp-industry

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Precios (minoristas y mayoristas)

La variación interanual en diciembre de 2018 del IPC se situó en el 1,9% siendo 0,2 puntos inferior a los niveles registrados el año anterior. Este comportamiento se debió principalmente a la aportación de los precios de la energía que disminuyeron en el último trimestre de 2018. Por su parte, la inflación subyacente (la evolución de los precios excluyendo la energía y los alimentos) aumentó ligeramente respecto a la registrada en 2017, situándose en un 2,2% de variación interanual en diciembre de 2018 frente al 1,8% del año anterior.

El índice de precios de la energía se situó en el -3,5% interanual en diciembre de 2018, manteniendo la tendencia bajista que se reflejó a final de año. El índice de precios que más destacó fue el de la gasolina que mostró una caída del -2,4% en 2018 respecto al año anterior.

El precio de la vivienda, medido por el índice S&P/Case Shiller 20-City Composite no desestacionalizado, registró un aumento del 4,4% en el año 2018. El precio de la vivienda, sigue incrementando paulatinamente aunque a un ritmo menor que el que presentó en los años inmediatamente posteriores a la crisis. Según este índice, los precios se han recuperado hasta los niveles del año 2004, pero todavía se encuentran por debajo de los máximos alcanzados durante la burbuja inmobiliaria en el año 2006.

Los precios de producción para bienes terminados crecieron en términos interanuales un 2,5% en el 2018, registro ligeramente inferior al registrado el año anterior cuando los precios de producción experimentaron un crecimiento interanual de 2,6%.

Los precios para bienes intermedios y componentes aumentaron un 3,0% en 2018, tras registrar un incremento del 5,1% en el año 2017. Este comportamiento se debe principalmente a la evolución de los precios de la energía.

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Infraestructuras económicas (transporte, telecomunicaciones y energía)

La red de carreteras de EE.UU. cuenta con más de 6,5 millones de kilómetros. Las autopistas interestatales constituyen el armazón básico de la red viaria nacional, con una extensión de 47.714 millas (unos 76.300 km), que quedaron completadas a mediados de los años 90, estando aún pendiente numerosas mejoras y desdoblamientos.

La red ferroviaria tiene una extensión de 186.000 km, de los cuales más del 80% (152.000 km) corresponde a transporte de mercancías, mientras que sólo 34.000 km son, predominantemente, para transporte de pasajeros (de la compañía Amtrak).

Con más de 2.200 aeropuertos de uso público (con torres de control de vuelos) y otras 11.000 pistas de aterrizaje, EE.UU. dispone de la más extensa infraestructura aérea del mundo.

Por último, EE.UU. cuenta con más de 40.000 km de vías interiores navegables, muy principalmente el río Misisipi y sus afluentes y los Grandes Lagos. En todas las costas del país existen puertos importantes altamente informatizados y automatizados para el rápido despacho de mercancías, especialmente de contenedores. La seguridad es una prioridad en todos ellos. Algunos de estos puertos ofrecen conexión directa para el transporte por vía fluvial.

(Fuentes: https://www.bts.gov/browse-statistical-products-and-data/pocket-guide-transportation/pocket-guide-transportation y otras)

El transporte de pasajeros se realiza mayoritariamente por carretera y avión. El transporte de pasajeros por ferrocarril, servicio proporcionado por la empresa pública AMTRAK, es muy reducido en comparación a Europa. Sin embargo, el ferrocarril ofrece servicios muy extensos para el transporte de mercancías, que es enteramente privado tanto las infraestructuras como las compañías transportistas, que son muchas y suelen tener una base regional. La financiación de este conjunto de redes ferroviarias regionales para mercancías es, y ha sido siempre, casi exclusivamente privada.

En general, las infraestructuras de transporte en EE.UU han venido adoleciendo de una falta de financiación, desde los años 70, lo que se traduce en la actualidad en unas necesidades de mantenimiento y mejora muy elevadas. De acuerdo con el informe de 2017, que elabora cada 4 años la Sociedad Civil de Ingenieros Americanos (ASCE, por sus siglas en inglés), la infraestructura de Estados Unidos se encuentra en un estado que califica de D+ (en una escala que va de la letra A, la máxima, a E, la mínima), es decir, está en una situación precaria y con muchos elementos al final de su vida útil. EEUU necesitaría gastar alrededor de 4,5 billones de dólares hasta 2025 para que su infraestructura recuperase un buen estado de funcionamiento, en otras palabras, para volver a la calificación B. ASCE estima que con el actual nivel de inversión se podría alcanzar una inversión de 2,5 billones de dólares a lo largo de dicho período, por lo que sería necesaria una inversión adicional de 2 billones de dólares.

Durante su campaña el presidente Trump prometió un ambicioso plan de infraestructuras que de momento no se ha concretado. En febrero de 2018 anunció su propuesta de dotación presupuestaria para reconstruir y reformar las infraestructuras de EEUU, aspirando a movilizar 1,5 billones de dólares en 10 años, si bien la aportación del gobierno federal era de tan solo 200.000 millones de dólares. Ante la dificultad de conseguir el apoyo del Congreso para un aumento del gasto federal, la idea sería movilizar financiación privada para la inversión en infraestructuras, utilizando incentivos fiscales y tratando de reducir las trabas administrativas para la realización de los proyectos. No obstante esta propuesta no ha podido avanzar en los debates posteriores del Congreso, debido a las discrepancias partidistas.

Tras un encuentro el 30 de abril de 2019 en la Casa Blanca entre el presidente Trump y los líderes demócratas de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y del Senado, Chuck Schumer, los tres anunciaron haber llegado a un acuerdo para destinar 2 billones de dólares a mejorar las infraestructuras. A fecha de redacción de este informe, se está a la espera de una reunión posterior de los tres líderes para discutir propuestas de políticas específicas y formas de financiación.

La financiación de las infraestructuras de transporte por carretera se vino instrumentando por medio de una ley plurianual (SAFETEA-LU), que expiró en octubre 2009. Abarcaba las carreteras y los sistemas de transporte urbano (mass transit), pero no el ferrocarril interurbano. Desde entonces el Congreso fue aprobando extensiones temporales ante la dificultad de aprobar otra ley plurianual. Finalmente en diciembre 2015 quedó aprobada la nueva ley del transporte terrestre, con el apoyo de ambos partidos: Fixing America's Surface Transportation (FAST) Act. La ley cubre un periodo de cinco años (hasta 2020), aportando certidumbre a los proyectos, lo que no sucedió durante una década. Además de cubrir las carreteras y las diversas modalidades de transporte urbano (mass transit) esta ley, excepcionalmente, contiene algunas disposiciones relativas al transporte ferroviario interurbano de pasajeros. El importe total del plan es de 305.000 M$, pero en realidad la financiación adicional es de sólo unos 11.000 M$ al año; los impuestos (federal y estatales) sobre los combustibles –que han sido constituido la base de la financiación del sector- siguen en vigor.

En 2008, la Administración Bush sacó adelante una ley general para el sub-sector ferroviario interurbano de pasajeros: la Passenger Rail Investment and Improvement Act (PRIIA). Esta ley confirmó las competencias y el papel central de la compañía pública Amtrak y le proporcionó financiación para el periodo 2009-2013 (5 años). La mejora del Corredor Noreste (Boston-Washington), ya existente, era una de sus prioridades, junto a la mejora de otros varios corredores interestatales e intraestatales (como el Capital Improvement Program, en DC); los corredores afectados por congestión del tráfico eran los más beneficiados.

Al poco tiempo de llegar a la Casa Blanca, la Administración Obama aprobó en abril de 2009 un plan de ferrocarril de Alta Velocidad, el High Speed Intercity Passenger Rail (HSIPR) Program, que quedó básicamente incorporado a la anterior ley PRIIA. Dicho plan contemplaba la creación de diez líneas (corredores) de alta velocidad, en general no conectadas entre sí (debido a su inevitable dispersión geográfica); una de sus prioridades era la mejora del corredor Noreste, cuyas prestaciones no alcanzan aún hoy en día las normas europeas para la AV, aunque aquí se le llama de este modo.

A fines de 2012 se había adjudicado (obligated) la totalidad de los 10.000 millones de dólares, para 150 proyectos, tanto nuevos de gran envergadura, como el tren de alta velocidad en California, como también otros menores para mejorar las líneas convencionales existentes. Del total de 10.100 millones de dólares con que se dotó al programa, 8.000 M$ procedieron del plan de estímulo económico de 2009, ARRA (American Recovery and Reinvestment Act), y el resto de las asignaciones presupuestarias ordinarias de los años fiscales 2009 y 2010. Desde abril 2011 la FRA no ha podido convocar nuevos concursos para este programa HSIPR.

En realidad, sólo el 39% de aquellos fondos iba dirigido a la alta velocidad, siendo el de California el único proyecto en ejecución. Casi 1.000 M$ se destinaron a la mejora del Corredor Noreste, que sigue teniendo unas prestaciones convencionales, no de AV.

Por lo que se refiere a la financiación del transporte aéreo (esto es, de la Federal Aviation Administration, FAA), tras un proceso de negociaciones de más de 4 años, finalmente se llegó a un acuerdo bipartidista y el  presidente pudo firmar el 5 de octubre de 2018 la Ley de Reautorización de la FAA. Con un esquema de financiamento a cinco años (2019-2023), el más extenso desde la década de los ochenta, la ley contiene disposiciones relativas a la protección a los usuarios, regulación aérea y un extenso capítulo sobre operación segura de drones.

La generación energética de Estados Unidos en 2018 fue de 4,18 billones de kWh. De esa energía, el 63% provino de combustibles fósiles (carbón 27,4% , gas natural 35,1% , petróleo y otros gases 0,9%), el 20% de energía nuclear y el 17% restante de fuentes renovables (hidráulica 7%, eólica 6,6% , biomasa 1,5%, geotérmica 0,4% y solar 1,6%), según los datos más recientes de la EIA. El consumo energético en 2017 fue destinado a los siguientes sectores: generación eléctrica (38,1%), transporte (28,8%), industrial (22,4%), residencial (6,2%), comercial (4,5%). En ese mismo año, la producción energética doméstica fue equivalente al 90% de la energía consumida en el país, resultando en un saldo energético importador.

En Estados Unidos hay un total de 60 plantas nucleares operativas con un total de 98 reactores, distribuidas en 30 estados. La mayor de ellas se encuentra en Arizona, la central Palo Verde con hasta 3 reactores. Actualmente hay dos reactores nucleares en construcción situados en Georgia. En 2017, el sector de generación eléctrica vertió a la atmósfera un total de 1.744 millones de toneladas métricas de CO2, un 69% atribuible a la generación eléctrica mediante carbón.

A nivel de infraestructura, existen varios mercados de electricidad repartidos a nivel geográfico con sus respectivos operadores de transmisión: Northwest, California (CAISO), Southwest, Texas (ERCOT), Southwest Power Pool (SPP), MidContinent (MISO), Southeast, PJM, New York (NYISO) y New England (ISO-NE). El precio medio más caro de la electricidad en 2018 se dio en el mercado eléctrico NYISO a 48$/MWh, mientras que el mercado con el precio más bajo fue SPP con 29$/MWh. En cuanto a los mercados del gas natural, sucede lo mismo pero con mercados más agrupados: Western (estados del oeste), Gulf (estados del golfo de Méjico), Midwest (estados del centro del país), Southeast (estados en el sudeste) y Northeast (estados al noreste). El mercado de referencia más importante para los precios del gas es el Henry Hub, con una media de 3,24$/MMBtu en 2018 (+13% YTD).

(Fuente: https://www.ferc.gov/market-oversight/mkt-gas/overview.asp
https://www.eia.gov/tools/faqs/faq.php?id=427&t=3
https://www.ferc.gov/market-oversight/mkt-snp-sht/2018/10-2018-snapshot-national.pdf)

La principal infraestructura de transporte de petróleo que ha estado en proyecto es el desdoblamiento del eje norte sur, que iría de la provincia de Alberta (Canadá), atravesando Montana, Dakota del Sur y Nebraska, extendiéndose hasta el golfo de Méjico; se trata del denominado Keystone XL. El gasoducto Keystone está en operación desde 2010. El proyecto XL reforzaría la comercialización del crudo extraído de las arenas bituminosas de los yacimientos en Alberta (Canadá). El Presidente Obama vetó su realización a comienzos de 2016, tras una interminable investigación de casi ocho años. El Presidente Trump parece decidido, sin embargo, a que el proyecto continúe y en marzo de 2017 firmó una orden presidencial para permitir a TransCanadá la construcción del gasoducto Keystone XL.

En los EEUU hay tres redes regionales de transporte de electricidad, con limitadas conexiones entre ellas:

1) el Sistema Interconectado del Este, que incorpora toda la costa este y la parte central del país (el Midwest),

2) el Sistema Interconectado del Oeste, que incluye principalmente el suroeste y el área al oeste de las Montañas Rocosas, y

3) el Sistema del Estado de Tejas.

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Población activa y mercado de trabajo. Desempleo

La tasa de actividad se situó en 2018 en EEUU en el 63,1% hasta los 163,2 millones de personas.

Según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales (Bureau of Labor Statistics, BLS) en 2018 la tasa de desempleo disminuyó medio punto porcentual hasta el 3,9%. La “Current Employment Survey” (CES) (encuesta elaborada a partir de entrevistas a 149.000 establecimientos, sin incluir los sectores agrícolas, autónomos y trabajo doméstico) apunta que durante todo 2018 se crearon de media 202.000 puestos de trabajo mensuales, cifra superior a los 182.000 puestos de trabajo del año anterior.

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PIB per capita y distribución de la renta

 La renta per cápita en EE. UU. fue de 62.590 dólares en 2018 en dólares corrientes, mientras que en 2017 se situó en los 59.880 dólares.

El coeficiente de Gini en Estados Unidos se situó en el 48,2 en 2017, último dato disponible, muy similar al del año anterior. Este registro que se encuentra significativamente por encima del 34,1 de España para ese mismo año (Fuente: US Census Bureau e INE).

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Sector primario

El sector agropecuario representó el 0,8% del PIB en 2018 (164 millardos). Estados Unidos es líder en los cultivos de productos genéticamente modificados. La mayor parte de la producción se concentra en pocos productos (soja, maíz, frutos secos, trigo, algodón, lácteos y ganadería) y en los estados agrícolas del Medio Oeste. El peso político del sector agrario, especialmente en el Senado de los EE.UU., explica una parte importante de la política económica interna (la Farm Bill, pieza esencial en la política agraria que se renueva cada 5 años) y externa (posición en la fenecida Ronda Doha en la OMC y presión por parte del sector para iniciar negociaciones con el Sudeste Asiático principalmente) de EE.UU.

Estados Unidos es líder mundial en la producción de los siguientes productos: soja, maíz, leche, trigo, remolacha azucarera, caña de azúcar, patatas, carne de pollo y semilla de algodón.Según los últimos datos disponibles del año 2017 suministrados por la FAO  los principales productos de exportación norteamericana por cantidad fueron: soja, trigo, maíz, pollo, arroz, fibras de algodón y zahína. En cuanto a las importaciones, los primeros productos fueron: plátanos, trigo, maíz, azúcar, cerveza de cebada y tomates.

El sector agrario de los EE.UU. tiene una marcada vocación exportadora, con más de la mitad de la producción absorbida por mercados exteriores, potenciado por una política agraria con clara orientación al exterior. El valor de las exportaciones agrarias norteamericanas en el año 2018 fue de 140.000 millones de dólares, representando un 8,4% del total de exportaciones estadounidenses. Desde el año 2007 al 2017, las exportaciones americanas de productos agrícolas se incrementaron un 56% según la Oficina de Análisis Económico (BEA).

En cuanto a las importaciones norteamericanas de productos agrarios, éstas fueron de 129.000 millones de dólares en el año 2018 y suponen aproximadamente un 5% del total de las importaciones totales de EE. UU. El superávit comercial agrario fue en 2018 de 10.900 millones de dólares, el menor registrado desde 2006.

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Sector secundario

El sector secundario representó en 2018 el 18,8% del PIB de los Estados Unidos. 

 PIB DEL SECTOR SECUNDARIO 2015 2016 2017 2018
VALOR AÑADIDO (%) 19,5 18,9 19,1 18,8
MINERÍA 1,4 1,2 1,4 2,6
ELECTRICIDAD y AGUA 1,6 1,6 1,6 1,6
CONSTRUCCIÓN 3,8 4,0 4,0 4,1
MANUFACTURAS, de las que: 11,7 11,1 11,2 11,4
BIENES DURADEROS 6,5 6,3 6,3 6,3
BIENES NO DURADEROS 5,2 4,8 4,9 5,0

Fuente: Elaboración propia, a partir del Bureau of Economic Analysis
http://www.bea.gov/industry/gdpbyind_data.htm

Industria

El sector industrial americano ha sufrido durante las últimas décadas una caída en su contribución al PIB. En 2018 representó el 11,4%, dos décimas por encima del porcentaje de 2017. Sin embargo, el dato que más preocupa a la opinión pública y que ha acaparado gran parte del debate público en las últimas elecciones presidenciales ha sido el empleo industrial.

Con una tendencia levemente positiva desde 2010 cuando alcanzó su mínimo, la industria ha disminuido los ocupados en este sector en un 37% en los últimos 30 años según la Bureau of Labor Statistics. Pese a la lenta recuperación del sector, todavía no se ha vuelto a los niveles de empleo previos a la crisis de 2008, cuando se destruyeron casi un millón y medio de empleos en un solo año.

El sector industrial estadounidense abarca una gran variedad de actividades. Por su importancia cabe destacar la fabricación de maquinaria eléctrica y electrónica, de productos químicos, maquinaria industrial, alimentos, bebidas y automóviles.

Estos datos han provocado un endurecimiento en las políticas de origen de los productos que se consumen en Estados Unidos por las autoridades gubernamentales como la Orden Ejecutiva “Buy American and Hire American” promulgada por el presidente en abril de 2017. La Orden dificulta la adquisición, por parte de las administraciones públicas, de productos extranjeros con el fin de fomentar el empleo y la industria estadounidense.

Adicionalmente a estas medidas, derivado del proceso de deslocalización a países con menores costes de producción, el Gobierno comenzó en mayo de 2017 la renegociación de uno de los acuerdos comerciales de mayor relevancia: NAFTA. Uno de los principales objetivos de la negociación era la equiparación de las condiciones laborales en todos los países firmantes del acuerdo de forma que las empresas que actualmente producen en EE. UU. no tengan incentivos para trasladar su producción al extranjero. En noviembre de 2018, Estados Unidos, Canadá y México firmaron un nuevo acuerdo comercial que reemplazaría al NAFTA, conocido como “United States-Mexico-Canada Agreement” o USMCA. No obstante, a fecha de abril de 2019, este acuerdo aún debe ser ratificado e implementado por los tres países por lo que el NAFTA sigue vigente hasta que se completen los procesos legislativos de la “Trade Promotion Authority” en el Congreso.

Por otro lado, el programa de atracción de inversiones a EE.UU., Select USA, establece como prioritarios dentro de la industria manufacturera la inversión de empresas del sector aeroespacial, automovilísticas, biofarmaceúticas, químicas, de transporte y logísticas o de energía.

Construcción

La construcción de viviendas nuevas  creció ininterrumpidamente hasta finales de 2005, iniciándose una ralentización a partir de 2006. Hasta principios de 2009, la construcción de viviendas cayó de manera abrupta hasta su nivel más bajo en toda la serie histórica disponible. Desde entonces y más claramente a partir de 2012, el sector se ha recuperado paulatinamente, aunque todavía en los primeros meses de 2018 la construcción de nuevas viviendas se encuentra un 40% por debajo de los niveles pre-crisis. La venta de nuevas viviendas sigue una tendencia alcista desde marzo de 2014, situándose en marzo de 2019 en 692.000 casas vendidas con la mediana de precios en 302.700 dólares.

Energía

Estados Unidos es el séptimo productor mundial de metales y minerales industriales según la Asociación Nacional de Minería de Estados Unidos. Además, también se encuentra en el top-ten de productores de un gran número de metales como cobre, oro, plata, zinc y hierro. Todo ello, a pesar de ser el país con la industria manufacturera más grande del mundo, lo que obliga a la industria americana a importar gran parte del metal y los minerales que se utilizarán después en el proceso productivo. Tradicionalmente, las demandas de la industria minera para hacer el sector más eficiente se han centrado en la obtención de los permisos de explotación que, en términos generales, se sitúan en 10 años y reducen el retorno de la inversión en un 30% aproximadamente, de acuerdo con la Asociación Nacional de Minería.
 
En relación a la dependencia de Estados Unidos de las importaciones de minerales, en abril de 2017 a petición del presidente, el Departamento de Comercio abrió una investigación bajo el amparo de la Sección 232 sobre el efecto de las importaciones de acero y aluminio en la seguridad nacional de EE.UU. El origen de este caso radica, según el Memorándum Presidencial,  en el exceso de capacidad de algunos países en la producción y extracción de estos metales y las prácticas contrarias a la normativa de comercio internacional que podrían estar dañando la industria nacional además de comprometer sectores estratégicos como la construcción de vehículos, aviones, barcos o semiconductores. La investigación ha concluido con la imposición de aranceles adicionales a todos los países, con excepción de aquellos que han acordado limitar sus exportaciones o establecer cuotas. El 1 de junio de 2018 entraron en vigor los aranceles para la UE. En enero de 2019, la Comisión Europea notificó a la Organización Mundial del Comercio la intención de imponer aranceles a importaciones de 26 categorías de productos de acero provenientes de Estados Unidos, en respuesta a los aranceles impuestos por la Administración del presidente Trump.

Respecto a la producción de energía renovable la inversión total hasta 2017 ha superado los 450.000 millones de dólares, siendo la inversión en 2018 de 64.200 millones según Bloomberg NEF (BNEF), muy superior a los 57.600 millones que se invirtieron en 2017 . El tipo de energía que ha recibido más inversión en los últimos dos años ha sido la energía eólica, desplazando ligeramente a la energía solar al segundo lugar. De acuerdo con la publicación de British Petroleum Statistical Review of World Energy 2018, Estados Unidos es el segundo país consumidor de energía solar tras China, representando el 17,6% del consumo mundial en 2017 al consumir el equivalente a 17,6 Mtoe, y el segundo mayor consumidor mundial de energía eólica, de nuevo detrás de China, representando el 22,9% del consumo mundial en 2017 al consumir el equivalente a 58,1 Mtoe. En total, Estados Unidos consumió 94,8 millones de toneladas de petróleo equivalentes de energía renovable (11,7 más que en 2017), y 59,7 de energía hidroeléctrica.

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Sector terciario

El sector servicios, excluyendo los servicios prestados por la administración pública, representó el 66,3% del PIB en 2018 frente al 67,4% en 2017. Son especialmente relevantes en este ámbito el comercio, los servicios profesionales o inmobiliarios.

Los servicios financieros (banca y seguros) representaron un 7,4%, mientras que los servicios inmobiliarios alcanzaron el 13,3% del PIB. El comercio (minorista y mayorista) supuso un 11,5%. Los servicios profesionales y otros dirigidos a las empresas aportaron el 12,6% del PIB y la educación y sanidad el 8,7%.

PIB DEL SECTOR TERCIARIO 2015 2016 2017 2018
VALOR AÑADIDO (%) 79,6 80,2 80,0 78,5
TRANSPORTE Y ALMACENAMIENTO 3,1 3,1 3,1 3,2
INFORMACIÓN 5,0 5,3 5,4 5,5
COMERCIO 11,9 11,7 11,6 11,5
HOTELES, BARES Y RESTAURANTES 3,0 3,0 3,0 3,0
BANCA Y SEGUROS 7,5 7,7 7,5 7,4
EDUCACIÓN Y SANIDAD 8,6 8,8 8,7 8,7
SERVICIOS PROFESIONALES 12,3 12,3 12,5 12,6
INMOBILIARIO 13,1 13,3 13,3 13,3
ARTE Y ENTRETENIMIENTO 1,1 1,1 1,1 1,1

Fuente: Elaboración propia, a partir del Bureau of Economic Analysis
(http://www.bea.gov/industry/gdpbyind_data.htm)

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  • Movilidad Internacional
  • Barreras Comerciales
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