Estructura de la oferta

Resumen de la estructura de la oferta

La economía de EE. UU. es la mayor economía del mundo, con un producto interior bruto en 2017 cercano a 19,5 billones de dólares. En comparación, el PIB de China son aproximadamente dos tercios del PIB estadounidense, el PIB de Japón es una cuarta parte y el de Alemania una quinta parte. El PIB de España supone el 6,8% del PIB de EE. UU. Estados Unidos alberga a casi 327 millones de habitantes (estimación de United States Census Bureau para 2018) que disponen de una renta per cápita de 59.774 dólares (estimación de Bureau for Economic Analysis para 2017), es la décima más alta entre todos los países en paridad de poder adquisitivo. Debido principalmente al tamaño de su mercado, Estados Unidos tiene una economía relativamente cerrada. Los EE. UU. dispone de una economía muy diversificada con una gran cantidad de recursos naturales, destacando las grandes reservas de hidrocarburos. Aunque el proceso de globalización ha generado la deslocalización de muchos centros de producción creando numerosas multinacionales estadounidenses con grandes cadenas de valor globales, el mercado americano es ante todo un mercado de empresas y marcas locales, y una parte importante de la población y del Congreso se declaran favorables al proteccionismo y la defensa de lo americano. El grado de apertura en 2017 se situó en el 27,1%. Estados Unidos es, al igual que otras economías desarrolladas, es una economía de servicios, ya que el sector terciario representa el 80% del PIB. El sector industrial representa el 19,% del PIB mientras el sector agrícola aporta solamente el 0,9%.

Desde el punto de vista de la estructura regional destacan las fuertes divergencias de las tasas de crecimiento económico entre los Estados, pues junto a Estados que apenas crecen en otros Estados se llegan a registrar tasas de dos dígitos.

En general, desde los años 70 se ha registrado un desplazamiento del centro de gravedad económico de la economía norteamericana desde la Costa Este y Grandes Lagos hacia la Costa Oeste y el sur del país, aunque en los últimos años, y más desde la crisis financiera de 2007, se observan grandes diferencias entre las tasas de crecimiento de los Estados dentro de las mismas regiones que no responden a esa tendencia. De acuerdo con estadísticas del Bureau for Economic Analysis de 2016, existen seis estados con una renta per cápita superior a los 60.000 dólares (Massachusets, Nueva York, North Carolina, Delaware, Connecticut y Alaska) y diez estados que no alcanzan los 40.000 dólares (Missisipi, Idaho, West Virginia, Arkansas, South Carolina, Alabama, Kentucky, Maine, Arizona y Florida).

PIB por ramas de actividad y por componentes del gasto

PIB POR SECTORES DE ACTIVIDAD Y POR COMPONENTES DEL GASTO (%) 2014 2015 2016 2017
POR SECTORES DE ORIGEN
AGROPECUARIO 1,2 1 1 0,9
AGRICULTURA - - - -
GANADERÍA - - - -
SILVICULTURA Y PESCA - - - -
INDUSTRIAL 20,3 19,6 18,9 19,1
MINERÍA 2,8 1,8 1,4 1,7
MANUFACTURAS 12 12,1 11,7 11,6
CONSTRUCCIÓN 3,9 4,1 4,3 4,3
ELECTRICIDAD Y AGUA 1,6 1,6 1,5 1,5
SERVICIOS 78,5 79,4 80,1 80
TRANSPORTE Y ALMACENAMIENTO 2,9 3 3 3
COMUNICACIONES 4,5 4,8 4,9 4,8
COMERCIO 11,9 11,9 11,8 11,8
HOTELES, BARES Y RESTAURANTES 2,8 2,9 3 3
FINANZAS 7,2 7,5 7,5 7,5
EDUCACIÓN Y SANIDAD 8,1 8,2 8,4 8,4
SERVICIOS PROFESIONALES 11,9 12 12,1 12,1
INMOBILIARIO 12,9 13 13,3 13,4
ARTE Y ENTRETENIMIENTO 1 1 1 1
ADMINISTRACIÓN PÚBLICA 13,1 12,9 12,9 12,8
OTROS SERVICIOS 2,2 2,2 2,2 2,2
TOTAL 100 100 100 100
POR COMPONENTES DEL GASTO
CONSUMO PRIVADO 67,5 67,5 68,2 68,4
INVERSIÓN (FBCF) PRIVADA 17,3 17,6 16,9 17,3
CONSUMO E INVERSIÓN PÚBLICOS 18,1 17,8 17,6 17,3
EXPORTACIONES DE BIENES Y SERVICIOS 13,5 12,4 11,9 12,0
IMPORTACIONES DE BIENES Y SERVICIOS -16,4 -15,3 -14,6 -15,0
TOTAL 100,0 100,0 100,0 100,0

Fuente: Bureau of Economic Analysis
Última actualización: Septiembre 2018

https://www.bea.gov/data/gdp/gdp-industry

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Precios (minoristas y mayoristas)

La variación interanual en diciembre de 2020 del IPC se situó en el 1,4% siendo 0,9 puntos inferior a los niveles registrados el año anterior. La inflación subyacente (la evolución de los precios excluyendo la energía y los alimentos) ascendió a 1,6%, 0,7 puntos menos que el valor de 2019.

El índice de precios de la energía se situó en el -7% interanual en diciembre de 2020. El índice de precios de bebidas y alimentos se situó en el 3,9% interanual, por encima del índice general y 2,1 puntos por encima del valor de 2019 (1,8%).

El precio de la vivienda, medido por el índice S&P/Case Shiller National aumentó un 10,37% en el año 2020 (3,7% en 2019); el índice correspondiente a las 20 mayores ciudades aumentó un 10% (2,8% en 2019). El precio de la vivienda ha aumentado su ritmo de crecimiento desde la pandemia, incluso a un ritmo mayor que el que presentó en los años inmediatamente posteriores a la crisis.

Los precios de producción para bienes terminados crecieron en términos interanuales un 0,8% en 2020, menos que en 2019(1,3%). Los precios para bienes intermedios y componentes aumentaron un 1,2% en 2020, tras reducirse en un 1,7% en 2019 y aumentarse un 3,0% en 2018.

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Infraestructuras económicas (transporte, telecomunicaciones y energía)

La necesaria inversión en infraestructuras públicas en EE. UU. ha sido un tema recurrente de debate en el Congreso de los Estados Unidos y es una de las prioridades de la actual administración. La red de carreteras de EE. UU. cuenta con más de 6,5 millones de kilómetros. Las autopistas interestatales tienen una extensión de 47.714 millas (unos 76.300 km), quedaron completadas a mediados de los años 90, y necesitan fuertes inversiones en mejoras y ampliación.

La red ferroviaria tiene una extensión de 186.000 km, de los cuales más del 80% (152.000 km) corresponde a transporte de mercancías, mientras que sólo 34.000 km son, predominantemente, para transporte de pasajeros (de la compañía Amtrak). La alta velocidad se encuentra en una fase muy inicial de desarrollo.

Con más de 2.200 aeropuertos de uso público (con torres de control de vuelos) y otras 11.000 pistas de aterrizaje, EE. UU. dispone de la más extensa infraestructura aérea del mundo.

Por último, EE. UU. cuenta con más de 300 puertos marítimos y fluviales importantes operados por estados, condados, municipios y empresas privadas. Los puertos no sólo representan un elemento importante para el sistema nacional de transporte, sino que contribuyen al producto interior bruto de manera significativa con casi un 26%. Muchos puertos constituyen puntos clave de interconexión de los medios de transporte fluvial, ferroviario, terrestre e incluso aéreo. Los puertos de contenedores más importantes son el de Los Ángeles y el de Long Beach, ambos en California. En la costa este destacan el puerto de Savannah, en Georgia, y el puerto de Nueva York y Nueva Jersey, en Nueva Jersey. Además, EE. UU. cuenta con 40.000 km de vías interiores navegables, muy principalmente el río Misisipi y sus afluentes y los Grandes Lagos. La seguridad es una prioridad en todos ellos. Algunos de estos puertos ofrecen conexión directa para el transporte por vía fluvial. (https://www.bts.gov/browse-statistical-products-and-data/pocket-guide-transportation/pocket-guide-transportation).

El transporte de pasajeros se realiza mayoritariamente por carretera y avión. El transporte de pasajeros por ferrocarril, servicio proporcionado por la empresa pública Amtrak a nivel nacional, es muy reducido en comparación con Europa. Sin embargo, el ferrocarril ofrece servicios muy extensos para el transporte de mercancías, que es enteramente privado tanto las infraestructuras como las compañías transportistas, que son muchas y suelen tener una base regional. La financiación de este conjunto de redes ferroviarias regionales para mercancías es, y ha sido siempre, casi exclusivamente privada.

En general, las infraestructuras de transporte en EE. UU. han venido adoleciendo de falta de financiación suficiente, desde los años 70. De acuerdo con el informe de 2021, que elabora cada 4 años la Sociedad Civil de Ingenieros Americanos (ASCE, por sus siglas en inglés), la infraestructura de Estados Unidos se encuentra en un estado que califica de C- (en una escala que va de la letra A, la máxima, a E, la mínima), es decir, está en una situación precaria y con muchos elementos al final de su vida útil. Aun así, esta calificación es mejor que la obtenida en 2017 (D+), y se consigue por primera vez en 20 años salir del rango de calificación D. No obstante, EE. UU. necesitaría gastar alrededor de 5,9 billones de dólares hasta 2029 para que su infraestructura recuperase un buen estado de funcionamiento, en otras palabras, para volver a la calificación B. ASCE estima que con el actual nivel de inversión se podría alcanzar una inversión de 3,3 billones de dólares a lo largo de dicho período, por lo que sería necesaria una inversión adicional de 2,6 billones de dólares.

El 31 de marzo de 2021 el presidente Biden presentó su propuesta para reconstruir y reformar las infraestructuras de EE. UU., junto a una reforma fiscal (The Made in American Tax Plan), que permitiría pagar la inversión en los próximos 15 años. El plan, a fecha de redacción de este documento, aún se está debatiendo en el Congreso.

La financiación de las infraestructuras de transporte por carretera y urbano se instrumenta desde 2015 por la Fixing America's Surface Transportationa (FAST) Act. La ley cubría un periodo de cinco años (hasta 2020), mejorando la certidumbre sobre la planificación de los proyectos. El 2 de octubre de 2020 el Senado aprobó una extensión de un año para el FAST Act. Esta ampliación que tendrá vigencia hasta finales del año fiscal 2021 incluye 13 mil millones de dólares para mantener la solvencia del Highway Trust Fund.

Desde 2008, la Passenger Rail Investment and Improvement Act (PRIIA) se confirman las competencias y el papel central de la compañía pública Amtrak.

La Administración Obama aprobó en 2009 un plan de ferrocarril de Alta Velocidad, el High Speed Intercity Passenger Rail (HSIPR) Program, que quedó básicamente incorporado a la anterior ley PRIIA. Dicho plan contemplaba la creación de diez líneas (corredores) de alta velocidad, en general no conectadas entre sí (debido a su inevitable dispersión geográfica). En 2021, en cuanto a proyectos con financiación pública de alta velocidad, únicamente el de California se encuentra en ejecución.

El American Jobs Plan presentado por el presidente Joe Biden aspiraba inicialmente a destinar 80.000 millones de dólares para mejorar tanto el ferrocarril de carga como el de pasajeros.

Por lo que se refiere a la financiación del transporte aéreo (esto es, de la Federal Aviation Administration, FAA), tras un proceso de negociaciones de más de 4 años, finalmente se llegó a un acuerdo bipartidista y el presidente pudo firmar el 5 de octubre de 2018 la Ley de Reautorización de la FAA. Con un esquema de financiación a cinco años (2019-2023), el más extenso desde la década de los ochenta, la ley contiene disposiciones relativas a la protección a los usuarios, regulación aérea y un extenso capítulo sobre operación segura de drones.

La producción de energía de Estados Unidos en 2019 superó el consumo anual por primera vez desde 1957. Del total de la energía producida, el 80% provino de combustibles fósiles (gas natural 34,9%; petróleo y otros gases 31,7%; carbón 14,3%), el 11% de fuentes renovables (biomasa 5,2%; eólica 2,7%; hidráulica 2,5%; y otras 1,2%), y el 8,5% de energía nuclear, según los datos más recientes de la EIA (abril 2020). El consumo de energía primaria en 2019 fue destinado a los siguientes sectores: generación eléctrica (37,1%), transporte (28,2%), industrial (23,1%), residencial (7,0%), comercial (4,8%).

En Estados Unidos hay un total de 56 plantas nucleares operativas con un total de 94 reactores, distribuidas en 28 estados. La mayor de ellas se encuentra en Arizona, la central Palo Verde (3 reactores). Treinta y cinco de las plantas tienen dos o más reactores. Las centrales nucleares han suministrado aproximadamente el 20% del total de la electricidad anual de EE. UU. desde 1990.

Existen varios mercados de electricidad repartidos a nivel geográfico con sus respectivos operadores de transmisión: Northwest, California (CAISO), Southwest, Texas (ERCOT), Southwest Power Pool (SPP), MidContinent (MISO), Southeast, PJM, New York (NYISO), WEIS (Western Energy Imbalance Service Market), EIM (Energy Imbalance Market) y New England (ISO-NE). El precio medio más caro de la electricidad en 2019 se dio en el mercado eléctrico ERCOT a 49,6$/MWh, mientras que el mercado con el precio más bajo fue SPP con 30,4$/MWh. En cuanto a los mercados del gas natural, sucede lo mismo, pero con mercados más agrupados: Western (estados del oeste), Gulf (estados del golfo de Méjico), Midwest (estados del centro del país), Southeast (estados en el sudeste) y Northeast (estados al noreste). El mercado de referencia más importante para los precios del gas es el Henry Hub, con una media de 2,51$/MMBtu en 2019 (-19% YTD). (https://www.eia.gov/energyexplained/us-energy-facts/ y https://www.ferc.gov/sites/default/files/2020-04/2019StateoftheMarketsReport.pdf)

Las infraestructuras de petróleo y gas en EE. UU. están integradas en una compleja y extensa red que cubre toda la parte continental de EE. UU. Actualmente existen más de 3 millones de millas de oleoductos que permiten distribuir, importar y exportar crudo. Asimismo, la red de transporte de gas permite distribuir 28 billones de pies cúbicos a aproximadamente 77 millones de consumidores. En los últimos años se ha producido un significativo aumento de la capacidad exportadora de gas a través de las plantas de licuefacción situadas en el Golfo de México. Así, mientras en 2016 existía capacidad para exportar 1.000 millones de pies cúbicos al día, en 2019 esa capacidad aumentó hasta los 9.000 millones de pies cúbicos al día.

En los EE. UU. hay tres redes regionales de transporte de electricidad, con limitadas conexiones entre ellas:

  • El Sistema Interconectado del Este, que incorpora toda la costa este, y la parte central del país (el Midwest),
  • El Sistema Interconectado del Oeste, que incluye principalmente el suroeste y el área al oeste de las Montañas Rocosas
  • El Sistema del Estado de Texas.

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Población activa y mercado de trabajo. Desempleo

La tasa de actividad en EE. UU. presentó una continua tendencia alcista desde mediados de los años 50, creciendo desde el mínimo de 58,1% en 1954 hasta el máximo de 67,2 en el primer trimestre del año 2000. A partir de entonces, comenzó una tendencia descendente que se agravó con la crisis de la gran recesión. Así, la tasa de actividad descendió hasta el 62,4% en 2015. Desde 2015 hasta 2020 la tasa de actividad parecía recuperarse lentamente, alcanzando un 63,3 en febrero de 2020. Esta recuperación se vio frenada a causa de la crisis de la Covid-19, cayendo hasta el 60,8% en mayo de 2020. A partir de entonces, la tasa de actividad se ha ido recuperando y en 2020 alcanzó el 61,5% hasta los 160,5 millones de personas.

Según datos del Bureau of Labor Statistics, BLS, en 2020 la tasa de desempleo subió hasta el 6,7%. La Current Employment Survey (CES) (encuesta elaborada a partir de entrevistas a 149.000 establecimientos, sin incluir los sectores agrícolas, autónomos y trabajo doméstico) publicada en marzo 2021, apunta que durante los últimos 12 meses se han perdido 6.720.000 puestos de trabajo.

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PIB per capita y distribución de la renta

La renta per cápita en EE. UU. fue de 64.975 dólares en 2020 (en dólares corrientes), mientras que en 2019 se situó en los 65.280 dólares.

El índice de Gini en Estados Unidos se situó en el 48,4 en 2019 (último dato disponible), por debajo del 48,6 en 2018. Este registro se encuentra significativamente por encima del 33,0 de España para 2019 (Fuente: US Census Bureau e INE). El índice de Gini es una medida de la desigualdad en la distribución de la renta entre los habitantes de un país. Un valor de 0 se corresponde con la perfecta igualdad y un valor de 100 con la perfecta desigualdad, una persona posee toda la renta y el resto no posee nada. 

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Sector primario

El sector agropecuario representó el 0,8% del PIB en 2020 (175,8 millardos de USD). Estados Unidos es líder en los cultivos de productos genéticamente modificados. La mayor parte de la producción se concentra en pocos productos (soja, maíz, frutos secos, trigo, algodón, lácteos y ganadería) y en los estados agrícolas del Medio Oeste. El peso político de estos estados, especialmente en el Senado de los EE. UU., explica que la política agrícola sea una parte esencial de la política económica interna, que gira en torno a la Farm Bill (pieza esencial en la política agraria que se renueva cada 5 años), y la externa de EE. UU., como ha sido en la negociación del Phase One con China o en las represalias arancelarias por el caso Airbus-Boeing.

Según la base estadística de la FAO, Estados Unidos fue en 2019 el líder mundial en la producción de los siguientes productos: maíz, sorgo, arándanos, leche de vaca, pavo y almendras, además de estar entre los tres primeros en otros como cebollas, uvas, coliflor, soja, espinacas, peras, manzanas, fresas, cerezas, pollo, ternera o cerdo. Según los últimos datos disponibles del año 2019 suministrados por la FAO los principales productos de exportación norteamericana por cantidad fueron: soja, trigo, maíz, pollo, arroz, sorgo, fibras de algodón y zahína. En cuanto a las importaciones, los primeros productos fueron: plátanos, trigo, maíz, azúcar, cerveza de cebada y tomates.

El sector agrario de los EE. UU. tiene una marcada vocación exportadora, con más de la mitad de la producción absorbida por mercados exteriores, potenciado por una política agraria con clara orientación al exterior. El valor de las exportaciones agrarias norteamericanas en el año 2020 fue de 139.726 millones de dólares (ligeramente superior a los 131.103 de 2019), representando un 9,74% del total de exportaciones estadounidenses. En los últimos 10 años, desde el 2011 hasta el 2020, las exportaciones americanas de productos agrícolas se incrementaron un 10,7% según la Oficina de Análisis Económico (BEA), en comparación con el descenso del 4,25% del total de las exportaciones de bienes. 

En cuanto a las importaciones norteamericanas de productos agrarios, éstas fueron de 155.508 millones de dólares en el año 2020 y suponen aproximadamente un 7% del total de las importaciones de EE. UU. En el año 2020 se registró un déficit comercial agrario de 15.782 millones, inferior al déficit de 20.457 millones del año récord de 2019.

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Sector secundario

El sector secundario representó en 2020 el 17,6% del PIB de Estados Unidos. 

PIB DEL SECTOR SECUNDARIO 2018 2019 2020
VALOR AÑADIDO (%) 18,5 18,1 17,6
MINERÍA 1,6 1,4 0,9
ELECTRICIDAD y AGUA 1,6 1,6 1,6
CONSTRUCCIÓN 4,1 4,2 4,3
MANUFACTURAS INDUSTRIALES: 11,2 10,9 10,8
BIENES DURADEROS 6,2 6,2 6,1
BIENES NO DURADEROS 5,0 4,8 4,7

Fuente: Elaboración propia, a partir del Bureau of Economic Analysis (http://www.bea.gov/industry/gdpbyind_data.htm)

Industria

El sector de las manufacturas industriales americano ha reducido durante las últimas décadas su contribución al PIB, y con ello el empleo industrial, lo que ha tenido protagonismo en el debate público en las últimas elecciones presidenciales. En 2020 representó el 10,8%, cuatro décimas por debajo del porcentaje de 2018.

El porcentaje de los ocupados en este sector se ha reducido en un 31% en los últimos 30 años según la Bureau of Labor Statistics. A mediados de 2021, el nivel de desempleo en el sector industrial estadounidense es del 4,8% y 12,3 millones de estadounidenses están empleados en el sector industrial. El sector industrial se encuentra diversificado. EEUU tiene ventaja comparativa en ciertos sectores de alto componente tecnológico como el aeroespacial, microelectrónica, o farmacéutica, y considera objetivos estratégicos los relacionados con la robótica, la inteligencia artificial, los nuevos materiales metales o minerales, o las nuevas energías. Por su peso económico cabe destacar la fabricación de productos químicos, maquinaria eléctrica y electrónica, maquinaria industrial, automóviles, y ciertos productos agrícolas. Según la National Association of Manufacturers los sectores industriales que más puestos de trabajo crean son la fabricación de productos farmacéuticos y medicamentos, la fabricación de productos y piezas aeroespaciales, y la fabricación de instrumentos de navegación, medición, electromedicina y control. Desde el punto de vista geográfico, el Medio Oeste cuenta con más de la mitad de las principales ciudades industriales, siendo la zona más industrial del país. El Sur ocupa el segundo lugar con más industria. Por otro lado, el Noreste cuenta con poco sector industrial, localizado principalmente en el estado de Pensilvania. La zona del Medio Oeste se centra principalmente en la fabricación de automóviles, productos agrícolas y materias primas, mientras que el Sur mantiene fuertes industrias de petróleo y gas, químicas y de muebles.

Estos datos provocaron durante la administración Trump un endurecimiento en las políticas de origen de los productos que se consumen en Estados Unidos por las autoridades gubernamentales como la Orden Ejecutiva Buy American and Hire American promulgada por el presidente Trump en abril de 2017. La Orden dificulta la adquisición, por parte de las administraciones públicas, de productos extranjeros con el fin de fomentar el empleo y la industria estadounidense. Por su parte, el presidente Biden firmó la Orden Ejecutiva Ensuring the Future Is Made in All of America by All of America´s Workers el 25 de enero de 2021, en la que se establece un nuevo proceso para la revisión de las excepciones o waiver del Buy American y actualiza las preferencias nacionales para garantizar que «el gobierno federal gaste el dinero de los contribuyentes en productos fabricados en EE. UU. por trabajadores y con componentes americanos».

Se ha ido creando progresivamente un consenso bipartidista en favor de reforzar la capacidad industrial, tecnológica, e investigadora en Estados Unidos, y el objetivo de proteger la seguridad económica y nacional del país frente a la competencia económica y tecnológica a largo plazo, en particular, de China En octubre de 2020, al final del mandato del presidente Trump, la Casa Blanca publicó un breve documento “National Strategy for critical and emerging technologies” utilizando como un argumento central el ascenso de China y centrado en la necesidad de que EEUU mantenga su liderazgo en investigación, tecnología, e innovación. Se identifican hasta 20 sectores de tecnologías críticas que van desde la computación avanzada, materiales, sistemas autónomos, semiconductores y microelectrónica, hasta las relacionadas con la agricultura o la medicina.

La actual administración está decidida a incrementar la inversión pública federal en la economía para favorece el fortalecimiento de la competencia estratégica de la industria estadounidense, y quedó plasmado en propuestas concretas del ejecutivo como el American Jobs Plan, cuya propuesta original incorporó como uno de los argumentos expositivos su relevancia como vía para restaurar la posición competitiva de Estados Unidos en el mundo, e incluyó la intención de dedicar grandes cantidades de fondos para invertir en las consideradas tecnologías críticas (semiconductores, IA, tecnologías avanzadas en telecomunicaciones, energía, biotecnología), en tecnologías relacionadas con el cambio climático y energías limpias, en infraestructuras, y en infraestructuras en industrias específicas como la relacionada con el vehículo eléctrico.

Construcción

A principios de 2009 la construcción de viviendas cayó de manera abrupta como consecuencia de la gran recesión originada en los créditos hipotecarios de baja calidad (No Jobs, No Income and No Assets loans) alcanzando su nivel más bajo en toda la serie histórica disponible. Desde entonces y más claramente a partir de 2012, el sector se ha recuperado paulatinamente, aunque todavía al final de 2020 el número de viviendas en construcción se encuentra un 20% por debajo de los niveles anteriores a la crisis (2005). La venta de nuevas viviendas sigue una tendencia alcista desde 2011, situándose en 2020 en 825.000 unidades mensuales, el mayor valor desde 2006 pero un 35,5% por debajo de los valores de 2005; la mediana de precios fue de 358.700 dólares, superior al máximo de 2019 (327.100), y por encima de los valores precrisis. Los últimos datos correspondientes a marzo 2021 confirman que la venta de nuevas viviendas se situó en 1.021.000 casas (anualizado).

Energía

El sector de los hidrocarburos en Estados Unidos ha vivido una época dorada a principios de este siglo como consecuencia de la revolución tecnológica que ha supuesto la explotación de nuevas reservas a través del método conocido como fracking. El continuo incremento del número de pozos ha hecho que el país se convirtiera, desde 2019, en el primer productor de petróleo del mundo. En 2020 y pese a la crisis del coronavirus, EE. UU. mantuvo esta posición con una producción de 18,6 millones de barriles al día.

La crisis del coronavirus ha supuesto un duro golpe para el sector energético, impactando de lleno en el mercado americano, que se encontraba en su mejor momento: la producción de gas natural había aumentado en 2019 un 10% respecto a 2018 (y un 12,5% en este año respecto a 2017), y la de petróleo un 11,3% (17,5% en 2018). En 2020, las producciones de gas natural y petróleo han descendido un 1% y un 8% respecto a 2019, respectivamente. La disminución de la producción en 2020 fue el mayor descenso anual en los registros de producción energética EE. UU. A pesar del duro impacto de la crisis y de las predicciones iniciales de la EIA (Energy Information Administration), Estados Unidos volvió a ser un exportador neto de petróleo en 2020 por segundo año consecutivo, exportando 8,51 millones de barriles al día e importando 7,86 millones de barriles al día. Estos fueron los niveles más bajos de importaciones de petróleo desde 1991.

El presidente Biden ha dado un giro a su política medioambiental que tendrá consecuencias para la política energética. Además de la decisión de reincorporarse al Acuerdo de París, anunció nuevos objetivos de emisión de gases de efecto invernadero para alcanzar el 50-52% de los niveles de 2005 en el año 2030. Conllevará medidas relacionadas con inversiones en infraestructura e innovación industrial para incorporar tecnologías limpias. Incorpora también el objetivo de alcanzar el 100% de generación eléctrica libre de emisiones, reducir las del sector del transporte, la industria, la agricultura, o la eficiencia en los edificios. Por otra parte, el presidente decidió al principio de su mandato parar la construcción del gran oleoducto Keystone desde Canadá.

Minería

Estados Unidos es el séptimo productor mundial de metales y minerales industriales según la Asociación Nacional de Minería de Estados Unidos. Además, también se encuentra entre los diez primeros productores de un gran número de metales como cobre, oro, plata, zinc y hierro. A pesar de ello la industria americana es importadora neta de metal y minerales. Tradicionalmente, las demandas de la industria minera se han centrado en la obtención de los permisos de explotación. La producción de metales y minerales industriales, en 2020 fue de 54.600 millones de dólares, aproximadamente un 4% menos que el de 2019, según el U.S Geological Survey.

El Departamento de Comercio abrió una investigación bajo el amparo de la Sección 232 sobre el efecto de las importaciones de acero y aluminio en la seguridad nacional de EE. UU. El origen de este caso radica, según el Memorándum Presidencial, en el exceso de capacidad de algunos países en la producción y extracción de estos metales y las prácticas contrarias a la normativa de comercio internacional que podrían estar dañando la industria nacional además de comprometer sectores estratégicos como la construcción de vehículos, aviones, barcos o semiconductores. La investigación ha concluido con la imposición de aranceles adicionales a todos los países, con excepción de aquellos que han acordado limitar sus exportaciones o establecer cuotas. El 1 de junio de 2018 entraron en vigor los aranceles para la UE. Como reacción a estas medidas, la UE planteó un caso ante el Órgano de Solución de Diferencias de la OMC y ha impuesto medidas de reequilibrio en forma de subida de aranceles para una serie de productos americanos. Adicionalmente, en febrero de 2020 se ampliaron las medidas arancelarias a ciertos derivados del acero y el aluminio. La nueva administración Biden debe fijar suposición respecto a estas investigaciones.

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Sector terciario

El sector servicios, excluyendo los servicios prestados por la administración pública, representó el 66,6% del PIB en 2020. Son especialmente relevantes en este ámbito el comercio, los servicios profesionales o inmobiliarios. Los servicios financieros (banca y seguros) representaron un 8,2%, mientras que los servicios inmobiliarios alcanzaron el 14% del PIB. El comercio (minorista y mayorista) supuso un 11,5%. Los servicios profesionales y otros dirigidos a las empresas aportaron el 12,8% del PIB y la educación y sanidad el 8,6%.

Además de ser el sector más representativo del PIB estadounidense, el sector servicios es el que más estadounidenses emplea. Según los últimos datos de mayo de 2021, cuenta con 124,6 millones de empleados. En los últimos 10 años, los servicios que más han contribuido al crecimiento del PIB estadounidense son los de venta de bienes inmuebles, alquileres y arrendamientos. Los servicios profesionales, científicos y técnicos es el segundo tipo de servicio que más ha contribuido al crecimiento del PIB, entre los que se destaca especialmente los servicios de diseño de sistemas informáticos. Como tercera categoría de servicios que más ha contribuido al crecimiento del PIB, se encuentra la asistencia sanitaria y social.

PIB DEL SECTOR TERCIARIO 2018 2019 2020
VALOR AÑADIDO (%) 66,1 66,6 66,6
TRANSPORTE Y ALMACENAMIENTO 3,2 3,3 2,8
INFORMACIÓN 5,1 5,3 5,5
COMERCIO 11,3 11,3 11,5
HOTELES, BARES Y RESTAURANTES 3,1 3,1 2,5
BANCA Y SEGUROS 7,9 7,8 8,2
EDUCACIÓN Y SANIDAD 8,6 8,7 8,6
SERVICIOS PROFESIONALES 12,5 12,6 12,8
INMOBILIARIO 13,3 13,4 14
ARTE Y ENTRETENIMIENTO 1,1 1,1 0,7

Fuente: Elaboración propia, a partir del Bureau of Economic Analysis (http://www.bea.gov/industry/gdpbyind_data.htm)

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  • Movilidad Internacional
  • Barreras Comerciales
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  • Datainvex